Valentina Pérez Bedoya**
Jacobo Silva-Pulgarín***
Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia
Recibido: 28/09/2025
Aprobado: 15/01/2026
Este trabajo explora las vivencias de las relaciones homoeróticas entre excombatientes en el marco del conflicto armado colombiano, a partir de la revisión de literatura existente. La investigación se pregunta por aquellas formas de placer sexual que van más allá de la victimización, con el fin de leer críticamente el conflicto y cuestionar su carácter heterosexual y masculinizado. Tanto las instituciones militares como los grupos armados no estatales se configuran en dinámicas homoeróticas y homosociales que contradicen su aparente homofobia: algunos combatientes, mientras fortalecen las filas, establecen vínculos sexuales y afectivos con otros hombres, desafiando los principios del grupo armado. Estas relaciones, atravesadas por la subordinación de lo femenino, operan bajo una lógica en la que el rol “activo” mantiene prestigio, mientras que el “pasivo” recibe castigo y estigmatización. La hipótesis sostiene que, tales experiencias dan cuenta de unas resistencias subjetivas que tensionan las lógicas hegemónicas de la guerra desde lo íntimo y lo emocional.
Palabras clave: Homoerotismo, conflicto armado, excombatientes.
This paper explores the experiences of homoerotic relationships among former combatants within the framework of the Colombian armed conflict, based on a systematic literature review. The research investigates forms of sexual pleasure that go beyond victimization, to critically read the conflict and question its heterosexual and masculinized character. Both military institutions and non-state armed groups are configured by homoerotic and homosocial dynamics that contradict their apparent homophobia: some combatants, while strengthening the ranks, establish sexual and affective bonds with other men, thereby challenging the principles of the armed group. These relationships, marked by the subordination of the feminine, operate within a logic in which the “active” role retains prestige, while the “passive” role receives punishment and stigmatization. The hypothesis holds that such experiences reflect subjective resistances that challenge the hegemonic logics of war from the intimate and emotional sphere.
Keywords: Homoeroticism, armed conflict, ex-combatants.
La guerra ha sido narrada, tradicionalmente, desde perspectivas masculinas, heteronormativas y patriarcales (Dietrich, 2015; Atuk, 2019; Giraldo y Gallego, 2020; Gallego y Giraldo, 2023; Giraldo, 2025). La masculinidad militarizada, idea estrechamente relacionada con la hermandad, fraternidad y protección se compagina con los símbolos masculinizados de los uniformes, las armas, la violencia y el servicio, en el sentido en que los cuerpos, los vínculos y las prácticas militares performan y consolidan un modelo de masculinidad que se legitima a través de la violencia (Khalid, 2015; Ruiz-Barrera, 2025). No obstante, las relaciones homoeróticas y homosociales que tienen lugar dentro de las filas reposan en la oscuridad, en tanto no compaginan con lo que se espera de sus combatientes. Giraldo (2025), ilustra esta premisa al sostener que “el secreto homoerótico, producto de una complicidad entre lo militar, la heterosexualidad y la masculinidad, es una confabulación no solo para proteger a los implicados, sino a la institución militar.” (p.13).
Con lo anterior, se trae a discusión el hecho de que el homoerotismo no es necesariamente incompatible o antagónico a las instituciones militares, siempre y cuando no sobrepase algunos límites. Tal situación se edifica sobre una especie de dicotomía al explorar qué prácticas homoeróticas son incentivadas en rituales de formación, estrategias de inteligencia y avance de la jerarquía militar (Giraldo, 2025).
Los grupos armados no estatales del conflicto armado colombiano no son la excepción a tales comportamientos. Al igual que las instituciones tradicionales militares, estas operan bajo el ideal de masculinidad en la guerra y, fieles a las doctrinas militares, rechazan de forma explícita cualquier expresión homosexual en sus filas (Bedoya, 2015). En los estudios de memoria sobre estas vivencias (Gallego Montes y Giraldo Aguirre, 2023; Giraldo Aguirre y Gallego Montes, 2020), se encuentra que los excombatientes, aun sabiendo de esta prohibición, optaban por vivir su sexualidad en silencio o vivirla sujetos a los riesgos que conllevaba ser “atrapados”.
Felipe, excombatiente de la guerrilla, relata que “sabía las consecuencias que le podría traer este encuentro”, ya que, si los pillaban, los conducirían a un juicio de guerra: “los maricas no eran bienvenidos en el grupo” (Giraldo, 2025, p.11). Es por esta razón, que explorar el homoerotismo entre excombatientes y las relaciones homosociales que se construyen dentro de las filas del grupo, rompe con narrativas hegemónicas y permite pensar críticamente cómo se han construido las subjetividades sexuales en medio de la guerra.
