Ensayo / Essay / Ensaio

 

Integrando los valores en la actividad cuidadora desde el punto de vista profesional

 

Integrating Values in the Care Giving Activity from the Professional Point of View

 

Integrando os valores na atividade cuidadora desde o ponto de vista profissional

 

 

Juan Carlos Delgado-Antolín1

 

1Enfermero, Experto en Bioética. Presidente de Sociedad Madrileña de Ética Enfermera (SMETICAE), Madrid, España. email: jcdantolin@gmail.com.

 

Fecha de Recibido: Julio 10, 2013. Fecha de Aprobado: Octubre 7, 2013.

 

Subvenciones: ninguna.

Conflicto de intereses: ninguno.

Cómo citar este artículo: Delgado-Antolín JC. Integrating Values in the Care Giving Activity from the Professional Point of View. Invest Educ Enferm. 2014; 32(1): 157-164

 

DOI: 10.17533/udea.iee.v32n1a18

 


RESUMEN

Cada vez más, las enfermeras formadas en la evidencia científica enfocan su actuación basada, fundamentalmente, en el hecho científico, dejando de lado otros conocimientos importantes que intervienen en la relación del cuidado: la comunicación, las relaciones personales, el respeto en la relación y el conocer todos los valores implicados en ella. Con respecto a estos últimos y sobre su importancia dentro del cuidado, la autora realiza una reflexión en este artículo, hasta llegar a la conclusión de cómo podemos integrar los valores en la actividad cuidadora.

Palabras clave: valores sociales; atención de enfermería; práctica profesional. 


ABSTRACT

Nurses trained more and more on scientific evidence, often focus their actions based fundamentally on scientific fact, leaving aside other important knowledge that intervene in the care giving relation: communication, personal relationships, respect in the relationship, and knowing all the values implied in said relationship. It is about these values and on their importance within care upon which the author reflects in this article, until concluding on how we can integrate values to the care giving activity.

Key words: social values; nursing care; professional practice. 


RESUMO

Resumo. As enfermeiras formadas cada vez mais na evidência científica, enfocam muitas vezes sua atuação de uma maneira baseada fundamentalmente no fato científico, deixando de lado outros conhecimentos importantes que intervêm na relação do cuidado: a comunicação, as relações pessoais, o respeito na relação e o conhecer todos os valores implicados em dita relação. São destes últimos e de sua importância dentro do cuidado sobre os que o autor realiza uma reflexão neste artigo, até chegar à conclusão de como podemos integrar os valores à atividade cuidadora.

Palavras chaves: valores sociais; cuidados de enfermagem; prática profissional. 


 

 

INTRODUCCIÓN

Cuando las cosas son complejas, y no hay duda de que esto del valor lo es, nada mejor que tomarlas desde el principio, único modo de verlas en perspectiva. En el caso de los valores, eso nos obliga a regresar hasta los mismos orígenes de la especie humana. La valoración es en el ser humano una necesidad natural, un fenómeno biológico. Sin valorar, nuestra vida sería imposible. Y ello por razones de estricta supervivencia. Valorar es una necesidad biológica tan primaria como percibir, recordar, imaginar o pensar. Nadie puede vivir sin valorar. De ahí el carácter primario de la noción de valor. Los valores son más básicos o elementales que las normas, las leyes o los principios de acción. Valoramos, porque no podemos no hacerlo. Todo es objeto de estima o de aprecio. La cosa más pequeña, un grano de arena, es objeto de aprecio o desprecio, y por tanto tiene al menos valor económico, es decir, precio. Diego Gracia Guillén. "La Cuestión del Valor". Discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Madrid, 11 de enero de 2011.

