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Apologías humanistas del Imperio y la Conquista. El Antijovio de Ximénez de Quesada y las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos * **

Humanist apologies of the Empire and the Conquest. El Antijovio by Ximénez de Quesada and the Elegías de varones ilustres de Indias by Juan de Castellanos

 

En la cuarta parte de las Elegías de varones ilustres de Indias, Juan de Castellanos menciona la reiterada insistencia de Gonzalo Ximénez de Quesada en cuanto a que la forma poética más apropiada para cantar las gestas de la conquista de las Indias eran los antiguos versos castellanos, por “ser hijos nacidos de su vientre”, mientras que el Beneficiado de Tunja, por su parte, consideraba válido el uso de la entonces nueva métrica italiana, la ottava rima, pues eran versos engendrados en nuestra lengua, al uso moderno, para renovar la memoria de los conquistadores (Historia del Nuevo Reino de Granada, canto XIII). Si bien parece ser una simple cuestión de formas y lenguaje, no lo es así para el humanismo renacentista.

Esta disputa le sirvió a William Ospina (2007) para afirmar, en Las auroras de sangre, que Quesada era alguien de una mentalidad tradicional mientras que Castellanos era un hombre que representaba excelentemente el pensamiento humanista del Renacimiento, aunque tales tesis hacen caso omiso de una bibliografía crítica que documentaba, aunque celebratoriamente, el humanismo de Quesada en El Antijovio.1 En todo caso, el hecho es que en ambos escritores coloniales encontramos la exaltación de la virtud adquirida mediante la guerra y las letras, característica de la historiografía renacentista, inspirada en los autores clásicos de la Roma imperial.2 Sin embargo, la cuestión va más allá de la exaltación de ciertos individuos: se trata de cómo conjuntamente las armas y las letras legitiman el Estado moderno y la razón imperial. Desde este punto de vista, la violencia colonial no es una perversión del modelo humanista, sino uno de sus elementos fundamentales, su colonialidad. La letra con sangre entra. Se trata de la afirmación del ego conquiro, como diría Enrique Dussel, que inaugura la era moderna, más acertadamente que el ego cogito catersiano. Aquí veremos que esta figura no solo es encarnada por Hernán Cortés, sino también por el mismo emperador Carlos V (en Quesada) y por los conquistadores neogranadinos (en Castellanos).

Esta visión imperial y colonial de la historia de los dos textos neogranadinos es evidente al verlos con relación a la Historiarum sui temporis (1549) y los Elogia virorum bellica virtute illustrium (1554) del reconocido historiador humanista Paulo Giovio (1583-1552). La primera obra es expresamente el subtexto de El Antijovio (1567), la cual el Adelantado glosa capítulo por capítulo, corrigiendo la mala imagen de los españoles que presenta el historiador italiano. La segunda obra de Giovio puede considerarse como un muy probable modelo de las Elegías de Castellanos, aunque esta afiliación queda aún por documentar. El hecho es que el trabajo biográfico de Giovio es conocido en las Indias mucho antes de El Antijovio, pues en 1547, antes de morir, Cortés envió al obispo de Nochera su retrato para la inclusión en la galería de personajes ilustres en las letras y las armas que acumuló en su residencia en Cuomo (Kubler 5).3 En 1562 aparecen dos ediciones castellanas de la historia de Giovio, de las cuales Quesada afirma conocer la edición de Baeza, además de la original. En las siguientes líneas, argumentaré que ambos textos neogranadinos son respuestas, cada uno a su modo, a la visión italiana de la historia universal. Comenzamos con Quesada.

El telos de la historia imperial

En Paolo Giovio. The Historian and the Crisis of 16th Century Italy (1995), T. C. Price Zimmermann afirma que el proyecto historiográfico de Giovio en su Historiarium sui temporis buscaba abarcar todos los pueblos del mundo, inspirado en el orbis terrarum romano que por entonces ya abarcaba el mundo cristiano, el Imperio otomano, Rusia, el Nuevo Mundo, África, y mucho más. Esta mirada imperial es patente en los siete libros de varones ilustres de Giovio, los cuales retratan casi mil personajes. Los únicos conquistadores que aparecen allí son Colón (libro cuarto) y Cortés (libro sexto).

