Un breve recorrido por la historia de la editorial Norma (1960-2016) y sus colecciones de ficción y literatura para adultos1

 

Resumen:

en el presente texto hacemos un breve recorrido por la historia de la editorial Norma durante el período 1960-2016 a través de su catálogo de ficción o literatura para adultos. Con la información recopilada sobre el fondo editorial de la empresa mostramos cuáles fueron los principales intereses de publicación de la editorial. De igual manera la descripción de las colecciones literarias nos permite dimensionar la labor de Norma dentro del espacio editorial colombiano y el establecimiento de unos valores literarios específicos dentro del campo literario nacional.

Palabras clave:

Editorial Norma, literatura, catálogo editorial, estudios editoriales, edición


Abstract:

In this text, we take a brief look at the history of Norma publishing house during the period 1960-2016 throughout its catalog of fiction or adult literature. With the collected information about the company's editorial fund, we show which were main publishing interests of Norma. Likewise, the description of the literary series allows us to size Norma's work within the editorial space and the establishment of specific literary values within the national literary field.

Key words:

Editorial Norma, literature, editorial catalogue, editorial studies, publishing


Los estudios sobre la edición en Colombia son un campo que durante los últimos años ha venido tomando un mayor impulso entre los investigadores de literatura colombiana. Tales estudios han ampliado las perspectivas sobre la historia de la literatura nacional, pues han demostrado no solo la importancia de la labor editorial, sino que a la vez proporcionan indicios en torno a la influencia de dicho trabajo en los procesos de legitimación y publicación de ciertos autores y textos, así como en el establecimiento de prácticas específicas alrededor de lo literario. Es por ello que cada vez se hace más relevante la integración de trabajos que hagan un aporte en este campo. En este sentido justificamos la presente propuesta, en tanto que en ella pretendemos mostrar un breve recorrido por el proceso de producción literario de la editorial Norma a través de su catálogo de ficción y sus prácticas editoriales.2 Esto nos permitirá señalar y describir algunas de las líneas que caracterizaron esta empresa, una de las más importantes de Colombia en el campo editorial. Para ello partiremos, en un primer momento, con un breve recorrido por la historia de la editorial, y luego pasaremos a la información recopilada sobre los catálogos de las colecciones de ficción, la cual hemos dividido por décadas con el fin de resaltar su evolución a través del tiempo. Dichos catálogos se han reconstruido a partir de la información contenida en las bases de datos de las bibliotecas3 sobre los libros de la editorial. Esta reconstrucción se plasmó en una matriz de recolección de datos a partir de varias categorías, tales como: fecha de publicación de la primera edición en la editorial, nombre del autor, título del libro, género, número de páginas, traductor, entre otros. De igual manera, la editorial cuenta con un catálogo para las escuelas que, si bien se concentra en las colecciones de Literatura Infantil y Juvenil, contiene información sobre otras series como “Cara y Cruz”, a la cual se tuvo acceso. Por otra parte, también se contó con el catálogo de Moisés Melo, gerente de la línea de literatura de Norma. Es a partir de dicha información que intentaremos exponer los intereses de publicación de la editorial en el campo literario.

Son muy pocos los trabajos que se pueden encontrar sobre la editorial Norma, debido a que la mayoría de los textos se han concentrado en el estudio del grupo al que perteneció, a saber, Carvajal, y por ende solo se menciona como parte de este. No obstante, algunos estudios destacan la labor de la editorial dentro del mundo del libro colombiano. Ejemplo de ello son algunos artículos como “Historia de la industria editorial colombiana”, de Juan Gustavo Cobo Borda (2000), en el que el autor nos hace un breve recorrido por la formación de Carvajal S.A., que inició su negocio gráfico con la Imprenta Comercial en 1904, y que 56 años después de haberse posesionado en el mercado gráfico decidió fundar la editorial Norma, a la que el autor se refiere como “la más grande y eficaz multinacional colombiana, centrada en las artes gráficas y la industria editorial” (p. 164). En esta misma línea de sentido, la semblanza de Natalia Ardila Garzón (2017) nos hace un breve recorrido por la historia de la producción literaria de la editorial, referenciando las colecciones literarias y la importancia de estas dentro del catálogo de Norma y la industria gráfica nacional. Por otra parte, nos encontramos con un trabajo en el que las colecciones son el tema de análisis: el texto “El libro infantil en Colombia” de Patricia Londoño y Alicia Fajardo (1988) analiza algunas colecciones de la línea de literatura infantil y la importancia de estas en el surgimiento de un campo, que luego se convirtió, para la editorial, en uno de las más importantes para su labor editorial. Tanto así que para las décadas de 1990 y 2000 creó uno de los premios más reconocidos en literatura infantil y juvenil en Latinoamérica: el Premio Norma de Literatura Infantil y Juvenil, que es

Un estímulo para los escritores latinoamericanos que realizan la valiosa tarea de crear historias para niños y jóvenes. Este premio busca ampliar el horizonte de relatos fantásticos y realistas que enriquezcan la tradición cultural de los niños y jóvenes lectores y consoliden su gusto por la lectura (Premio norma de Literatura infantil y juvenil 2018 -Colombia-, 2017, párr. 1).

