Expediciones en el suroeste de la península Ibérica. Viajeros de habla alemana por Extremadura (1521-1700)

Autores/as

  • Alfonso Corbacho Sánchez Universidad de Extremadura

DOI:

https://doi.org/10.17533/udea.lyl.n88a09

Palabras clave:

literatura de viajes, Extremadura, Sebald Örtel, Erich Lassota von Steblau, Johann Georg Gölgel

Resumen

Durante los siglos xvi y xvii, Extremadura se convierte en uno de los territorios explorados por los viajeros alemanes que transitan por Europa. Aunque los relatos que dejaron estos viajeros son escasos, en ellos se describen aspectos como el paisaje, el clima y los recursos naturales de esta tierra. Además, documentan la historia y la arquitectura, elogian el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y ciudades como Badajoz y Mérida con sus ruinas romanas. Así pues, el objeto de estudio de este artículo es el comentario analítico de los testimonios escritos en alemán, que han dejado tres expedicionarios: Sebald Örtel, Erich Lassota von Steblau y Johann Georg Gölgel. 

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Publicado

2025-06-25

Cómo citar

Corbacho Sánchez, A. (2025). Expediciones en el suroeste de la península Ibérica. Viajeros de habla alemana por Extremadura (1521-1700). Lingüística Y Literatura, 46(88), 185–205. https://doi.org/10.17533/udea.lyl.n88a09

Introducción

Desde el umbral de este trabajo se debe recalcar que no son copiosos los registros escritos de visitantes alemanes por Extremadura durante los siglos xvi y xvii, pues, a pesar de sus impresionantes paisajes, tesoros artísticos y rica historia, esta tierra no es un destino de interés para viajeros, exploradores y aventureros germanos, máxime cuando se compara con las andanzas y los recorridos realizados en épocas posteriores. Además, tomando en consideración que la literatura de viajes procedente del ámbito lingüístico alemán en Extremadura aún no se ha investigado en profundidad, se incrementan las dificultades para hallar el rastro y las pruebas de testimonios escritos. Sin embargo, existe constancia de que algunos expedicionarios de esta parte de Europa visitaron esta región durante el período indicado, dejando evidencias escritas de sus desplazamientos. Partiendo de que se trata de viajes reales o geográficos, el primer viajero del que se encuentran referencias documentadas de su paso por Extremadura, hacia finales de 1521, es Sebald Örtel. Le sigue el más conocido de los que aquí se presentan, el militar Erich Lassota von Steblau, que transita por tierras extremeñas en junio de 1580. Por último, se analizan las anotaciones del político alemán Johann Georg Gölgel, que visita esta región a finales del siglo xvii. Así pues, se cuenta con una triada de viajeros que se desplaza por el territorio señalado en una horquilla temporal que se acerca a las dos centurias, intervalo de años en los que se comprobará si ha habido cambios en la percepción de cada uno de estos expedicionarios.

El interés por el viaje se incrementa sobremanera en el período temporal circunscrito, porque la llegada al continente americano desde finales del siglo xv como consecuencia del descubrimiento de América en 1492 abrió posibilidades inusitadas de desplazamiento y ensanchó los límites geográficos, produciendo un giro histórico esencial, que afectó en la práctica a multitud de ciudadanos. El viaje en su sentido de expedición, de tránsito por «terra ignota1» removió costumbres y quebró el convencional estatismo. Además, con fines muy diversos, muchos expedicionarios en tierras americanas llevaron o bien cuadernos de bitácora o diarios o libros donde anotar los avances del trayecto y las circunstancias que los acompañaban. La crónica toma auge y asimismo una modalidad genérica cercana, el diario de viajes, que será también clave para que el lector, el del pasado y el actual, pueda acceder a esos territorios desconocidos, percibidos tantas veces desde la subjetividad de quien relata. Así, Luque Amo y Braud (2020) identifican el diario de esta época con un texto de carácter cronístico e ilustran esta idea con los siguientes términos:

Desde el siglo xiv hasta el xviii el texto que engloba el diario es un texto de carácter cronístico que da cuenta de lo sucedido durante un período de tiempo en una ciudad o una navegación marítima, en relación a la contabilidad de un hogar o también a lo narrado en un cuaderno religioso (p. 348).

Según Lollo (2005), que también resalta las funciones de los diarios de viaje, estos:

han contribuido, en tanto fuente histórica, al conocimiento de los espacios y sociedades a los cuales se han referido. Han subsidiado otras investigaciones, en cuyo caso los pasajes de los diarios de viaje son citados para ilustrar o demostrar alguna cuestión, y también han constituido por sí mismos un objeto de estudio para los historiadores (p. 2).

El anterior excursus se justifica porque los textos tanto de Örtel como de Lassota forman parte de diarios de viajes, mientras que el de Gölgel no se ajusta a este modelo de escritos autobiográficos.

Por otra parte, aunque Extremadura es una región que ha sido sede de numerosos pueblos desde la prehistoria, en los siglos xvi y xvii también mantiene un halo de tierra ignota, un tanto incomunicada y, por ello, atractiva. Los viajeros alemanes de esta época, concretamente, sienten cierta predilección por las ciudades históricas, en particular por Mérida con sus cuantiosas huellas romanas. A esto hay que sumar que quedan fascinados con la belleza natural de la región que tiene una agricultura próspera, con abundantes cultivos de cereales, viñedos y otros productos agrícolas. En definitiva, en Extremadura se descubre una combinación muy singular de historia y cultura, lo que impulsa a los peregrinos, aventureros y cronistas a explorar sus ciudades y paisajes.

