EDITORIAL

 

La mineria como ''locomotora'' de la economía colombiana y su costo ambiental

 

 

David Villar Argaiz

Profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia

 

La preservación de la vida -la riqueza más preciada del planeta - solo se logra preservando sus recursos naturales no renovables. Cuando se afirma que la minería es una de las principales ''locomotoras'' de la economía Colombiana, o que el país debe ''saber explotar sus recursos naturales de manera responsable y sostenible'' sólo se están buscando beneficios económicos a corto plazo y su consiguiente conveniencia política, sin considerar las consecuencias generacionales que la minería ocasiona al destruir los ecosistemas. Es más, dado que los recursos minerales son no-renovables, es absurdo hablar de minería como una actividad ''sostenible''.

El vertiginoso crecimiento en las exportaciones de nuestros productos de minería durante los últimos 10 años no se ha reflejado en el esperado desarrollo de la infraestructura del país (escuelas, hospitales, carreteras, plantas de depuración de aguas, etc), ni ha servido para generar más empleo o mayor protección medioambiental. Parece que padecemos de la ''maldición de los recursos'' conocida como la ''paradoja de la abundancia'', típica del tercer mundo. ¿Cómo puede ocurrir esto en Colombia, país rico en recursos renovables y no renovables? Pareciera que las compañías multinacionales –grandes beneficiarias de los derechos de explotación minera- no están interesadas en invertir en el desarrollo de la nación. Para ilustrarlo, veamos lo que ha estado ocurriendo con la minería de oro en los últimos años.

Comencemos diciendo que el oro extraído se destina en un 78% a artículos de joyería, y por tanto sus aplicaciones prácticas para el desarrollo y progreso de la sociedad son limitadas. Es interesante observar como nuestros últimos gobiernos han favorecido a las compañías mineras multinacionales aunque eso implique el desalojo de poblaciones enteras que subsistían de la minería tradicional, como es el caso de Marmato (Caldas). Tampoco parece importar la deforestación de grandes extensiones naturales, cuya riqueza en biodiversidad no había sido siquiera cuantificada y ya se ha destruido. Ese es el caso de La Colosa (Cajamarca, Tolima), con la que se alardea diciendo que será la tercera mina de oro a cielo abierto más grande del mundo.

Esa minería irracional, al servicio de un esquema perverso y en manos de unos pocos, genera una destrucción sin precedentes allí donde se explota. Las minas a cielo abierto implican la completa devastación de toda vegetación existente, dinamitando el monte y transportando luego tierra y rocas hacia molinos trituradores, usando de paso enormes piscinas para lixiviar el oro con cianuro, contaminando así cuantiosos volúmenes de agua con ese peligroso tóxico. Las consecuencias de esta nefasta tecnología no se pueden catalogar de otra manera más que como un gran desastre ambiental que genera, entre otros impactos, la destrucción de todo hábitat de vida silvestre, la desecación de cuencas hidrográficas y nacimientos de agua, la multiplicación de embalses de agua altamente tóxica (repletos de cianuro, metales pasados como el mercurio, y pH altamente ácido), y la irremediable desertificación del área arrasada.

Adicionalmente, los líderes ambientalistas que se oponen a algunos de esos proyectos - muchos de ellos simples campesinos- suelen ser estigmatizados como enemigos del progreso, señalados como guerrilleros, o simplemente asesinados. Numerosas organizaciones humanitarias internacionales han denunciado públicamente los abusos y atropellos causados por algunas de esas empresas contra las personas que se oponen a sus actividades.

La minería artesanal del oro también es destructiva, pero al menos da de comer a cientos de miles de personas en Colombia. Así por ejemplo, a pocos meses de haberse descubierto oro a orillas del río Dagua (Cauca, Abril de 2009), unos 21 kilómetros de su cauce parecen haber sido inmisericordemente bombardeados por la acción descontrolada de cientos de retroexcavadoras trabajando día y noche. Como actividad de subsistencia, los mineros artesanales recurren tradicionalmente a métodos como la amalgamación con mercurio para extraer el oro. Algunas problemáticas derivadas de este tipo de explotación incluyen la contaminación del agua y animales acuáticos con ese metal pesado, la destrucción de los ecosistemas terrestres y acuáticos, la sedimentación de los cauces de agua y los posteriores desbordamientos río abajo. Reflejando lo anterior, en el año 2011 Colombia fue catalogada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el país que produce mayor contaminación per capita de mercurio. En el mundo entero, los municipios de Segovia y Zaragoza (Antioquia) son los sitios más contaminados por mercurio (Cordy et al., 2011).

A pesar del riesgo que implica vivir en lugares como esos, donde la exposición al mercurio atmosférico sobrepasa los límites máximos establecidos por la ONU, no existen investigaciones rigurosas sobre las problemáticas de salud pública asociadas en esas poblaciones. El mercurio es un metal que no desaparece; lo que es peor, se acumula en la cadena trófica, de la cual el hombre es el último eslabón. Es tan escasa la investigación sobre estos temas, que ni siquiera sabemos si deberíamos evitar el consumo de peces y moluscos capturados o cultivados en nuestras cuencas hidrográficas y costeras debido a su acumulación de mercurio.

La solución a estos problemas se dificulta en un sistema socioeconómico basado en ganancias económicas a corto plazo y éxito político inmediato (en ciclos de cuatro años), negando la existencia de leyes naturales que han gobernado la vida en el planeta por miles de años y que no van a cambiar en respuesta a los deseos y necesidades del ser humano (Meffe, 1991).

La responsabilidad también recae sobre los países desarrollados, sede de las multinacionales que operan en Colombia (la mitad de ellas canadienses), que además de ser los principales consumidores de oro, son los mayores exportadores de mercurio.

La solución a esta compleja problemática requiere de concientización a todos los niveles, no solo del público en general, sino de los líderes políticos y economistas que parecen desconocer la importancia de mantener sistemas biológicos sostenibles para satisfacer las necesidades de ésta y las futuras generaciones.

 

Referencias

Cordy P, Veiga MM, Salih I, Al-Saadi S, Console S, Garcia O, Mesa LA, Velasquez-Lopez PC, Roeser M. Mercury contamination from artisanal gold mining in Antioquia, Colombia: the world's highest per capita mercury pollution. Sci Total Environ 2011; 410-411:154-160.

Meffe GK. Sustainability, natural law, and the ''real world''. The George Wright Forum 1991; 104:48-52.