Además del premio, el Grupo Editorial Norma cuenta con Barataria. Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y juvenil, creada en el año 2003 con la intención de

[…] abrir un espacio dedicado a reflexionar junto con los maestros y docentes latinoamericanos la relación que existe entre la literatura para niños y jóvenes, la promoción de la lectura y la ejercitación autónoma de la lectura y la escritura, así como las estrategias que permitan alcanzar estos objetivos de forma eficiente (Editorial, 2003, p. 1).

Vemos así que aunque los trabajos sobre Norma son escasos, en ellos se ha destacado la labor de la editorial en la creación de una serie de colecciones que perduran en el tiempo y que continúan siendo referente para toda una generación de lectores que en algún momento de su vida han tenido en sus manos alguno de los libros de esta editorial.

Primeras décadas de publicación (1960-1989)

Carvajal S.A., una de las empresas más importantes de Colombia, fundada en 1904 por Manuel Carvajal y sus hijos Alberto y Hernando, inició su negocio gráfico con la Imprenta Comercial en Cali, donde se publicó el semanario El Día. La imprenta adoptó el nombre de Carvajal & Cía. en 1906, y a partir de ese momento incursionó en distintas áreas del comercio, dentro y fuera del país, tales como: artículos y venta de papelería, empaques de cartón, muebles, administración de contenido, suministros escolares, soluciones de publicidad e información, BPO (Business Process Outsourcing), música ambiental y editorial.

Figura 1

Editorial Norma. Libros editados por décadas (1960-1980)

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Fuente: elaboración propia

Respecto al área de la edición, que es el tema que nos interesa, Manuel Carvajal creó el Grupo Editorial Norma en 1960, una empresa especializada en la distribución, comercialización, diseño y producción de libros de todos los géneros para un público lector amplio dentro y fuera del país. Desde sus inicios la editorial centró su producción en la publicación de diferentes líneas editoriales y colecciones especializadas en todas las áreas del conocimiento y según el público lector. De esta manera nutrió un catálogo amplio y diverso que le permitió posicionarse de manera paulatina en el mercado del libro tanto a nivel local como internacional. En sus primeras tres décadas la editorial enfocó su producción en temas generales y en literatura infantil, y fue muy poca la producción de ficción o literatura para adultos (ver Figura 1).4

Como podemos observar, de los 654 títulos publicados en estas décadas, 544 corresponden a textos educativos, religiosos, autoayuda, historia, geografía, entre otros. La producción de libros de literatura para adultos es mínima, solo 21. No obstante, la edición de literatura infantil tuvo un número un poco mayor de publicaciones, 89 en total. De esta cantidad, 69 fueron publicados en la década del 80. Esto se debió, posiblemente, al interés inicial de la editorial en temas educativos y a la capacidad económica de la misma. Lo anterior le permitió, en un momento en el que la producción editorial colombiana no abundaba, ser la empresa que manufacturó algunos de los libros animados llamados pop-up,5 para las colecciones del programa de dotación masiva de bibliotecas. Este programa se inició con la reforma educativa de 1976, liderado por Silvia Castrillón Zapata,6 quien para finales de los ochenta fue convocada por la editorial para ser la asesora externa de la línea de literatura infantil y juvenil liderada por María del Mar Ravassa.7 Fue así como se dio inicio a un proyecto de literatura colombiana tanto para niños como jóvenes, que fue “el primer proyecto de largo alcance que se hizo en el país y que incluía todas las edades y los diferentes géneros y temáticas, libros de ficción y de no ficción” (Marín Colorado y Valencia, 2019, pp. 21-23). Estos libros se hicieron por colecciones, entre las cuales se destaca “Chigüiro” -en la cual las editoras pretendieron crear “un personaje infantil colombiano a la manera de Mickey Mouse” (Marín Colorado y Valencia, 2019, p. 24)-, “Mira qué es esto”, “El mico y el loro”, “Franklin, la tortuga”, “Buenas noches”, “Golu”, y más adelante “Torre de Papel”, entre otras colecciones. Con ellas, por primera vez en Colombia se empezó a producir libros de literatura infantil a gran escala. Además de crearse un mercado, también se abrió un campo de trabajo bastante amplio no solo para escritores, sino también para ilustradores, traductores y diseñadores, quienes encontraron en las artes gráficas un nicho casi inexplorado, el de la literatura infantil y juvenil. Lo anterior les permitió hacer parte de un proceso cultural que suplió, amplió y se aventuró con la formación de un nuevo público lector. Así se dio paso a nuevas tendencias literarias que se establecieron en el centro de la producción editorial colombiana y que en la actualidad hacen parte importante de los catálogos editoriales de grandes empresas como Panamericana. Tanto así que, cuando en 2011 Norma hizo su cambio de razón social, decidió conservar la línea de literatura infantil y juvenil, 8 una de las más exitosas de su catálogo, hasta el cierre de su proyecto editorial en 2016.9 Tras vender los derechos de dichas líneas editoriales al grupo español Prisa, dueño de Santillana, se continuó ofreciendo estas colecciones en las instituciones educativas como parte fundamental en la formación de las nuevas generaciones de lectores, todavía bajo el sello de Editorial Norma. Lo anterior da cuenta del capital simbólico acumulado por la editorial durante varias décadas y el interés del grupo Prisa en seguir obteniendo réditos de esas líneas, especialmente entre escolares, profesores e instituciones educativas.

