RESEÑA

 

Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos.

 

 

Vicente Raga Rosaleny

G. I. Conocimiento, Filosofía, Ciencia, Historia y Sociedad Instituto de Filosofía Universidad de Antioquia Medellín, Colombia E-mail: vicente.raga@udea.edu.co.

 


Rodríguez Jaramillo, Antonio. Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos. Pereira: Editorial UTP, 2015. 154 pp.*


 

La primera pregunta que uno puede plantearse al leer un libro publicado en Colombia sobre Michel de Montaigne (1533-1592), un escritor francés del Renacimiento tardío, es el sentido que puede tener volver sobre dicho autor hoy, su actualidad para nuestro contexto. Sin duda, Los ensayos del pensador perigordino son conocidos por el lector culto. De hecho, a menudo se dice que su obra ha dado pie a un género nuevo, a una manera de escribir y, quizá, a un modo de pensar, que todavía nos es cercano.

Más aún, su obra en cierto sentido es moderna, puesto que introduce centralmente al sujeto y podría sostenerse que la filosofía cartesiana se establece a partir de dicha relevancia, entendiendo que es el sujeto el que elabora el discurso, el que establece el método (Dessan, 1987). Pero, en realidad, esto iría en contra de la actualidad de su pensamiento, dado que lo ubicaría en un paradigma clásico que hoy en día tratamos de superar. Así pues, más allá de las posibles filiaciones textuales, de los elementos tradicionales que quepa rastrear en su escritura, la pregunta persiste, ¿por qué leer a Montaigne hoy?

A esa cuestión trata de responder de manera directa, erudita y amena el libro del profesor Antonio Rodríguez, Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos, que desde la advertencia inicial al lector (p. 9), remedando la de Los ensayos de Montaigne, nos advierte con buena fe del carácter existencial de su texto, ajeno a cualquier interés meramente teórico o discursivo, a los compromisos profesionales y editoriales que, por desgracia, pesan tanto en la filosofía académica de nuestros días.

Así, mediante cinco inflexiones o ensayos el autor reflexiona sobre algunos aspectos del pensamiento montaigniano y da cuenta de la actualidad de su obra, de la vigencia de su escritura. Para leer a Montaigne, de acuerdo con el profesor Rodríguez, cabe atender a la forma de sus textos, a la importancia del ensayo como una manera de hacer filosofía, un modo de pensar que se realiza básicamente, tal y como Adorno caracteriza el género ensayístico, en tono de crítica (Adorno, 1962: 11 y ss.). Ese es el punto de partida de este interesante libro y el sentido, a nuestro juicio, de la conexión que se establece, desde un principio y a lo largo del texto, con uno de los pensadores contemporáneos que más sensible podría ser a la posición de Montaigne, a saber, el intelectual francés Michel Foucault.

Asimilándose al de Foucault, el pensamiento de Montaigne es ligado en este texto a una actitud crítica en relación con la Verdad, con las aseveraciones de conocimiento de carácter universal y necesario. Si ser filósofo conlleva creerse en posesión de la verdad y producir discursos grandilocuentes al tiempo que vacuos e inútiles, Montaigne no es filósofo (III, 9, 950), como tampoco Foucault (Foucault, 1994: 41). Para este último, si por tal entendemos al intelectual que elabora un sistema de pensamiento, estableciendo vínculos universalistas entre teoría y práctica, entonces él no lo sería, ni tampoco Montaigne, que asimila esa postura a la del pedante.

Pero otra cosa muy distinta sucede si ligamos esos discursos a la vida, si como Pirrón, el mítico fundador del escepticismo antiguo, coordinamos nuestra conducta con nuestra doctrina (II, 29, 705). En ese sentido, al reconocer la debilidad y presunción del decir filosófico, al desmontar las pretensiones de los filósofos pedantes o intelectuales, Montaigne y Foucault ponen de manifiesto una actitud filosófica, crítica, de raigambre escéptica, que los emparenta estrechamente (si bien en un caso, el de Montaigne, las grandes verdades atemporales y universales no nos sean accesibles, en tanto que humanos, mientras que en el otro, el de Foucault, tales verdades sean siempre históricas, construidas, y la tarea del pensador consista en develar su historicidad).

En esa línea es en la que la obra del profesor Rodríguez Jaramillo incursiona, tomando en cuenta una serie de dificultades que plantean Los ensayos de Montaigne, entendidos ahora como una manera distinta, y actual, de hacer filosofía. Más aun, algunas de dichas complejidades, por ejemplo las que conforman las inflexiones I, III y IV se proponen, muy acertadamente como aparentes contradicciones o aporías, con las que es necesario dialogar para desarrollar toda su profundidad teórica y práctica.

Así, en primer lugar se cuestiona el autor por la relación que puede establecerse entre escepticismo y verdad en la obra del pensador perigordino. Montaigne, pirrónico y fideista, escéptico confeso de acuerdo con la interpretación del profesor Rodríguez, pretende dar un testimonio verídico de sí mismo. Y aquí resulta de nuevo muy útil la referencia explícita a Foucault, ya que será por relación a un concepto acuñado por el pensador francés, la noción de Alethurgia (p. 13), que el autor analice y resuelva la supuesta contradicción. Verdad y subjetividad están vinculadas en Montaigne de un modo particularmente estrecho, siempre que interpretemos la primera noción desde una perspectiva más ética que epistémica: es necesario establecer un circuito entre la palabra y el modo de ser del sujeto que da testimonio de sí y ahí se ubica el ejercicio de la verdad, del decir verdadero, que caracteriza al proyecto pictórico de Los ensayos, donde Montaigne pretende pintarse verídicamente con la pluma, como otros hacen con un pincel (II, 17, 653).

