RESEÑA DE LIBRO: VIOLENCIA EN EL FÚTBOL. INVESTIGACIONES SOCIALES Y FRACASOS POLÍTICOS
RESENHA DO LIVRO: VIOLÊNCIA NO FUTEBOL. INVESTIGAÇÃO SOCIAL E FRACASSOS POLÍTICOS
BOOK REVIEW: SOCCER VIOLENCE SOCIAL RESEARCHES AND POLITIC FAILURES
Título
de la obra: Violencia en el fútbol. Investigaciones sociales y fracasos
políticos.
Autor: José Garriga Zucal (Compilador)
Año de edición: 2013
Editorial: Ediciones Godot
Lugar de edicicón: Buenos Aires, Argentina.
ISBN: 978-987-1489-67-1
Número de Páginas: 413
John Alexander Castro Lozano
Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y Magister en Estudios Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional (Colombia).
Profesor de sociología en la Universidad Antonio Nariño (Bogotá - Colombia)
Castro, L. J. A. (2015). Reseña de libro: Violencia en el fútbol. Investigaciones sociales y fracasos políticos. Educación Física y Deporte, 34 (2), Jul.-Dic. http://doi.org/10.17533/udea.efyd.v34n2a13
DOI: 10.17533/udea.efyd.v34n2a13
URL DOI: http://doi.org/10.17533/udea.efyd.v34n2a13
La violencia en el fútbol es una afirmación que debe contextualizarse ya que su significado es múltiple, al depender de quién la define, desde qué perspectiva, qué posición tiene y en qué momento lo hace. Así, el libro compilado por José Garriga contribuye a la investigación sobre las hinchadas, barras bravas o los grupos organizados de hinchas pues examina las prácticas, las representaciones y los sentidos que elaboran los hinchas, respecto a la violencia o el aguante. Asimismo, enfatiza que la política pública se ha ocupado de castigar a los “violentos”. Pero no ha analizado las causas que producen esas violencias pues no es esa su finalidad. En otras palabras, de lo que se trata es comprender los comportamientos de los grupos organizados de hinchas, con el propósito de elaborar una política pública, que afronte este fenómeno urbano y no sea, necesariamente, represiva.Violencia en el fútbol compila catorce trabajos de investigación, que incluye a especialistas de Argentina, Brasil, Colombia y México.
El libro se organiza en tres secciones. En la primera parte, Violencias locales: abordajes, miradas y diagnósticos, se encuentran los documentos de Pablo Alabarces, Verónica Moreira, Rodrigo Daskal, Federico Czesli y Nicolás Cabrera.
En la segunda parte, Otras tramas, otros problemas y algunas soluciones, son presentados los documentos de Federico Fernández, Roger Magazine, Sergio Fernández, Luiz Henrique De Toledo, Alejandro Villanueva, Nelson Rodríguez, Fernando Segura y Diego Murzi. Y en la tercera parte, La gestión de la seguridad, se reúnen los textos de Santiago Uliana, Matías Godio, Juan Sodo, Sebastián Sustas y José Garriga. En la introducción, “Cartografía de la(s) violencia(s)”, Garriga advierte que el concepto de violencia tiene varios significados pues es una manifestación construida social e históricamente. Si bien la violencia en el fútbol es reprimida y castigada, se válida en las prácticas de los miembros de las hinchadas. En el primer trabajo, Pablo Alabarces, en “La violencia, la academia y el fracaso”, elabora un balance bibliográfico sobre la violencia en el fútbol. De ese modo, destaca las reflexiones de los ingleses de Ian Taylor, Popplewell, Eric Dunning, Patrick Murphy, John Williams, Gary Armstrong y Richard Giulianotti. En Argentina, resalta las reflexiones pioneras de Amílcar Romero y Eduardo Archetti, continuadas con las investigaciones de Pablo Alabarces, José Garriga y Verónica Moreira, desde el concepto del aguante.
Además, repasa la intervención estatal para enfrentar la violencia en el fútbol en Inglaterra y Argentina. En el segundo trabajo, Verónica Moreira, en “‘Así cualquiera tiene aguante, de fierro tiene aguante todo el mundo’. Disputas morales sobre las prácticas violentas en el fútbol”, describe las transformaciones de las prácticas y las representaciones del aguante en las hinchadas. Los cambios distinguen a los viejos miembros y a los jóvenes integrantes de la barra. Las diferencias del aguante muestran un antes, caracterizado por enfrentamientos corporales entre grupos iguales, que excluían a hinchas comunes. Y un después-ahora, en el que las armas de fuego son utilizadas regularmente y el ataque a los rivales puede involucrar a hinchas comunes. Por lo tanto, los jóvenes no respetan los viejos códigos del aguante.
