El territorio como partitura en la formación de maestros


Paula Andrea García Valencia1

Gloria María Zapata Marín2


Resumen

Este texto, resultado de una sistematización, reflexiona a partir de tres ejes: nuestras comprensiones sobre el currículo; la pregunta por el territorio y la formación de maestros en la Seccional Oriente de la Universidad de Antioquia. Es un ejercicio que recoge algunas ideas e inquietudes que habían emergido en un taller realizado anteriormente y que nos permite volver sobre los tópicos nombrados, en clave de discusión.


Palabras clave

Sistematización de experiencia; currículo; territorio; formación de maestros.



Preludio

¿Qué se necesita para ser maestro? Un tipo de mirada; acaso una forma de movimiento. Una voz; una sonrisa; un paso reposado y sabio. Muchas veces nos hemos preguntado por cómo nos hicimos maestros y en ese abismo que es la pregunta, vuelven imágenes como las nombradas.

Cómo llegamos a ser maestros es una incógnita que nos recorre, porque al hablar de maestro no estamos diciendo solo saber y conocimiento: estamos diciendo cuerpo, palabra, esencia, presencia.

Hay algo en el verdadero maestro que nos conmueve, nos silencia, nos hace reverentes. Porque entendemos que en él o en ella, habita el maestro. Y entonces comprendemos que es su mirada, su voz, su sonrisa, su paso el que lo transforma y devela.

Preguntarse entonces por ser maestro implica un riesgo; porque entendemos que cuando nos preguntamos tal cosa, estamos indagando en nuestro fuero interno; en nuestro sino. Esa pregunta nos devuelve a la propia práctica pedagógica; un espacio difícil de ver porque requiere una visión crítica, comprometida, dolorosa muchas veces. Pero ahí es donde se configura el maestro… en su hacer, en su quehacer.


Apertura

¿Que implica ser maestro en el Oriente de Antioquia? Fueron las incertidumbres, las dudas, las lecturas, las incomprensiones que surgían a partir de escucharnos… las que hace tiempo atrás, vienen movilizándonos y exhortándonos a indagar por las relaciones que se establecen entre los maestros en formación de la Universidad de Antioquia, Seccional Oriente, con el territorio que habitamos.

De este modo, se han creado espacios de discusión con estudiantes de diferentes licenciaturas de la Universidad y maestros en ejercicio, con la intención de comprender, conjuntamente, cómo nos hacemos maestros en el Oriente Antioqueño. Es así como un primer ejercicio tuvo lugar con los estudiantes de la Licenciatura en Humanidades, Lengua Castellana, el cual posteriormente sistematizamos, puesto que entendemos, al igual que Marco Raúl Mejía (2015), que


la sistematización de experiencias en el campo educativo es fundamental y de singular importancia. La escuela para ser tal, ha de ser entonces, la suma de sus experiencias, de la narración de las mismas, y del compartir abierto a la interpretación de múltiples actores. (p.8)


Comprendemos entonces la Universidad como una escuela, una escuela que está formando maestros para la región. Y la sistematización de esta primera experiencia se consolidó como un espacio que nos generó más preguntas que respuestas, porque en los estudiantes del programa de Humanidades, Lengua Castellana, encontramos manifiesto un desarraigo con el lugar que habitan y una imposibilidad de reconocerse como maestros en el Oriente3.

Algunas de aquellas dudas que nos surgieron de esta experiencia inicial con maestros eran: ¿la formación en un saber específico, bien sea lengua castellana, biología, filosofía etc., otorga elementos que posibilitan una comprensión particular del territorio?, ¿qué implicaciones tiene el territorio en la formación de un maestro? A partir de lo anterior, afloró en nosotras el interés de realizar otro ejercicio que siguiera interpelando por ser maestro en el territorio, pero esta vez con los estudiantes de la Licenciatura en Música, siendo el presente texto, una breve pincelada de lo que aconteció entre ese encuentro de diferentes voces y tonalidades.


Un coro a muchas voces

Pero… ¿Cómo hacerse maestros de música? Tal vez sea por el sonido del viento en el filo de la montaña; tal vez sea el sonido de la hierba al roce de la mano. Tal vez en el vientre de la madre, la música fue experiencia… viva sensación. Lo cierto es que cada día, en la Universidad de Antioquia, Seccional Oriente, hay seres disímiles que se hacen maestros de música. Seres felices al parecer, porque han escogido tejerse en y con la vibración eterna del Universo, que al final, dicen, es música.

