Años de vértigo: Baldomero Sanín Cano y la revista Hispania (1912-1916). Rafael Rubiano Muñoz, Juan Guillermo Gómez García (eds.) Siglo del Hombre Editores, Universidad de Antioquia, Gelcil y Kultur, Bogotá, 2016, 400 p.*

 

Por el movimiento de pasmosa velocidad con que se transformó la vida europea en las primeras décadas del siglo xx, el historiador alemán Philipp Blom llamó a este tiempo “los años de vértigo”. Así se ha titulado también este libro, que puede leerse como una constancia de la experiencia intelectual y espiritual que tuvo en Europa, justo antes y durante la Primera Guerra Mundial, el ensayista antioqueño Baldomero Sanín Cano, quien había llegado a Londres en febrero de 1909, como enviado del gobierno de Rafael Reyes. Era la primera vez que Sanín Cano dejaba su país. Su experiencia de este tiempo es palpable a través de su participación en Hispania, una revista de cincuenta y cuatro números publicada en la capital inglesa entre el 1 de enero de 1912 y el 27 de junio de 1916. Para dar cuenta de la primera experiencia europea de Sanín Cano, el libro se divide en tres partes. La primera, “I. Revista Hispania: aspectos, trayectos e itinerarios de un impreso continental”, es un estudio preliminar escrito por Rafael Rubiano Muñoz y Juan Guillermo Gómez García . La segunda es una compilación de treinta y nueve de los sesenta y cuatro artículos que Sanín Cano publicó en Hispania, y la tercera reúne catorce de sus veintitrés reseñas sobre libros. No se incluye ninguna de sus cuatro cartas. De un total de noventa y una colaboraciones de Sanín Cano en esta revista, según hace la cuenta el compilador, que es Rafael Rubiano Muñoz , aquí se publican treinta y nueve.

La idea de que las revistas tienen una función social y cultural directa en el entorno en el que se desenvuelven es el eje que articula el estudio de Rubiano Muñoz y Gómez García sobre las bases ideológicas, los antecedentes y las afinidades editoriales, los principales temas y posiciones de Hispania. Su objetivo es entender, justamente, cuál fue la función —social y cultural, pero también política e intelectual— que cumplió esta revista en su medio, y para ello analizan cómo aquella se manifestó ante esos “años de vértigo” europeos. Hispania fue, aseguran los autores del estudio, una comunidad que se formó a partir de una serie de intereses comunes: la conformaron intelectuales colombianos exiliados, expatriados o en labores diplomáticas; latinoamericanos que reflexionaban sobre su propia identidad; españoles que querían tejer puentes comunicativos con el continente americano. Lo que los congregó fue un “ánimo de crítica al imperialismo, al colonialismo, a la guerra y a la crueldad de la modernidad del siglo xx, al capitalismo salvaje” (p. 65). Esta posición común tiene como semilla el discurso que el fundador de la revista, el liberal radical colombiano Santiago Pérez Triana, dio en el banquete de la Sociedad de Beneficencia Iberoamericana de Londres en 1901. Como varios intelectuales de la época, Pérez Triana apoyaba en su discurso la unión hispanoamericana como forma de defensa ante la amenaza de intervención de Europa y Estados Unidos en sus repúblicas: “Esta reacción antiimperialista y la consecuente afirmación de la unidad cultural de los pueblos de lengua española eran los aglutinantes decisivos de Hispania” (p. 43).

A pesar de la afinidad de Sanín Cano con los ideales del proyecto de Pérez Triana, sus preocupaciones a lo largo de los cuatro años en que funcionó la revista tienen su propio desarrollo. Dichas preocupaciones están atadas entre sí por la permanente denuncia del estado de crisis que, para Sanín Cano, atravesaba Europa. En todos los artículos compilados en la segunda parte del libro no hay uno solo enteramente celebratorio; todos expresan una protesta, una denuncia, una inconformidad con su tiempo. A lo largo de 1912 y 1913, Sanín Cano se dedica a señalar los factores que han llevado a la crisis. El rumbo económico que han tomado las naciones europeas y Estados Unidos es uno de los principales, para él. Señala, por ejemplo, las consecuencias sociales que trae el incremento de los impuestos para aumentar el poderío militar de las naciones; denuncia la forma en la que los propietarios de tierras sostienen los precios de los productos a través del desperdicio de los mismos en época de abundancia, la forma en la que en Estados Unidos la acumulación del capital está quedando en manos de muy pocos empresarios o los constantes peligros mortales a los que se ven sometidos los trabajadores de las minas de oro en la región del Rand en Sudáfrica.

