Para una cartografía de los temas y las preocupaciones de la bibliotecología argentina en las décadas de la profesionalización (1940-1950)*

 

Resumen

En este estudio se propone un relevamiento de los temas que fueron agenda de la bibliotecología argentina durante las décadas de la profesionalización (1940-1950). Se tomó como documento de análisis la Bibliografía bibliotecológica argentina, de Nicolás Matijevic (1969), que recopila información publicada entre el siglo XIX y 1967. En primer lugar, se comparó la producción bibliográfica del período de profesionalización con la etapa anterior y la inmediatamente posterior. En segundo lugar, se revisaron y ponderaron los principales temas trabajados por los bibliotecarios. Finalmente, se describen las características elementales de la literatura bibliotecológica durante los años de la profesionalización. Entre otras conclusiones, se destaca la aparición de nuevas temáticas entre las preocupaciones principales de los bibliotecarios, como su propia formación y la bibliotecología y la documentación como disciplinas.

Palabras clave:

historia de la bibliotecología, bibliografía bibliotecológica, profesionalización bibliotecaria, bibliotecología, documentación, enseñanza de la bibliotecología.


Abstract

The study proposes a cartography of the topics of interest of argentine librarianship during the decades of professionalisation (1940s / 1950s). The Bibliografía bibliotecológica bibliotecológica argentina, by Nicolás Matijevic (1969), which compiles information published between the 19th century and 1967, is taken as a document for analysis. Firstly, the bibliographic production of the period of professionalisation is compared with the period before and immediately after. Secondly, the main topics worked on by librarians are reviewed and weighted. Finally, the basic characteristics of librarianship literature during the years of professionalisation are described. Among other conclusions, the emergence of new themes among the main concerns of librarians, such as their own training and librarianship and documentation as disciplines, is highlighted.

Keywords:

History of librarianship, bibliographic librarianship, librarian professionalisation, librarianship, documentation, library science education.


1 Introducción

La idea según la cual las décadas de 1940 y 1950 fueron el escenario de un proceso de profesionalización para la bibliotecología argentina que alteró los temas de interés y las preocupaciones de los y las bibliotecarias es un planteamiento razonable, apoyado por indicios, conjeturas y pruebas parciales. Una de las constataciones que habilitan este punto de partida surge al observar que la coyuntura vernácula estuvo en sintonía con las transformaciones sustanciales que experimentó la bibliotecología a nivel global. Según la periodización trazada recientemente por Radamés Linares-Columbié (2021) para comprender la historia de la bibliotecología, hasta la mitad del siglo XX todo el saber bibliotecario había sido producido desde la práctica y hacia la práctica, sin mayores preocupaciones o aspiraciones por constituir un cuerpo de conocimiento de carácter científico. Entre los años 1930 y 1960 esa situación comenzó a modificarse de la mano de un conjunto de obras escritas con pretensiones epistemológicas y de la aparición de nuevos horizontes teóricos para comprender y organizar los flujos de información, como la documentación en los años treinta y la ciencia de la información en los sesenta. Esta aprehensión general que entrega el autor tomó formas específicas dentro de cada región o país. En el caso de la Argentina, ese pasaje comienza en el final de la década de 1930, cuando se inician los primeros cursos regulares de bibliotecología, y cuyo resultado fue una masa de titulados que ejercieron progresivamente su influencia sobre el campo, volviéndolo más homogéneo, colocando límites más precisos y, por lo mismo, exigiendo credenciales para el ingreso. Un trabajo de síntesis sobre la historia de la bibliotecología argentina publicado en 1952 por Federico Finó y Luis Hourcade (1952)ya daba cuenta de este fenómeno mientras transcurría. Entre las conclusiones, los autores afirmaban que el ámbito bibliotecario había iniciado un profundo proceso de modernización en la década de 1940, momento en el que comenzaba a formarse una verdadera “doctrina bibliotecológica argentina” (p. 38), con efectos que se apreciaban en diferentes espacios e incumbencias: la especialización de la bibliografía publicada; el consenso general sobre el valor social de las bibliotecas; el empleo riguroso de técnicas catalográficas homologadas internacionalmente; la jerarquización de los servicios de referencia y, de manera menos tangible, la cristalización de una ética profesional. Fino y Hourcade (1952) no fueron los únicos testigos que percibieron estas mutaciones: otros referentes del campo, como Carlos Víctor Penna (1960) o Josefa Emilia Sabor (1999), caracterizaron esa etapa como fundacional. Al margen de estas personalidades, cuya actividad e interés profesional estaba comprometido con el desenvolvimiento del proceso que estudiaban, análisis recientes como el de Alejandro Parada (2009), Javier Planas (2019, 2024) y Marcela Coria (2024)subrayan la centralidad que tuvieron las décadas de 1940 y 1950 para la profesionalización de los y las bibliotecarias, aspecto que atribuyeron a la incidencia de los cursos de formación bibliotecológica impartidos por Manuel Selva desde 1937.

Existe una clara idea del momento en el que ocurre la profesionalización de la bibliotecología en la Argentina, pero todavía falta conocer las ideas, los temas y las preocupaciones principales que los y las bibliotecarias mantuvieron durante ese período clave de su historia disciplinar. Algunos buenos trabajos realizados con enfoques biográficos han ayudado a comprender las inquietudes personales de ciertas figuras, como los ya citados Penna y Sabor, pero también Manuel Selva, Ricardo Alberto Gietz, Germán García y Nicolás Matijevic (Becco, 1981; Parada, 1997; Romanos de Tiratel, 2012; Solari, 2013; López Pascual, 2023, 2024). No obstante, faltan constataciones globales, afirmaciones que salgan de la biografía para entrar en un terreno que, si bien puede ser menos preciso, atienda a un horizonte de entendimiento amplio, y que eventualmente pueda ser discutido y discutible en aproximaciones sucesivas a la cuestión.