Cada vez más, las enfermeras se forman en la evidencia científica. Con esa formación y con el conocimiento que adquieren en las Escuelas, enfocan su actuación basada fundamentalmente en el hecho científico, dejando de lado otros conocimientos importantes que intervienen en la relación de cuidado: comunicación, las relaciones personales, respeto en la relación y conocer todos los valores implicados en dicha relación. Con respecto a estos últimos y sobre su importancia dentro del cuidado se basa el presente artículo. Por supuesto, se me puede argüir que cuando en la valoración de enfermería aplicamos los patrones de Gordon,1en su patrón 11, también se trabajan los valores y las creencias de los pacientes, pero la mayoría de las veces en este patrón se indagan solamente las creencias espirituales y religiosas y el apoyo que el paciente quiere tener en ese ámbito, sobre todo al final de su vida.2-4 La religiosidad es un tema eminentemente privado e íntimo con manifestaciones tanto privadas (rezar, hablar con Dios) como públicas (realización de alguna manifestación comunitaria de sus creencias, celebración de la misa, del oficio religioso, de la oración en la mezquita el viernes, entre otras). Pero en ese ámbito de la esfera privada se encuentran otros aspectos como son los valores, que también intervienen en la toma de decisiones de las personas, como se señala en la cita que encabeza este artículo. Los valores representan algo más amplio y tienen una manifestación más continua y constante en la vida de las personas y, por lo tanto, la contemplación de aquellos durante la relación cuidadora es fundamental para mejorar los resultados en el cuidado. Tener en cuenta la autonomía de los pacientes en la toma de decisiones, y conocer cuáles son los valores implicados en cada patrón, es fundamental a la hora de aplicar nuestros conocimientos científicos para dar una atención personalizada a los pacientes, y realizarla dentro de un marco ético.

¿Qué son los valores?

Dentro de las ciencias de la salud y, particularmente de la Enfermería -la ciencia que nos ocupa-, está cada vez más aceptado que tenemos como imperativo ejercer nuestra profesión dentro del conocimiento científico, buscando la evidencia, investigando y proporcionando los cuidados que se encuentran más avalados en ese momento y, por consiguiente, tienen más consenso dentro de la profesión. Mas, no debemos olvidar que tanto en la Medicina como en la Enfermería las certezas son difíciles y por tanto las verdades con las que nos manejamos son probables. La historia nos ha enseñado que ciertas aseveraciones, las cuales realizábamos hace unos años, han cambiado o se han ido modificando como: el colesterol y la dieta del pescado azul, la postura en la que debe dormir el bebé y la muerte súbita, la introducción de los alimentos en los niños, entre otras. Esto nos hace reflexionar sobre el siguiente asunto: una verdad probable, si nos movemos en el terreno de la incertidumbre, es probablemente una verdad. Por supuesto, con la investigación los porcentajes y por lo tanto las probabilidades de verdad en nuestras afirmaciones, cada vez serán mayores y en ese camino nos encontramos.

Cuando una persona tiene que ser atendida por un problema de salud, por una necesidad alterada o por una enfermedad, la enfermera, como profesional sanitario, tiene que dar una respuesta científica adecuada a ese problema que se plantea. Vista así la relación, la mayoría de los sanitarios estarían de acuerdo en afirmar que durante la relación sanitaria se manejan mayoritariamente hechos. Pero nuestra actividad, el cuidado, se realiza en las personas y estas no son meramente entes biológicos, sino que tienen psique y se encuentran inmersos en una sociedad y una cultura. Y, por supuesto, también tienen creencias y valores. Veamos la importancia que tienen los valores para las personas y cómo los usan en el desarrollo diario de su existencia.