Giovio llegó a Roma auspiciado por el Papa León X, por esto no es gratuito que presente la Roma bajo este pontífice como una gran urbe que resplandecía por sus logros en las letras y las artes. Se creaba así una visión imperial de la historia liderada por la Roma leonina. La propia figura del pontífice resaltaba la superioridad moral del papado: sus manos delicadas, su voz suave y gentil, la palabra justa y amena; en fin, la encarnación de la virtud cívica humanista (Zimmermann, 1995, p. 23). Giovio sirvió posteriormente al Papa Clemente VII y tuvo que vivir el saco de Roma en 1527 por las fuerzas imperiales (lideradas por Carlos V). En esta parte, el telos de su historia se concentra en criticar el cisma cristiano y la poca atención prestada por los gobernantes europeos a la incursión del Imperio otomano, que por esa época invadió a Hungría (Zimmermann, 1995, p. 26). Entonces la visión privilegiada de Roma y el papado, así como la sanción de los conflictos entre Carlos V y Francisco I de Francia, conllevaban la imagen desfavorable y menguada de los españoles, asunto que lleva a Ximénez de Quesada a escribir El Antijovio, en el cual corrige y complementa los capítulos de la historia de Giovio. Con justicia, le reconoce sus aciertos: “El qual no sólo hystoria, pero otras muchas partes alcançba en dibersas çiençias dignas de grande alabança, y çiertamente no le faltó parte ninguna de bueno y escoxido coronista” (Ximénez, 1952, capítulo 2). En cuanto a la historia, afirma:

Tubo este prinçipal barón de nuestro tienpo çelente discurso; fue admirable geógrafo quando le conbino sello en su corónica; fue grande ynqueridor de sitios antiguos; dispuso las materias que se le ofreçieron con mucha claridad y hizo en su ystoria todas las otras cosas que conbenía hazer (Ximénez, 1952, capítulo 2).

Sin embargo, Quesada le reprocha no tratar de la misma manera los asuntos hispánicos, pues los muestra despectivamente, “poniendo tanbién epítetos y nonbres a los españoles, feos e ynjuriosos las más vezes, de las que se le ofreçió ablar d'ellos. Y no solamente todo lo qu'está dicho, pero avn a la mesma naçión española en general, llamándola bárbara, cruel, ynica y sin piedad” (capítulo 2).

El Adelantado enmienda la historia del obispo de Nochera y aprovecha cualquier ocasión para resaltar la supremacía del Imperio hispánico bajo Carlos V, notando que tiene sujetada casi toda la redondez de la tierra. Sin embargo, la materialización de historia de la España imperial queda indefinidamente diferida a una futura obra que el Adelantado piensa escribir, y nos la anticipa en varias ocasiones, Los anales del Emperador Carlos V.

Regresando al debate entre Quesada y Castellanos sobre las formas poéticas más apropiadas para contar la historia de las gestas hispánicas, la resistencia de adoptar las formas métricas italianas tiene más sentido al comprender su querella con el Giovio. Y también es particularmente significativo el uso del lenguaje, una preocupación central del humanismo renacentista. Como bien señala Torres Quintero (1957), Quesada compartía con Nebrija y Valdés “un sentido imperialista del idioma [que] les daba a los hablantes una orgullosa seguridad para acomodar a su fonética y a su escritura los nombres extraños que no sonaban bien a los oídos castellanos” (p. 207).

Dejamos aquí nuestra atención a El Antijovio con el llamado de Quesada a que algún historiador haga justicia a los hechos de las Indias, ya que el Giovio apenas le dedicó tres capítulos, cuando bien pudo haberse extendido mucho más:

Y con todo esto, avn espero que no a de negar Dios a este Nuevo Mundo lo que no a negado al biejo (aunque todo es un mundo debaxo de dos nombres), y que no an de faltar escritores que ynchan de popa a proa todo lo que conbiene en estas materias, como los / que he nonbrado la yncheron en aquellas particulares cosas que tomaron a cargo d'escribir. De manera que las faltas del Jobio para tan grande cosa, súplalas otro (Ximénez, 1952, p. 199).