Por esta razón, en el presente trabajo se planteó un objetivo modesto: relevar los temas que fueron agenda de la bibliotecología argentina durante la época de la profesionalización, con la intención de constituir una cartografía que permita establecer un punto de partida para conocer las ideas que atrajeron a los y las bibliotecarias en esa coyuntura particular.

2 Algunas precisiones metodológicas

Para cumplir con dicho objetivo, se estudió la Bibliografía bibliotecológica argentina, de Nicolás Matijevic (1969), que recopila, sino toda, mucha de la producción bibliotecaria publicada entre el siglo XIX y 1967, y se procuró focalizar la atención en los temas y las obras producidas durante el período de la profesionalización, es decir, durante ese momento en el que comienza a formalizarse la actividad bibliotecaria a través de una serie de mecanismos institucionales, como la oficialización de la enseñanza, la agremiación y la colegiatura de sus graduados, la realización de congresos y conferencias de la especialidad y, también, el desarrollo de un lenguaje experto y la constitución de un ethos, es decir, una identidad compartida (Burke, 2017).

Dentro de estas condiciones generales, y en los límites provistos por el citado repertorio bibliográfico, se realizó una primera búsqueda en la que se procuró ordenar, aislar y comparar cuantitativamente aquello que fue publicado durante de las décadas de 1940 y 1950 con las etapas previas y posteriores, con la intención de obtener un conocimiento fehaciente de las variaciones en el volumen de publicaciones. Se pretendió, asimismo, armar un ranking de los temas históricamente más frecuentados por los y las bibliotecarias y desglosar esta información en cuartiles. Con el panorama un poco más ordenado, se procuró cruzar la variable temporal con la temática, con la intención de averiguar las preocupaciones principales del ámbito bibliotecario durante el período de profesionalización, y tomar conocimiento, al mismo tiempo, de las fluctuaciones del interés bibliotecológico, como la emergencia de nuevos tópicos o el olvido de otros. Una segunda búsqueda pretendió adentrarse en las preocupaciones clave de la agenda bibliotecológica encontradas en el análisis cuantitativo, con la idea de brindar una descripción elemental del contenido de lo publicado, identificar los diferentes tipos de obras que Matijevic (1969)consideró dentro de una misma clase temática y poder relacionar estas constataciones con las evaluaciones que los propios autores de la época hicieron de esa literatura.

Con este trabajo, se espera haber trazado un mapa básico, pero necesario, de los diálogos que mantuvieron los y las bibliotecarias durante las décadas de 1940 y 1950, y, de este modo, allanar el camino para que sucesivas contribuciones de carácter hermenéutico puedan brindar interpretaciones densas, sin la necesidad de tener que levantar un censo de temas, ideas y problemas.

3 Panorama general de la producción en bibliotecología

En 1969, Nicolás Matijevic publicó su Bibliografía bibliotecológica argentina, una versión notablemente ampliada de su homónima de 1963. Con 2539 asientos y poco más de un millar de autoridades, entre autores personales e institucionales, la compilación prometía recoger todas o casi todas las obras escritas sobre la materia hasta 1967. El trabajo se apoyó en el examen minucioso de una vasta y variada gama de fuentes: revistas culturales, literarias y universitarias; diarios y suplementos; publicaciones de la especialidad, oficiales y de asociaciones profesionales; leyes y decretos; libros y manuscritos; actas y resoluciones de conferencias, congresos y jornadas; informes y memorias de gestión; bibliografías. Mucho de ese material de base lo recogió de la biblioteca personal de Alfredo Cónsole, que había ingresado al fondo patrimonial del Centro de Documentación Bibliotecológica de la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires), donde Matijevic desempeñaba sus actividades laborales (López Pascual, 2024). Desde luego, la búsqueda no se limitó a esa colección: incluyó también otros repertorios y estrategias, como la consulta a los propios autores. Al finalizar el proceso de relevamiento, el autor sostuvo: “si no estamos ante una bibliografía exhaustiva, poco de importancia faltaría agregar para que así sea” (Matijevic, 1969, p. X). Este carácter hace que, en la actualidad, el trabajo de Matijevic (1969) sea una herramienta fundamental para conocer los lugares y los temas históricamente transitados por el pensamiento bibliotecario en la Argentina y, en lo que concierne al interés de este trabajo, para explorar los efectos que en la producción de las ideas sobre bibliotecas tuvo el citado proceso de profesionalización de la actividad que se inició en 1937, momento en el que Manuel Selva dictó el primer curso regular de bibliotecología, oficializado por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública un año después. Una aprehensión cuantitativa muy primaria, pero a la vez reveladora, se observa al cortar todo lo recogido por Matijevic en tres rebanadas temporales: hasta 1939, de 1940 a 1960, y de 1961 hasta 1967. Es decir, todo el proceso previo a la formalización de la enseñanza bibliotecológica, los veinte años que siguieron de ajustes y reajustes del campo -que ahora contaba con profesionales-, y los años posteriores a 1960, momento de cristalización disciplinar. El Gráfico 1 enseña las proporciones de la producción escrita durante cada uno de estos períodos:

Los porcentajes son contundentes: en los veinte años que siguieron a las primeras cohortes de egresados y egresadas de los cursos de bibliotecología se produjo el 50 % del conocimiento existente sobre la materia en la Argentina; mientras que en los pocos años que habían transcurrido desde 1961 hasta el momento en que Matijevic cerró su relevamiento lo publicado ya superaba por algunos puntos a todo aquello que había circulado entre el siglo XIX y 1939.

Gráfico 1

Producción escrita del pensamiento bibliotecario argentino.