La guerra se vive en múltiples aspectos de la vida social y de la vida íntima. Uno de estos aspectos corresponde a las corporalidades y su relación con el conflicto armado, lo cual implica analizar cómo los cuerpos son transformados, afectados y significados dentro de contextos de guerra (Londoño, 2005). En este mismo sentido, Segato (2013) anota que la guerra se realiza en y sobre los cuerpos de las mujeres, convirtiéndolo en espacio de conflicto y control. Para este caso de estudio, es fundamental extender el análisis a los cuerpos no hegemónicos, pues la violencia de la guerra opera también como un dispositivo de control del género que busca castigar la disidencia sexual y de género (Organización de los Estados Americanos, 2015).
El cuerpo de los hombres homosexuales y de las personas transgénero se convierte en un objeto simbólico para ejercer un orden social patriarcal y tradicional que los actores armados instrumentalizan y buscan mantener (López et al., 2019). Tal ejercicio de control social se manifiesta a través de acciones de limpieza social y violencia extrema diseñadas para corregir lo que se desvía de la norma (Bedoya, 2015). En este sentido, la violencia se entrelaza de manera intrínseca con el territorio, y el cuerpo se convierte en espacio de lucha y sufrimiento. Así como la violencia impacta el cuerpo, tanto física como psicológicamente, la guerra influye en la construcción de las identidades subjetivas, la violencia socava las formas de deseo, afecto y moldea los vínculos de quienes participan en ella (Londoño, 2005; Segato, 2013).
El Acuerdo de Paz firmado en 2016 se configuró como un referente para los Procesos de Paz en el mundo al incorporar el enfoque de género como uno de sus principios transversales, lo que implicó un reconocimiento de la igualdad y derechos constitucionales entre cada ciudadano sin reparo de sus características biológicas (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, s.f.). Si bien el enfoque de género fue protagonista en las negociaciones de La Habana, y aun cuando las FARC-EP reconocieron la participación de excombatientes homosexuales en sus filas, los estudios sobre construcción de paz se encuentran alejados de la perspectiva cuir.
Durante la investigación para este trabajo, se encontraron seis textos que incursionan en las relaciones homoeróticas entre excombatientes, de los cuales tres pertenecen a un mismo autor. Tal es el caso de Giraldo (2020; 2023; 2025), quien ha dedicado gran parte de su quehacer académico a explorar las vivencias de la población LGBTIQ+ en el conflicto armado. Asimismo, señala que el enfoque de género se ha concentrado principalmente en las mujeres y su afectación diferencial en la guerra. Esto no quiere decir que tal postura no sea necesaria, por el contrario, el Centro Nacional de Memoria Histórica (en adelante CNMH) explora las múltiples violencias que padecen las mujeres en el conflicto armado, lo que demuestra una marcada necesidad de investigar y brindar factores explicativos, a través del enfoque de género, a los hechos victimizantes que llevaron a ver el cuerpo de las mujeres como un trofeo.
No obstante, el estudio sobre las relaciones homoeróticas de los excombatientes dentro de las filas ha sido liderado por organizaciones internacionales y colectivos nacionales como Caribe Afirmativo y Colombia Diversa. Encontrando que, las investigaciones sobre las vivencias de la sexualidad de la población LGBTIQ+ en el conflicto armado se han posicionado desde los marcos analíticos de la victimización —Aniquilar la diferencia. Lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas en el marco del conflicto armado colombiano (Bedoya, 2015)— y no desde el placer, en el que “la sexualidad de la guerra se reduce a la violación” (Giraldo, 2024, p.61).
Adentrarse en las vivencias homoeróticas de los excombatientes contribuye a comprender el conflicto armado desde las relaciones no hegemónicas y contemporáneas, las cuales separan la sexualidad LGBTIQ+ del abuso e invitan a reflexionar y cuestionarse el homoerotismo escondido en los rincones de la guerra, el cual requiere de “instigación e imaginación para superar la lectura estrictamente victimizante” (Giraldo, 2025, p.31). Reconocer esta parte del conflicto contribuye no solamente al nicho de las escasas investigaciones que ya se tienen, sino que permite resignificar las experiencias que vivieron los excombatientes en silencio.
Con todo esto, los objetivos específicos que guían el desarrollo de este trabajo son: En primer lugar, comprender hasta qué punto las relaciones patriarcales y el modelo de masculinidad dominante dentro de los grupos armados influyeron en que quienes experimentaron deseos hacia otros hombres desarrollaran sentimientos de temor, silencio o vergüenza al narrar sus vivencias. Segundo, indagar cómo se manifestaron concretamente las experiencias homoeróticas entre excombatientes —sus formas, dinámicas y condiciones de posibilidad— y qué significados adquirieron para quienes las vivieron en el contexto del conflicto armado colombiano, y tercero, explorar qué aportes analíticos y políticos ofrecen estas experiencias para comprender la guerra desde una perspectiva crítica, especialmente en lo relativo a las masculinidades, la regulación del deseo y la memoria del conflicto. Estos son, sin duda, tópicos complejos que merecen ser examinados con detenimiento para contribuir a la construcción de una memoria diversa y respetuosa de la disidencia sexual.
