Rev. Interam. Bibliot. Medellín (Colombia) Vol. 45, número 1/enero-abril 2022 e348251 ISSN 0120-0976 / ISSN (en línea) 2538-9866
https://doi.org/10.17533/udea.rib.v45n1e348251
Carta al director
Cada cierto tiempo, no recurrente, pero sí común, el sistema terrestre, del
que hacemos parte como especie “pensante” (Homo sapiens), modifica su
funcionamiento como resultado de una perturbación física. Esas perturba-
ciones, que en ciencias naturales se llaman forzamientos (porque fuerzan
el sistema terrestre en diferentes direcciones), pueden venir de afuera del
sistema (por ejemplo cambios en la radiación solar, en el ángulo de inclina-
ción del eje de rotación con respecto al eje de traslación, un meteorito) o de
adentro del sistema terrestre (erupciones volcánicas, cambios en la compo-
sición de la atmósfera, aparición de la vida). Lo interesante de ellas es que
son fundamentalmente inevitables, algunos de ellos impredecibles, y hacen
que el rumbo de este sistema complejo sea relativamente incierto desde el
punto de vista geológico. Consecuencias de estas perturbaciones son, por
ejemplo, episodios masivos de extinción de especies, pérdida abrupta de
la biodiversidad, cambios dramáticos en la circulación de la atmósfera y el
océano. El sistema tierra, sin embargo, siguiendo las mismas leyes de la física
y la termodinámica que determinan su destino en el sistema solar y adentro
de las fronteras que pone la atmósfera, ajusta nuevamente su función y, en
el curso de unos millones de años, llega a un nuevo estado de equilibrio, en
espera de la nueva perturbación. Estado de equilibrio implica, por ejemplo,
las condiciones necesarias para la reemergencia de la biodiversidad, que da
pie a organismos nuevos, procesos nuevos, funciones nuevas.
En medio de esa estabilidad (dentro de la variación natural) de las últimas
eras geológicas, y después de la última gran extinción (de hace cerca de
sesenta y cinco millones de años), la tierra ha tenido unas condiciones favo-
rables para el florecimiento de una increíble biodiversidad, la estabilización
química de la atmósfera y el océano, la recurrencia periódica y conocida de
eventos como las glaciaciones. En fin, después de la última gran “sacudida”,
el sistema terrestre ha permitido, además, que estén todos los recursos para
la aparición, en los últimos momentos, de una especie que, entre los millones
de otras, se ha diferenciado por hacer explícita consigo misma la conciencia
de su ser, y de querer diferenciarse por ello del resto de las especies. Ella
misma se ha llamado homínido racional. Este homínido, que estuvo muy cerca
de desaparecer en sus orígenes, ahora es el forzante interno que está provo-
cando, por su acelerado crecimiento poblacional, por el uso de recursos del
ambiente y por la modificación de la química de la atmósfera y el océano, un
nuevo momento de transición en la historia del sistema terrestre. En esta
nueva era geológica, nombrada Antropoceno, a partir del forzamiento, esta-
mos atendiendo a la sexta gran extinción, con más de un millón de otras
especies amenazadas, a un cambio vertiginoso en el clima, el océano, el fun-
cionamiento de los ecosistemas. Se diferencia este proceso de los anteriores
en su velocidad; en solo un poco más de doscientos años, se han producido
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cambios que, en otras circunstancias, toman cientos de miles de años en pro-
ducirse. Esa fuerza geofísica, “racional”, tiene en sus manos también, y por
muy corto tiempo, la posibilidad de reducir la velocidad con la que ocurren
esos cambios, lo que implicaría disminuir los impactos a corto, mediano y
largo plazo que sobre la misma sociedad está produciendo el cambio actual.
El Homo sapiens puede actuar ante las crisis, lo está haciendo actualmente con
el brote infeccioso. La acción del Homo sapiens sobre el forzamiento del sis-
tema terrestre implica modificar comportamientos, modelos de desarrollo,
paradigmas de bienestar y acciones individuales y colectivas. El Homo sapiens
necesita estas acciones para poder mantenerse en el sistema terrestre y so-
brevivir como especie. Este es, quizás, el único forzamiento en la historia de
billones de años de la tierra que puede modificarse, desacelerarse, y depende
de la razón de la especie que ha hecho explícita su capacidad de razonar.
En el curso de unos años, el sistema terrestre estará en un nuevo estado de
equilibrio, quizás olvidando su último forzamiento ya extinto por su propia
causa. La acción de hoy no es solo por el valor moral y ético de proteger las
demás especies que comparten el planeta con nosotros (esta razón debería
ser más que suficiente para actuar). La acción de hoy es una necesidad para
la supervivencia de nuestra propia especie.
.
Juan Camilo Villegas P.
Posdoctor
Profesor asociado
Coordinador del grupo de Investigación en Ecología Aplicada
Escuela Ambiental – Facultad de Ingeniería
Universidad de Antioquia
Medellín, noviembre del 2021