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Todavía más: en esos pocos años, siete, para hablar con precisión, los participantes del campo alcanzaron a escribir más de la mitad de lo que se había divulgado en las dos décadas anteriores, lo que enseña una tendencia de crecimiento irreversible. En términos absolutos, y sobre los 2539 asientos que reunió la bibliografía, al primero de estos períodos le corresponden 555 registros; al segundo, 1282 y al tercero, 702.

Matijevic (1969) organizó su trabajo con la guía provista por el sistema de Clasificación Decimal Universal (CDU) (Asociación Española de Normalización y Certificación, 1963). No utilizó, sin embargo, grandes divisiones temáticas; más bien lo contrario: el índice de materias cuenta con 76 entradas, mientras que en el cuerpo de la obra los registros están agrupados en 71 clases. La diferencia entre una instancia y otra radica en la reunión de temas que operó Matijevic (1969) en algunas categorías. Por ejemplo: mientras en el índice bibliofilia y bibliomanía están separadas, en el interior del repertorio los registros están reunidos. Al margen de esta particularidad -que sirve en todo caso para comprender el documento con el que se trabaja-, la distribución temática permite examinar el comportamiento de los asuntos bibliotecarios y, por extensión, el interés que eventualmente despertó entre los participantes del campo. La Tabla 1, dividida en dos partes, enseña las 71 agrupaciones temáticas empleados por Matijevic (1969), ordenados de mayor a menor según la cantidad de ocurrencias de cada uno, y divididos al mismo tiempo en cuartiles.

Al ordenar en cuartiles los 71 agrupamientos temáticos, el panorama se vuelve un poco más inteligible. Los 18 temas que entran en el primer cuartil, comprendido entre “Bibliotecas populares” y “Bibliotecas escolares”, suman un total de 1458 de registros, esto es, un 57,4 % de la producción total. El cuartil 2, que agrupa los 18 temas entre “Bibliofilia - Bibliomanía” y “Obras notables y raras”, suma 668 registros, que se corresponden con el 26,3 % del total, es decir, menos de la mitad de lo que se lleva el primer cuartil. Los 35 temas que completan la tabla, y que resultan de la suma de los cuartiles 3 y 4, alcanzan los 413 registros, lo que representa un 16,2 % del total.

Tabla 1

Agrupaciones temáticas por cuartiles

Categorías Ocurrencias Cuartil
Bibliotecas populares 193 Q1
Imprenta 114 Q1
Lectura 101 Q1
Enseñanza (bibliotecología) 96 Q1
Bibliotecología 92 Q1
Legislación bibliotecaria 90 Q1
Congresos. Conferencias. (Bibliotecología) 81 Q1
Bibliotecas públicas 80 Q1
Bibliotecas de establecimientos de enseñanza superior 70 Q1
Comercio de libros 66 Q1
Archivo 64 Q1
Bibliotecas especializadas 63 Q1
Imprenta en Argentina 63 Q1
Documentación 61 Q1
Centros de documentación 60 Q1
Bibliotecas gubernamentales 60 Q1
Técnica del trabajo intelectual 55 Q1
Bibliotecas escolares 49 Q1
Total, Q1 1458 57,40%
Bibliofilia - bibliomanía 48 Q2
Catalogación 47 Q2
Bibliografías nacionales (Argentina) 43 Q2
Divulgación, comentarios y estatuto del bibliotecario 40 Q2
Bibliotecas generales (AM. Norte y Sudamérica) 40 Q2
Bibliotecas generales (Argentina) 40 Q2
Manuales 39 Q2
Clasificación 39 Q2
Clasificación decimal universal 37 Q2
Bibliotecas privadas 36 Q2
Editoriales - librerías en Argentina 36 Q2
Reglamentos 35 Q2
Referencias - Informes 34 Q2
Sociedades 33 Q2
Extensión y cooperación bibliotecaria 33 Q2
Bibliotecas generales (Europa) 32 Q2
Función y fin de las bibliotecas 29 Q2
Obras notables, raras, curiosas 27 Q2
Total, Q2 668 26,30%
Bibliotecas según el tipo de lector 23 Q3
Lectura en la edad juvenil 23 Q3
Bibliografías de biblioteconomía 21 Q3
Reglas de catalogación 21 Q3
Préstamo de libros 19 Q3
Bibliotecas generales 19 Q3
Ciencia y técnica bibliográfica 17 Q3
Editoriales - librerías 17 Q3
Escritura 15 Q3
Catálogos - técnica 15 Q3
Edificios e instalaciones 14 Q3
Organización, administración 14 Q3
Bibliotecas infantiles 14 Q3
Bibliotecas circulantes 13 Q3
Personal 12 Q3
Canje de publicaciones 11 Q3
Reprografía 11 Q3
Encabezamiento de materias 11 Q3
Total, Q3 290 11,40%
Documentación (Argentina) 10 Q4
Encuadernación 10 Q4
Exlibris 10 Q4
Congresos. Conferencias. (Documentación) 9 Q4
Bibliografías de bibliografías 9 Q4
Vocabularios 9 Q4
Material audiovisual 8 Q4
Trato y colocación de obras 8 Q4
Derecho de autor 7 Q4
Bibliotecas obreras 7 Q4
Incunables 7 Q4
Enseñanza (Documentación) 6 Q4
Bibliografía de publicaciones periódicas 6 Q4
Selección y adquisición 6 Q4
Bibliografía especializada 5 Q4
Abreviaturas y siglas 4 Q4
Publicaciones periódicas 2 Q4
Total, Q4 123 4,80%

[i]Fuente: elaboración propia, con base en los datos de origen ((Matijevic, 1969)).