Últimas décadas (1990-2016)

Varios de los expertos sobre la edición en Colombia han coincidido en la idea de que la bonanza editorial del país empezó a fortalecerse desde finales de los años ochenta. Esta década, de acuerdo con Marín Colorado (2019),

[…] se puede considerar como el momento de mayor auge de la industria editorial colombiana por dos hechos: el aumento exponencial de títulos publicados (de 628 títulos publicados en 1971, se pasó a 9 000 títulos en 1989) y de ejemplares impresos por título (gracias, en gran parte, al éxito excepcional de las ediciones de los libros de Gabriel García Márquez por La Oveja Negra), y la diversificación de la oferta editorial, más allá de los tradicionales mercados de las publicaciones periódicas, el libro escolar, el libro religioso y el legislativo (párr. 9).

Durante estos años se dio un cambio en las líneas editoriales de Norma. A partir de ese momento se fortaleció el área de literatura al consolidar su catálogo con una oferta amplia enfocada en tres líneas literarias específicas, a saber: literatura infantil, literatura juvenil y ficción o literatura para adultos. Gracias a estos enfoques, Norma pasó de ser la editorial de textos escolares y otros temas generales a ser la primera editorial literaria colombiana con una amplia apertura nacional e internacional. Como ya se ha dicho, aquí solo nos enfocaremos en describir las colecciones de ficción o de literatura, dada la magnitud del catálogo durante sus años de existencia (más de 2000 títulos aproximadamente).

Como observamos en la Tabla 2, en la que se consigna cada una de las colecciones de ficción organizada por la cantidad de libros publicados por décadas,10 la actividad editorial en torno a la literatura aumentó de una manera significativa en la década del 90, pues más de la mitad de los libros publicados se editaron en este periodo. Dicho incremento pudo darse, en primera instancia, porque la adquisición de los derechos de la obra de Gabriel García Márquez y su acogida en el mercado del libro le permitió realizar tirajes “de más de 10000 ejemplares” sin temor a que no fuesen vendidos, pues cada vez que se editaban sus obras “las ventas de sus libros eran un éxito” (Gómez Campo, 2019, s.p.). Y en segundo lugar, gracias a la disposición de capital económico que le permitió a la empresa proponer un modelo de circulación y producción editorial basado en la creación de un catálogo diverso que se fue adecuando a las formas de difusión y comercialización tanto de libros de autores que contaban con un amplio reconocimiento y que le aseguraban un público lector específico como de escritores nuevos.

Tabla 2

Colecciones de ficción de Norma

Colección 1980-1989 1990-1999 2000-2009 2010-2016 Total de títulos por colección
Cara y Cruz (1989-2014) 2 110 38 4 154
Biografías y documentos (1991-2012) 0 46 42 1 89
Colección el Dorado (1992-2000) 0 35 7 (publicados en el 2000) 0 42
La máquina del tiempo (1993-1999) 0 17 0 0 17
La otra orilla (1990-2011) 0 102 124 21 247
Literatura (1994-1998) 0 6 0 0 6
Literatura y ensayo (1991-1995) 0 7 0 0 7
Colección Milenio (1995-2000) 0 61 7 0 68
Poesía (1995-2000) 0 20 6 0 26
Shakespeare por escritores (1999-2000) 0 10 38 0 48
Vitral (1992-2009) 0 44 68 0 112
Literatura o muerte (2003-2005) 0 0 7 0 7
Bolsillo (1999-2005) 0 1 16 0 17
Gabriel García Márquez para todos (2012) 0 0 0 15 15
Pequeña Biblioteca (1993-2006) 0 22 2 0 24
Seis novelas románticas (1993) 0 6 0 0 6
Narrativa (2002-2006) 0 0 0 3 3
Total por década 2 487 355 44 888
Total libros publicados en las colecciones 888

Ejemplo de ello son las colecciones “Cara y Cruz” y “La otra orilla”. La primera propuso la publicación de clásicos universales y regionales que ya contaban con cierto prestigio entre el público lector. La segunda, por el contrario, estuvo enfocada en la publicación de obras y autores poco conocidos, principalmente latinoamericanos (174 de los 247 textos publicados). Ambas colecciones fueron las más notables bajo el rótulo de ficción y marcaron el horizonte del proyecto editorial de Norma.