Todo ser humano, cuando realiza las tareas habituales, sin darse cuenta y sin percibirlo, está usando y realizando constantemente valores. Cuando voy a comprar los alimentos al mercado elijo carne, pescado, frutas y verduras porque tengo que alimentarme. La nutrición es una necesidad fisiológica que debo de cubrir. Es un hecho científico que si no me alimento adecuadamente, terminaré enfermo o muerto, pero también dentro de esas opciones compro los alimentos que más me gustan, que más me agradan por su sabor, es decir, los que más valoro. Estoy usando un valor de agrado al gusto. No obstante, en ocasiones, cuando voy a comprar miro y me fijo en el precio y compro un alimento que me gusta, pero menos nutritivo que otro, y lo compro porque es más barato, es decir, estoy usando un valor económico. Así, sin darme cuenta, sin percibirlo, cuando compro pescado o cualquier otro alimento, estoy usando valores: 1) un valor de utilidad: me sirve para alimentarme; 2) de agrado estético: satisface mi gusto gastronómico; y, 3) económico: busco el mejor precio. Como se afirma en la frase que encabeza este trabajo, el ser humano es un ser valorativo, maneja los valores en múltiples aspectos de la vida: cuando compra, cuando compara, cuando estima, cuando quiere, cuando desea. El hombre tiene integrados los valores en su vida cotidiana, aunque no sea consciente de ello y los maneja, aunque estos sean de una baja jerarquía, como pueden ser materiales o económicos.

Si hablar de valores ya tiene sus dificultades, llegar a una definición de valor es mucho más complejo, pues cuando hablamos de valores todos sabemos a qué nos referimos, pero muchas veces tenemos dificultad para expresarlo. Para poner un poco de claridad, nos remitimos a dos definiciones distintas y complementarias:

a) Se llama valor a la cualidad que poseen algunas realidades, llamadas bienes, por lo cual son estimables.5:29

b) No son, pues, los valores un don que nuestra subjetividad hace de las cosas, sino una extraña, sutil casta de objetividades que nuestra conciencia encuentra fuera de sí, como encuentra los árboles y los hombres.5:38

Los valores son los fundamentos de nuestra jerarquía de estimación. Nosotros medimos las cualidades de nuestros deseos, de nuestros proyectos. Ellos nos permiten estructurar nuestra forma de ser y nuestro carácter. Los valores van guiando ese proyecto de vida. De acuerdo con ellos, al momento o al entorno van adaptando nuestro proyecto y, por consiguiente, nuestro camino personal de vida. Por tanto, son como las piezas fundamentales para saber medir mis preferencias, mis deseos y mis proyectos. Esta definición es muy práctica y se puede acusar de utilitarista, pero, en el fondo, representa su función principal: guiar mi estima, mis preferencias personales según unas determinaciones jerárquicas que mueven mis razones, mis sentimientos y mis impulsos. Por supuesto, todo ello se encuentra mediatizado por el entorno, por mis circunstancias, por el contexto de cada momento, lo que hace modificar mi jerarquía de acuerdo con un determinado entorno, que puede producir, a su vez, una determinada consecuencia. Son momentos teleológicos de decisión, de afrontamiento, de solución a un determinado problema o a una situación concreta.

Por otra parte, como señalaba Ortega, son objetivos,5 se encuentran fuera de mí aunque mi interpretación pueda ser subjetiva. La estética, la utilidad, la salud, lo ético viven fuera de la interpretación que realizo sobre esos valores, es decir, la interpretación que hago de ellos es subjetiva, es la mía, pero ellos se encuentran como referentes de esa estimación, de esa interpretación.

Los valores van unidos a la ética y ésta cada vez se aleja más en el sentido de imponer soluciones rígidas, de dar soluciones y procederes que puedan servir para todos los casos, consejos morales de actuación siempre válidos, sin detenerse a valorar las consecuencias, es decir, no debemos confundir ética con deontología. Por el contrario, aquella intenta dar soluciones probables a situaciones concretas. Pero que sean probables no quiere decir que no sirvan. Nos sirven, porque analiza las situaciones concretas donde se dan los conflictos de valores y trata de dar soluciones a ese problema específico dentro de esa circunstancia concreta. Seguramente en otras circunstancias y otros contextos, las soluciones podrían ser diferentes, porque la relación entre todos los componentes del conflicto también lo serían.