Sebald Örtel

Son realmente escasos los datos biográficos que se conocen de la figura de Sebald Örtel. Nace en 1494 en Núremberg, es padre de tres hijos y muere en 1552 en Lyon (Paravicini y Halm, 1994, p. 350; Herbers y Plötz, 1998, p. 238). En cuanto a la peregrinación a Santiago de Compostela, inicia el viaje el 23 de agosto de 1521 y regresa el 17 de enero de 1522. El Camino de Santiago es una de las rutas de peregrinación que en el Renacimiento más atrae a los visitantes germanos (Weber, 2011, p. 17). En aquella época los peregrinos alemanes hacían el largo viaje a través de Francia y España; por tanto, la mayoría de ellos no transita por el trazado jacobeo del oeste peninsular que pasa por la región extremeña.

Pueden ser varios y muy distintos los motivos que impulsaron a los viajeros a realizar singladuras, periplos y caminatas de este calibre. Los peregrinos viajaban a lugares sagrados persiguiendo el retiro o la redención espiritual, y los soldados2 se trasladaban para participar en guerras y conflictos en busca de honor y riqueza, mientras que otros colectivos de viajeros tenían motivaciones y razones distintas, ya que pretendían emprender actividades comerciales (Weber, 2011, p. 17), explorar el mundo desconocido, descubrir la geografía o ampliar sus horizontes culturales. En este contexto, Kürbis (2004, p. 50) distingue una serie de variables, aunque prioriza dos criterios como el propósito que persigue el viaje y la clase social del viajero para establecer con cierta precisión las motivaciones de los desplazamientos. Para aportar claridad a este espinoso asunto, se inclina por una taxonomía que incluye diferentes viajeros (peregrinos, mercenarios, artistas, comerciantes, emisarios), a sabiendas de que a veces se puede sobrepasar la delgada línea que separa unos de otros.

No obstante, junto a los ya mencionados motivos religiosos, también suele ser habitual que la decisión de peregrinar vaya ligada a un momento crucial en la vida, como, por ejemplo, aquel que se relaciona con el inicio o el final de una etapa, dado que el peregrinaje per se rara vez supone la única motivación de un viaje (Kürbis, 2004, p. 83). Esto hace suponer que el planteamiento de Örtel a la hora de planificar su peregrinación no se aleja de esta idea o se centra también en la búsqueda de experiencia (Herbers y Plötz, 1998, p. 240). En cualquier caso, se sabe que este comerciante de Núremberg emprende su viaje a España antes de contraer matrimonio con Anna von Ploben que se celebra a su regreso en febrero de 15223. Como se ha indicado, Örtel realiza una amplia ruta en la que Santiago de Compostela resulta el enclave esencial, si bien es cierto que en su trayecto también pasa por Extremadura y recala en Guadalupe, otro destino histórico de peregrinación y lugar muy activo en este sentido durante los siglos xvi y xvii, por el prolongado reconocimiento que confieren al lugar los sucesivos monarcas.

Por otro lado, los libros de viaje reflejan muy a menudo el pensamiento de sus autores y esto también se puede apreciar en el texto de Örtel, como se comprobará más adelante. Siguiendo a Villar Dégano (2005), el libro de viaje se define como

un relato fundamentalmente autobiográfico en el que el viajero, autor y narrador coinciden en un viaje presencial que se plasma en una escritura híbrida. En ella se mezclan un discurso narrativo que reproduce la experiencia vivida, y en el que el tiempo se enmarca en una cronología específica, duración del viaje, que le sitúa inequívocamente en un período histórico concreto; un discurso espacial orientado en mayor grado hacia la descripción y la referencia toponímica; y un discurso expositivo con una clara intencionalidad informativa y didáctica (p. 249).

En sintonía con esto, el manuscrito4 de este viajero se caracteriza por un enfoque predominantemente comercial y, al mismo tiempo, por la simplicidad. Por ello, el autor no recurre a los elementos fantásticos tan usuales en los relatos de viajes de épocas anteriores, productos de la imaginación de quien recorre lugares desconocidos. Como argumenta Blanca López de Mariscal (2006):

[…] estos relatos de viaje acogen entre sus líneas narrativas, sin cuestionamiento de veracidad, seres y espacios que se habían originado en los cuerpos mitológicos de las diferentes culturas orientales y mediterráneas. […] En la medida en que el conocimiento del mundo va avanzando, estos elementos fantásticos se van retirando de forma lenta y paulatina […]. En el siglo xviii, en cambio, los elementos fantásticos se han retirado casi por completo del relato, de tal forma que los temas geopolíticos, comerciales y científicos se apoderan del discurso de los viajeros, cuyo interés se centra en aquellos aspectos del territorio recorrido que pueden redituar ganancias a los patrocinadores de la empresa (p. 23).

Por lo tanto, la perspectiva comercial de Örtel, que redacta la experiencia de su viaje en un texto sencillo que pone de manifiesto la ausencia de elementos de ornato y fantásticos, adelanta una tónica que en el futuro será general.

Y tanto es así que en este diario5 el viaje es un reflejo continuo de la mentalidad económica del autor. En efecto, no solo cuando ofrece evidencias técnicas y precisas sobre la distancia que recorre, sino también cuando, como contable eficiente, incorpora información minuciosa con la intención de dejar constancia de todas las cantidades que corresponden a los gastos en los que incurre (Walleit, 2023, p. 294), aunque Herbers y Plötz (1998, p. 238) advierten que «no está claro si en los encuentros que tuvo a lo largo del camino con diversas personas alemanas también trató de negocios». Sea como fuere, este viajero da fe de la distancia recorrida que siempre indica en millas y el medio de pago, tan imprescindible para el cambio de caballos y poder hacer frente a otros gastos del viaje, que en el fragmento seleccionado se concentra en tres monedas: maravedíes, pfennig -siempre abreviado con el símbolo ₰- y reales. Para muestra, sirva el siguiente pasaje:

Darvon gab ich 16 Marfadifs, darnach macht mir einer ein Zaichen darauf, darvon gab ich 12 ₰, da verzerten wir 38 ₰. Von dann gen Dallabarela was 3 meil, verzerten wir 94 ₰, von dann gen alarua was 4 meil, verzerten wir 42 ₰, von dann gen mereyda was 2 meil6 (Hampe, 1896, pp. 73-74).