¿Y cómo ser maestros de música en este territorio? Para darle sentido a esta pregunta, para intentar responderla –intento fallido por demás-, planteamos un taller conformado por tres momentos fundamentales: el primero consistía en un mapa de Antioquia acompañado de la pregunta ¿a qué suena Antioquia?, en donde los participantes debían plasmar todo aquello que les sugiere dicho interrogante; el segundo era una silueta fragmentada de un cuerpo, del cual cada participante tomaba una parte para responder a un nuevo cuestionamiento; y, finalmente, un ejercicio escritural que estaba motivado desde la siguiente pregunta: ¿quién es usted como maestro de música en este territorio?

Buscábamos inquietar la palabra, incentivar la reflexión, alimentar la escucha y provocar la escritura como posibilidades para volver sobre esas preguntas que, muchas veces, damos por claras y obvias, pero que no lo son. En este sentido, lo siguiente, es un esbozo de lo que encontramos.


El territorio como extensión y expansión del currículo

Y entonces, ¿cómo entendemos aquí el currículo? En este ejercicio de sistematización, es importante decir que el currículo lo entendemos, como una construcción y una práctica cultural. Es una construcción, porque consideramos que sus elementos no emergen de manera espontánea, sino que es una conjunción de saberes, haceres, sujetos y dinámicas sociales, culturales y humanas, que se organizan y seleccionan en torno a unos conocimientos y formas de ver y entender el mundo. De esta relación entonces, surge la práctica, entendida como los ámbitos sociales y las formas culturales en que los sujetos habitamos, nos nombramos y nos tejemos en relación a unos ciertos tipos de textos, a unas ciertas relaciones de poder y a unas determinadas formas de habitar y entramar con las dinámicas que nos hacen los sujetos que somos. Aquí, nos plegamos a Da Silva (1999), cuando nos dice que el currículo es un documento de identidad.

Es desde este lugar que proponemos que el territorio, entendido como la trama de relaciones, situaciones y sujetos que se imbrican y revelan en las formas en que habitan y se reconocen en un espacio geográfico, político y social, es una extensión y una expansión del currículo, lo que da lugar a una identidad propia y particular. Consideramos que es relevante hacer esta claridad, ya que, a continuación, señalaremos algunos hallazgos que nos deja esta sistematización, y que se sitúan, precisamente, en la tríada currículo-territorio-formación.


Las huellas en un mapa

Tal vez era en la escuela primaria donde, hace muchos años, se aprendía -aunque fuera de memoria- los nombres de los lugares más representativos del mundo. Nuestra palabra temblorosa frente al tablero, lograba un acto maravilloso: que emergiera, de entre todos ellos, un lugar inasible llamado Antioquia. Uno a uno recitábamos los ríos, los mares, los pequeños poblados que, unidos por líneas segmentadas que representaban carreteras y límites, tomaban forma y se convertían en espacio geográfico tangible.

Es por ello que cuando le preguntamos a los maestros en formación de música ¿a qué suena Antioquia?, vuelven a aparecer en ese mapa que estaba en el suelo del aula, las marcas, las señales y el peso de la realidad que nos ha hecho lo que somos como antioqueños, como colombianos. Queremos resaltar aquí una superposición de categorías que emergió en este ejercicio, ya que, unida a la música y los instrumentos musicales (categoría: ritmos) que están en el territorio antioqueño y que la caracterizan: música del caribe en la zona de Urabá; tiple y bandola en la zona del interior; quenas y charango en el oriente de Antioquia; de igual forma, en cada uno de esos lugares aparecen, también, palabras más dolorosas y abrumadoras (categoría: región nombrada): muerte en Urabá; división, llanto, resentimiento en el interior; desplazamiento, tristeza, muerte, sangre, coca, olvido, sueños, llanto en el Oriente antioqueño. Proponemos esta superposición de categorías, como una relación indisoluble, que refleja nuestro carácter contradictorio. García Márquez lo dijo, con una claridad vertiginosa, en un texto bellísimo en el año 1994,


Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos. Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir.


A partir de estas que, parecieran, son dualidades irreconciliables, el maestro de música trasiega por los adoloridos lugares de la geografía antioqueña en un intento por comprender que, su accionar y su palabra, pueden ser un paliativo, como lo veremos a continuación.


Maestro de música: cuerpo y sonidos


¿Qué hacen las manos de un maestro de música?