Veamos ahora cómo se organizan estos valores, cuál es la jerarquía entre ellos. Para ello he elegido la jerarquía propuesta por Ortega y Gasset,:5 que está muy influencia por la jerarquía planteada por Max Scheler:

Como vemos los valores son jerarquizables, en otras palabras, unos son más preponderantes que otros, por lo que existen valores superiores a otros. Los hay más importantes y menos importantes; aquellos deben prevalecer sobre los estos. En este caso, la importancia se da en orden ascendente, pero esta jerarquía no siempre se lleva a cabo, pues, a veces, valores más importantes no se tienen en cuenta a la hora de tomar decisiones y son los menos importantes, los que se usan para tomar la decisión final. Por ejemplo, nos compramos un vestido más barato, aunque sea más feo, pero sirve para cubrirnos (utilidad). Estos valores, ser más barato (económico) y ser útil, en ese momento y en ese determinado contexto, son más importantes que la belleza (estética).

Los valores no son representados siempre por el carácter positivo del valor, como puede ser lo bello, lo bueno, lo verdadero. La fealdad, lo malo, y la falsedad son valores de carácter negativo, pero también representan valores sobre la belleza, lo ético y lo lógico. Esto es así porque los valores son polares y se mueven entre los dos polos, el positivo y el negativo. Por último, como nos enseña el maestro Diego Gracia, los valores pueden ser intrínsecos e instrumentales: "Una primera es la distinción entre valores intrínsecos e instrumentales. Por valor intrínseco se entiende aquella cualidad que es valiosa por sí misma, no por referencia a ninguna otra, de modo que si desapareciera, por más que todo lo demás permaneciera igual, pensaríamos haber perdido algo importante, es decir, algo valioso. Así definida, se diferencia de la noción de valor instrumental o valor por referencia, en que éste no vale por sí mismo sino por otra cosa o cualidad distinta, que es la que le otorga valor.

Los valores instrumentales son intercambiables entre sí. Yo puedo sustituir un coche por otro, siempre y cuando me sirva para trasladarme de un lugar a otro, etc. Ahora bien, los valores intrínsecos no son, en principio, permutables. Las personas, por ejemplo, no son permutables, ya que consideramos que cada una es respetable por sí misma. De ahí la frase de Kant de que las personas "tienen dignidad y no precio." Y lo mismo cabe decir de la belleza de un cuadro. El precio es medida de intercambio, y los valores intrínsecos no son intercambiables, precisamente porque cada uno tiene valor en y por sí mismo.

Precisamente porque es la unidad de medida de los valores instrumentales, la racionalidad económica busca siempre optimizar la "eficiencia", es decir, la razón coste/beneficio, cosa que no sucede en el orden de los valores intrínsecos. Esos valores son importantes aunque no sean eficientes". Los primeros son estimables por sí y no por otros: vida, salud, belleza, la verdad, etc., representan un bien a conservar. Por el contrario, los valores instrumentales son un medio, están al servicio de los valores intrínsecos (el dinero, la riqueza, lo útil, etc.). El problema es cuando un valor instrumental en lugar de ser un medio se convierte en un fin y buscamos como meta de nuestro futuro obtener el mejor coche, la mejor casa, el mejor salario, etc. La ética debe promover los valores intrínsecos. La finalidad de la ética es crear al hombre valorativo, reflexivo y autónomo, con un claro proyecto de vida, es decir, con una finalidad biográfica de desarrollo personal y autogobierno.

Como puede observarse, los valores son algo más complejo que las simples creencias del individuo. Las creencias religiosas, según esta jerarquía de Ortega y Gasset,5 se encontrarían en la parte más alta, pero hay otros valores que son continuos en nuestra vida y que están influyendo constantemente en nuestras decisiones.