Tras su visita a Portugal, pasa fugazmente por la región extremeña con dirección a Madrid y se limita a enumerar las diferentes localidades y emplazamientos que va dejando atrás como son Badajoz, Talavera la Real, Arroyo de San Serván, Mérida, Don Benito, Miajadas, Logrosán, Cañamero, Guadalupe, el Monasterio de Guadalupe, la casa del Hospital del Obispo y Villar del Pedroso. En lo que atañe a los topónimos mencionados, escasean las valoraciones y conviene señalar que los nombres que atribuye este viajero a algunas localidades no están exentos de dificultad, pues en la edición de Hampe (1896) no se consigue en todos los casos identificar con exactitud los lugares citados. Pueden citarse como polémicos, por ejemplo, alarua (Arroyo de San Serván), dejando al margen otros pueblos o ciudades con una grafía parecida como mereyda (Mérida), Grusan (Logrosán) o Kananero (Cañamero) que son fácilmente identificables, aunque también figuran lugares que por desconocimiento no aparecen transcritos en el texto de Hampe como Dorsilon (probablemente Don Benito) y aspidal dekardedial (la casa del Hospital del Obispo). Se puede afirmar, por los ejemplos expuestos, que los conocimientos de español de Örtel debieron ser muy limitados.

Con respecto a la redacción del pasaje analizado, Örtel, por su manifiesta brevedad y concisión, se caracteriza por la simplicidad. Se trata de un estilo sobrio a través de construcciones sintácticas muy simples (Pascual Velázquez, 1999, p. 369) con las que narra su itinerario por los diferentes lugares.

En cuanto a las localidades que conforman su ruta, solo ofrece comentarios exiguos y noticias muy lacónicas sobre Badajoz, Mérida y el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. De la primera población revela que es una tierra fronteriza (Hampe, 1896, p. 73), pues acentúa que es en Badajoz donde nace Castilla («Wagadofs, Hebt sich da Castilia an»7); de Mérida no pasa por alto el puente romano con su longitud (Hampe, 1896, p. 74), aunque lo tilda de pagano («ein heidnische bruck ist bey 60 joch lang»8), recordando, de este modo, épocas pretéritas no cristianas; y del monasterio de Guadalupe9, en último lugar, menciona, por una parte, la gran cantidad de provisiones y existencias de las que dispone el santuario y, por otra, hace referencia al hospital propio con el que cuenta el conjunto monástico que, además, se distingue como un centro excepcional de cultura y enseñanza:

Von dann ritten wir gen Gardalub. Da blieben wir ij tag, was 2 meil. Da besahen wir das gantz Gotzhaufs, vnd alle jhren vorrath, den sie haben, gleich als wers in einer grossen Statt. Sie haben jhr aigen Spital, vnd hohe schul, vnd schier die ganz statt gehört zum closter10 (Hampe, 1896, p. 74).

Desde esta perspectiva, cabe insistir en la atracción que ha ejercido el santuario sobre los escritores más conspicuos de los Siglos de Oro. Sirvan de muestra, por un lado, los halagos al monasterio de Miguel de Cervantes en su novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda -en el capítulo sexto de su libro tercero- y, por otro, el poema, la «Congratulatoria», que escribe Luis de Góngora al santuario (López Martínez, 2014, p. 126).

Erich Lassota von Steblau

En lo que concierne a los visitantes del siglo xvi merece una atención especial Erich Lassota von Steblau. Nace en 1567 (Liske, 1878, p. 94; García Mercadal, 1999, p. 411; García-Romeral, 2001, p. 174) y crece en el seno de una noble y antigua familia procedente de Polonia y Silesia, aunque muy pronto deja atrás su origen polaco. Tras su paso por la escuela pública en Görlitz (Silesia), estudia Derecho en la Universidad de Leipzig y Padua. En esta localidad comienza a escribir su diario en el año 1573 y concluye su obra en 1594, aunque se conserva inédito hasta 1866 cuando el doctor Reinholt Schottin publica elTagebeuh des Erich Lassota von Steblau11. Esta obra en forma de diario relata la andadura de este militar que permanece cuatro años consecutivos al servicio de Felipe ii, concretamente de 1580 a 1584, con la motivación de poder participar en la conquista de Portugal, por lo que, según Kürbis (2004, p. 77), se identificaría con la figura del viajero mercenario. Así, en 1579, cuando Lassota se encuentra en Praga y tiene noticias de las intenciones del monarca español de tomar la Corona de Portugal, decide alistarse para formar parte de su ejército. Vuelve a Silesia para realizar los preparativos necesarios y se dirige a Italia para unirse a las tropas alemanas que junto a los españoles tomarían parte en la campaña. Su llegada a España tiene lugar el 6 de febrero de 1580 en Cartagena (García Mercadal, 1999, p. 411) para terminar desembarcando hacia finales de abril en El Puerto de Santa María. Desde allí se dirige hacia el frente luso, atravesando Cádiz y Sevilla con dirección a Extremadura, que oficia de enlace con la frontera de Portugal.

Con respecto al recorrido de Lassota por la región extremeña, que queda recogido en un fragmento, a todas luces, corto y sin descripción alguna (Rodríguez-Moñino, 1952, p. 292), es Ahillones la primera localidad que registra durante su travesía el 3 de junio de 1580, prosigue por Valencia de las Torres, dejando a un lado Llerena. Dos días más tarde, llega a la villa de Hornachos, pasa por Ribera del Fresno y continúa hasta Villafranca de los Barros. El 8 de junio arriba a Almendralejo y a los tres días se encuentra en Solana de los Barros, desde donde prosigue la marcha y llega el 12 de junio a Talavera la Real. Al día siguiente acampa a una milla de Badajoz hasta el 27 de junio para adentrarse después en tierras portuguesas.