4 Temas principales de la producción en bibliotecología

Al volver un poco más operable el panorama por medio de cuartos, es factible poner la lupa sobre los tópicos más transitados por los autores del campo y observar las transformaciones progresivas que se produjeron en el tiempo. En este sentido, el Gráfico 2 recorta los temas comprendidos en el primer cuartil y ofrece una comparativa temporal que toma como parámetro los tres períodos individualizados de manera previa. Cabe consignar que el valor de cada categoría se expresa en relación con el porcentaje que le corresponde sobre el total de obras del mismo período de referencia; así se evitan las distorsiones que pudieran generar los números absolutos.

Desde luego que la cantidad no es indicador de la calidad o del impacto social, cultural o disciplinar que una obra o un conjunto de ellas pudieron tener. El tema bibliotecas populares, que es el de mayor frecuencia en toda la serie, y que el Gráfico 2 muestra que tuvo un incremento notable en el período 1961-1967, no hace justica con la gravitación histórica que los escritos de Domingo Faustino Sarmiento tuvieron durante el siglo XIX, y cuya fuerza conceptual y política dieron origen al sistema de bibliotecas de acceso público más importante de la Argentina (Planas, 2017). Las correcciones o los matices cualitativos no obturan, sin embargo, la comprensión primaria y más general de la producción bibliotecaria. A golpe de vista, es claro -y previsible- el predominio de las obras referidas a diferentes tipos de bibliotecas: las ya mencionadas populares, pero también las públicas, las universitarias, las especializadas, las gubernamentales, las escolares y, si se extiende la taxonomía y se incorporan otras unidades de información, se incluyen con toda legitimidad los centros de documentación y los archivos. Asimismo, el corte temporal permite observar el despertar de algunos tópicos y el olvido de otros. Temas como bibliotecología y documentación -muy presentes en la serie-, que expresan una maduración o consistencia disciplinar, son problemáticas que coinciden temporalmente con la profesionalización de la actividad. Idéntica conclusión puede extraerse de las cuestiones referidas a la enseñanza de la bibliotecología: mientras que en el período previo a los cursos ofrecidos por Manuel Selva el tema estaba en la agenda de forma esporádica, con posterioridad

Gráfico 2

Cuartil 1, proporción relativa de los temas.

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a este hecho la enseñanza se volvió muy importante para un conjunto acotado pero relevante de actores, que fueron quienes comenzaron a movilizar desde diferentes entidades educativas, terciarias y universitaria, la institucionalización disciplinar a nivel local.

Otra deriva asociada a este fenómeno se confirma en la consistencia que adquieren los congresos y las jornadas a partir de 1939. En el gráfico precedente solo se computan las entradas que Matijevic asoció con la bibliotecología, pero en el último cuartil de la serie ingresan los encuentros que los documentalistas organizaron entre 1961 y 1967, década, justamente, en la que el debate bibliotecología/documentación alcanzó su punto más alto (Parada, 2018). En cualquier caso, la sociabilidad de tribu que estas reuniones representaron son un indicador tangible del proceso de profesionalización que tuvo lugar en esos años (Burke, 2017). Por otro lado, asuntos de notable e histórica relevancia para el campo bibliotecario como la imprenta, la imprenta en Argentina y la lectura se mantuvieron atractivos hasta 1960, movimiento que concuerda con una fase de apogeo de la historia de libro en el país (Sorá, 2011), y en la que se destacaron autores fundacionales como Guillermo Furlong, José Torre Revello y Domingo Buonocore, y cuyas investigaciones contribuyeron a dotar de tradición y fundamentos a la naciente bibliotecología en tiempos en que la reflexión epistemológica estaba en sus principios. Cuando los y las bibliotecarias tomaron entre sus manos la reflexión sobre su actividad, la historia del libro se alejó de la órbita del campo hasta que, unas tres décadas más tarde, y de la mano de la renovación historiográfica propiciada por autores como Roger Chartier y Robert Darnton, se volvió a posicionar en la agenda investigativa (Parada, 2012). También el interés por las bibliotecas gubernamentales parece entrar en declive en la década de 1960, hecho que, quizá, puede explicarse en relación con la atención que los y las bibliotecarias dirigieron hacia los centros de documentación como nuevas entidades de información. La caída de otras taxonomías, como la de legislación bibliotecaria (que estrictamente comprende las leyes que Matijevic recogió de Anales de legislación argentina), está en todo de acuerdo con la normativización y la burocratización del Estado, esto es, mientras que en el largo período que va del siglo XIX a 1939 esta producción sobre bibliotecas alcanzó un importante 6,49 % sobre el total de lo publicado en el mismo lapso, en las décadas de 1940 y 1950 esa proporción cayó al 3,59 % y volvió a bajar entre 1961 y 1967, período en el que apenas representó el 1,14 %.

Gráfico 3

Cuartil 2, proporción relativa de los temas.

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Las ocurrencias del segundo cuartil se expresan en el Gráfico 3, realizado con los mismos criterios del esquema anterior. El cuartil 2 trae unas cinco temáticas que remiten a las obras sobre tipología de bibliotecas. Cuatro de ellas informan del carácter genérico de la perspectiva utilizada en esos trabajos: función y finalidad de las bibliotecas, y bibliotecas en Argentina, en América y en Europa; la otra se refiere a las bibliotecas privadas, en cuyo ámbito de interés convergen otros temas del mismo cuartil, como bibliofilia y obras notables y raras. Pero más llamativa que esta constatación -que en todo caso representa una continuidad de lo observado en el primer cuartil-, es la aparición de las asignaturas clave de los procesos y los servicios bibliotecarios: catalogación, clasificación y referencia. Con relación a las dos primeras, se puede detectar un declive de la producción a partir de la década de 1960. Hasta 1939, las obras sobre catalogación constituían el 1,6 % de lo publicado. En la etapa siguiente, la categoría experimentó un alza importante, alcanzando el 2,42 % de la producción, para luego caer al 1 % en los años posteriores. Por su parte, sumados los textos sobre clasificación y CDU, la progresión es la siguiente: 4,5 % para el primer período, 2,96 % para el segundo y 1,85 % para el tercero. En materia de referencia, si bien se observa una predominancia del tema durante las décadas de la profesionalización, no se pueden extraer otras conclusiones cuantitativas significativas, excepto que, junto a esta categoría, se disponga por contigüidad la de bibliografías nacionales argentinas de distintas temáticas, conformando de ese modo un conjunto significativo de obras que, de una u otra manera, están asociadas con la satisfacción de las demandas de los lectores.

