Editorial

Estamos celebrando, con este número 40, la fundación de Estudios de literatura colombiana y su consolidación dentro de los estudios literarios. Son ya veinte años de lectura crítica, debate, evaluación y edición de la producción científica especializada en las literaturas del país. El resultado de estos cuarenta números ha sido obra de profesores, estudiantes, egresados e investigadores de nuestros programas de pregrado y posgrado en Literatura de la Universidad de Antioquia en diálogo con grupos de investigación del país y de varias universidades de Latinoamérica y del mundo. En orden cronológico, fueron directores y editores de cada número: Óscar Castro García (1, 2), Augusto Escobar Mesa y Consuelo Posada Giraldo (3-9), Hubert Pöppel (10-11), Edison Darío Neira Palacio (12-14), Beatriz Eugenia Aguirre Gaviria (15-20, 25, 27-28), Alfredo Laverde Ospina (21-24), Andrés Vergara (26), Ana María Agudelo Ochoa (29-37) y Selnich Vivas Hurtado (38-40). En buen sentido, los editores y las editoras de esta publicación trabajaron con el ánimo de revisar, crear y ampliar líneas de investigación; siguiendo la actualidad de las obras canonizadas, pero llamando la atención sobre otras menos estudiadas o ignoradas. Prueba de esa labor son las carátulas que reproducimos en esta edición. Hoy es posible afirmar que el campo de las literaturas colombianas constituye un espectro muy amplio que recorre etapas, autores, formas y perspectivas literarias de epistemes variadas.

 

El número 40 es una muestra más de esa abundancia. Nuestros reseñistas se ocuparon de las Prosas de José Manuel Arango, de los ensayos de Baldomero Sanín Cano sobre Jorge Isaacs y de la tesis doctoral Devenir escritora de Ana María Agudelo Ochoa. Compilar textos dispersos es una tarea previa a la comprensión del proceso formativo de una obra o a la ampliación del perfil intelectual de una autora. Asimismo, estudiar en perspectiva crítica la emergencia de la mujer escritora en el siglo XIX permite advertir el significado de las conquistas escriturales y políticas de las mujeres en siglos posteriores. El caso de Soraya Juncal debe suscitar inquietud a este respecto. ¿Hasta qué punto la literatura escrita por mujeres en el siglo XX cuestiona o legitima los “oppressive systems”? (p. 29). Luz Helena Cordero Villamizar nos comparte un ejemplo de cómo la mujer inventa la poesía en diálogo crítico frente a sus contemporáneos y en contra de los discursos hegemónicos que promueven la guerra. Su conferencia, de excelente factura, es también una antología mínima de la poesía colombiana por la paz. En su auto-entrevista, Ricardo Cano Gaviria nos revela las claves del proceso creativo. Visibilizamos, con un mecanuscrito de El pasajero Walter Benjamin, que acompaña la carátula de este número, el modo en que la ficción toma en serio la investigación de fuentes históricas para interpelarlas y dinamizarlas.

 

Quisimos promover en este número los estudios comparados para hacer evidentes las conexiones y las similitudes de nuestras literaturas con otras tradiciones. Dos novelas contemporáneas, Los informantes y El mundo de afuera pueden ser leídas desde la memoria de la expansión del nacionalsocialismo en Colombia. El yo multánime de León de Greiff, por su parte, conversa y se emparenta con las propuestas de José María Eguren, José Antonio Ramos Sucre y Gilberto Owen. La crítica al conocimiento erudito facilita el rastreo de recursos narrativos en la crónica colombiana y puertorriqueña: La eterna parranda y El entierro de Cortijo. Germán Espinosa se apropia de temas y estrategias de Borges y Faulkner para alimentar ambientes locales y reflexiones literarias. El personaje de la diva travesti conecta a Locas de felicidad con Al diablo la maldita primavera y hace explícito el contexto social en el que predomina aún la exclusión y el prejuicio. Incluimos también dos estudios dedicados a Juan José Nieto y Efe Gómez que funden la historia y la literatura, mezcla que profundiza en la función intelectual del escritor en circunstancias de alta tensión política. Comparar tradiciones, temas y obras amplía, por consiguiente, la mirada en torno a los caminos seguidos por nuestra expresión.

 

Va mi gratitud inmensa a los pares académicos que nos ayudaron y a los autores y autoras que enviaron sus contribuciones para este número. No pudimos publicar el material abundante que recibimos. Las fallas de escritura o la ausencia de argumentos analíticos nos impidieron avalar trabajos de nuestro afecto, situación que nos obligó a seguir los ritmos y las tensiones del proceso editorial. Nos alegró sobremanera saber que la revista gana cada vez más lectores y colaboradores en el ámbito académico. Le auguro a quien asuma la dirección el arribo de muchas contribuciones valiosas y gozosas.

 

 

Prof. Dr. Selnich Vivas Hurtado

Editor, director