“Cara y Cruz” fue concebida, según su mismo director, Iván Hernández Arbeláez (2012), como una propuesta “cuyo aporte fundamental era renovar la enseñanza de la literatura en la escuela secundaria. Y principalmente poner a disposición del mercado latinoamericano obras clásicas de la literatura universal y regional” (p. 22). De ahí que la colección se enfocara en la formación de un público lector no especializado al que se pretendía entregar un texto con el que pudiera contrastar su propia lectura de las obras -“Cara”- con los textos escritos por expertos -“Cruz- (Tipiani, 2013, p. 569) de obras clásicas como María, de Jorge Isaacs (1990), La máquina del tiempo de H.G. Wells (1991), Escritos satíricos de Jonathan Swift (1991), El fantasma de Canterville y otros cuentos de Oscar Wilde (1992), por poner algunos ejemplos de autores que hicieron parte de esta serie que privilegió, además, la traducción de textos con un total de 90 títulos de los 154 publicados. Es interesante señalar que la editorial se propuso tener su propio banco de traducciones, con la idea de hacer uso de ellas en el momento que fuese necesario.

Por su parte, la colección “La otra orilla” permitió que los lectores accedieran a novedades literarias del mundo entero, principalmente latinoamericanas, de la mano de ediciones y traducciones bien cuidadas. Esta colección centró su producción en la publicación de novelas (191 títulos), y fue tanta la especialidad en este género que en el año 2005 creó el Premio Hispanoamericano de Novela “La otra orilla”, con la intención de “promocionar a todos aquellos autores de habla hispana que a través de una novela inédita contribuy[eran] al enriquecimiento del patrimonio cultural escrito” (Premio de novela La otra orilla, 2010, párr. 2). De este modo, la editorial dio la oportunidad a los escritores noveles de trazar su camino hacia la profesionalización literaria, puesto que el ser publicados en una colección como “La otra orilla” o cualquiera de las de la editorial les daba prestigio y les abría paso a la notoriedad de su nombre a nivel nacional e internacional, gracias a que la empresa tenía presencia en varios países de Latinoamérica y en España. Lo anterior les dio a los escritores no solo el reconocimiento del público lector con el que contaban las colecciones, sino que, al mismo tiempo, les brindó la posibilidad de colaborar en otras colecciones o incluso ser convocados a colaborar en otras casas editoriales, pues como lo menciona Laurie-Anne Laget (2017), “formar parte de una colección supone para un novelista neófito una etapa notable en su proceso de profesionalización como escritor, pues la colección es a la vez el fruto de un proyecto intelectual y una producción editorial de orden industrial” (p. 223).

Así, el éxito de estas colecciones se basó, por un lado, en la difusión y contribución con los bienes culturales dentro y fuera del país y, por el otro, en una amplia oferta literaria que se mantuvo casi hasta el final de la editorial con la publicación de 401 textos de los 888 publicados en las 17 colecciones de ficción o literatura para adultos.11

Otra colección que cabe destacar es “Vitral”, con 112 libros publicados entre 1992 y 2009. Centrada en el ensayo de escritores de todas partes del mundo, puso en circulación una amplia gama de textos en los que se dio un espacio para la reflexión y la crítica sobre temas tan importantes como el feminismo -a manos de la reconocida escritora Elizabeth Badinter con su texto X, Y. La identidad masculina (1993)- o la mirada de la literatura en los procesos sociales -con el texto Esos extraños prófugos de occidente (1999) del escritor colombiano William Ospina-. Además, publicó crítica de cine con Ojo al cine (1999) de Andrés Caicedo, y también temas como economía, violencia, psicología, sociología y política. Dichos textos tuvieron lugar en el catálogo de la editorial como una apuesta por mantener la variedad de su oferta. Como complemento a la línea de tipo ensayístico se le suman las colecciones “Literatura y ensayo”, con sus 7 textos editados entre los años 1991 y 1995, y “Biografías y documentos”, con sus 89 títulos publicados entre 1991 y 2001. La primera tuvo como eje principal el ensayo literario, especialmente de escritores colombianos como William Ospina, Marco Palacios y Fernando Quiroz. La segunda, como su nombre bien lo dice, le dio un espacio a las biografías de autores y personajes históricos como Juan Pablo II, William Shakespeare o Albert Einstein. Estas colecciones realzan claramente la intención de la editorial de crear un espacio amplio de difusión del conocimiento para acceder a un público lector más amplio y diverso y que, como bien lo señala Christine Rivalán Guégo (2017), hacen que una colección editorial “lejos de limitarse a ser una compilación de obras que comparten un común denominador […] contribuye a construir un objeto que le es propio. En manos de sus directores y de los diferentes autores, aporta al advenimiento del proyecto que la sustenta” (p. 266). Más allá de los intereses monetarios se resalta el aporte de estas al proceso dialógico existente entre las distintas formas literarias que se proyectaban para un público lector adulto.

