Representaciones, usos y construcciones sociales de la lengua escrita: otras literacidades1


Catalina Higuita Serna2


Resumen

En el presente texto se exponen algunas reflexiones acerca de los usos y construcciones sociales de la lengua escrita. Este trayecto, lleva, por un lado, a investigar cuáles son las representaciones sociales que se tienen sobre la escritura, para qué se aprende a escribir, cuáles son las finalidades que guarda cada texto, ampliando de alguna manera los medios bajo los que se escribe, entendiendo, asimismo, las transformaciones que viene teniendo la escritura desde la inmersión de los medios de comunicación masiva y las intenciones que afloran en un mundo globalizado. En segunda instancia, intenta mostrar los avances del ejercicio de investigación del programa Prensa Escuela de El Colombiano en convenio con la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de San Buenaventura, el cual busca comprender las representaciones sociales que sobre los procesos de literacidad y sobre la prensa tienen los talleristas del programa, año 2019. Se enfocará, sobre todo, en evidenciar las nociones que tienen los jóvenes sobre la escritura y de qué manera componen, a partir de esta práctica, sus imaginarios sociales y las formas en que asumen su lugar en el mundo.


Palabras clave: representaciones sociales, lengua escrita, literacidad, pensamiento, cultura.



Lengua y cultura escrita


La palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras. Ellas son nuestra única realidad o, al menos, el único testimonio de nuestra realidad. No hay pensamiento sin lenguaje, ni tampoco objeto de conocimiento: lo primero que hace el hombre frente a una realidad desconocida es nombrarla, bautizarla.

Octavio Paz, El arco y la lira.


La palabra como unidad de significado está permeada por la cultura, es decir, la unidad por si sola representa un sonido o un conjunto de sonidos articulados con un significado fijo; sin embargo, esa carga gramatical más allá del signo lingüístico abarca una connotación de acuerdo con el contexto en el que se lleva a cabo el acto de enunciación; la palabra adquiere significado cuando es expuesta y esa aparición pronunciada o escrita es el resultado de una práctica social inducida por la experiencia. Eco (2000), desde una perspectiva semiótica, afirma que, “la cultura por entero debería estudiarse como un fenómeno de comunicación basado en sistemas de significación” (p.44), es decir, que la cultura se fundamenta en sistemas de intercambio social y, por ende, está atravesada por la lengua como producto colectivo.

En tal sentido puede entenderse, además, que escribir es un juego de palabras pensadas e intuidas, libertarias, que aparecen como fruto de lo vivido y experimentado por el cuerpo. Por ello, valdría la pena aquí destacar la relación escritura-pensamiento-placer-transformación- pues hay una necesidad por enunciar, desde la marca en la escritura, aquello que nos ha transformado y alterado, eso que nos ha ahuecado, que nos ha generado angustia, soledad, o fiesta y risas, más que aquello que se exige ser informado o analizado, hay un algo que solicita ser capturado en el cedazo de la escritura. Se destacan así los pensamientos de María Zambrano:


Escribir viene a ser lo contrario de hablar; se habla por necesidad momentánea inmediata y al hablar nos hacemos prisioneros de lo que hemos pronunciado, mientras que en el escribir se halla liberación y perdurabilidad- sólo se encuentra liberación cuando arribamos a algo permanente. Salvar a las palabras de su momentaneidad, de su ser transitorio, y conducirlas en nuestra reconciliación hacia lo perdurable, es el oficio del que escribe (Zambrano, 2000, p.38).


Esto es, buscar la permanencia de la palabra en la escritura y en la necesidad de escribir(se). Porque, aparte de reconocer el oficio de la escritura como práctica cultural y social, es preciso pensar en las construcciones que nacen desde la comprensión de realidad que buscamos como seres humanos al habitar el mundo, en efecto, en la elaboración de una carta, diario, relato, crónica, poema, biografía, crítica.