Al finalizar su período militar español, regresa a Silesia, aunque continúa su odisea aventurera por Europa. Se desconocen con certeza la fecha y el lugar de su fallecimiento (Liske, 1878, p. 98; García Mercadal, 1999, p. 412), sin embargo, García-Romeral (2001, p. 174) escribe que muere en las primeras décadas del siglo xvii y Grünhagen (1883, p. 793) aclara que fallece en Kaschau en el año 1616.

Lassota describe de forma asidua y con cierta precisión los acontecimientos de su vida en un diario que da a conocer la geografía con claridad, pues, a menudo, solo incluye el trayecto de sus andanzas con dataciones, rasgo identificativo del género de los diarios, y con registros sobre el lugar y la distancia recorrida en millas. Si bien es cierto que, en otras ocasiones, comenta algunos sucesos y acontecimientos «que presenció el mismo» (Liske, 1878, p. 95) con mayor detalle, incorporando en la narración descripciones muy escuetas de ciudades, paisajes y personas que a veces presenta repleta de datos históricos (García Mercadal, 1999, p. 411).

En lo que se refiere a su expedición por Extremadura, parece que es Badajoz la ciudad que más le llama la atención, a pesar de que son mínimos los comentarios valorativos que ayudan a conocer esta localidad. En sus lacónicas anotaciones el diarista acentúa la belleza de la ciudad, indica su posición fronteriza y resalta la riqueza arquitectónica que supone el puente de albañilería que cruza la capital: «Badajoz ist eine schöne grose alte Stadt, gelegen an den Portuguesischen Gränzen, am wasser Guadiana (Anas) Darüber eine schöne lange gemauerte brucken gehet»12 (Schottin, 1866, p. 26). Las demás poblaciones que conforman el itinerario de este expedicionario se describen, siempre de forma muy breve y concisa, como muy hermosas. Así, habla de Llerena, uno de los pueblos más célebres de Castilla: «die furnemsten Pueblo eines in Castilien»13; de Hornachos, una bonita aldea en la que se habla árabe: «ein schöner lustiger fleckenn, an einem Berge gelegen, gehet alda die Morische oder Arabische Sprach»14; o de Almendralejo, un lugar hermoso, con un pozo excelente: «ein schöner lustiger ort, hat einen schönen brunnen oder Röhrkasten»15 (Schottin, 1866, p. 26). De estas villas se distingue, en primer lugar, Llerena, localidad ilustre, especialmente si se toma en consideración el Tribunal de la Inquisición de esta población que data del siglo xv; y en lo que se refiere a Hornachos, partiendo de que la práctica totalidad de esta villa era morisca (González Rodríguez, 2001, p. 69) y la expulsión de casi todos los moriscos de Hornachos no se produjo hasta el año 1610 (Muñoz de Rivera, 1895, p. 40), es fácilmente entendible, como bien apunta Lassota, que durante aquellos años la lengua que se utilizaba como vehículo de comunicación en esta localidad fuera el árabe.

Por otro lado, más allá de lo que afecta a la geografía extremeña, los testimonios de Lasotta no contienen una valoración negativa sobre los moriscos16 o una crítica peyorativa sobre su experiencia en la milicia o en tierras ibéricas, sino que abiertamente da cuenta de episodios intensos relacionados con la disciplina castrense como así ocurre al llegar a Talavera la Real, donde fueron quemados dos soldados del Tercio de Nápoles por haber cometido sodomía17: «zwei Soldaten aus den Terzo di Napolis wegen begangener Sodomia verbrennt»18 (Schottin, 1866, p. 26). Asimismo, repara en el suicidio cometido por el capitán Wolf Ramminger en las cercanías de Badajoz: «Den 21. Juni ein zwo stund vor Abents hat sich Hauptman Wolf Ramminger Wachtmeister, in seinem gezelt mit einem saust Rörlin selbst erschossen»19 (p. 26). Por otra parte, también informa sobre actividades militares a las que acudieron su majestad el rey Felipe ii, la reina Ana de Austria y la comitiva de autoridades que les acompañaban, para mantener el contacto con los ejércitos: «Alda ist Ihr Khun. Mtt. sambt der Khunigin, Dem Cardinal von Össterreich Erzherzog Alberto, dem Feldherrn Duca de Alva selbst Persönlich im feldt gewesen, und unβ anzihen sehen, auch hernachmals umb unsere Schlachtordnung herumbgefahren»20 (p. 26).

Johann Georg Gölgel

Johann Georg Gölgel nace en 1669 y fallece en 1732, en Ratisbona. Muy poco se sabe sobre la vida de este político y viajero alemán y apenas nada sobre los motivos que le condujeron a España, salvo los detalles que aportan sus publicaciones21 como el manuscrito Des Königreichs Spanien Land-, Staats- und Staedtbeschreibung22 (Gölgel, 1700). A este respecto, el investigador Peter Brenner (1990, p. 85) señala, siguiendo a Mirco Mitrovich, motivaciones sociales, religiosas, aventureras, profesionales, diplomáticas, políticas, científicas o educativas, además de la pasión que arrastra el hecho de explorar el mundo. Con las peregrinaciones en clara situación de declive (Brenner, 1990, p. 60), esta obra dividida en 34 capítulos no se ciñe única y exclusivamente a un retrato topográfico del territorio español, como confiesa en las páginas preliminares (Gölgel, 1700, p. 3), sino que también proporciona información sobre el Reino de España y sus ciudades.