Es sin duda oportuno detenerse en este punto para señalar las colecciones dedicadas a escritores colombianos. La colección “Literatura” se publicó entre 1994 y 1998, con 6 textos de Gabriel García Márquez: Del amor y otros demonios (1994); La hojarasca (1995); El general en su laberinto (1996); Doce cuentos peregrinos (1997); Los funerales de la Mamá Grande (1997); La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile (1998). Dedicada a este mismo autor nos encontramos con la colección “Gabriel García Márquez para todos”, publicada en el año 2012 con una serie de 15 libros del autor y con la cual se rindió homenaje a treinta años de su galardón en Suecia. A estas dos colecciones las siguen las de “Narrativa” y “Bolsillo”, la primera con 2 textos de Andrés Caicedo, Noche sin fortuna (2002) y ¡Qué viva la música! (2006), y uno de Nicolás Buenaventura con su libro Cuando el hombre es su palabra (2002), puestos en circulación entre 2002 y 2006. La segunda con 17 textos de escritores colombianos, 12 de García Márquez y los otros de William Ospina con ¿Dónde está la franja amarilla? (1999), Jaime Castro Castro y su Diccionario de la reforma política (2002), Jorge Franco con Rosario Tijeras (2003), Álvaro Mutis con Un bel morir (2003) y Amirbar (2003), y Álvaro Cepeda Samudio con Los cuentos de Juana (2003), todos publicados entre 1999 y 2005. Las anteriores fueron las únicas colecciones de las 17 aquí presentadas que incluyeron solo a autores nacionales, con la particularidad, como es evidente, de que la obra del Nobel colombiano fue la que tuvo mayor protagonismo. Como lo podemos notar, estas colecciones tienen un común denominador: todos los autores publicados ya contaban con una trayectoria editorial bastante importante e hicieron parte, a excepción de Jaime Castro, de otras colecciones de la editorial. Álvaro Mutis, por ejemplo, publicó en “Cara y Cruz”, “La otra orilla”, “Milenio”, “Bolsillo” y “Pequeña Biblioteca”. Junto a Andrés Caicedo y William Ospina, con publicaciones en 6 colecciones distintas, fueron parte del repertorio nacional que más apareció en Norma. Muy posiblemente por las ganancias que la venta de sus libros generaba a la editorial y porque su reconocimiento le daba un valor agregado a cada colección.

De igual modo, es importante señalar que aparte de las colecciones especializadas como “Gabriel García Márquez para todos”, también estuvo “Shakespeare por escritores” y “Poesía”. La primera fue una colección dedicada al poeta y dramaturgo inglés que tuvo como característica principal traducciones contemporáneas y rigurosas realizadas por escritores de Hispanoamérica. En esta colección se publicaron 48 textos entre 1999 y 2007, aproximadamente, e incluyeron traducciones de escritores como Alejandra Rojas, Andrés Ehrenhaus, Circe Maia, Omar Pérez, Hugo Valderrama Chaparro, Jaime Collyer, Roberto Echavarren Welker, Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich, Elvio Eduardo Gandolfo, Roberto Apratto, Piedad Bonnett, Marcelo Cohen y Graciela Speranza, Edmundo Paz Soldán, Andrés Hoyos, Víctor Obiols, Roberto Apratto, entre otros.

La segunda, publicada entre 1995 y 2000, que con sus 26 “hermosas ediciones” fue una apuesta que no le “brindó mucho rédito a la editorial” (Gómez Campo, 2019, s.p.), se hizo con la intención de rescatar a los grandes poetas contemporáneos tanto nacionales como internacionales. No obstante, fue la poesía nacional la protagonista con los siguientes 12 autores y obras: Raúl Gómez Jattin, Poesía 1980-1989 (1995); Juan Manuel Roca, La farmacia del ángel (1995); José Manuel Arango, Montañas (1995); Héctor Rojas Herazo, Las úlceras de Adán (1995); Ángela Botero López, Ex presiones (1995); Piedad Bonnett, Ese animal triste (1996) y Todos los amantes son guerreros (1998); Víctor Gaviria, Los días del olvidadizo (1998); Ramón Cote Baraibar, Botella papel (1999); Rogelio Echavarría, El transeúnte (1999); Álvaro Rodríguez Torres, Para otras voces (1999), y Elkin Restrepo, Lo que trae el día (2000).

