PRESENTACIÓN

doi: 10.17533/udea.ef.n51a01

 

Los filósofos

 

 

Carlos Vásquez

Director revista Estudios de Filosofía

 


 

 

La lectura es un acto de confianza. Quien lee se abre a las palabras con entera desenvoltura. Ese gesto viene acompañado de una alta exigencia. En el caso de la filosofía aceptamos el ingreso en la dificultad.

¿Qué clase de dificultad es esa? La filosofía crea problemas. Deshace la facilidad de los sentidos ya hechos. Allí donde parece reinar una certeza, la filosofía propone un rodeo, dice, 'no te conformes, parece que hay otro atajo y luego otro, lo nuestro es más un moverse que un terminar de llegar'. Por eso su marcha es exigente. Pide de uno una confianza para interrogar. Llegar a interrogarse a sí mismo parece ser su lema.

La filosofía propone problemas. Todos esos problemas están vinculados con lo que somos: nuestro pensamiento y nuestras dudas, nuestras necesidades y nuestras exigencias. Pide de nosotros disposición para cambiar: hábitos e ideas, esquemas y formas de vida. Ella no se conforma, apela a aquello que en el hombre es invención y aventura.

La filosofía es una opción de libertad. Ella nos quiere autónomos, libres para pensar y decidir. Los filósofos exigen tener las manos libres. Ellos saben lo que los poderes hacen con las manos. La filosofía restituye una relación desarmada entre el cerebro y las manos.

En tiempos oscuros, los filósofos aprenden a pensar. El pensamiento es la respuesta a estados de crisis. Es difícil hallar en la galería de los filósofos algún caso en que pensar haya sido una forma de disfrute y posesión. La filosofía agrega lucidez al peligro.

Más que la poesía, de un modo más directo y radical que la ciencia, la filosofía es honesta, no se engaña ni miente, no se acomoda ni obedece. La filosofía no suele dar ni recibir órdenes. Por eso termina siendo incómoda. Pero por eso mismo no vacila a la hora de situarse del lado de los que padecen. Y lo hace pensando, pronunciando su palabra clara y oscura.

En ocasiones riendo, otras con su voz justa y austera, la filosofía hace frente a la muerte. Propone la vida como única alternativa y lo hace viviendo con la mayor intensidad: hablando y escribiendo, conversando, forma por excelencia de alejar, sino de vencer, a la intrusa.

Hay palabras. Hay pensamientos y hombres. Hay filosofía como forma de respiración compartida. Y por eso, para fortuna del hombre, queda esperanza.