Importancia de la cultura en los valores

Los valores, sin duda, los forman diferentes vivencias y experiencias personales, pero de lo que no existe duda es que tienen un sustrato cultural importante y la cultura, a su vez, tiene un sustrato social también importante, es decir, se puede afirmar que en su mayoría, somos lo que somos, porque hemos nacido donde hemos nacido y nos han alimentado las ideas que nos han alimentado. Por supuesto, después está la libertad de cada uno para pensar y ser de una determinada manera, mas nuestra autonomía no se ejerce en un ámbito de libertad plena y total, sino en un determinado abanico de circunstancias.6 Nuestra elección siempre se realizará en un determinado contexto en el que hemos nacido y en el que nos hemos educado y formado. Nunca vamos a poder elegir en una amplitud total de elecciones, nos circunscribiremos a un entorno próximo ya preestablecido. Nuestras creencias están viciadas en su base por el estatus social, la familia y la región geográfica donde nacemos. Como afirma el profesor Javier Sádaba: "Como ha demostrado la neurociencia, existen zonas cerebrales que, debidamente estimuladas, producen emociones de un muy especial carácter y a las que, repitámoslo, colocaríamos en la casilla de lo religioso. Pero entiéndase bien. No estamos insinuando que la religión es, sin más, un producto del cerebro. Nos limitamos a constatar que poseemos una base genética que posibilita o condiciona el ser religiosos. Después, serán Juan o María los que decidan, por su propia voluntad, ser mahometano, budista, cristiano o simplemente ateo. Lo que sucede es que en el reino de la cultura otros condicionamientos achican mucho la libertad de Juan o de María. Es muy difícil, por no decir que raya en lo imposible, ser cristiano naciendo en Arabia Saudita o jainita si se nace en España. La religión, en sus formas más suaves o más rígidas, en consecuencia, posee tanto un sustrato natural como cultural. Aunque, al final, es cuestión de cada uno".7

Cuando hemos interiorizado esta realidad, de nuestra forma de ser y de pensar, sorprende más que haya personas que se crean en posesión de la verdad respecto a los valores y pretendan, que los suyos, o sea sus creencias, tengan una validez universal y sirvan o, lo que es peor, deban servir para todos los seres humanos. Esta posición, que se suele llamar etnocentrismo8,9 y puede acabar en un fundamentalismo, es peligrosa. Además, las personas que caen ella, no se paran a pensar que si hubieran nacido en Arabia Saudí, como nos señala el texto, sus ideas, sus valores y sus creencias serían las mismas que ahora les causan rechazo. El etnocentrismo es una práctica que se da en todas las culturas, no solamente en las que algunos llamarían "desarrolladas", pues tan seguro está de su verdad el positivista, el religioso o el miembro de cualquier tribu amazónica.

Los valores forman parte de mi verdad, de mi manera de ver mi realidad y se compone de mi cultura, de mi educación, de mi religión, en pocas palabras de mi ideal de vida. Además se compone de ideas y creencias, es decir, de ideas compartidas sobre una base racional y lógica y de creencias compuestas por una base de fe y no lógica. Como decía Ortega y Gasset en su ensayo "Ideas y Creencias": Las Ideas se tienen y en las Creencias se está.10 Las primeras son debatibles, argumentativas y demostrables y las segundas se cree o no se cree, pero no se pueden compartir con otras personas a no ser bajo el ámbito de la adhesión no racional a esa creencia. Todos tenemos nuestros valores y por tanto, nuestras prenociones y nuestros prejuicios. En consecuencia, el problema no es tenerlos, sino desconocer u olvidar que los tenemos, pues eso es lo que impide el diálogo entre las personas y poder llegar a acuerdos.

Las sociedades van también transformando sus valores y sus señas de identidad a medida que se hacen más plurales, menos rígidas y más tolerantes y mestizas. El mestizaje, la hibridación, es realmente el futuro de toda sociedad que avanza y no se queda anclada e inmutable. La mezcla de valores y la coparticipación de los mismos en la vida pública y común, enriquecerá las perspectivas y los juicios que se realicen, serán más intersubjetivos y plurales que los realizados antes de la coparticipación. Pero para conseguir ese cambio, debemos ir transformando y, por supuesto, transformándonos en esa sociedad y buscar su evolución desde la monoculturalidad, representada por una cierta uniformidad de los valores a la interculturalidad, donde estos conviven en diálogo y a la transculturalidad,11 donde las demostraciones culturales y sus consecuencias pueden ser entendidas por todos, independientemente de los valores que se tenga. Como es de todos conocido, la teoría de los cuidados transculturales y la importancia que tiene la cultura en los cuidados fue elaborada por Madeleine Leininger en los años 60.12