En cambio, hay otras cinco taxonomías del cuartil 2 en las que los números sí manifiestan, o al menos insinúan, una transformación de época. La primera remite a la estrepitosa caída que experimentaron los manuales como expresión del saber disciplinar al término del período de profesionalización, y que obedece sin más a la especialización y la sofisticación paulatina del conocimiento adquirido en el transcurso de esos años. Este fenómeno había ocurrido con anterioridad en relación con la producción de reglamentos -segunda taxonomía en cuestión-, un tipo documental muy rudimentario, pero primordial para ordenar las prácticas bibliotecarias durante el siglo XIX (Parada, 2012; Planas, 2017). Con todo, se puede afirmar que el paulatino refinamiento de los textos ordenadores del campo constituye un indicativo de la preparación de sus actores, creciente en complejidad y especificidad. Las otras tres taxonomías que acompañan este movimiento denotan la progresiva homogenización de los intereses bibliotecarios, y se expresan en la bibliografía que comienza a circular con profusión sobre la formación de sociedades bibliotecarias, la discusión estatutaria de la profesión y las maneras de trabajar mancomunadamente en proyectos de cooperación. Estos tres últimos aspectos, como se observa en el Gráfico 3, tienen su correlato en la literatura publicada a partir 1939, es decir, una vez que las primeras cohortes de graduados y graduadas de bibliotecología hicieron sentir sus efectos sobre la actividad. Finalmente, la Tabla 2 contiene las posiciones de los temas que suscitaron mayor interés en los y las bibliotecarias en cada una de las épocas elaboradas para este trabajo.

Si bien el lote de temas es, en apariencia, más o menos el mismo dentro de estos cuartiles, solo hay seis categorías que se mantienen a lo largo de todos estos años: imprenta, lectura, bibliotecas populares, bibliotecología, bibliotecas públicas, bibliotecas universitarias. Entre el primer período y el último, además de compartir estos intereses, solo se repiten dos temas, que llamativamente no están entre los más transitados entre 1940 y 1960, y son archivo y estatuto bibliotecario. En cambio, son muchas más las coincidencias entre los dos últimos períodos: once de dieciocho. Los indicios cuantitativos que aporta la tabla, entonces, apuntalan ese momento de reconversión que se viene señalando, y dentro del cual los y las bibliotecarias le dieron un curso distintivo a la orientación general de su actividad y a la producción de conocimiento socialmente necesario.

5 Las principales preocupaciones bibliotecarias durante el período de profesionalización

En la introducción al trabajo de Matijevic (1969), Sabor (1969) adelantó algunas hipótesis acerca de cómo leer el conjunto de textos compilados por el autor. Entre esas propuestas iniciales, además de insinuar las mudanzas en los intereses temáticos que fueron constatadas en las secciones previas, se refirió, principalmente, al carácter de las producciones, en las que identificó dos grandes modelos: uno mayoritario, orientado

Tabla 2

Ocurrencia temática en el primer cuartil de cada período

XIX-1939 1940 a 1960 1961 a 1967
Temas Total Temas Total Temas Total
Imprenta en Argentina 38 Imprenta 71 Bibliotecas populares 100
Legislación bibliotecaria 36 Bibliotecas populares 67 Comercio de libros 53
Imprenta 27 Lectura 58 Centros de documentación 36
Lectura 27 Bibliotecología 57 Enseñanza (bibliotecología) 35
Bibliotecas populares 26 Enseñanza (bibliotecología) 56 Documentación 31
Bibliotecas gubernamentales 25 Congresos (bibliotecología) 49 Congresos (bibliotecología) 29
Reglamentos 22 Bibliotecas públicas 48 Bibliotecas universitarias 28
Archivo 20 Legislación bibliotecaria 46 Archivo 19
Bibliotecología 19 Bibliotecas especializadas 43 Cooperación bibliotecaria 18
Bibliotecas públicas 18 Técnica del trabajo intelectual 31 Técnica del trabajo intelectual 17
Bibliofilia - bibliomanía 17 Catalogación 31 Imprenta 16
Clasificación 17 Bibliotecas gubernamentales 29 Lectura 16
Manuales 15 Bibliotecas universitarias 28 Bibliotecología 16
Bibliotecas universitarias 14 Bibliotecas escolares 28 Estatuto bibliotecario 16
Bibliografías nacionales (Arg.) 13 Documentación 27 Bibliotecas públicas 14
Bibliotecas. Europa 13 Bibliofilia - bibliomanía 27 Bibliotecas especializadas 14
Bibliotecas escolares 12 Bibliotecas privadas 27 Bibliotecas. Argentina 11
Estatuto bibliotecario 11 Referencia 26 Sociedades bibliotecarias 11

[i]Fuente: elaboración propia, con base en los datos de origen (Matijevic, 1969).