Detrás del sinnúmero de peligros económicos que Sanín Cano menciona hay un problema que lo preocupa seriamente: la desaparición de la individualidad. “El individuo creado por el régimen parlamentario burocrático es una entidad anónima”, dice, para después concluir amargamente: “A este punto de uniformidad y desarrollo ha llegado la humanidad burocrática en la culta y civilizada Europa” (p. 185). Así mismo, vaticina que el día en que Morgan y Rockefeller se apoderen por completo de los medios de producción y transporte de los Estados Unidos, “en los cien millones de habitantes de ese país van a quedar dos individuos; los demás es la turba gregaria, dócil, manejable, oscura” (p. 180). El surgimiento de la cultura de masas, consecuencia de la pérdida de la individualidad, es otra de las manifestaciones de la crisis actual; de ello habla Sanín Cano en una serie de tres artículos llamados “El criterio espectacular”. El espectáculo, sostiene, es el ofrecimiento al público de una libertad domesticada y reglamentada por un aparato tiránico que responde a fines comerciales. El espectáculo ha venido a reemplazar el lugar que ocupaba, en la vida cultural, el arte, verdadera manifestación de la libertad del individuo: “el autor, que solía ser hombre de letras (pocas o muchas), ha sido relegado al tercer plano por el empresario que muy a menudo no tiene ningunas” (p. 214).

En la sociedad del espectáculo, que Sanín Cano compara con una feria de pueblo, los artistas son como los perros amaestrados de la feria que repiten una serie de movimientos mecánicos innumerables veces; ellos pierden el sentido trascendente de las obras que interpretan, dejan de entenderlas y, al perder su criterio, pierden su individualidad. Un grave problema de este rebajamiento del criterio estético es, para Sanín Cano, que el público empieza a tener una comprensión espectacular no solo de la cultura, sino del mundo; el significado que le dan a los hechos se vuelve similar al de presenciar “las carreras de los perros que, en dos pies, atraviesan la escena en obedecimiento a un poder terrible, que ordena con el látigo tras de bastidores, y cuyas miras les son en absoluto ininteligibles” a los espectadores (p. 210).

Todos estos aspectos de la crisis sobre los que Sanín Cano está alertando constantemente llegan a su cumbre con el inicio, en agosto de 1914, de la Primera Guerra Mundial. En el número 33 de Hispania, publicado un mes después del inicio de la guerra, aparece el primer artículo de Sanín Cano sobre esta, en el que no hay más que una ratificación de lo que el ensayista antioqueño viene advirtiendo. La “competencia brutal que se han hecho las potencias europeas en el sostenimiento de ejércitos numerosos” ha desatado “una guerra en que no hay causa directa, en que nadie quiere asumir la responsabilidad de haberla provocado” (p. 219). Para Sanín Cano, la declaración de guerra por parte del imperio alemán y austriaco fue una estrategia para apaciguar sus propias crisis internas, para detener “la avenida del gran río de la historia, en cuyas ondas oscuras y serenas se siente el rumor de las masas sin fortuna que empiezan a adquirir consciencia de sus derechos” (p. 220). De esta manera, los emperadores de Alemania y Austria han atacado el surgimiento de individualidades que hubieran puesto en tela de juicio la existencia misma del imperio. Sanín Cano sostendrá esta posición hasta su último artículo, publicado en junio de 1916: “La guerra, sin embargo, ha exaltado los derechos y prerrogativas del Estado en contra de los derechos individuales. Alemania les ha declarado la guerra a los principios de 1789, al romanticismo político de 1848” (p. 328).