No pasaría mucho tiempo ni habría que ir muy lejos para encontrar a alguien que respondiera a este llamado. Castellanos, quien reiteradamente se refirió a Quesada como su mecenas, tomaría la pluma para contar las hazañas de los españoles en las Indias, los varones ilustres a este lado del Atlántico que habían sido dejados al olvido por la historiografía imperial.

Los olvidos del Sacro Imperio

Las Elegías son en esencia un reclamo a la corona para que reconozca y premie adecuadamente los esfuerzos de los conquistadores neogranadinos. Se trata de una extensa probanza de méritos y servicios, rendida en los versos más galanos de su época, la ottava rima, la de Ariosto, Tasso, y Camõens, entre otros. Dedicada al rey, su interpelación a Felipe II es compleja. Por una parte, es un texto que afirma la expansión providencial del Sacro Imperio, pero también es testimonio de los esfuerzos humanos de aquellos soldados que acrecentaron el territorio y subyugaron poblaciones americanas. Esta ambivalencia es patente al contrastar el frontispicio de la edición prínceps y el cuerpo del texto mismo, las conquistas. Para ver esta tensión nos es útil contrastar la lectura del historiador Jorge Cañizares Esguerra (2006) sobre el frontispicio de las Elegias (véase la Figura 1) con el análisis desde la perspectiva de la historia de las ciencias de Andrés Vélez Posada (2017) del mapa del río Magdalena que incluyó Castellanos en la tercera parte de la obra, titulado “Traça chorographica de lo contenido en los tres braços que çerca de la [Equinoccial] haze la cordillera de las Sierras que se continuan desde el estrecho de [Magallanes]” (véase la Figura 2). Al final, una de las preguntas fundamentales para nosotros desde la literatura apunta al sentido que dan estas gestas de conquista a la territorialidad americana, lo cual traté en Un nuevo reino imagidado (Restrepo, 1999).

Figura 1:

Frontispicio de las Elegías

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Fuente: Biblioteca Digital Hispánica, Madrid.

Figura 2:

“Traça chorographica de lo contenido en los tres braços que çerca de la [Equinoccial] haze la cordillera de las Sierras que se continuan desde el estrecho de [Magallanes]”, por Juan Nieto, circa 1590.

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Fuente: Real Academia de la Historia, Colección Muñoz, Madrid.

El título del libro de Cañizares Esguerra, Puritanos conquistadores (2006), es un aparente oxímoron que deconstruye el mito que opone la pacífica peregrinación puritana en Norteamérica a la rapaz hueste de conquistadores. Para desmontar este esquema, Cañizares Esguerra acude a las épicas europeas de la época, para determinar la manera en que todas ellas justifican la violencia colonial a lo largo y ancho de las Américas. En el capítulo sugerentemente titulado “Las épicas satánicas”, Cañizares Esguerra afirma que las epopeyas renacentistas presentan la Conquista como una guerra santa, una cruzada que demoniza todo aquello que se opone al avance de las fuerzas imperiales. Entre estas epopeyas se encuentran las Elegías de Castellanos, De gestis Mendi de Saa de José de Achieta, La Araucana de Ercilla, Os Lusíadas de Luis de Camões, Gerusalemme liberata de Torquato Tasso, The Planters’ Plea de John White, y Paradise Lost de John Milton (Cañizares Esguerra, 2006, pp. 35-82):

I could continue almost endlessly my analysis of the dozens of epic poems written about Iberian America in the late sixteenth and early seventeenth centuries, describing the historical adventures of liberating Christian conquistador heroes against Indians, Spaniards, conversos, pirates, and Nature. All of them, however, follow the same basic structure, with the conquest of the New World cast as a cosmic struggle pitting God against Satan (p. 49).