De lo anterior se destaca que al igual que las colecciones dedicadas a escritores nacionales, en esta también se observa el predomino de poetas reconocidos. Desde esta perspectiva podríamos presumir que los directores de las colecciones, en tanto responsables de definir cuáles son los textos que deben permanecer a lo largo del tiempo, prefiguraban unos nombres específicos para el repertorio nacional, puesto que, como lo menciona Jhon Spiers (2011), “Usually seek to fix texts by giving them the authority of permanence, both to make sales and to transmit texts” (p. 28).

Otras de las colecciones de interés son “Seis novelas románticas” publicadas en 1993 y “Literatura o muerte”, entre 2003 y 2005. La primera con seis novelas románticas del siglo XIX, a saber: Pepita Jiménez de Juan Varela, Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde, Amalia de José Mármol, María de Jorge Isaacs, Clemencia de Ignacio Altamirano y Marianela de Benito Pérez Galdós; y la segunda con 7 novelas de tipo policiaco y que tenían como personajes principales a escritores de la literatura universal. Todas ellas fueron publicadas en el año 2003, y contó con la publicación de las siguientes obras: Cinco tardes con Simenon de Julio Paredes, Stevenson bajo las palmeras de Alberto Manguel, El enfermo Molière de Rubem Fonseca, Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón de Germán Espinosa; Camus y la conexión africana de Rafael Humberto Moreno Durán, Adiós, Hemingway de Leonardo Padura y, publicada en 2005, El corazón de Voltaire de Luis López Nieves. Dedicadas a un género en específico que las definía, su corta duración obedece, tal vez, a que otras series con un mayor recorrido ya habían incluido dentro de su programa estos mismos libros, como María, uno de los primeros textos de “Cara y Cruz”, o porque colecciones tan exitosas como “Zona Libre” y “Escalofríos” de la línea juvenil ya se habían posesionado en el mercado de la novela policiaca.

Cabe aclarar que no resulta sencillo en este punto determinar cuáles fueron las causas para que unas colecciones fueran más exitosas que otras, pues se nos hace difícil determinar mediante cifras exactas los alcances reales de los textos publicados. Sin embargo, sí podemos afirmar que la variedad de colecciones le confirió a la editorial la acumulación de un capital simbólico y económico que le permitió, por más de tres décadas, ser una de las editoriales más importantes de América Latina al hacer parte de la configuración de varias tendencias narrativas del momento y la formación de públicos lectores.

Como lo venimos mencionando, en el catálogo de Norma primó la versatilidad, al incluir diversos géneros, y a su vez se mantuvo como una constante el intercalar la publicación de autores nuevos y clásicos, como lo vimos en “Cara y Cruz” o series como “Milenio”: una colección con la intención, posiblemente, de llegar a un público más amplio dada las características de los textos, puesto que fueron “ediciones de bajo costo” (Ardila Garzón, 2017, p. 2) con libros pequeños y sencillos, que entregó al público lector una nutrida colección de 68 ediciones de clásicos universales, publicados entre 1992 y 2000 y en la que se encontraban Quevedo, Cervantes, Saki, Francesca Brezzi, Caló Vincenzo, Epicuro, Nicólai Gógol, Guy de Maupassant, Giacinto Spagnoletti, Rainer Maria Rilke, Cicerón, Oscar Wilde, William Somerset Maugham, Prosper Mérimée, entre otros. Curiosamente, solo publicaron 17 autores latinoamericanos: 15 colombianos, a saber, Álvaro Mutis, Álvaro Cepeda Samudio, María Mercedes Carranza, Nicolás Buenaventura, José María Cordovez Moure, Andrés Caicedo, Tomás Carrasquilla, Luis Tejada Cano, Germán Arciniegas, Víctor Gaviria, Fernando González, Darío Jaramillo Agudelo, Nicolás Buenaventura y William Ospina; un cubano, Virgilio Piñera, y su texto El caso Baldomero (1997), y un argentino, Marcelo Cohen, con Buda (2000).

En esta misma lógica, “La máquina del tiempo” publicó escritores con un alto reconocimiento autorial dentro de la tradición literaria hispánica y en la que la literatura española fue el centro de esta propuesta, pues 10 de los 17 textos publicados entre 1993 y 1998 fueron de escritores de esta nacionalidad, a saber: Benito Pérez Galdós, Juan Varela, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Fernando de Rojas, Félix Lope de Vega Carpio, Gustavo Adolfo Bécquer, Francisco de Quevedo y Miguel de Cervantes Saavedra. Cabe resaltar, además, que una de las grandes diferencias con la serie anterior estuvo en la preocupación por la presentación material de los mismos, pues eran textos con ediciones más cuidadas, lo que hizo que esta, junto con la colección “Poesía”, sobresalieran por el cuidado en el formato de su edición.