hacia la “literatura de circunstancia y pragmática” (Sabor, 1969, p. VI), alentada casi siempre por el relato de experiencia -una tradición disciplinar que, según la autora, prevalecía también en el resto del mundo-; el otro marginal, aunque en aparente ascenso, referido a las obras interesadas en la discusión de las ideas, en las teorías bibliotecológicas y en los planes de trasformación de la realidad bibliotecaria. Esta descripción, junto a la creciente atracción por los trabajos elaborados en el exterior del país que la propia Sabor (1969) hizo notar, es una expresión del modo en que los actores de la época observaron la transformación en la literatura bibliotecológica, y la ubicaron en un estado de transición en el que cohabitaron formas amateurs y profesionales, documentos prácticos y disquisiciones elevadas, noticias generales y artículos de profundidad. Esta convivencia, que permanece sin jerarquización en Matijevic (1969), hace imprescindible volver la atención sobre algunas de las categorías que en el recuento cuantitativo fueron destacadas como parte de las transformaciones en las ideas y en los temas de la agenda bibliotecológica durante la profesionalización: la enseñanza de la bibliotecología, la bibliotecología y la documentación, los tipos de bibliotecas y los congresos bibliotecarios.

Este examen puede iniciarse con la literatura sobre la formación de los y las bibliotecarias. El tema ocupa el cuarto puesto dentro del ranking histórico de las publicaciones sobre bibliotecología hasta 1967. Este lugar lo obtiene gracias al salto cuantitativo de las obras producidas sobre la temática a partir de 1940, hecho que hizo de un tópico poco o nada transitado hasta 1939 uno de los más frecuentados en el período 1940-1960 y 1961-1967 (Tabla 2). Si se observan las 56 publicaciones correspondientes a las décadas de 1940 y 1950 que fueron relevadas en Matijevic (1969), es posible distinguir a partir de los títulos cuatro tipos de contribuciones. Tres de ellas responden de alguna forma a esas necesidades pragmáticas o inmediatas señaladas por Sabor (1969), y representan en conjunto el 59 % de la producción en esta materia para dicha etapa: 1) las guías de escuelas de bibliotecología de Argentina y América Latina; 2) los planes de estudios, los programas de materias, el contenido de los cursos de capacitación y los apuntes de cátedra; 3) los informes breves y las noticias de prensa sobre la apertura o la marcha de tal o cual carrera. Con todo, esta literatura no puede definirse de otra manera que no sea remitiéndola a su carácter de documentos de trabajo; imprescindible desde luego para organizar los estudios bibliotecológicos en la Argentina durante esos años, y que a su tiempo fueron insumos para estudiantes, docentes, directivos y potenciales interesados. El cuarto tipo documental constituye el 41 % restante de la producción, y se corresponde con el análisis propiamente dicho sobre la cuestión: reflexiones, balances, comparaciones, ensayos críticos, etc. En general, los abordajes conceptuales relacionados con la enseñanza de la bibliotecología que están citados en Matijevic (1969) fueron elaborados casi en su totalidad por quienes comenzaban a despuntar como los referentes del campo: Penna, Finó, Buonocore y la propia Sabor. Estas figuras, y otras que pudieran sumarse, por sus contribuciones intelectuales, por la militancia disciplinar que desplegaron y por el lugar que ocuparon en diferentes ámbitos de la gestión académica, se las reconoce en la actualidad por protagonizar la modernización de la bibliotecología argentina, una idea que empleó Parada (1997, 2009) para aludir al inicio del proceso de consolidación profesional de la actividad bibliotecaria en el país.

La enseñanza sistemática de la bibliotecología hizo que se hablara de la bibliotecología en sí misma. Esta temática, que ocupa el quinto lugar dentro del primer cuartil histórico, creció sustantivamente entre 1940 y 1960, cuando abandonó el noveno puesto que había tenido hasta 1939 para acomodarse en el cuarto lugar. Luego, entre 1961 y 1967, cayó al escalón doce (Tabla 2). Es del todo probable que este desplome se explique por el ascenso de la documentación, que alcanzó el quinto puesto entre los temas más frecuentados por los bibliotecarios a partir de 1961. Si bien es cierto que fueron pensadas como dos disciplinas distintas, eventualmente complementarias, no son diferentes los autores que discurrieron sobre ellas. En este sentido, si los trabajos publicados sobre bibliotecología se suman a los de documentación, considerándolos como un paquete de teorías y técnicas para ordenar información, la conjunción llevaría a estos temas al segundo puesto del ranking general, enseñando que la preocupación disciplinar se volvió importante para el colectivo bibliotecario. Esta presencia, sin embargo, no debe emparentarse solamente con los estudios de carácter reflexivo que el proceso de profesionalización despertó entre los flamantes bibliotecarios. Este tipo particular de intervención quedó asociada a un reducido grupo de autores, casi los mismo que llevaron adelante los estudios sobre la enseñanza. Algunos trabajos todavía conservan una potencia inusitada para el presente, como los publicados por Penna (1944) y Augusto Raúl Cortazar (1956) sobre la técnica y la cultura como dos fuerzas instituyentes u ontológicas de la bibliotecología moderna, siendo la primera de estas categorías todo aquello que representaba las reglas de la práctica, mientras que la segunda aludía a una aptitud del espíritu para crear y asimilar nuevos conocimientos. Pero estos diálogos intelectuales eran los menos. Al seguir cada uno de los asientos bibliográficos consignados por Matijevic (1969) dentro de la temática bibliotecología, lo que se observa es un tipo de publicación que, a falta de mejor nombre, se la puede identificar como literatura de profesión, y vendría a englobar todas las producciones que realizaban llamamientos sobre el campo, que apelaban a la conciencia del bibliotecario o que describían algunos problemas o procesos en curso. Si, en cambio, ponemos la mirada sobre el tema documentación, los estudios que recoge Matijevic (1969) presentan una dispersión temática todavía más importante, pero explicable en todo caso por el alcance del término documentación en la edición de CDU que utilizó Matijevic, y que comprendía “libros, escritos, documentos en general y arte literario” (Asociación Española de Normalización y Certificación, 1963, p. 1). Solo de esta manera se comprende la convivencia de un trabajo de erudición cultural como el de Alberto Rafael Arrita sobre los libros en el Buenos Aires decimonónico junto a una temprana reseña de Finó (1953) sobre Qu’ est-ce que la documentation?, de Suzanne Briet (1951), un texto clave en la renovación del campo (Linares-Columbié, 2019), y que fue traducido por Beatriz Favaro y publicado en 1960 en la serie Cuaderno, de la Universidad Nacional del Litoral. Es en esa fecha, 1960, cuando los estudios sobre documentación como nueva disciplina experimentan el crecimiento cuantitativo descripto.