Sorprende un juicio tan esquemático de parte de un historiador reconocido por su rigor. Veamos qué dice concretamente sobre las Elegías. El análisis de este historiador se centra en el frontispicio del libro. Alegóricamente, Hispania, la doncella fiel, derrota al dragón (el demonio) en las Indias. El escudo castellano y las columnas de Hércules representan el dominio ultramarino del monarca hispano (Felipe II), bajo quien impera la justicia de Dios por toda la tierra, “Misericordia Dei plena est terra”. Varias inscripciones bíblicas refuerzan el sentido providencialista del grabado. Con todo esto, el historiador concluye:

This frontispiece makes explicit the biblical implication for the holy violence unleashed by the Spaniards on the natives. Colonization becomes a fulfillment of Biblical, apocalyptic prophecies, and act of liberation and wrathful divine punishment. But there were more than biblical roots to the Spanish colonization, which was also mediated by classical texts (Cañizares Esguerra, 2006, p. 37, se agregó el énfasis).

Cañizares Esguerra menciona, mas no sopesa la mediación de los textos clásicos que complican la visión escatológica del frontispicio. Textos épicos como La Iliada, La Eneida o La Araucana son composiciones complejas que no permiten ser vistas monotemáticamente. También es preciso añadir la visión de la cartografía renacentista, presente en las Elegías, de un par de mapas comisionados por Castellanos a Juan Nieto. La traza del río Magdalena, mencionada arriba, es producto de una mirada “desde el aire” que permite contemplar en un mismo plano el continente desde la Patagonia hasta la Nueva España. Andrés Vélez Posada (2017) ha estudiado este mapa con rigor y resalta su función como un dispositivo político, en una aproximación crítica que interroga conjuntamente la ciencia y la colonización. El mapa provee la información militar y económica necesaria para la administración colonial. Son cuestiones de este mundo, no una visión providencial. Conceptualmente, la mirada de la traza secciona el mundo y suspende tanto el marco imperial como su teleología cristiana.

El texto mismo de Castellanos (1997) reproduce la visión del mapa y lo amplía para el resto del hemisferio, del cual citamos solo un fragmento:

La cordillera de las altas sierras

que salen de la parte del estrecho

a quien dio Magallanes nombramiento,

que es en cincuenta y dos grados y medio,

do constituyen la templada zona

del antártico polo los que miden

latitud y longura de lugares,

al norueste viene declinando,

con grandes brazos della dependientes

a diferentes vías estendidos

incluyendo las sierras de los Andes.

Pues al sur le demoran las grandezas

de Chile, Pirú, Quito; y a la parte

del norte lo del río de la Plata,

Brasil y Marañón, y las provincias

a las árticas ondas adyacentes;

y en la continuación de su corriente

se viene por la tórrida metiendo

y la equinoccial atravesando (p. 967).

Es claro que la imaginación renacentista da una perspectiva de las Indias que hace insuficiente el marco providencialista para comprender las Elegías, y queda pendiente verlo para las demás épicas “satánicas” en la lista de Cañizares Esguerra.

Desde el primer canto, las Elegías expresan preocupaciones de este mundo. Al sentirse cercano a la muerte, el poeta se vuelca a la poesía “como blanco cisne que con canto su muerte soleniza ya cercana” (Castellanos, 1997, p. 17). Se propone no dejar que los hechos de los conquistadores caigan en el olvido: “Orbe de Indias es el que me llama / a sacar del sepulcro del olvido / a quien merece bien eterna fama” (p. 17). He aquí la celebración humanista de la virtud lograda mediante las letras y las armas: “Aquí se contarán casos terribles, / recuentos y proezas soberanas: / muertes, riesgos, trabajos invencibles” (p. 17). Entonces, considerando la obra en su totalidad, la voluntad divina y los logros del emperador plus ultra celebrados en el frontispicio son prontamente relegados a un segundo plano en el poema mismo. Pero la halagadora imagen del frontispicio no es gratuita, al parecer se trata más bien de un estratégico llamado de atención a un monarca distraído en los conflictos europeos y un reclamo por el olvido de las cosas de Indias.

Y ¿qué mejor manera para resaltar a las Indias ante los ojos imperiales que acudir al verso italiano para realzar las gestas de América a la par de aquellas que tanto ocupaban la atención de su rey? Igualar o superar las hazañas cantadas en las epopeyas clásicas revelaba una verdad que no hemos podido superar hasta el día de hoy, la permanente condición suplemental de la historia de América respecto a la historia metropolitana.