Ahora bien, para cerrar este recorrido es interesante mencionar “El Dorado”, una colección de best-sellers que se estaba inventando Norma (Marín Colorado y Valencia, 2019, p. 115), y “La pequeña biblioteca”, dedicada a escritores noveles. En la primera de ellas, publicada entre 1985 y 2000, se editaron 39 textos, 12 de los cuales 35 eran novelas, casi todas de autores europeos y estadounidenses, entre los cuales se encontraban Daniel Pennac, Frances Sherwood, John Le Carre, Didier Decoin, John Lescroart, Austin Tappan Wright, John Grisham, Josef Skvorecky, Tom Clancy, Carmen Covito, Alessandro Baricco, Amitav Ghosh o James Patterson. Por su parte, “La pequeña biblioteca”, una serie de 25 textos publicados entre los años 1993 y 2006, fue una colección de autores que estaban iniciando su carrera literaria y que tuvieron la oportunidad de publicar con una empresa de gran prestigio que les permitió darse a conocer en los lugares en donde la editorial ponía a circular sus textos. Algunos autores fueron Antonio Ungar, Gesualdo Bufalino, María Negroni y Martín Hopenhayn.

Observamos así, con esta breve descripción de las colecciones de ficción y literatura para adultos de la editorial, dos tendencias distintivas que se mantuvieron durante todo el proceso de publicación: 13 nos referimos al lugar dominante que ocuparon en sus catálogos las obras de escritores reconocidos a nivel mundial y la publicación de nuevos autores. Tendencia que vista en conjunto con el catálogo definieron la estrategia editorial a lo largo de sus años de existencia: apostar por un tipo de literatura de autores clásicos e incorporar al proyecto las nuevas figuras más representativas de la literatura contemporánea.

De esta manera, el catálogo de Norma fue dinámico, ya que, además de publicar textos para todo público lector, centró su estrategia de distribución en la creación de colecciones que obedecieran a las demandas de exigencias lectoras modernas, lo cual implicó nuevas estrategias de venta y promoción, puesto que como lo menciona Isabelle Olivero (2011), “The book series also privileged the circulation of texts by constructing new methods of selling and promoting literary texts. Of course, new literary products needed new modes of distribution and selling” (p. 84). Dentro de tales estrategias se resaltan, por un lado, los lanzamientos de las colecciones en los medios de comunicación, como se hizo con la “La otra orilla”,14 y por otro, la gira de autor, un programa en el que estos realizaban una excursión promocional de su libro, visitando y haciendo varias actividades relacionadas con este, como charlas, conferencias y talleres, en distintas ciudades del país, y en ocasiones por fuera de este.

De igual manera, es importante señalar que la editorial trató de mantener un equilibrio dentro de su fondo editorial, con respecto a los géneros de los textos y el origen de sus autores, ya que se editaron 255 libros de escritores europeos, 233 de colombianos y 400 de otras partes del mundo, con 169 textos de autores latinoamericanos distintos a colombianos. Lo anterior pudo obedecer, en primera instancia, a la idea de expandir su catálogo y ganar el prestigio centrando una parte de su catálogo a las traducciones y, por ende, a la expansión de las novedades literarias de otras literaturas en Latinoamérica. En segunda instancia, los autores colombianos, a excepción de García Márquez, no contaban con un mercado amplio por fuera del país, y con Norma se dio la posibilidad de que fueran conocidos en el exterior con la apertura de filiales en más de 13 países latinoamericanos que podían distribuir y promocionar los escritores nacionales publicados por la editorial. No podemos decir cuál fue el alcance real de este proceso, pero sí podemos afirmar que la editorial aumentó las posibilidades de difusión a escala internacional de escritores nacionales.

Consideraciones finales

Anticipando cualquier objeción, sabemos que queda mucho por analizar. Una tarea que es necesaria comenzar tiene que ver con el análisis de las colecciones de manera individual. Igualmente, el estudio a profundidad de las traducciones, de las colecciones especializadas, o de la presencia recurrente dentro del catálogo de autores como García Márquez, Andrés Caicedo o Álvaro Mutis permitiría dilucidar otras cuestiones que aquí no se abordaron. Otros asuntos que saltan a la vista dentro de la investigación tienen que ver con la literatura estadounidense y determinar la causa por la que tuvo mayor relevancia en el catálogo: pudo ser por la “facilidad en la adquisición de los derechos” (Gómez Campo, 2019, s.p.) o acaso por afinidades ideológicas y estéticas de los editores con la producción norteamericana. Con todo, este breve recorrido por la historia de la editorial nos brinda un mapa general del funcionamiento de la misma y nos abre las puertas a futuras investigaciones de una de las editoriales más importantes del país, pues abrió un espacio de profesionalización y consolidación del oficio editorial -en toda la cadena de producción del libro- y además le dio importancia significativa a la labor de la escritura.