En el tercer trabajo, Rodrigo Daskal, en “Cultura, civilización y violencia en el fútbol argentino”, plantea un análisis de la violencia, desde la categoría de cultura en los sectores populares. De ese modo, indica que las prácticas violentas, en el entorno deportivo, exponen diferentes sentidos y valores. Los hinchas violentos, habitualmente llamados barras bravas, manifiestan una relación con el uso del cuerpo y el aguante, una categoría práctico-moral. El enfrentamiento corporal sirve para exhibir el aguante, manifestado en las cicatrices y en los relatos. El aguante otorga honra y prestigio, es decir, quien lo ostenta se distingue en la hinchada.
En el cuarto trabajo, Federico Czesli, en “Apuntes sobre la identidad en la hinchada de Platense”, muestra que las prendas de vestir exhiben la identificación con un equipo, señalando que puede ser reconocido como hincha de ese club, asumiendo las consecuencias de hacerlo visible. Por ese motivo es fundamental pelear y mantenerse en el combate. El territorio, las prendas de vestir y los tatuajes del club se deben defender mediante el enfrentamiento corporal ya que el aguante defiende el honor y la grandeza del equipo, la hinchada y sus miembros. De esa manera, se constituye la hinchada y el hincha se distingue en el grupo, al lograr la aprobación de sus integrantes.
En el quinto trabajo, Nicolás Cabrera, en “De corporalidades masculinas, aguantadoras y populares. Violencia, identidad y poder en la hinchada del Club Atlético Belgrano”, sostiene que el mando en la hinchada se organiza a partir de la posesión y la demostración del aguante. El cuerpo, la masculinidad y las prácticas están vinculados. Por eso, el hincha debe soportar físicamente, las experiencias en el grupo. Así es reconocido como “hombre” o “macho”, opuesto a los “putos”, quienes no son “verdaderos hombres”, al evadir los compromisos y los hábitos. Por lo tanto, carecen de aguante.
En el sexto trabajo, Federico Fernández, en “Violencia y etnicidad: apuntes etnográficos sobre la práctica del fútbol entre poblaciones originarias-campesinas de Jujuy (Argentina)”, detalla algunos elementos sociales, culturales e históricos de las poblaciones originarias y campesinas de Jujuy. Por supuesto, esas expresiones anteceden al surgimiento y la llegada del fútbol a la región. Sin embargo, esas características se visibilizan en los lenguajes corporales, mediante la práctica del fútbol, mostrando vínculos familiares o parentescos y estilos de juego de los habitantes de la región.
En el séptimo trabajo, Roger Magazine y Sergio Fernández, en “La afición futbolística y la violencia en México: 1995-2012”, detallan el proceso de trasformación de los aficionados a los equipos. En la primera etapa son grupos familiares y de amigos, en el que participan, indistintamente, hombres y mujeres. Estos grupos son llamados porras. En la segunda etapa, aparece un nuevo grupo, mayoritariamente masculino, que busca animar, mucho más, al equipo. Además, lanzan insultos a los rivales. En la tercera etapa, surgen grupos organizados, que adoptan el término de “barra” y son guiados por el aguante. En consecuencia, apoyan durante todo el partido y se enfrentan, verbal y físicamente, a los rivales. Estas “barras” se organizan en subgrupos y trasladaron sus expresiones estéticas y sus enfrentamientos a sus barrios de origen.
En el octavo trabajo, Luiz Henrique De Toledo, en “Hinchadas como política en el Brasil Post-dictadura”, presenta los procesos de transformación en las formas de “hinchar” de los seguidores de equipos de fútbol. A finales de la década del ochenta, los hinchas mostraron, nuevamente, las relaciones entre el deporte y la política. La influencia del entorno electoral y los candidatos, en el contexto del fútbol, expusieron los vínculos que se pueden generar entre el juego y las elecciones. Posteriormente, el cuerpo del hincha es centro de atención, mediante los gestos, el exhibicionismo, los símbolos y los enfrentamientos corporales, consecuencia de las rivalidades del fútbol. Por lo tanto, las barras organizadas, torcidas, fueron responsabilizadas de la violencia en el fútbol. Por ese motivo, algunos clubes promovieron programas de socio-torcedor, buscando nuevos vínculos entre los aficionados y los equipos. Asimismo, apareció la figura del hincha consumidor.
En el noveno trabajo, Alejandro Villanueva y Nelson Rodríguez, en “Aspectos legales, jurídicos y normativos sobre las barras futboleras en Bogotá y Colombia”, realizan un balance positivo sobre la implementación de la política pública ya que apuesta por la seguridad y la convivencia y la creación de comisiones locales para minimizar los riesgos en cada partido.