Esa mezcla de literatura refinada con documentos de trabajo, llamamientos moralizantes y traducciones de textos fundamentales que cohabitan como bibliografía dentro de unas mismas categorías refuerza la imagen según la cual la etapa de profesionalización fue un momento de transformación progresiva de las ideas y los temas de interés en el campo bibliotecario, así como también en las maneras en que los autores fueron dando con las formas argumentales para expresarlas. Y este fenómeno no solo es apreciable en las categorías, relativamente nuevas, a las que se lanzan a escribir los y las bibliotecarias; también se advierte en el tratamiento del objeto de conocimiento puro y duro de la bibliotecología: la biblioteca. Como se indicó, las obras sobre este tópico son las que se llevan toda la atención del campo, si bien en Matijevic (1969) están dispuestas en entradas separadas según corresponda a una tipología u otra: populares, públicas, universitarias, especializadas, gubernamentales, escolares, entre otras. En cualquier caso, al recorrer ítem por ítem el repertorio, se advierte a golpe de vista la heterogeneidad de las producciones. Si se toma como ejemplo los textos publicados sobre bibliotecas populares durante las décadas de 1940 y 1950, se podrán encontrar, por un lado, una buena cantidad de documentos informativos: reglamentos, memorias de gestión, guías y nóminas de bibliotecas, discursos conmemorativos y artículos en diarios de circulación nacional y provincial. Estos trabajos alcanzan en conjunto el 45 % de las contribuciones. Por otro lado, el 55 % restante se reparte entre notas de opinión, descripciones de caos y ensayos de alcance sociológico. Toda esta literatura, aunque dispar entre sí, tiene un propósito cognoscitivo, ya sea que remita a la historia y la organización de una biblioteca singular, a las ideas de Sarmiento o a pensar los problemas relativos al sistema bibliotecario.

Si en lugar de entrar por una tipología de biblioteca para ejemplificar el modo en que se yuxtaponen diferentes enfoque y formas de tratamiento sobre un mismo tema se opta, en cambio, por ingresar a la cuestión a través de un nombre propio, probablemente sea la trayectoria de Germán García la que mejor se ajuste a los efectos ilustrativos, tanto por su prolífica tarea autoral como por el derrotero de su bibliografía (López Pascual, 2023). De formación autodidacta, García comenzó a trabajar en la Biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca, a la que luego dirigió y desde donde acumuló capital social y conocimientos bibliotecológicos que le valieron para convertirse en un referente teórico, posición que definitivamente convalidó con sus participaciones en las conferencias internacionales organizadas por la Unesco. Sus textos sobre bibliotecas populares, públicas y universitarias dan cuenta de ese tránsito y de la versatilidad de sus intervenciones.

Acerca de las bibliotecas populares, es cierto, escribió mucho sobre la institución bahiense en la que se desempeñó durante tantos años, pero también se dedicó a problematizar el lugar de estas instituciones en jornadas nacionales de bibliotecología y en revistas universitarias. En cambio, sus textos sobre bibliotecas públicas presentes en Matijevic (1969) muestran, en general, una preocupación conceptual por la entidad, enfoque probablemente adoptado para ajustar el diálogo intelectual en los nuevos recintos latinoamericanos en los que presentó sus estudios.

Finalmente, una parte importante en los desplazamientos en la producción del conocimiento bibliotecario durante el período de la profesionalización se relaciona, a la vez que se explica, por el señalado incremento en la frecuencia de los encuentros entre bibliotecarios. Hasta 1939 se contaban pocos eventos que evidenciaran una conciencia sectorial, tal como lo había dejado entrever de forma incipiente el Primer Congreso de Bibliotecas Argentinas en el amanecer del siglo XX (Agesta, 2023). Pero, a partir de los años cuarenta, la actividad se intensificó notablemente, y esto no solo por el interés académico que los participantes del campo manifestaron en relación con el perfeccionamiento de las técnicas y el intercambio de ideas; la agremiación o sindicalización de la actividad cobró fuerza una vez que los titulados comenzaron a pugnar por la asignación prioritaria de los puestos de trabajo, por mejorar los salarios y, en general, por condiciones laborales adecuadas (Coria, 2024). Todo este movimiento dejó a su paso un tupido bosque documental: anteproyectos, convocatorias, circulares, minutas, resoluciones, discursos, reportes, relatorías y actas que fueron recogidos por Matijevic (1969) e incorporados en su trabajo en el apartado de congresos y conferencias sobre bibliotecología. Son muestra de este crecimiento entre 1940 y 1960 los siguientes eventos: Congreso de bibliotecas populares del sur de Santa Fe (dos ediciones, 1940 y 1941), Congreso nacional de bibliotecarios (Santiago del Estero, 1942), 1er Congreso de Bibliotecas Populares de Entre Ríos (Paraná, 1944), Congreso de bibliotecas y asociaciones culturales de Córdoba (dos ediciones, 1943 y 1946), 1.er Congreso Nacional de Bibliotecas Populares Argentinas (Córdoba, 1948), Congreso de bibliotecas populares de la provincia de Buenos Aires (La Plata, 1949), Conferencia nacional de bibliotecas legislativas (dos ediciones: Mendoza, 1950; Buenos Aires, 1954), Reunión de bibliotecarios universitarios de la Universidad de Buenos Aires (Buenos Aires, 1956), Jornadas bibliotecarias argentinas (cuatro ediciones, ¿1946?- 1956), Reunión de bibliotecas científicas (Buenos Aires, 1958), 1eras Jornadas bibliotecarias de La Pampa (Santa Rosa, 1958), 1.er Congreso argentino de bibliotecarios profesionales (1960). De esta polifonía se deduce, además de la creciente voluntad por la reunión, el sentido federal que adquirió la cuestión bibliotecaria, que no se mantuvo en los lindes de la ciudad de Buenos Aires, sino que se expandió en distintas provincias de la Argentina. Asimismo, al revisar la nómina precedente, se detecta, por una parte, que muchos de esos eventos reunieron a un colectivo específico de bibliotecarios: los que estaban vinculados a las bibliotecas populares, legislativas, universitarias o científicas; pero también quedó lugar para los encuentros generales, propios de la congregación disciplinar, como lo fueron las jornadas bibliotecarias argentinas.