De sumo interés para este trabajo es uno de sus últimos capítulos, concretamente el número 30, que está dedicado a la descripción de Extremadura con sus campos, montañas, ríos, ciudades, castillos y fortalezas. Aunque Gölgel también arroja luz sobre los retos a los que se enfrenta durante su periplo, puesto que experimenta de primera mano los escollos que conllevan los viajes de larga distancia. De hecho, no puede evitar hacer una crítica y comienza con una serie de tópicos como la despoblación y la sequía que padece esta región a consecuencia del tórrido y desagradable calor23 de la época estival (Gölgel, 1700, p. 670). Sin embargo, la crítica se mezcla con el elogio, cuando alaba el invierno por favorecer a los cultivos, ya que logra que la tierra se mantenga fértil y produzca cosechas copiosas de cereales y frutas con amplias áreas de pastos para el ganado. Así se puede leer en la siguiente cita:

Aber Winters Zeit ist es desto lustiger, alldieweil die Kälte solche Hitze genugsam temperiret, und den sonst heissen Boden also befeuchtet und fruchtbar machet, daβ davon das Vieh über die massen fett wird, ingleichen das Erdreich die Menge am Korn, Wein, Obst und dergleichen hervorbringet24 (Gölgel, 1700, p. 671).

No cabe duda de que las ciudades más importantes de esta región española consiguen por una u otra razón despertar el interés y la curiosidad de Gölgel. Así, pone de relieve en Badajoz, a la sazón la capital de Extremadura, la fortaleza con sus murallas y torres que siempre permite contemplar la magnífica vista que ofrece la ciudad, junto al río Guadiana y la belleza natural de sus higueras y árboles de cítricos, pese a la grafía incorrecta que muestra la escritura del topónimo en la descripción siguiente:

Bajados, oder Bajadoz, hat vorzeiten Pax Augusta geheissen, dieses ist heutzuTag die Haupstadt in Estremadura. Sie liegt auff einem mittelmässigen Berge, davon unten der Fluβ Guadiana herrinnet, hat schöne Gelegenheit von Pomeranzen, Feige, Citronen & c. Das Castell, so oben in der Höhe an Berg gebauet, ist sehr weitläufftig, aber nicht anders, als mit Mauern und Thürnen fortificiret, und ob es gleich eine Gränzvestung gegen Portugall, so werden so kaum 50 Mann zur Besazung darinnen gehalten25 (Gölgel, 1700, p. 671 y sig.).

Con respecto a Mérida, la otra Roma26 y capital de la Lusitania romana situada a orillas del Guadiana, sus apreciaciones y observaciones contrastan con las palabras de elogio dedicadas a Badajoz. Efectivamente, Emerita Augusta le causa una impresión negativa, pues es una ciudad en estado de franca decadencia con escasos restos de la época romana, salvo algunos acueductos, arcos derruidos, columnas de mármol, inscripciones y monedas como ejemplos emblemáticos del antiguo esplendor. Así lo comenta en el párrafo que sigue:

Sie ligt in einem platten Grund, an dem Fluβ Guadiana, in obgedachtem Land Extremadura, dessen Landes sie vorzeiten, wie auch ganz Lusitaniens, Hauptstadt gewesen. Ist aber anjetzo ganz in Abnehmen kommen, und kan von dem vorige Pracht nichts mehrers, als etliche Aquaeductus, zerfallene Bogen, marmorsteinerne Seulen, inscriptiones, Münzen, und dergleichen, so noch übrig zeigen, daraus ihre vorige Magnificentz genugsam abzunehmen27 (Gölgel, 1700, p. 674).

En ese panorama desolador y ruinoso que analiza de Mérida, donde las imágenes del declive han impactado, de alguna manera, su retina, no se olvida, sin embargo, de la suntuosidad del puente romano de piedra que atraviesa el río Guadiana y que considera lo más relevante del conjunto arqueológico de la ciudad. Del mismo modo, insiste en la riqueza de esta tierra al subrayar la fertilidad de los campos, junto al crecimiento de una conocida planta medicinal con propiedades curativas para tratar la escarlatina. Sus palabras exactas son:

Das beste, so die Stadt annoch heut zu Tag zieret, ist die steinerne Brücke, welche nach dem A. 1610 zugestossenen Wasserschaden, fast ganz neu und köstlich erbauet worden. Gedachte Stadt hat auff viel Meil Weges einen stattlichen GeträideBoden, so daβ sie fast ganz Castilien ihre Fruchtbarkeit mittheilet. Ingleichen wachset hierum das berühmte Kraut, so man zum Scharlach und Purpurfarben brauchet, davon gemeldte Innwohner grossen Nutzen ziehen28 (Gölgel, 1700, p. 675).

Como se puede colegir de estos fragmentos, los viajeros alemanes no ocultan su predilección por las principales ciudades extremeñas, como tampoco ignoran la impactante belleza de la arquitectura religiosa que atesora esta tierra. Hecha esta puntualización, cabe señalar que, aunque dista más de un siglo entre las expediciones, las principales ciudades reseñadas por el político Gölgel coinciden con las que comenta el mercader Örtel, a pesar de ser este último muy parco en palabras. Y en esta dirección, también es obvia la coincidencia en lo que concierne al incomparable Monasterio de Guadalupe29. En efecto, Gölgel, con un texto más minucioso y pormenorizado que el de Örtel, presenta el santuario a modo de guía turística moderna y no escatima en elogios para describir la entrada al conjunto monástico donde se levanta un hermoso crucifijo y el bello jardín de naranjos y árboles aromáticos ubicado en su interior: «Bei dem Eingang gedachten Klosters stehet ein schönes Crucifix, und in der Mitte ist ein überaus schöner Garten von Pomeranzen und andern wohlriechenden Bäumen besezet»30 (Gölgel, 1700, p. 673). Prosigue su relato con el análisis de algunas estancias interiores de gran valor artístico, además del altar y la escultura tallada en madera policromada que representa a la Virgen de Guadalupe. Citando textualmente: «Bei dem hohen Altar hangen siven und vierzig silberne Ampeln, auff welchen das obgedachte schwarze Bild der Jungfrau Maria stehet»31 (Gölgel, 1700, p. 673). Como se puede observar, la curiosidad, en este caso intelectual, es el motor que le empuja a viajar. Tampoco omite, en este entorno, con ingenua admiración alusiones a la sierra de Guadalupe, muy rica en oro y plata, al río Guadalupe y a la villa del mismo nombre con comentarios encomiásticos sobre sus magníficas fuentes y hermosos jardines, un enorme bosque repleto de naranjos, limoneros y árboles autóctonos, que constituyen elementos muy recurrentes a la hora de ensalzar España (Weber, 2011, p. 73). Gölgel disfruta de toda esa belleza natural y presenta, sin excesos retóricos, una descripción breve, pero casi edénica de la naturaleza que rodea la localidad:

Guadalupe, eine überaus zierliche, in einem sehr fruchtbaren gold- und silberreichen Gebirge gleiches Nahmens gelegene Stadt. Liegt am Fluß Guadalupe, und hat herrliche Fontainen, schöne Gärten und ganze Wälder voll Pomeranzen, Citronen und anderer Bäume32 (Gölgel, 1700, p. 672).

No obstante, el viaje de Gölgel no se limita solo a las grandes ciudades extremeñas, sino que también explora zonas rurales y pueblos menos conocidos, para poder apreciar la diversidad cultural y paisajística de esta tierra en su conjunto, aunque sin aportar mayores referencias sobre los moradores ni presentar ningún tipo de interacción con la población local. Así, menciona con profusos halagos y elogios, entre otras, localidades como Medellín («in einer an Wein, Korn, Obst, und dergleichen sehr fruchtreichen Gegend gelegen»33) por sus cereales, frutas y vino (Gölgel, 1700, p. 674); Trujillo («ein geringes Städtlein in einer fruchtbaren Gegend»34) y Villanueva de la Serena («das Land herum ist auch ziemlich fruchtbar»35) por sus fértiles tierras (Gölgel, 1700, p. 676); Plasencia («allda allerlei herrliche so wohl Korn, als Obstfrüchte anzutreffen, aus welchen erst die Innwohner ein so geschmackhaftes weisses Brodt backen»36) por la calidad de sus frutas, cereales y un pan con un sabor intenso (Gölgel, 1700, p. 674); y Alcántara («eine Stadt, an dem Fluß Tagus, oder Tajo, darüber eine schöne steinerne Brücke gehet, […], ist sonst nicht viel berühmt, ausgenommen, daß die Ritter von Alcantara davon ihres Ordens Ursprung haben»37) que suscita el interés por su puente, una magnífica obra de ingeniería romana, y los caballeros de la Orden de Alcántara38 (Gölgel, 1700, p. 671).

Conclusiones

A la luz de estos testimonios puede afirmarse que durante los siglos xvi y xvii no existe una presencia significativa de viajeros germanos en tierras extremeñas, sobre todo si se coteja con los viajes y libros de viajeros alemanes que corresponden a los siglos xviii, xix y xx, período temporal en el que el número de visitantes por la geografía indicada (Corbacho Sánchez, 2017, 2022a y 2022b) es manifiestamente superior. Tal vez se pueda atribuir esta circunstancia a la escasa trascendencia económica y política que tiene esta región para el pueblo alemán, a pesar de contar con productos agrícolas de gran calidad, siguiendo, en particular, las valoraciones de Gölgel o una rica herencia cultural, destacando la arquitectura romana como bien apuntan Örtel y Gölgel. Así, la delimitación geográfica y temporal del tema tratado conduce al lector a lugares como Badajoz, Mérida o el Monasterio de Guadalupe, que ya eran conocidos en aquellos años por su riqueza arquitectónica y su interés cultural.

El primer expedicionario aquí reseñado, Sebald Örtel, recorre diferentes países de Europa y con un estilo escueto y lacónico relata la experiencia de sus andanzas por los distintos lugares de la geografía extremeña. No obstante, más allá de su brevedad, dado que apenas se alcanzan las dos páginas de extensión, este fragmento de su diario puede considerarse una fuente documental útil, pues incluye aspectos de la cultura del siglo xvi. Si bien es cierto que el cuadro que presenta Örtel guarda cierta relación con el texto de Lassota, muy poco tiene que ver con el de Gölgel, ya que en su texto prevalece, con un tono frío y distante, la exposición de datos, cifras y hechos, casi siempre aséptica, que maneja de forma rigurosa y muy metódica, convirtiéndose con esta práctica en un notario de la realidad que perciben sus ojos.

El legado como viajero y hombre de armas de Erich Lassota von Steblau ha perdurado a lo largo de los siglos, siendo reconocida y valorada su labor en los estudios sobre la literatura de viajes del siglo xvi. El militar Lassota se diferencia de Örtel, ya que hace hincapié en aspectos diferentes de la realidad que ve y ello obedece a que posee una especialización profesional distinta, además de no coincidir tampoco en el tiempo, porque emprende el viaje 59 años más tarde. Deja huella de su paso por Extremadura, especialmente, por su enfoque práctico y su conocimiento, abordando con mesura y cierta parquedad los eventos históricos de naturaleza militar. Ciertamente, el viaje de Lassota, a pesar de su laconismo y sencillez, consigue capturar por medio de las anécdotas comentadas ciertos aspectos históricos y culturales que dejan un testimonio valioso de lo acontecido en esta parte de España hacia finales del siglo xvi. No hay que olvidar, en este sentido, que en esta época España se erige como una potencia mundial que abarca territorios en los cinco continentes y domina los campos de batalla en Europa.