El cuidado

Dentro de las ciencias de la salud, la Enfermería siempre se ha movido entre la tecnología y el humanismo.13,14 A veces, es difícil llegar a un consenso sobre este tema, pero podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que la Enfermería es la ciencia más humanista, mientras que la Medicina es una ciencia más natural, más "científica". La mayoría de las teorías enfermeras se desarrollaron en los años 50-60 del siglo pasado y parece que las que han tenido más peso en los últimos años han sido las teorías humanistas: Virgina Henderson, Dorotea Orem, Madeleine Leiniger; Jean Watson.12 Pero, al desarrollar su "ciencia", tanto la Enfermería como la Medicina no tienen unas bases de conocimientos tan rígidas, repetibles y comprobables como las ciencias exactas. Esto no quiere decir, que la Enfermería no sea científica. Por supuesto que la Enfermería se basa en el conocimiento científico, pero mientras que a las enfermeras no nos importa tanto la patología y el diagnóstico del sujeto, como las respuestas humanas de la persona a ese diagnóstico. Por el contrario, la Medicina pone en el diagnóstico y el tratamiento, normalmente, su prioridad. A las enfermeras nos interesa más cómo vive e integra esa determinada patología en su vida diaria, en su forma de ser, en sus valores, en una palabra, en su proyecto de vida, pues nuestra prioridad debe ser el cuidar de una forma holística.

Este afrontamiento de la realidad del paciente desde posiciones diferentes y complementarias hace que los valores sean de vital importancia para ejercer profesionalmente una buena función cuidadora. Como enfermeras, trabajamos intentando modificar hábitos de vida y conocemos lo difícil y complicado de este esfuerzo. Sólo podemos tener ciertas posibilidades de éxito, si la modificación de hábitos de vida los integramos dentro de sus valores y es aceptado por los propios individuos. Considerando los valores en el más amplio sentido de la palabra.

El cuidado sólo se puede dar desde los valores, contemplando la condición humana en su máxima extensión, con todas sus circunstancias. La acción cuidativa va enfocada a un determinado momento vivido por la persona, por el paciente, es histórica y debe ser valorativa. Sólo podemos cuidar bien si conocemos qué es lo mejor para el paciente, y esa información, por supuesto, sólo nos la puede proporcionar él.

Watson12 contempla la importancia de los valores en sus teorías: estos tienen que ver más con los valores de las propias enfermeras que con los de los pacientes. Los valores de una profesión son importantes, de hecho marcan su compromiso ético y favorecen el buen ejercicio en el desarrollo de su desempeño profesional. No obstante, aún siendo importantes, su relevancia, a mi entender, radica en contemplar, conocer y respetar en nuestra actividad cuidadora los valores en el sentido más amplio, no sólo las creencias, de los pacientes. Tenemos que llegar a ejercer la beneficencia a través de la autonomía del paciente. Realizar lo mejor para el paciente desde nuestro punto de vista, es volver a caer en un maternalismo15 del que no terminamos de desprendernos las enfermeras. Sólo hablando con el paciente e indagando qué es lo mejor para él, es decir, dejándolo opinar y ejercer su propia autonomía, podemos realizarle una auténtica beneficencia. En ese sentido, podemos ejercer nuestro cuidado por el auténtico bien del paciente, según su idea de lo bueno.

Por último, es preciso tener claro que el cuidar siempre es un valor intrínseco y nunca un valor instrumental. Cuidar es una actividad humana irreemplazable; pueden cambiar los sujetos activos que proporcionen ese cuidado, pero la actividad es fundamental para desarrollarse como persona y evolucionar como ser humano. Esa circunstancia del cuidado es lo que provoca una humanización en ambos lados de la relación: como agente activo (cuidador) y como agente pasivo (persona cuidada), pues la primera relación que hemos tenido con el cuidado es como agente pasivo, pues al nacer, todos necesitamos del cuidado de nuestros progenitores para poder crecer y desarrollarnos.