Desde agosto de 1914, Sanín Cano se dedica a analizar la guerra desde el punto de vista económico (advierte los costos del conflicto, devastadores para las naciones involucradas), político (señala la responsabilidad de todos los países comprometidos) e ideológico (critica la idea supremacista del pueblo alemán que ve en sí mismo al organizador de Europa). Todos sus análisis lo conducen a una verdad constante: el individuo, uno de los pilares del pensamiento moderno que Sanín Cano defendió durante toda su carrera intelectual, está desapareciendo en Europa. Los mismos intelectuales, llevados por pasiones nacionalistas, han dejado de lado su individualidad: “el alma colectiva de Alemania se ha absorbido el alma de sus pensadores y filósofos y la ha degradado al nivel de los más bajos instintos” (p. 230). ¿Por qué comprometerse de tal forma con un conflicto que no es propio de su país? “¿Está permitido a los españoles, a los hispanoamericanos, tener sobre el origen de la guerra, sobre la actitud de los beligerantes una opinión precisa?”, se pregunta en un artículo de 1915; a lo que él mismo responde: “La solemnidad de la hora les impone deberes a cuantos tienen una pluma en sus manos. Evadir la expresión de la verdad por temor a las consecuencias, es, como dice Araquistáin, una deserción” (p. 269).

Antes de su viaje a Europa, la labor intelectual de Sanín Cano consistió en impulsar y difundir el espíritu moderno entre sus coterráneos; este espíritu implicaba una ruptura con el pasado y la búsqueda constante de lo nuevo. Como sostiene David Jiménez en Fin de siglo: decadencia y modernidad, para los hispanoamericanos finiseculares lo nuevo era algo que ya había empezado en ciertos países de Europa. La experiencia de Sanín Cano en Hispania muestra la pérdida de la fe en el espíritu moderno encarnado en el continente europeo. Hay que buscar ese espíritu en otro lado: el surgimiento de los movimientos obreros y las políticas socialistas parecen ser alicientes; asimismo, también en Latinoamérica, tan alejada de los estragos europeos, Sanín Cano puso sus ilusiones: “Los pueblos americanos deben estudiar la muerte lenta de un sistema en Europa, para evitar las dolencias de que ella es resultado” (p. 192). Las reseñas compiladas en la tercera parte del libro dan cuenta también de los valores modernos que siguió defendiendo en literatura: la libertad del arte, la belleza como valor fundamental, la individualidad creadora. Bajo este criterio comenta y celebra a muchos escritores en lengua castellana. Las reseñas muestran también un interés inédito por la literatura española, en especial por la obra del hispanista James Fitzmaurice-Kelly, y por las nuevas historias que se escriben sobre su país y sobre Latinoamérica. “En Europa, de agosto de 1914 en adelante, los placeres del espíritu se han reducido considerablemente” (p. 388), escribió. La guerra fue un acto decisivo para que Sanín Cano buscara nuevos placeres espirituales en el continente del que provenía.

Años de vértigo fue incluido por El Espectador entre los diez mejores libros académicos del 2016. Rubiano Muñoz ya había publicado en el 2013 Baldomero Sanín Cano en La Nación de Buenos Aires (1918-1931). Prensa, modernidad y masificación. Con ambos libros, Rubiano Muñoz se posiciona como uno de los compiladores importantes de la vasta obra del llamado “maestro de América”. En este grupo figuran Juan Gustavo Cobo Borda, compilador de las antologías Escritos y El oficio del lector; Otto Morales Benítez, compilador de los seis tomos de Ideología y cultura, selección de los editoriales de Sanín Cano en El Tiempo entre 1927 y 1954, y Gonzalo Cataño, encargado de la edición reciente de varios de sus libros y de la Revista Contemporánea; autor, además, de la bibliografía más completa que hasta ahora se ha hecho de Sanín Cano.

En una reseña publicada en el 2017, Rubiano Muñoz escribió: “Tenemos una deuda con Sanín Cano”, con lo que alentaba para la edición de más obras suyas. Esa deuda histórica, que se traduce en la publicación de sus obras completas, o de la mayor parte posible, será una deuda de larguísimo aliento, de un trabajo continuo y ordenado de varias generaciones, un trabajo que ya empezó hace varias décadas. Sanín Cano siempre apoyó el colectivismo, el empeño de los individuos trabajando juntos por ideales culturales modernizadores y modernos. La compilación de sus escritos, en ediciones cuidadas y acompañadas de buenos estudios críticos, será siempre un trabajo que rendirá honor a su nombre y a su pensamiento. Cada empeño individual es un aporte a esta empresa colectiva.

* Cómo citar esta reseña: Martínez Cano, J. (2018). Reseña del libro Años de vértigo: Baldomero Sanín Cano y la revista Hispania (1912-1916), de Rafael Rubiano Muñoz , Juan Guillermo Gómez García (Eds.). Estudios de Literatura Colombiana 44, pp. 191-196. DOI: doi.org/10.17533/udea.elc.n43a12