Johann Georg Gölgel, por su parte, explora países como España y Suecia y se diferencia de los viajeros anteriores por su bagaje intelectual, según se puede deducir de su relato. En lo que afecta al estricto ámbito extremeño, se sumerge en un recorrido por numerosas poblaciones; realiza observaciones detalladas sobre el arte, la arquitectura y la cultura de los lugares que visita; revela información sobre las actividades económicas propias del sector agrario; y difunde una visión diferente, sin dataciones y con un estilo de mayor carga literaria y con una finalidad más artística si se compara con los relatos de los otros viajeros. A pesar de tratarse de una figura menor en la literatura de viajes y no ser tan renombrado como Lassota, los testimonios de Gölgel poseen un notable valor como fuente documental, informando al lector de manera veraz, permitiéndole no solo imaginar los lugares que describe, sino también verlos a través de sus ojos. Asimismo, parece oportuno manifestar aquí que en estos textos ya comienzan a aparecer algunos síntomas relacionados con el ocaso del imperio español, como se desprende de las descripciones de las ruinas emeritenses.

Para terminar, este trabajo ha pretendido, mediante el comentario crítico y la traducción de los fragmentos seleccionados de tres viajeros germanos de los siglos xvi y xvii, dar a conocer algunos aspectos concretos de una región repleta de historia, arte y belleza natural, para difundir su conocimiento más allá de las fronteras españolas.