Con el cierre de su línea de ficción en 2011, Carvajal S.A. se “llev[ó] por delante a la última gran editorial latinoamericana de origen nacional, y dej[ó] en la calle a una cantidad de escritores de toda América Latina que creyeron en su proyecto” (Gamboa, 9 de septiembre de 2011, párr. 4). Estas palabras nos plantean una reflexión acerca de las razones por las cuales decidieron cerrar el proyecto cultural. Es posible que la perspectiva comercial del grupo quisiera que la editorial funcionara dentro de la lógica económica de las demás divisiones y que, como bien lo señala Bourdieu (2006), cuando se cambia un proyecto de bienes culturales “en un comercio como los demás” estos “otorgan la prioridad a la difusión, al éxito inmediato y temporal, valorado por ejemplo en la función de la tirada, y se limitan a ajustarse a la demanda preexistente de la clientela” (p. 214). Para Carvajal, S.A., entonces, su nicho de mercado estaba en el sector educativo y la literatura infantil y juvenil, líneas que sí conservó hasta la venta definitiva de sus derechos editoriales.

Referencias bibliográficas

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[1]Artículo de investigación derivado del proyecto “La edición del cuento colombiano en el siglo XX, Poéticas y soportes”, desarrollado en el marco del grupo de investigación Colombia: tradiciones de la palabra (Universidad de Antioquia), con el apoyo del Fondo Nacional de Financiamiento para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación “Francisco José de Caldas” (colciencias). Asimismo, se inscribe en la Estrategia de Sostenibilidad para grupos de investigación Universidad de Antioquia, UdeA 2018-2019. Cómo citar este artículo: Vargas Castro, N. E. (2020). Un breve recorrido por la historia de la editorial Norma (1960-2016) y sus colecciones de ficción y literatura para adultos. Estudios de Literatura Colombiana 46, pp. 159-176. DOI: https://doi.org/10.17533/udea.elc.n46a08

[2]Será un breve recorrido debido a la magnitud de su catálogo y al límite de páginas del presente artículo.

[3]Universidad de Antioquia, Luis Ángel Arango, Biblioteca Nacional de Colombia, Héctor González Mejía y Biblioteca Pública Piloto. Cabe aclarar que la revisión, hasta el momento, solo se ha hecho de manera virtual.

[4]Con literatura de ficción nos referiremos a la literatura para adultos, debido a que la misma editorial hacía esta distinción para organizar sus colecciones.

[5]Libros animados y que tienen como característica principal ser tridimensionales.

[6]Quien en 1976 fue la jefa de la división de Documentación e Información Educativa del Ministerio de Educación Nacional y a finales de los 80 trabajó en Norma en la creación de un proyecto editorial de literatura colombiana para niños y jóvenes (Marín Colorado y Valencia, 2019, p. 19).

[7]En 1992 María Candelaria Posada asumió la dirección de esta línea.

[8]Desde el año 2011, “durante la celebración de la Asamblea de Accionistas de Carvajal Internacional S.A., realizada el 31 de marzo —2011— en Santiago de Cali, se aprobó modificar la razón social de Carvajal Internacional S.A. por la de Carvajal S.A.” (Dinero, 2011, párr. 1). Lo anterior se hizo extensivo a todas las empresas pertenecientes a la compañía. Por esta razón la editorial decide cambiar su enfoque literario para centrarse, específicamente, en las líneas de mercado de la educación, la literatura infantil y juvenil. Por ello, deja de invertir, paulatinamente, en las líneas que no obedecen a este nuevo proyecto. De ahí el cambio de su razón social, que pasa de ser Grupo Editorial Norma a Carvajal Educación S.A.S.

[9]El 1 de marzo del 2016 Carvajal Soluciones Educativas S.A.S. firmó un acuerdo de venta de todas las acciones de esta línea de negocio con el grupo español Prisa, especializado en el desarrollo de contenidos y tecnologías para la educación, especialmente, en textos escolares y las líneas de literatura infantil y juvenil, entre otras. Dentro del acuerdo se incluyeron las marcas Buenas Noches, Torre de Papel, Zona Libre, entre otras y la licencia sobre las marcas asociadas a Norma en productos del sector editorial. Para mayor información, visite http://www.carvajal.com/index.php/prueba-comunicado/

[10] Estas cifras están basadas en la información virtual de las bibliotecas; aún no se ha realizado la revisión física de cada texto. Lo anterior podría incrementar la cifra ya que algunos libros traen consignados los textos de las colecciones, y muchos de estos no hacen parte del acervo de las bibliotecas consultadas para la investigación.

[11]Estas son las colecciones que hasta el momento hemos recopilado de los datos de las bibliotecas. En nuestro registro el último año de publicación de textos de “La otra orilla” fue en 2011. Y de “Cara y Cruz” en 2014.

[12]Solo seis latinoamericanos.

[13]Reiteramos su carácter de brevedad porque en este texto solo nos dedicamos a describir las colecciones de literatura para adultos, no pudiendo abordar las colecciones de literatura infantil y juvenil y los textos fuera de colección.

[14]Moisés Melo, entrevista personal (2019).