En esa misma dirección iría otra de las aparentes contradicciones señaladas por el autor, al referirse al contraste entre, por un lado, la forma del ensayo y la concepción del pensamiento como un ensayarse, que es inseparable del empleo constante del juicio en Montaigne y, por otro, la suspensión del mismo, la epojé, que clásicamente va ligada a la actitud escéptica (p. 53). Pero, otra vez, puede hallarse una solución o una salida a la paradoja, de acuerdo con el profesor Rodríguez, si entendemos tal pensamiento no como un discurso sobre la verdad en términos universales y necesarios, sino como algo ligado a la vida, desde un punto de vista ético. De este modo, la pregunta a la que busca responder Montaigne en Los ensayos sería: ¿cómo vivir? Y aquí, desde una actitud crítica, como una forma de vida, el ejercicio del juicio no resultaría susceptible de suspensión como lo es cualquier aseveración de corte universalista y desligada de la vida concreta (I, 26, 266).

Finalmente, en esta sucinta enumeración de algunos de los problemas y contradicciones que emergen de la obra del pensador renacentista, a los que trata de responder el profesor Rodríguez Jaramillo en las inflexiones de su libro, puede señalarse la aparente aporía que resulta de, por un lado, defender la singularidad de la propia existencia contra las pretensiones abstractas y universalistas de la filosofía tradicional y, por otro lado, tratar de estudiar al hombre en general, como lo hace Montaigne a lo largo de su obra (p. 93). Sin embargo, no resultará sorprendente la respuesta que ensaya el autor en la inflexión dedicada a este problema: nuevamente se propone que en Montaigne el estudio del hombre en general, o la referencia a la forma de la condición humana, remiten no a una esencia universal, rechazada de plano desde su punto de vista escéptico, sino a los trazos comunes de los diversos, inconstantes e irresolutos seres humanos, y al carácter orientador, ético, de dichos rasgos para la propia existencia.

En suma, la obra del profesor Rodríguez nos propone un diálogo actual con Los ensayos de Montaigne que recupera para el pensamiento filosófico su obra, todavía por desgracia escasamente atendida en nuestro ámbito y lengua (salvo para el uso puntual de citas o pasajes descontextualizados). Más aún, al releer a Michel de Montaigne el autor nos propone hábilmente tender puentes con pensadores contemporáneos como Michel Foucault y, en ese sentido, Los ensayos son entendidos como una forma alternativa de plantear la actividad filosófica, una actitud ética crítica específica antes que un sistema teórico idealmente desvinculado de nuestra existencia particular.

Por ello, pese a que el texto tiene ciertos puntos cuestionables: la última de las inflexiones, que establece un diálogo entre Montaigne y Pascal, no parece encajar plenamente con el resto, y la segunda se puede entender más como un desarrollo de la primera que como una inflexión independiente; además, la asunción de Montaigne como escéptico pirrónico se asienta en lecturas y debates, los de Conche (1994) y Dumont (1985), que resultan un tanto desactualizados (aunque se discuta también con especialistas contemporáneos como Brahami (1997), no hay referencias a los últimos estudios de Paganini (2008), Maia Neto (2013) o Eva (2007), entre otros), el balance final es positivo. Puede concluirse, pues, diciendo que la lectura de este libro es muy recomendable para quien desee adentrarse en la obra de Michel de Montaigne, así como para los lectores en general, interesados en un pensamiento crítico vigente y existencialmente relevante.

 


NOTAS

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Cómo citar este artículo:

MLA: Raga, Vicente. ''Rodríguez Jaramillo, Antonio. Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos''. Estudios de Filosofía 54 (2016): 177-180.

APA: Raga, V. (2016) Rodríguez Jaramillo, Antonio. Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos. [Reseña] Estudios de Filosofía, 54, 177-180.

Chicago: Raga, Vicente. ''Rodríguez Jaramillo, Antonio. Montaigne. Ética en diálogos modernos: los Ensayos.'' Estudios de Filosofía n.° 54 (2016): 177-180.


 

Bibliografía

1. Adorno, Th. W. (1962) ''El ensayo como forma'', en Th. W. Adorno. Notas de literatura. Barcelona: Ariel, pp. 11-36.

2. Brahami, F. (1997) Le scepticisme de Montaigne. Paris: PUF.

3. Conche, M. (1994) Pyrrhon ou l'apparence. Paris: PUF.

4. Dessan, P. (1987) Naissance de la méthode. Paris: Nizet.

5. Dumond, J.-P. (1985) Le scepticisme et le phénomène. Paris: Vrin.

6. Eva, L. (2007) A figura do filósofo: ceticismo e subjetividade em Montaigne. São Paulo: Loyola.

7. Foucault, M. (1994) Dits et écrits, IV. Paris: Gallimard.

8. Maia Neto, J. R. (2013) Le probabilisme académicien dans le scepticisme français de Montaigne à Descartes, en: Revue philosophique de la France et l'étranger, (4), pp. 467-484.

9. Montaigne, M. de. (1988) Les Essais. Paris: PUF, Quadrige.

10. Paganini, G. (2008). Skepsis. Le débat des modernes sur le scepticisme. Paris: Vrin.