Referencias

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Véase, en esta línea, el trabajo de Oliva de Coll (1986) que con la expresión «terra ignota» refleja la inquietud que sienten los europeos de la época por conocer las tierras descubiertas al otro lado del Atlántico.
Como se verá, más adelante, con mayor detalle en el diario de Erich Lassota von Steblau.
Para más información sobre la biografía y la ruta de Sebald Örtel, véanse las publicaciones de Hampe (1896), Paravicini y Halm (1994), Herbers y Plötz (1998) y Pascual Velázquez (1999).
Cabe indicar que para este trabajo se ha consultado la copia del original realizada por Theodor Hampe (1896, pp. 73-74).
Merece ser subrayado que en el presente estudio los fragmentos de los diarios de viajes analizados son documentos creados como consecuencia de un viaje, en los que se consignan fechas y datos junto con los hechos acaecidos durante un determinado itinerario. Se trata, por tanto, de textos que no presentan un carácter literario y de ninguna manera constituyen escritos de corte estético.
Traducción propia: «Pagué por ello 16 maravedíes, luego alguien me hizo una señal, pagué por ello 12 pfennig, allí gastamos 38 pfennig. Desde allí a Talavera la Real hay 3 millas, gastamos 94 pfennig, desde allí a Arroyo de San Serván hay 4 millas, gastamos 42 pfennig, desde allí a Mérida hay 2 millas».
Traducción propia: «Badajoz, allí comienza Castilla».
Traducción propia: «un puente pagano de 60 yugadas». Örtel señala que el puente romano tiene una longitud de «60 joch». Según el Digitales Wörterbuch der deutschen Sprache (Diccionario digital de la lengua alemana), se refiere a una «Maßeinheit einer Fläche, die mit einem Ochsengespann an einem Tag gepflügt werden kann», es decir, una «unidad de medida de una superficie que se puede arar con una yunta de bueyes en un día». Hecha esta puntualización, la fiabilidad de este dato se antoja un tanto dudosa, ya que el autor facilita una longitud aproximada y posiblemente pudiera equiparar las 60 yugadas (60 joch) con los 60 arcos sobre los que descansa el puente romano, teniendo en cuenta que la yugada abarca medidas muy variables en función de la época y el lugar.
A pesar de no pertenecer con exactitud a la franja temporal indicada en este estudio, es de obligado cumplimiento citar a Hieronymus Münzer (1437 o 1447-1508). Austriaco de nacimiento, Münzer es un destacado viajero, médico, humanista y geógrafo, que parte de Alemania hacia Santiago de Compostela a finales del siglo xv. Entre los muchos y muy numerosos lugares que visita de la península Ibérica no pasa por alto el Monasterio de Guadalupe al que arriba en enero de 1495, como queda reflejado en la edición del hispanista alemán Ludwig Pfandl (1920) de la obra escrita en latín Itinerarium hispanicum Hieronymi monetarii (1494-1495) que solo registra el viaje que Münzer realiza por España. Para más información sobre Münzer y su recorrido por España, puede consultarse la versión del latín realizada por Julio Puyol (1924).
Traducción propia: «Desde allí cabalgamos a Guadalupe. Allí nos quedamos un día, a 2 millas. Allí vimos toda la iglesia y todas las provisiones que tienen, como si fuera una gran ciudad. Tienen su propio hospital, su alta escuela y casi todo el pueblo pertenece al monasterio».
Para más datos sobre la biografía de Erich Lassota, puede verse la publicación de Grünhagen (1883) y también es de interés la información sobre el periplo de este viajero en español que se encuentra en las versiones de Javier Liske (1878, pp. 93-231) y García Mercadal (1999, pp. 411-451).
«Badajoz es una grande, hermosa y antigua ciudad, situada en la frontera de Portugal, sobre el río Guadiana, con un magnífico y largo puente de obra de albañilería». Traducción al español en Liske (1878, p. 105) y García Mercadal (1999, p. 415).
«uno de los más célebres pueblos de Castilla». Traducción al español en Liske (1878, p. 106) y García Mercadal (1999, p. 414).
«hermosa y muy agradable villa, situada en una montaña, y donde se habla la lengua mora o árabe». Traducción al español en Liske (1878, p. 105) y García Mercadal (1999, p. 414).
«un hermoso y agradable lugar, con un excelente pozo o cisterna». Traducción al español en Liske (1878, p. 105) y García Mercadal (1999, p. 414).
Es oportuno mencionar que el autor tampoco incluye referencias negativas a los judíos, considerando que el siglo anterior los Reyes Católicos habían firmado su expulsión de España.
La Inquisición se encargaba de exterminar la herejía y expandir el cristianismo en sus reinos y esto también incluía competencias en delitos sexuales como la sodomía que era castigada con la muerte. Para más información, consúltese Rocío Rodríguez Sánchez (2021).
«quemaron a dos soldados del Tercio de Nápoles por el crimen de sodomía». Traducción al español en Liske (1878, p. 105) y García Mercadal (1999, p. 415).
«El 21 de junio, dos horas antes de anochecer, el capitán Wolf Ramminger, guardamaestre, se saltó los sesos de un pistoletazo en su propia tienda». Traducción al español en Liske (1878, p. 106) y García Mercadal (1999, p. 415).
«Allí vinieron en persona su majestad el rey con la reina, el cardenal Alberto, archiduque de Austria, y el duque de Alba, capitán general, hicieron nuestra revista, y después de habernos visto en orden de batalla se marcharon». Traducción al español en Liske (1878, p. 106) y García Mercadal (1999, p. 415).
Consúltese para más datos la entrada de Johann Georg Gölgel en la Deutsche Digitale Bibliothek que se encuentra referenciada en la bibliografía final. Véase también en la misma dirección electrónica el texto que publica Gölgel (1707) sobre Suecia.
Traducción propia: Descripción del reino de España: país, estado y ciudades.
Como ya lo advertía, por ejemplo, Alvar Gómez de Castro en su viaje por Extremadura en torno a 1570 (Rodríguez-Moñino, 1952, p. 375).
Traducción propia: «Pero la época de invierno es aún más divertida, porque el frío templa bastante el calor y humedece y fertiliza la tierra que, normalmente, está caliente, de manera que el ganado engorda mucho y la tierra produce gran cantidad de grano, vino, fruta y similares».
Traducción propia: «Bajados o Bajadoz, que antiguamente se llamaba Pax Augusta, es hoy la capital de Extremadura. Está situada sobre una montaña mediana, junto a la que corre el río Guadiana, y cuenta con gran abundancia de naranjas, higos, limones, etc. El castillo, construido en lo alto de la montaña, es muy grande, si bien fue fortificado solo con murallas y torres, y a pesar de que es una fortaleza fronteriza contra Portugal, apenas dispone de una guarnición de 50 hombres».
La relación de Mérida con Roma se debe, en primer lugar, a que fueron los romanos los fundadores de esta población y, en segundo lugar, a la cantidad de ruinas y monumentos que se conservan desde la época del Imperio Romano en la ciudad de Emerita Augusta. Sirvan como ejemplo algunos de sus monumentos más característicos como el teatro romano, el anfiteatro y el puente romano. Para más información, pueden verse las publicaciones de Álvarez Martínez (1983) y Durán Cabello y Bendala Galán (1994).
Traducción propia: «Se encuentra en un terreno llano a orillas del río Guadiana en la mencionada provincia de Extremadura, de la que antiguamente fue capital, como también lo fue de toda Lusitania. Pero hoy ha decaído por completo y de su antiguo esplendor no puede mostrar más que algunos acueductos, arcos en ruinas, columnas de mármol, inscripciones, monedas y cosas parecidas, que aún quedan y de los que se desprende su antigua grandeza».
Traducción propia: «Lo mejor que aún hoy en día adorna la ciudad es el puente de piedra, que fue reconstruido casi en su totalidad, y de enorme valor, tras los daños causados por el agua en 1610. La mencionada ciudad posee grandes terrenos sembrados de grano a lo largo de muchas millas, de modo que comparte su fertilidad con casi toda Castilla. Además, en los alrededores crece la famosa hierba que se utiliza para la escarlatina y los tintes de púrpura, de los que los habitantes registrados obtienen un gran beneficio».
En el contexto del siglo xvii no se debe ignorar la obra Hispaniae et Lusitaniae itinerarium (1656), publicada en latín por el austriaco Martin Zeiller (1589-1661), pues también aparece el Monasterio de Guadalupe en su manuscrito. Sin embargo, según parece, este escritor y «pseudoviajero» nunca pisó suelo hispano (Waldberg, 1898), ya que se limita a narrar los desplazamientos por la geografía española de un viajero cuya identidad se desconoce.
Traducción propia: «En la entrada del monasterio se encuentra un hermoso crucifijo y en el centro hay un precioso jardín con naranjos y otros árboles aromáticos».
Traducción propia: «En el altar mayor cuelgan cuarenta y siete lámparas de plata, sobre las que se encuentra la mencionada imagen negra de la Virgen María».
Traducción propia: «Guadalupe, una villa muy pequeña, se encuentra al pie de una sierra, del mismo nombre, muy rica en oro y plata. Situada a orillas del río Guadalupe, cuenta con magníficas fuentes, hermosos jardines y bosques enteros de naranjos, limoneros y otros árboles».
Traducción propia: «situada en una zona muy rica en vino, grano, frutas y similares».
Traducción propia: «un pequeño pueblo en una zona fértil».
Traducción propia: «la tierra de los alrededores también es bastante fértil».
Traducción propia: «allí se pueden encontrar todo tipo de cereales y frutas maravillosos, con los que los lugareños hornean un pan blanco muy sabroso».
Traducción propia: «una ciudad a orillas del río Tagus o Tajo, sobre el que hay un hermoso puente de piedra, […], por lo demás no es muy famosa, salvo el origen de la Orden de los caballeros de Alcántara».
Es pertinente señalar que la Orden tomó el nombre actual de la villa de Alcántara, aunque su origen se sitúa en el Reino de León.