Acompañan, abrazan, interpretan, pero en unión a otros sentidos es cuando sucede el verdadero aprendizaje ¿será necesarias las manos para dar clase? Creo que un músico se vuelve integral cuando todas las partes de su cuerpo suenan en armonía con sus sentimientos y en ese sentido, el maestro de música está en la necesidad de hacer sonar el cuerpo de los estudiantes en sintonía con sus sentimientos”4


La sonrisa que se dibuja en el rostro de este muchacho, habla de un ser humano feliz. Tal y como lo expresamos en la Apertura, esto nos inquietaba profundamente, porque nos preguntábamos por la forma en que los maestros en formación de música, percibían su realidad, su entorno, su propio ser maestro. La pregunta que abre esta parte de nuestro texto, y su respectiva respuesta, denota una complejidad insospechada pero también nos develó que estos maestros de música, conocen y se re-conocen como maestros que pueden transformar vidas; que pueden reconstruir las fibras rotas de otro ser humano.

Pero, ¿cómo ocurre esto? Lo primero es comprender que, para estos maestros, su territorio, sus comunidades, son el eje central de trabajo, de transformación y aluden a ello de manera directa; expresan que lo que los moviliza es “el interés de aprender, de socializar con una comunidad sus costumbres musicales, de reconocer su contexto sonoro y en este sentido ayudar a potenciar estas tradiciones”. En esta línea de sentido, entendemos que la imagen de maestro de música que han ido construyendo se vincula con lo que son como sujetos y lo que se genera, desde allí, al interactuar con los otros. Así, la imagen de maestro que han construido está en estrecha relación con los otros.

No obstante, y como nos lo dice uno de estos maestros en formación “Las manos del maestro hablan, callan y también gritan”. Estos tres verbos, juntos y enlazados en escritura, encarnan y toman cuerpo en cada uno de ellos, lo que hace que construyan una imagen de sí mismos a partir de las percepciones que les devuelven sus estudiantes, sus compañeros, los colectivos y grupos sociales que los acogen. Estos maestros de música sienten y presienten la fuerza que su convicción les otorga: la música puede cambiar vidas; puede transformar a los sujetos; puede darnos una nueva oportunidad. Por esto, le pedimos a Juan5, que nos lleve con sus palabras, por los vericuetos de la existencia de un maestro de música.


La vida de un maestro: su propia composición musical

Y es en este punto en donde una verdad de perogrullo se hace evidente. Todos los que participaban de aquel encuentro se estaban formando para ser maestros, y como tal se les nombra, de una manera general; pero lo cierto es que cada uno de ellos es una cajita de música con sonidos diferentes, que gira a distintas velocidades, que se descompone, que muchas veces se silencia.

Es por esta razón, que este apartado se construye desde una conversación con uno de aquellos maestros, quien atrajo nuestra atención al mencionar cómo Antioquia le sonaba a violencia, específicamente, a la pérdida de su padre a causa del conflicto armado en Colombia.

La Violencia que ha azotado a nuestro país ha estado frente a Juan y su familia revistiendo sus diferentes máscaras: las afrentas entre conservadores y liberales, la guerrilla, el paramilitarismo, el progreso económico. Y es que Juan, es oriundo de El Peñol, un municipio que el conflicto ha tomado como lienzo, pero al cual este maestro intenta con osadía, modificarle sus matices a través del arte.6

Él reconoce cuáles son las cicatrices que ostenta el suelo que lo soporta, es consciente de las heridas que aún están abiertas en ese pueblo que cuestiona y defiende, el mismo del que se expresa nombrándolo como “el mal parido Peñol, pues no es palabra malparido como una ofensa, sino que fue parido a las malas.”

Allí, en ese lugar que le ha dado tantas alegrías y tristezas, es donde Juan decidió, con severidad y contundencia, ser maestro de música. Y es de esta faceta, de la cual dice

En El Peñol empecé a carear a todos esos gamincitos, gatilleritos, marihuaneritos, periqueritos, a deciles ey parceros, listo hagan eso, pero cuál es la maricada, se van a quedar aquí chimbiando toda la vida. El cambio no se hace exactamente de una manera radical, sacándolos de las drogas, eso no es así, [...] Entonces empecé así, muy de parcería, muy bacanea´o, y se empezó a ver ya esa gente con guitarritas, ya se parchaban conmigo a tocar y toda la cosa, obviamente seguían haciendo sus maldades, pero digamos que se estaba creando un proceso de sensibilización de manera indirecta y eso fue pues, era bacano.


¿Es posible en un mismo ser dividir las partes que le pertenecen al maestro, al músico, al peñolense, al amigo? No lo sabemos. Lo cierto es que Juan lleva tatuado en su voz, en su carácter y en su determinación la Historia de la región a la que pertenece y este aspecto permea cada uno de sus movimientos y palabras. Y en esa lucha que libra para lograr un cambio, encontró en la música una aliada. Y ante esa confabulación es imposible no pensar en aquel personaje creado por Andrés Caicedo, La Mona, la cual nos permite ver en sus palabras un reflejo de las intenciones, sentires y deseos que movilizan a Juan:


Música que me conoces, música que me alientas, que me abanicas o me cobijas, el pacto está sellado. Yo soy tu difusión, la que abre las puertas e instala el paso, la que transmite por los valles la noticia de tu unión y tu anormal alegría, la mensajera de los pies ligeros, la que no descansa, la de la misión terrible, recógeme en tus brazos cuando me llegue la hora de las debilidades, escóndeme, encuéntrame refugio hasta que yo me recupere, traéme ritmos nuevos para mi convalecencia, preséntame a la calle con fuerzas renovadas en una tarde de un collar de colores, y que mis aires confundan y extravíen: yo luzco y difumino tus aires, para que pasen a ser esencia trágica de los que me conocen, de los que me ven y ya no me olvidan. (Caicedo, 2017, p. 182)



Coda

Te doy una canción y digo patria... y sigo hablando para mí…

Silvio Rodríguez


Ocurre otra vez. Vuelve a nosotras una pregunta; una pregunta por aquellas expresiones sensibles que, al tocarnos, nos conmueven...nos conmocionan…Encontrarnos con maestros de música ha hecho que volvamos a pensar en el arte y en lo que nos pasa con el arte, y por supuesto, en todo lo que implica la formación de maestros. La música, en este caso, nos deja cerca de una puerta que, por estar entreabierta, solo nos permite ver un resquicio de luz; una difuminada posibilidad. Volvemos a preguntarnos: ¿qué decimos cuando decimos arte en licenciaturas que nombran y se nombran, desde una de las artes: ¿Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana; ¿Licenciatura en Música? Y no nos preguntamos aquí por el arte como técnica, o como campo disciplinar; nos preguntamos por él como espectro de tensiones, de encuentros, de experiencia, de potencia en la formación de maestros. Algo nos pasa cuando el arte nos toca...o cuando tocamos el arte… y esta profunda sensación, desata algo de lo humano en nosotros. Comprender lo que ocurre con los maestros en formación de estas licenciaturas, intentar sistematizar sus palabras y sentires, nos obliga a pensarnos en la misma clave; a inquietarnos por nuestras propias palabras y a preguntarnos, de nuevo, por esas relaciones en estos lugares que habitamos, en estos territorios.


Referencias bibliográficas

Tadeu da Silva, T. (1999) Documentos de identidad. Una introducción a las teorías del currículo. Belo Horizonte: Auténtica Editorial

García Márquez, G. (1994) Por un país al alcance de los niños. Informe: Colombia, al filo de la Oportunidad, Misión Ciencia, Educación y Desarrollo, Colombia. Tomado de: https://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-340541.html Fecha de consulta 17 de junio de 2019

Mejía, M. R. (2015) La sistematización. Empodera y produce saber y conocimiento sobre la práctica desde la propuesta para sistematizar la experiencia de Habilidades para la Vida, Ecuador: Fe y Alegría.

Caicedo, A. (2017) ¡Qué viva la música!, Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial



1 Egresada de la Licenciatura en educación básica con énfasis en Humanidades, Lengua Castellana, Universidad de Antioquia-Seccional Oriente. Correo electrónico: paula.garciav@udea.edu.co

2 Profesora de la Facultad de Educación, Universidad de Antioquia-Seccional Oriente. Correo electrónico: gloria.zapatam@udea.edu.co

3 Los hallazgos de este ejercicio se encuentran sistematizados en el texto que se titula: Dos dicotomías y una paradoja: un taller para pensar el maestro en el territorio del Oriente antioqueño, 2018.

4 Respuesta de uno de los participantes del taller.

5 Nombre utilizado como seudónimo, de acuerdo al consentimiento informado, para proteger la intimidad y privacidad del entrevistado.

6 Para ahondar en la Historia y las condiciones que han permeado al municipio de El Peñol, se puede consultar el texto de Aura López denominado El Peñol: crónica de un despojo.