En el décimo trabajo, Fernando Segura y Diego Murzi, en “Alternativas europeas comparadas de gestión de la seguridad y la violencia en los estadios de fútbol: tres enfoques y aplicaciones diferentes ¿Qué se puede aprender?”, resaltan los aspectos relevantes de la legislación inglesa, belga y francesa para enfrentar y disminuir la violencia en el fútbol; aspectos relacionados con la caracterización de los aficionados, el rol de las fuerzas de seguridad, las condiciones óptimas de las estructuras de los estadios y las medidas que castigan las conductas violentas y también, aquellas que estimulan el buen comportamiento. Sin embargo, en Inglaterra una de las causas que permitió disminuir la violencia en los estadios fue incrementar, considerablemente, el costo de la entrada y controlar las expresiones multitudinarias. En Bélgica se han disminuido los enfrentamientos. Pero los cantos racistas y xenófobos se mantienen. Y en Francia, se han aplicado algunas medidas inglesas y belgas para asumir la violencia.En conclusión, cada país debe su seguir su propio camino, según las particularidades de su violencia en el fútbol, tomando como guía otros modelos.
En el undécimo trabajo, Santiago Uliana y Matías Godio, en “Separar, dividir y mortificar. Los dispositivos culturales de seguridad en los estadios de fútbol argentino”, analizan el ambiente generado en los estadios y el tratamiento que ejercen las autoridades estatales sobre los hinchas. Los “operativos de seguridad” –antes, durante y después de los partidos– pretenden castigar el delito y las prácticas ilegales de los hinchas, quienes pueden ser tratados como criminales o “barras bravas”. Por eso, los hinchas deben ser requisados exhaustivamente, con el objetivo de localizar cualquier elemento que pueda ser usado como arma. Además, los grupos rivales son separados ya que cada uno es ubicado en un determinado sector.
En el duodécimo trabajo, Juan Sodo, en “De violencia a ambientes de violencia: entre el doble discurso de los hinchas y el doble reduccionismo mediático, razones para un desplazamiento conceptual en los estudios sociales del deporte”, presenta los factores que permiten el desarrollo de las prácticas violentas en el fútbol de Argentina como la historia, el organizativo-institucional, el político, los jugadores, el simbólico, el paradigma de la seguridad, los estadios, el mediático y el hincha común. Los ambientes de violencia en los estadios se caracterizan por elaborar metáforas criminales, responsabilizar a los integrantes de las barras de los acontecimientos violentos, suponer que se han cometido delitos y la puesta temática en la pantalla de la violencia en el fútbol. Además, el hincha común solicita las prácticas violentas, como respuesta al accionar de los rivales.
En el décimo tercer, trabajo, Sebastián Sustas, en “Las violencias sentenciadas. Análisis de las leyes en torno la seguridad deportiva en Argentina”, explica que los estadios se han transformado en escenarios altamente custodiados por la policía. La legislación planteada supone que, en cada partido, el peligro y la amenaza son inminentes ya que los hinchas pueden ser bastante peligrosos. De esa manera, se pretende disciplinarlos, mediante una violencia legítima, otorgada por el Estado, se intenta disminuir la violencia en el fútbol. De esa forma, conservar el orden público.Por último, en el décimo cuarto trabajo, José Garriga, en “El aguante: violencias, academia y políticas públicas”, reitera que la violencia entre las hinchadas se denomina aguante y esa violencia es una, entre diferentes violencias en el fútbol.
El aguante se mide en el enfrentamiento corporal; a quien lo demuestre lo posiciona en la jerarquía del grupo; otorga beneficios y expone un tipo de identidad en la hinchada. Por lo tanto, la violencia es una manifestación distintiva, validada y aprobada. Igualmente, el aguante no denuncia la agresión y es contrario a la legalidad. Finalmente, el aguante y la política pública contra la violencia del fútbol pueden ser propuestas de investigación de los estudios sociales del deporte en Colombia pues permite comprender las causas de la violencia en el fútbol y de esa manera, proponer una serie de medidas legislativas e institucionales incluyentes y participativas, trascendiendo así el sensacionalismo de los medios de información y demostrar, desde los mismos gobiernos locales y nacionales, la posibilidad de prevenir los incidentes violentos entre los grupos organizados de hinchas y no continuar la ruta habitual: la represión. Además, es viable promover espacios académicos que estudien y entiendan las conductas usuales los integrantes de estas agrupaciones, investigaciones escasas en Colombia, aunque se han elaborado trabajos reflexivos, las referencias bibliográficas aún son limitadas.
Recepción 03-06-2015
Aprobación: 11-12-2015