Conclusión, ¿cómo integrar los valores en la actividad cuidadora?

Las siguientes recomendaciones pueden servir a modo de conclusión. Aunque a muchas enfermeras les parecerán una obviedad (ya que las llevan a cabo diariamente), mi experiencia en la práctica diaria, desde el ejercicio a pie de cama o en la consulta, me lleva a pensar que, a veces, ponemos más hincapié en las labores delegadas, que en las que realmente nos corresponden, desvirtuando este proceder la labor eminentemente propia de las enfermeras: el cuidado. El porqué de este comportamiento puede deberse a múltiples factores tanto internos como externos, que no son objeto de análisis en el presente artículo, pero que sería bueno estudiarlo a profundidad en una nueva oportunidad.

Cuando comenzamos a integrar los valores en los planes de cuidados, nuestra labor profesional se complica y se hace más compleja y difícil. Para establecer un plan de cuidados el proceso puede ser harto complicado y difícil, porque, además de valorar las necesidades alteradas, tengo que tener en cuenta los valores individuales de la persona que estoy cuidando e incluso acoplarlos a los míos. Pero debemos tener en cuenta que respetar los valores de la persona que cuidamos e integrar estos en el proceso, es cubrir también una posible necesidad alterada de esa persona, es afrontar el proceso del plan de cuidados de una forma más holística.

Para finalizar, intentaremos sistematizar, ir paso a paso y así, establecer una metodología correcta de cuidado. Veamos los siguientes pasos:

No debemos jamás:

En resumen: Hacer lo que hay que hacer, cuando se puede y se debe hacer.

Por supuesto que los valores implicados en los cuidados deben ser los de la persona a cuidar. Ella es la que debe alcanzar el máximo nivel de "Idealidad". También tenemos que tener en cuenta que, a medida que vayamos avanzando y sobre todo en la comodidad, la calidad y la idealidad, los valores son de vital importancia para establecer un perfecto plan de cuidados.

Comenzaba este trabajo con un párrafo del profesor Diego Gracia sobre los valores, por eso quiero terminar con un diálogo sobre los valores entre dos personajes mundialmente conocidos, que aunque provienen del mundo del divertimento, muchas veces, dicen grandes verdades. Es un diálogo entre Mafalda y Manolito, del humorista Quino:

Mafalda: ¿Qué es ese recorte de diario, Manolito?

Manolito: La cotización del Mercado de Valores – contesta Manolito.

Mafalda: ¿De valores morales? ¿Espirituales? ¿Artísticos? ¿Humanos?

Manolito: No, no, de los que sirven.

Espero que después de leer este artículo, tengamos una visión más amplia de los valores que la de Manolito.

 

REFERENCIAS

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2. Bernalte A, Miret MT. Manual de Enfermería Comunitaria. Madrid: LibrosEnRed; 2005.

3. Ministerio de Sanidad y Consumo MSC. Proyecto NIPE. Normalización de las intervenciones para la práctica de la enfermería. Madrid: MSC; 2002.

4. Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEN) [Web site]. Observatorio de Metodología Enfermera. Madrid:ome.com; 2013 [Cited 5 Jun 2013]. Available from: www.ome.es

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6. Delgado JC. Reflexiones desde la Ética del Cuidar: Cuidado y Cultura. Madrid: Asociación de Bioética Fundamental y Clínica (ABFyC); 2009.

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10. Ortega y Gasset J. Ideas y creencias. Madrid: Revista de Occidente; 1942.

11. Hidalgo V. Cultura, Multiculturalidad, Interculturalidad y Transculturalidad: Evolución de un término. Universitas Tarraconensis. 2005; 29(III):73-84.

12. Marriner A. Modelos y Teorías de Enfermería. Madrid: Ediciones Rol SA.; 1989. P. 125-39.

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