Lo anterior entonces motiva a una mirada sobre los asuntos que conciernen al trabajo creador de la escritura, entendiendo la escritura como creación en cuanto hace parte del ejercicio de pensamiento, en este sentido, cabe también distinguir las maneras en que se organizan las prácticas sociales y culturales que componen la red de significados compartidos que constituyen la cultura escrita. Este trayecto, lleva, por un lado, a investigar cuáles son las representaciones sociales que se tienen sobre la escritura, para qué se aprende a escribir, cuáles son las finalidades que guarda cada texto, ampliando de alguna manera los medios bajo los que se escribe, entendiendo asimismo las transformaciones que viene teniendo la escritura desde la inmersión de los medios de comunicación masiva y las intenciones que afloran en un mundo globalizado. Ya Judith Kalman (2003), por ejemplo, en su investigación sobre las prácticas de la cultura escrita, intenta analizar los intercambios que surgen con los escribanos en México y del oficio que ejercen en la plaza de Santo Domingo, detallando el tipo de relaciones que se construyen entre el escribiente y quien lo busca, y las capacidades de quien escribe para entender las intenciones comunicativas y los contextos en los cuales se desarrolla, no obstante, su investigación no se queda en estas descripciones, sino que también se detiene en reconocer cómo se producen los textos, sus diversas formas, las relaciones de poder implicadas, los conocimientos sobre el lenguaje y el contexto social, además de problematizar las tensiones y posibilidades de los procesos de alfabetización. En “Escribir en la plaza”, la autora expone:


La forma en que se valora un texto depende del lugar que ocupa en una constelación de textos. La valoración social de algunas prácticas de lengua escrita por encima de otras se vincula con cuestiones más amplias de organización social y se expresa a través de creencias respecto al alfabetismo y a las normas o reglas sociales para poner en práctica la lectura y la escritura (Kalman, 2003, p.211).


La lectura y la escritura, vinculadas con el uso, están ligadas siempre a propósitos sociales específicos, tal cual menciona la autora Virginia Zavala, para hacer referencia al concepto de literacidad; por ello leer y escribir se salen del plano netamente cognitivo y mecánico para adecuarse a contextos reales del uso del lenguaje, es decir:


El uso de la literacidad es esencialmente social, no se localiza únicamente en la mente de las personas o en los textos leídos o escritos, sino, también, en la interacción interpersonal y en lo que la gente hace con estos textos (Zavala, 2008, p.24).


Por tanto, a partir de esas interacciones humanas se gestan prácticas letradas mediadas por formas culturales de uso de la lengua escrita que se evidencian en acciones y eventos en contextos determinados. Desde luego, lo anterior, permite vislumbrar que los procesos de lectura y escritura se amplían de lo meramente observable para considerarse y apreciarse dentro de prácticas sociales específicas que llevan a indagar sobre las formas diversas y la pluralidad del lenguaje, para comprender otras literacidades.


Escritura y cotidianidad: representaciones sociales de los talleristas del programa Prensa Escuela El Colombiano3

Cuando le preguntaban a Emilia Ferreiro sobre las investigaciones centradas en actividades de lectura y escritura y, su intención de estudio de situaciones de producción, ella refería que, “lo que le interesa es qué clase de ideas construye el sujeto sobre lo escrito” (Ferreiro, 1999, p.99). Por consiguiente, puede inferirse que los procesos de producción y adecuación de la escritura están relacionados directamente con lo que entendemos por literacidad, esto es, la vinculación de la organización del pensamiento a situaciones concretas que sugieren el uso continuo y diverso del lenguaje, lo cual implica la inscripción a círculos sociales y culturales permeados por prácticas propias que obedecen a conductas, emociones, relaciones, identidades.

En ese sentido, desde el programa Prensa Escuela de El Colombiano, se desarrolla la investigación “Representaciones sociales de los talleristas de Prensa Escuela sobre literacidad y prensa”, con el propósito de reconocer la población de jóvenes que hacen parte del programa y lograr fortalecer sus procesos de formación, es así como el interés se concentra en Comprender las representaciones sociales que sobre los procesos de literacidad y sobre la prensa tienen los talleristas del programa, año 2019.

Ahora, teniendo en cuenta que este ejercicio investigativo se basa en resignificar las prácticas de lectura y escritura desde una mirada pedagógica que conlleve a la reflexión de los procesos de formación de los jóvenes participantes, se procede metodológicamente con el desarrollo y análisis de entrevistas semiestructuradas y la aplicación de un cuestionario para ser interpretados, desde un enfoque cualitativo, bajo un diseño hermenéutico, puesto que:


La conducta humana no es un mero acto o movimiento físico; tiene una meta y está animada por una intención; debido a ello, comprender una conducta humana es percibirla, de algún modo, desde adentro, desde el punto de vista de la intención que la anima; comprender es un encuentro de dos intencionalidades, la del sujeto conocedor y la del sujeto conocido (Martínez, 2004, p. 105).


Con lo anterior se clarifica que la búsqueda por comprender las representaciones sociales sobre la escritura que tienen los jóvenes del programa se hace con relación a las experiencias vitales que comparten con esta práctica y que está mediada por la participación en diversas comunidades, por lo cual citando de nuevo a Miguel Martínez (2004) se entiende que:


los individuos no pueden ser estudiados como realidades aisladas; necesitan ser comprendidos en el contexto de sus conexiones con la vida cultural y social. De esta forma, el objeto de investigación de las ciencias humanas incluye no solo las esperanzas, los miedos, los pensamientos, los actos, etc., de los individuos particulares, sino también las instituciones, que son el producto de la actividad y vida humanas y que, a su vez, establecen el contexto en que se forma la experiencia individual (Martínez, 2004, p. 106).


A continuación, se presentan algunos hallazgos del análisis sobre las representaciones sociales que tienen los jóvenes sobre la Escritura. Para esta categoría central se descubrieron, subcategorías tales como: Organización del pensamiento, Reciprocidad entre lectura y escritura, Intención según el contexto de comunicación, Comprensión de sí mismo y del otro, Escritura académica.

Para comprender las nociones que sobre la escritura manifiestan los participantes de la investigación, es necesario recordar, tal como lo menciona Silvia Piñero (2008), a partir de los presupuestos de Moscovici, desde la teoría de las representaciones sociales y, la postura sociológica de Pierre Bourdieu que:


La representación social constituye una forma de pensamiento social en virtud de que surge en un contexto de intercambios cotidianos de pensamientos y acciones sociales entre los agentes de un grupo social; por esta razón, también es un conocimiento de sentido común que, si bien surge y es compartido en un determinado grupo, presenta una dinámica individual, es decir, refleja la diversidad de los agentes y la pluralidad de sus construcciones simbólicas (Piñero, 2008, p. 4).


Así pues, cuando a los jóvenes del Taller Prensa Escuela se les hicieron preguntas sobre los acercamientos y experiencias, particularmente con la escritura, sus respuestas referían, en su mayoría, que la escritura es un proceso complejo pero fundamental, ya que les permite organizar y expresar sus ideas. Nombran la escritura como recurso, método y posibilidad para defender puntos de vista y compartir experiencias desde la realidad y la ficción.

Las preguntas que abrieron el diálogo sobre las representaciones de escritura fueron principalmente, ¿Cuál ha sido el impacto de la escritura a lo largo de tu vida?, ¿Cuándo escribes algo qué pretendes lograr? y, sus respuestas tienen que ver con la relación que han tenido con la práctica a través de las experiencias de vida, las necesidades de su entorno inmediato y la configuración social que construyen desde la academia. Puede apreciarse también que algunos no pueden hablar de escritura sin práctica lectora, puesto que conciben el proceso continuo de acceso a la cultura a partir del aprendizaje de estas.

Piñero (2008), nos recuerda que las representaciones sociales se expresan como proceso y como contenido. Por proceso se entienden las convenciones en que se adquieren y comunican conocimientos, teniendo en cuenta también los medios de comunicación que participan en los procesos de creación, transmisión y producción de las formas simbólicas. (Piñero, 2008). Por ende, expresiones de los jóvenes talleristas sobre la escritura, como por ejemplo: “Leer para escribir”, “Se escribe para que otros lean porque su función es social”, “La escritura es el medio para comunicar lo que pienso, lo que siento”, “consciente de que el texto tiene una estructura para que otros entiendan”, obedecen a representaciones sociales sobre la escritura en tanto proceso, porque muestran cómo se comparten los conocimientos adquiridos sobre el objeto a partir de las relaciones que construyen con el mismo. Hay representaciones sobre la escritura desde la forma, la adecuación e intención de la enunciación en un contexto determinado.

Por otro lado, las representaciones sociales como contenido se manifiestan a partir de tres dimensiones; la actitud, la información y los campos de representación. La primera tiene que ver con el aspecto afectivo, es decir la valoración positiva o negativa sobre el objeto, segundo, la información entendida como las formas de explicación que el agente posee acerca del objeto y que pueden variar según la calidad y la información que se tiene con precisión y, finalmente, la dimensión referida a los campos de representación que serían las formas en que se organizan los elementos que la estructuran, incluyendo las relaciones mantenidas con el objeto, es decir, los sistemas de valores y normas sociales [núcleo central o figurativo], y el contexto y las historias individuales [elementos periféricos]. (Araya, 2002; Ibáñez, 1994-citados por Piñero). Con lo anterior, se puede decir que, repuestas de los talleristas que aluden a aspectos de contenido pueden ser: “la escritura es potenciadora de lo creativo”, “Dicen que uno siempre tiene que escribir para el otro, pues tener en cuenta que alguien lo va a leer, pero yo digo que uno se lee mientras se escribe; como uno también es lector de su texto; como que ese otro puede ser uno”. “La escritura se hace con intención, no es azar”, “Se escribe para recordar”, “Soy escritura”. Estas expresiones abogan por la comprensión de una relación más cercana con el oficio de la escritura y con los sentidos que representa desde la experiencia, además de provocar una reflexión sobre el contenido de la escritura como Comprensión de sí mismo y del otro.

De igual manera, dentro de las respuestas que se dieron a las preguntas sobre la escritura, algunos hacían referencia a los contextos en los cuales esta práctica es más recurrente y la influencia de las personas que habitan esos lugares. En suma, el hogar, la escuela, la universidad, el barrio, como espacios de intercambio de información y valores que han permeado las maneras en cómo y para qué escriben. En otras palabras, como lo nombra Zavala, la existencia de múltiples literacidades, y a lo que la autora aclara, “cada una de estas literacidades (escolar, familiar u otra) no está claramente delimitadas, pues las prácticas letradas asociadas a una situación suelen migrar a otros contextos y reescribirse desde nuevos ámbitos” (Zavala, 2008, p.25).

Con respecto a la instrucción del cuestionario “Describa las maneras en las que la escritura contribuye en su medio cercano”, se destacan respuestas como: “La escritura implica tomar las lecturas cotidianas y materializarlas; es darle forma al pensamiento, ir de lo abstracto a lo tangible y me parece un proceso absolutamente mágico. Las cercanías con la escritura que he tenido han sido más desde lo académico, pero he buscado tener clases que me puedan ayudar a explorar una parte un poco más creativa”, “La escritura en la actualidad sigue logrando que haya un medio de comunicación, de expansión y sobre todo de encuentro con lo otro a través de las palabras”, “Me ayuda a expresarme, a recordar, a pensar”. Ciertamente estas construcciones permiten reconocer los impactos y alcances de la escritura en la vida de los jóvenes, y cómo el sistema alfabético trasciende para hacer más evidente que la escritura como práctica sociocultural involucra a los sujetos y su experiencia, el contexto, la enunciación y las diversas formas en que se reescriben las realidades, o, dicho de otro modo, cómo se lee el mundo y lo que de él se comprende para participar y reconstruir otros modos de ver, hacer y sentir.

Finalmente, se entiende que las representaciones sociales se generan a partir de los contextos comunicativos, puesto que es allí donde se construyen las relaciones con el objeto de forma individual y colectiva y se producen prácticas, esto es, “el uso de la lengua escrita es una opción cultural compuesta por variadas prácticas comunicativas, formatos, significados y usos de la lectura y la escritura y portadora de infinitos contenidos, ideas, mensajes socialmente construidos e históricamente desarrollados” (Kalman, 2003, p. 19). La práctica de escritura se convierte en una actividad que permite a los sujetos participar en el mundo social, vivir sus transformaciones y asumir su lugar ético y político.

Referencias bibliográficas:

Eco, U. (1981). Tratado de semiótica general. Barcelona: Lumen

Ferreiro, E. (1999). Cultura escrita y educación. México: Fondo de Cultura Económica.

Kalman, J. (2003). Escribir en la plaza. México: Fondo de Cultura Económica.

Martínez, M. (2004). Ciencia y arte en la metodología cualitativa. México: Trillas

Paz, O. (1999). El arco y la lira. España: Círculo de lectores.

Piñero, S. (2008). La teoría de las representaciones sociales y la perspectiva de Pierre Bourdieu: Una articulación conceptual. CPU-e, Revista de Investigación Educativa, 7. (jul-dic). Recuperado de: http://www.uv.mx/cpue/num7/inves/pinero_representaciones_bourdieu.html

Zambrano, M. (2000). Hacia un saber sobre el alma. Madrid: Alianza Editorial

Zavala, V. (2008). La literacidad o lo que la gente hace con la lectura y la escritura. En: Cassany, D. (Ed), Para ser letrados. (pp. 23-35). Barcelona: Paidós.




1 Texto derivado de la investigación “Representaciones sociales de los talleristas de Prensa Escuela sobre literacidad y prensa”. Participan como investigadora principal la profesora Sonia Amparo Guerrero Cabrera, coinvestigadora Catalina Higuita Serna, Línea de investigación Pedagogía, Lenguaje y Comunicación, grupo ESINED, Universidad de San Buenaventura, Medellín.

2 Docente Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia y la Universidad de San Buenaventura. Correo: catalina.higuita@udea.edu.co

3 Proyecto que convoca anualmente a jóvenes de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de San Buenaventura, quienes a través de la estrategia El taller, reciben capacitaciones sobre formación ciudadana, manejo de la información y fortalecimiento de competencias en escritura, para luego desarrollar actividades y ejercicios con estudiantes de establecimientos educativos de los grados séptimo a undécimo.