Los eventos nacionales no fueron los únicos que tuvieron incidencia en el ámbito bibliotecario. Como Germán García, otros autores, que ya fueron citados en este artículo, aprovecharon las políticas de fomento bibliotecarias de la Unesco, la OEA y otras instituciones de alcance internacional para viajar y participar de reuniones vinculadas a la disciplina (Laugesen, 2014). Penna, por ejemplo, asistió a congresos y seminarios de bibliotecología en Montevideo, Medellín, San Pablo y la Habana. Otro tanto puede indicarse para Sabor o Gietz. Pero, en rigor, no son muchos los que tuvieron esta posibilidad. En todo caso, se trató de la misma vanguardia de autores, esos mismos que traccionaron la tan mentada modernización del ámbito bibliotecario y que, en el plano de las ideas, cambiaron progresivamente los temas y los enfoques.

6 A modo de conclusión

Al llegar al final del trabajo se cumple con la propuesta de levantar una primera cartografía de los temas y los problemas que procesaron los y las bibliotecarias durante el período de profesionalización (1940-1960). De los testimonios de época y de la escasa bibliografía disponible sobre la cuestión se tenían buenos indicios, conjeturas e incluso algunas pruebas; pero estaba en falta la producción de un mapa general que aportara a la discusión un horizonte general. Y este resultado fue posible mediante el análisis de la Bibliografía bibliotecológica argentina de Nicolás Matijevic (1969), que permitió poner bajo la lupa y comparar la literatura de la especialidad antes, durante y después de ese momento histórico de transformación del ámbito bibliotecario, en el que progresivamente las prácticas y los saberes del amateur se profesionalizaron.

De ese efecto bisagra da cuenta el aumento del volumen de la literatura que circuló después de 1940, indicador tangible de un renovado interés en la actividad bibliotecaria. Pero no solo se trató de una cuestión de cantidad. Algunos cambios clave expresan mutaciones mucho más importantes, como el abandono paulatino de la producción de manuales y tratados sobre bibliotecas, proveedores del saber generalistas, en favor de la especialización del conocimiento. Asi mismo, la transformación del campo bibliotecario a nivel de los temas se puede constatar en la aparición de nuevas conversaciones, prácticamente ausentes con anterioridad: la enseñanza de la bibliotecología, la bibliotecología en sí misma y la documentación testimonian, en conjunto, una preocupación disciplinar. No es que los bibliotecarios hayan dejado a un lado su objeto de estudio por excelencia: la biblioteca, aspecto, por otra parte, que estuvo siempre presente entre los tópicos más trabajados, sino que agregaron inquietudes derivadas de sus saberes e incumbencias. Desde otro ángulo, la proliferación de documentos que anuncian y reseñan los eventos de la especialidad, y que Matijevic (1969) recogió bajo el lema Congresos-Conferencias, son una prueba de la creación de espacios de socialización entre pares para el tratamiento de los nuevos y viejos dilemas del campo.

Que la producción de la literatura bibliotecológica haya aumentado en la medida en que creció el número de graduados y graduadas y que, por este mismo efecto, surgieran nuevos temas de interés, no significó que esa literatura se haya renovado por completo de un día para el otro. Esta idea, como se observó, ya circulaba entre los autores de la época, quienes reconocieron las décadas de 1940 y 1950 como una etapa de transición. Estas impresiones no estaban equivocadas. Al revisar, por ejemplo, las obras incluidas dentro de los temas que fueron novedad durante la profesionalización, lo que se aprecia es una convivencia de tipos muy diferentes de producciones: desde documentos informativos u operativos que registran el andar cotidiano de la actividad, hasta profundas cavilaciones sobre el saber bibliotecológico. Esta constatación elemental deberá servir para despejar un poco el denso reporte bibliográfico que construyó Matijevic (1969), y distinguir a partir de allí nuevas vías para el estudio de las ideas bibliotecarias que comenzaron a perfilarse, pero sin desdeñar esa otra literatura de circunstancia, tan necesaria para ordenar y sistematizar la realidad.

Dar estos últimos pasos resulta imprescindible para avanzar la discusión sobre las ideas bibliotecológicas en la Argentina, para interpretar mejor la fase transicional de la afirmación disciplinar y, en general, para comprender la historia de una tradición bibliotecaria de la que aún quedan por escribirse muchos capítulos.

Referencias

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[3] Este artículo deriva del proyecto de investigación: La participación de intelectuales en la historia de las bibliotecas y del ámbito bibliotecario en Argentina (1870-2015). Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET).