Itinerancias artísticas: la construcción mitológica en la obra del maestro Pedro Nel Gómez


Daniela María Duque Ospina1

Jasbreidi Durango Flórez

Yesenia Lopera González



Resumen

Pensar un maestro de lenguaje en diversos escenarios donde la formación de los sujetos también se da, nos invita a vincularnos a la Casa Museo Maestro Pedro Nel Gómez y desde allí indagar en las posibilidades pedagógicas que el arte nos ofrece; en este sentido, la construcción mitológica realizada por Pedro Nel, se presenta como un camino que aporta a la consolidación de una identidad nacional, pues estos relatos, a causa de la globalización y de los discursos hegemónicos impuestos por la sociedad, se van desdibujando. Una vez inscritas en el programa del museo Pedro Nel itinerante, surge el interés por aportar a este desde nuestro saber específico a través del diseño de una propuesta didáctica bajo la modalidad de taller, que vincule pinturas, cartas y escritos de y sobre el artista, de modo que se propicie un espacio significativo que genere una experiencia estética con su vasta obra, retomando a su vez las diferentes percepciones que se dan en el seno de las acciones y expresiones de una sociedad.


Palabras clave: Arte, Formación, construcción mitológica, identidad, globalización, experiencia estética.


Haciendo una búsqueda en la Biblioteca Giuliana Scalaberni, se hallan en esta, grandes libros que proporcionan distinta información sobre la vida y obra del Maestro Pedro Nel Gómez. Allí es posible ver cómo muchas personas entre estudiantes, maestros e investigadores se han interesado por trabajar la trayectoria del Maestro y, con ella, realizar un análisis profundo de cada uno de los temas que se proponen a lo largo de las obras.

Entre hojas ya derruidas por el tiempo, nos encontramos realizando un viaje por la vida del Maestro Pedro Nel Gómez, y dentro de las carpetas de correspondencia divididas por décadas descubrimos un tesoro: múltiples hojas escritas a mano y a máquina que contienen un pedacito de la vida de uno de los más grandes intelectuales de Antioquia; allí se hacen presentes temas de su vida cotidiana y familiar; temas formales de contratación en la construcción de sus murales o pinturas al fresco; la descripción de acontecimientos mientras estuvo en Europa cursando sus estudios de arte; cartas con su amigo Eladio Vélez y otros, que dan cuenta de su percepción frente a problemáticas nacionales y en particular, su concepción del arte y su lugar en la sociedad, que permiten precisar e imaginar cómo era Pedro Nel mientras vivía. A través de las lecturas de sus cartas se nos presenta como un personaje más real, que escribía, que pensaba, que tenía problemas y, así mismo, se nos permite establecer la conexión entre esos aspectos y su obra.

A medida que nos sumergimos en la lectura de las cartas, empiezan a aflorar múltiples inquietudes y un interés por indagar en las diversas temáticas bajo las que puede ser analizada su obra: el retrato, los paisajes, la maternidad, lo social y político, los mitos, entre muchas otras categorías, cuyo interés puede constatarse en su correspondencia, donde enuncia su preocupación por dichas temáticas; conforme avanzamos en la lectura podemos observar el tema de los mitos como una categoría predominante en su obra que está atravesada por un interés en aportar en la consolidación de una identidad nacional; para ello, reinterpreta mitos de diversas partes del país como La Llorona, El Patetarro, La Patasola, El Gritón, entre otros, estableciendo una conexión entre estos y los mitos griegos.

Entre dibujos y acuarelas, queda plasmado el comienzo de esta gran preocupación por el patrimonio y lo que constituye nuestra tradición como cultura nacional, que más adelante, se tomaría frescos, óleos y esculturas para dar materialidad a esta cosmovisión, abarcando también los comportamientos éticos, pues los mitos representan la mentalidad no sólo de un individuo sino también del pueblo al cual pertenece; de esta manera, vemos cómo el mito no se reduce a las creencias de este sino que abarca aspectos más amplios de su cultura. Los mitos regionales y griegos son puestos en paralelo con el propósito de hallar correspondencias que permitan su legitimación y trazo como algo original, propio de nuestra identidad cultural.

Es así como la obra de Pedro Nel Gómez, permite ampliar la mirada a diversos temas que generan una pregunta por aquello que somos y configura nuestra cultura. La interpretación y el lugar que da al mito como parte fundamental en la construcción de nuestra identidad, posibilita rescatar y aportar en la consolidación de una memoria colectiva. El Maestro Pedro Nel Gómez reconocerá la importancia del mito y los hará arte, serán pinturas, serán murales, serán esculturas. Definirá el mito como:


Una herencia milenaria que llevamos dentro de nosotros mismos. Una manera de proyectar los fenómenos que nos rodean. De la tempestad sale una idea, una interpretación humana de la realidad, que a través de los siglos se proyecta sobre el fenómeno mismo, la tempestad. Así nacen los mitos, creados y alimentados por el hombre, y sin los cuales la vida carecería de sentido (Arango, Correa, & Ramírez, 2006, p.196)


Por lo anterior, surge el interés de trabajar el mito dentro del programa itinerante del Museo Pedro Nel Gómez, ya que este constituye una de las primeras expresiones de la actividad cultural del hombre; en él se hace visible la exaltación social y se reafirma, culturalmente, el pensamiento. A través de estos relatos que circulan en la tradición oral, se narra a los hombres diferentes historias que dan cuenta de su existencia, buscando con ello resolver varios de sus interrogantes; a su vez, el mito sostiene una estructura narrativa que le proporciona un lenguaje propio.

Abordar el mito, entonces, desde el campo pedagógico, permite retomar elementos de gran valor como lo es la oralidad, algo aparentemente tan común que ha ido perdiendo su significado a causa de la modernización global.

En la actualidad estamos asistiendo a una pérdida de referents; aquellos relatos que sustentaban la interpretación y comprensión del mundo se difuminan con facilidad quedando el ser humano a la deriva; por consiguiente, nos encontramos con unas estructuras de acogida pobres, entendidas estas como aquellas prácticas e instituciones que permiten que el individuo adquiera una identidad y una cultura con unas simbologías que le son propias. Duch propone que en dichas estructuras de acogida, el lenguaje ocupa un papel central, pues su adquisición es la puerta que nos aleja del caos y nos hace humanos, el empalabramiento entendido como el acto de poner en palabras la realidad, es lo que permite que establezcamos un vínculo con el mundo y lo que nos configura como individuos. Según Remy Castellanos (2013) citando a Duch:


En el momento de nacer el hombre es un ser completamente desvalido y desorientado, le faltan puntos de referencia fiables y lenguajes adecuados para poder instalarse en el mundo, es decir, para humanizarse en el mismo acto de humanizar su entorno aprendiendo todo lo necesario para vivir y convivir. Se trata de un individuo que debe emprender la arriesgada tarea de dejar de ser un in-fans (alguien que no habla, incapaz de expresarse y totalmente descolocado) para convertirse, poco a poco, en lo que Duch (1997) expresa como un “empalabrador” eficiente de él mismo y de la realidad. (p.146)


Son pues las estructuras de acogida como la familia, la escuela y la sociedad, las que delimitan e influencian la manera como nos relacionamos con el mundo; los relatos mitológicos entendidos como parte intrínseca de nuestra identidad, como aquellas narraciones de tipo oral que se pasan de generación a generación y que han sido llevadas al campo del arte, son las que deben ser redescubiertas en una era que parece empecinada en olvidar sus propios relatos, los que le han servido para empalabrar esa realidad del mundo.

Seguir con su legado artístico e intelectual nos impulsa a preguntarnos ¿Cuáles son las relaciones que se establecen, desde la expresión gráfico-plástica y escrita, entre la cultura, el arte y la formación en la construcción mitológica del maestro Pedro Nel Gómez?  

Por todo lo anterior, se apeló por trabajar bajo la modalidad de taller propuesta por Noemí Durán (2013) la cual denomina Taller de proceso y permite la atención sobre todo cuanto va emergiendo; se divide en tres momentos: Despertar que constituye la llegada al lugar donde será el encuentro, es un momento oportuno para silenciar la palabra y extrañar la mirada; Jugar que equivale a abrirse al otro, implicarse con él en algo que se comparte y Explorar que es poner en relación las historias particulares con el objeto que los une, de manera que las construcciones individuales nutran la colectividad, respetando a su vez las singularidades que posee cada uno; todas ellas tienen un hilo conductor, favorecen la apertura progresiva y se encuentran ancladas a la posibilidad de abrir imaginarios, horizontes, sensaciones, emociones y pensamientos; estos fueron ejecutados en los diversos escenarios donde se llevó a cabo la exposición itinerante con la obra del Maestro; dichos talleres estuvieron orientados al tema mitológico estableciendo un nexo entre la obra de arte y los múltiples lenguajes que pueden surgir de allí. Los talleres se realizaron en cuatro escenarios: La corporación Canchimalos, La I.E San Lorenzo de Aburrá, La I.E Pedro Estrada y la Universidad San Buenaventura. A continuación, se presentan brevemente algunos hallazgos con relación a la experiencia vivida en estos escenarios.


Voces itinerantes: El mito como símbolo de identidad cultural; una mirada a través de los conceptos de arte, cultura y formación.

El concepto de cultura tiene múltiples interpretaciones y formas en las que ha de ser entendido. Desde distintas corrientes filosóficas, antropológicas, psicológicas y educativas, este concepto ha intentado ser definido y reorientado según el campo específico y, por lo tanto, son infinitos los debates y consideraciones que se tejen a su alrededor. Para los intereses de esta investigación resulta de gran utilidad, la categorización que hace John B. Thompson (1993) siguiendo los patrones de Clifford Gertz, y que nombra como concepción simbólica, en la cual plantea que:


La cultura es el patrón de significados a las formas simbólicas- entre las que se incluyen acciones, enunciados y objetos significativos de diversos tipos- en virtud de los cuales los individuos se comunican entre sí y comparten sus experiencias, concepciones y creencias. (p.197)


Desde los talleres realizados, los conocimientos sobre los mitos se retomaron y desde allí, no solo se volvió sobre el mito, los discursos y las prácticas que hay alrededor de este, sino que también se puso en común las relaciones que los estudiantes tenían con estos, con el fin de reflexionar sobre las diversas prácticas que aportan a la construcción de una identidad cultural.

El mito es una producción cultural que sirve para dar explicación a diversos ámbitos y construcciones simbólicas que hace un determinado grupo social. Así, partimos del postulado de que en diferentes ocasiones este ha sido visto como acepción de fábula, invención o ficción, dejando de lado la posibilidad de ser entendido como una realidad cultural digna de ser abordada e interpretada desde diferentes perspectivas; por lo anterior, resulta pertinente retomar los planteamientos de Eliade (1991) en cuanto atañe a la noción de mito, pues este desde su intento por definirlo busca ser amplio abarcando todos los tipos y funciones existentes:


Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución. Es, pues, siempre el resultado de una <<creación>>: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser (p. 6).


Desde los talleres realizados siempre se generó un espacio dentro del segundo momento, el cual fue nombrado como jugar, para hablar un poco sobre los mitos y las diferentes formas en que estos han llegado hasta nosotros. Partiendo de tres preguntas orientadas a indagar respecto a ¿qué es un mito? ¿conoces algún mito? y ¿por qué crees que surgieron los mitos? se evidenciaron respuestas muy similares, pues la mayoría concuerdan en que los mitos son una serie de creencias que se han transmitido de generación en generación, buscando dar respuestas a diferentes interrogantes; estos más que crear miedo o superstición en la persona a quien eran contados, tenían la intención de determinar ciertas conductas que no eran bien vistas. A continuación, se muestran algunas de las respuestas obtenidas:


"... Tal vez solo es para darle una lección a los niños o a la gente en general para que fueran buenos, hicieran lo correcto y además es parte de nuestra cultura", "Para mantener la historia de nuestros antepasados con vida…" "Porque los hombres sienten la necesidad de creer en algo superior". "Porque la gente buscaba explicación pa' todo".


Vemos pues, que dentro del mito reside una posibilidad de formación, pues nos permite indagar, desde una postura crítica, aquellos elementos que obviamos de la cultura y que pueden ser detonantes para formar sujetos críticos, para ello, resulta fundamental pensar en el concepto de identidad, pues a partir de este aflora inevitablemente la pregunta por el yo: ¿quién soy? ¿cuál es mi lugar en el mundo? ¿cuál es el alcance de mi existencia? dar respuesta a estas y otras interrogantes son las que incentivan a los sujetos a iniciar una búsqueda que se da constantemente en todos los ámbitos de la vida y que lo llevan a vivir experiencias que luego reconstruye o intenta reconstruir a medida que se narra y que escucha las narraciones de otros.

Paul Ricoeur (1996) propone el concepto de identidad narrativa como aquella que permite la regresión en el tiempo de eventos pasados y a su vez, la proyección hacia el futuro de aquello que se espera ser; en ello la tradición, los saberes y los valores adquiridos jugarán un papel importante, pues delimitan las acciones pasadas y futuras. Es importante por esto, posibilitar un proceso consciente que dé pistas sobre una toma de postura, sobre un reconocimiento de aquello que conforma el ídem (espacio de tiempo en el que el hombre vive y muere) y el ipse (carácter o rasgos de la personalidad de alguien junto con la manera como este se designa) de cada persona. Dicho proceso puede ser potenciado a través de la narración sin dejar de lado que se parte de un sinnúmero de discursos contextualizados, de relatos (como los mitos) que anteceden en el tiempo y que cobran valor en la medida que dicen algo de cada individuo y de la comunidad de la que es miembro.

El ejercicio realizado con los participantes en los talleres en el tercer momento llamado explorar, donde se les pedía que dibujaran un autorretrato, nos permite entender esas dimensiones del sujeto como idem y como ipse dando paso a la identidad narrative. En este ejercicio se generó un espacio que abría la posibilidad para narrarse e inquietarse, por ello, acompañados del dibujo de sus rasgos físicos se pueden leer diversas palabras como: miedos, rechazo, familia, o frases como: Me representa la felicidad porque por muchas cosas que me pasen siempre estoy feliz, junto a dibujos simbólicos como signos musicales, balones de futbol, símbolos del anime, entre muchas otras cosas que intentan dar respuesta a complejas preguntas cómo el quién soy, qué hago aquí, cuál es mi lugar en el mundo, entre otras.

En este sentido, el arte como posibilitador de experiencias que hablen de sí y de la cultura, abre el panorama a pensar en otras formas de habitar la escuela y de ser maestras, pues el arte nos invita a entender y sentir el mundo desde diversas perspectivas; desde lo teórico no hay una mirada válida o definitiva sobre el concepto, ya que este ha tenido distintas mutaciones a lo largo de la historia, la concepción de este se da según el contexto y una época determinada, ejemplo de ello es el importante historiador del arte Ernst Gombrich (1992), quien en su obra monumental La historia del Arte, señala.


No existe realmente el Arte. Tan sólo hay artistas. Estos eran en otros tiempos los hombres que cogían tierra coloreada y dibujaban toscamente las formas de un bisonte sobre las paredes de una cueva; hoy compran sus colores y trazan carteles para las paredes del metro. Entre unos y otros han hecho muchas cosas los artistas. (...) (p.14).


En consonancia con lo anterior, surge aquí la posibilidad de contemplar el arte desde una mirada pedagógica, con la intención de dar a conocer por parte de los sujetos, los significados y sensaciones que tienen frente a este, por lo cual se preguntó en el primer momento de acercamiento ¿qué es o significa para ti el arte? El anterior interrogante si bien se tornó complejo de responder para muchos de los participantes, cada uno expresó su perspectiva, compartiendo desde su sentir palabras muy interesantes, que expresaban su visión sobre el Arte; afloraron palabras como pasión, amor, libertad, expresión, belleza, entre otras; frases como para mí el arte es una manera de expresar lo que sentimos en algo físico, es una forma de expresión que cualquier persona puede utilizar para expresar sentimientos, el arte es expresarse en estilos propios, entre otras respuestas que dejaron entrever desde una parte subjetiva, la percepción que los participantes poseen sobre este concepto.


A propósito de la identidad narrativa: ¿Cómo se narra el sujeto en la obra de arte?

En su libro El Arte Como Experiencia (2008) Dewey entenderá la experiencia como producto de la interacción del ser humano con su entorno. Para que una acción sea experiencia, es necesario que el individuo que la realiza sea consciente y extraiga de dicha acción, realizada muchas veces mecánicamente, algún aprendizaje por medio de un ejercicio consciente; por otro lado, la estética surge de la capacidad de sentir del ser humano, se puede entender como una especie de maduración del sentimiento y evidentemente, este subyace de las experiencias que se viven; por ello, este autor afirma que no hay una experiencia que no tenga algún componente estético; por este motivo para Dewey, arte y estética no están necesariamente vinculados.

Para Dewey la experiencia estética puede surgir de los goces cotidianos que experimentados día a día, tal como se evidencia a continuación:


¿Cómo es que nuestro goce cotidiano de escenas y situaciones se transforma en la satisfacción peculiar de la experiencia estética? […] Las respuestas no pueden ser encontradas, a menos que estemos dispuestos a buscar los gérmenes y las raíces con los asuntos de la experiencia que a menudo no consideramos como estética. Una vez hayamos descubierto estas semillas activas, podremos seguir el curso de su crecimiento hasta las más altas formas del arte acabado y refinado. (p.13).


Vemos pues el interés de Dewey por rescatar la estética de la vida, de lo cotidiano, pues a partir de la fascinación que nos producen algunas situaciones de la vida común, se puede generar una experiencia estética; así mismo, se percibe un rechazo hacia una concepción elitista del arte, pues esta forma de pensar condena a la obra artística a fines utilitaristas, cuando se entiende que la obra de arte llega a conmover y a producir una experiencia estética porque es producto de la cultura, es decir, nace de lo cotidiano, de lo primigenio del hombre.

Lograr esa afectación de los sujetos al encontrarse con una obra artística fue una de las apuestas centrales en los talleres, lo cual nos llevó a preguntarnos ¿cómo el arte puede ser experiencia? Por ello, en el tercer momento de los talleres, se les pedía a los participantes crear o recrear un mito a través de la escritura y la pintura, de manera que nos permitiera saber un poco más de ellos como sujetos y de nosotros como cultura. En este ejercicio surgieron construcciones muy interesantes que hacían referencia a su vida escolar, familiar, personal o de su barrio o pueblo que ilustraban problemáticas culturales, de manera que encontramos construcciones míticas que nos hablan de problemáticas actuales como el maltrato animal y la falta de cuidado del medio ambiente; por ello un estudiante describe un ser humano con rasgos animalescos que se hace presente cuando la comunidad o la persona hace daño a todas las especies animales que no se pueden defender, ilustrada desde tiempo antes por Pedro Nel con el mito de La Llorona. Otra estudiante evidencia a través de su mito llamado El Manifestante el maltrato a la mujer, pues este da vida a un fantasma que por las noches se le aparece a los hombres cada vez que maltratan a una mujer, caracterizado por ser hombre y por llevar múltiples heridas en su cuerpo, su finalidad es castigar un crimen que no ha podido ser resuelto por las leyes humanas a pesar de las múltiples luchas que gestan las mujeres para lograr un lugar digno en la sociedad, o el "Korruptus parakus" como el mito que intenta explicar las ansias de poder, como una energía que se introduce en el cerebro de los políticos justificando su comportamiento ciego por el poder.

Todas estas narraciones evidencian una preocupación de los sujetos por problemáticas que están presentes en su cotidianidad, que incluso saltan toda lógica; hay desde allí una afectación, una narración de la experiencia que encuentra sentido al ser plasmadas en una obra artística; con ello, el arte se presenta como formador, como productor de sentido en una sociedad que cada vez más privilegia la productividad y la lógica por encima de la sensibilidad y la pregunta, para así entender la experiencia estética como la afectación que produce la obra de arte en la subjetividad, como aquella experiencia que conecta las propias vivencias con la obra artística y que permite la identificación o la lectura del propio ser en la misma, aportando en la formación de las personas que se vinculan y se narran en el arte.


Referencias bibliográficas:

Arango Gómez, D., Correa, R., y Ramírez M, G. (2006). Pedro Nel Gómez, textos y notas sobre arte, Medellín, Universidad de Antioquia, investigación inedita.

Castellanos, R (2013). La educación como estructura de acogida: su crisis y su función. Reflexiones en torno al pensamiento de Lluís Duch. Revista Ciencias de la educación. Recuperado de: http://servicio.bc.uc.edu.ve/educacion/revista/n43/art09.pdf

Dewey, J. (2008). El Arte como experiencia. Recuperado de: http://archivos.liccom.edu.uy/Figuras/Dewey,%20John%20%20El%20arte%20como%20experiencia.pdf

Duran Salvadó, N. (enero-abril de 2013). Reescribir entre cuerpos andando caminos po(e)sibles. Propuesta de nuevos escenarios para la educación y la investigación educativa, Revista Educación y Pedagogía, 25(65). enero-abril, 79-105. Medellín, Universidad de Antioquia.

Eliade, M. (1991). Mito y realidad. Barcelona, España: Editorial Labor. S. A.

Gombrich, E. (1992) Historia del arte. Recuperado de: https://drive.google.com/file/d/1NJh-aVvNf5lUzkQQDURITmLlzSX6Oskz/view?fbclid=IwAR3V8EeXpZrKrNvmU72n7s4ceuGMDbRzo3vbVaLaXt_Bp55gWpgyHVYz9wI

Ricoeur, P. (1996). Sí mismo como otro. Siglo Veintiuno Editores: España.

Thompson, J. (1993). Ideología y cultura moderna. México: Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.




1 Estudiantes de la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades, Lengua Castellana, sede Medellín de la Universidad de Antioquia. Correos electrónicos: danielam.duque@udea.edu.co; jasbreidi.durango@udea.edu.co; yesenia.lopera@udea.edu.co