En últimas, la apología del Imperio y la Conquista de Quesada y Castellanos son esfuerzos fallidos: Los Anales del Emperador Carlos V, de Quesada, quedarían para siempre diferidos o relegados al polvo y al olvido, mientras la gesta fundacional de Castellanos nunca pudo legitimar la violencia de la Conquista. No bastaron los más de cien mil versos para prevenir el olvido de muchos de sus varones ilustres. ¿Para qué, entonces, estos nuevos asedios a estos exquisitos cadáveres de nuestro pasado? Quizás no para celebrarlos, sino para aguzar la mirada crítica a los nuevos humanismos de hoy y poder así develar la violencia que los funda.

Referencias bibliográficas

1 

Cañizares Esguerra, J. (2006). Puritan Conquistadors: Iberianizing the Atlantic, 1550-1700. Stanford: Stanford University Press.

2 

De Castellanos, J. (1997). Elegías de varones ilustres de Indias. Bogotá: G. Rivas Moreno.

3 

Dussel, E. (1992). 1492: El encubrimiento del otro: Hacia el origen del “mito de la modernidad”: conferencias de Frankfurt, octubre de 1992. Bogotá: Antropos.

4 

Frankl, V. (1963).El “antijovio” de Gonzalo Jiménez de Quesada y las concepciones de realidad y verdad en la época de la Contrarreforma y del Manierismo. Madrid: Cultural Hispana.

5 

Ospina, W. (2007). Las auroras de sangre: Juan de Castellanos y el descubrimiento poético de América. Bogotá: Norma.

6 

Quesada Gómez, C. (2008). Discurso contra el desencanto. El Antijovio de Jiménez de Quesada. En Actas del Colloque “Le Desenchantement. El Desencanto”, 16-17 de marzo de 2006 (pp. 101-115). Le Mans: Almoreal.

7 

Restrepo, L. F. (1999). Un nuevo reino imaginado. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultural Hispánica.

8 

Rivas Sacconi, J. M. (1949). El latín en Colombia. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

9 

Torres Quintero, R. (1957). El lenguaje de Ximénez de Quesada. Boletín de la Academia Colombiana 7 (24), pp. 205-223.

10 

Valderrama Andrade, C. (1965). Ximénez de Quesada y el humanismo contrarreformista. Thesarus 20 (2), pp. 213-240.

11 

Vélez Posada, A. (2017, 13 de julio). Andean Valleys and Cosmographical Scales. The Carta corografica in J. de Castellanos Chronicle -16C. Ponencia presentada en el vigesimoséptimo Congreso Internacional de la Historia de la Cartografía. Belo Horizonte: Brazil.

12 

Ximénez de Quesada, G. (1952). El Antijovio. Bogotá: Caro y Cuervo.

13 

Zimmermann, T. C. P. (1995). Paolo Giovio. The Historian and the Crisis of 16th Century Italy . Princeton: Princeton UP.

Notes

* Ponencia preparada para el Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, realizado en la Universidad Javeriana del 12 al 15 de junio del 2018.

** Cómo citar esta conferencia: Restrepo, L. F. (2018). Apologías humanistas del Imperio y la Conquista. El Antijovio de Ximénez de Quesada y las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos. Estudios de Literatura Colombiana 43, pp. 175-184. DOI: 10.17533/udea.elc.n43a10

1 Tal como lo constatan Rivas Sacconi (1949); Torres Quintero (1957); Frankl (1963); Valderrama Andrade (1965); Quesada Gómez (2008).

2 Mas no puede ignorarse la crítica a la guerra de varios humanistas, como Erasmo, en Dulce bellum inexpertis (1515), y como Juan Luis Vives, en De concordia et discordia in humano genere (1529). Ambos, sin embargo, aceptan como justa la guerra contra los turcos tras la toma de Viena.

3 Además de los retratos, Giovio llegó a completar siete volúmenes que esbozaban 982 personajes.