Este artículo corresponde a una revisión documental orientada a identificar, analizar y sistematizar los aportes existentes sobre las experiencias homoeróticas entre excombatientes en el marco del conflicto armado colombiano. Este enfoque permitió identificar la forma en que han sido estudiadas las sexualidades no normativas dentro de instituciones de carácter militar y grupos armados no estatales, así como las narrativas disponibles sobre deseo, afecto y demás vínculos románticos entre hombres inmersos en contextos bélicos.
La revisión se desarrolló en tres fases. En primera instancia, se realizó una búsqueda exhaustiva de literatura académica y documentos institucionales (tanto en español como en inglés) en bases de datos académicas y científicas como Scielo, JSTOR, Google Scholar y Redalyc, utilizando palabras clave como homosexualidad, conflicto armado, masculinidades, excombatientes y sexualidad en la guerra. Asimismo, se incluyeron informes de organizaciones nacionales e internacionales, entre ellas Caribe Afirmativo, Colombia Diversa y el Centro Nacional de Memoria Histórica debido a su relevancia en el estudio de la población LGBTIQ+ en el conflicto armado.
En la segunda fase se construyó un conjunto documental compuesto por textos académicos, informes y capítulos de libro publicados entre 2005 y 2025. Aunque se identificaron múltiples documentos sobre género y conflicto armado, solo seis abordaban de manera explícita las vivencias homoeróticas de excombatientes; tres de ellos pertenecen a un mismo autor, lo que evidencia la escasez de producción académica en este campo. Por esto último, se utilizó el apoyo de la IA Gemini, para intentar localizar producción académica similar en bases de datos especializadas, con el fin de aumentar el mapeo bibliográfico.
Finalmente, se llevó a cabo un análisis cualitativo de contenido apoyado por fichas bibliográficas construidas a partir de cada texto, con énfasis en categorías previamente definidas, tales como masculinidades guerreras, homoerotismo en la guerra, cuerpos y deseo, silencios y prohibiciones, y subjetividades sexuales en contextos bélicos. Este análisis buscó identificar patrones temáticos, tensiones, vacíos y encuentros entre las fuentes consultadas, permitiendo reconstruir cómo se han narrado y comprendido las experiencias sexuales no hegemónicas dentro de las filas armadas.
El carácter documental de la metodología posibilita comprender la producción de conocimiento existente, reconocer sus límites y proponer lecturas críticas que amplíen la mirada sobre las sexualidades disidentes en el conflicto armado colombiano, alejándose de los enfoques centrados exclusivamente en la victimización y abriendo paso al estudio de resistencias íntimas como el homoerotismo. Asimismo, se incorporaron testimonios provenientes del libro ¿Qué ruido hace un beso? de Giraldo (2025), que aportan relatos directos sobre experiencias homoeróticas en excombatientes.
La esencia de las instituciones militares, en especial sus ejércitos, se han edificado sobre creencias hegemónicas de la masculinidad. Creencias que no solo han permeado los rincones más íntimos de las filas, sino que también han impuesto sobre la institución un manto inquebrantable de prácticas estrictamente heterosexuales (Schöb, 2021; Ruiz-Barrera, 2025). Tales normas perpetúan cierta cohesión social entre las unidades y, su identidad como “hermandad” (Croce, sf.), reproducen relaciones homosociales que —aunque cercanas al homoerotismo— rechazan toda preferencia sexual que no sea heteronormativa. Con esto, tales concepciones de fraternidad y unidad integrada en las filas son altamente masculinizadas, y quien falle en cumplir estos estándares es rechazado al no representar la construcción social sobre la cual la guerra se ha librado (Ruiz-Barrera, 2025).
Los rituales entre los hombres guerreros están cargados de una alta dosis de homoerotismo. Atuk (2019) presenta un apartado sobre estos rituales: Fahri, quien estuvo en servicio durante dos años, relató “una historia reveladora sobre un poema de amor erótico escrito por un soldado para su camarada, en el que expresaba su deseo de poner su cabeza entre las piernas de su camarada” (p. 9), por su naturaleza y el simbolismo que entraña, tales expresiones son indudablemente homoeróticas. Lo curioso es que “el soldado leyó el poema en público y todos rieron juntos” (Atuk, 2019, p. 9).
Lo anterior indica que, siempre y cuando la expresión homoerótica se transmita en público y no en privado, es aceptada socialmente. Cuando no es presentada en público o es objeto de ridiculización, la declaración de amor supone una amenaza para la homosocialidad sobre la cual opera la hermandad. Si los hombres hablan sobre su homosexualidad, ese acto de hablar amenaza con hacerla explícita anota Butler (1997) y, por lo tanto, amenaza con destruir la homosocialidad1 sobre la cual operan, especialmente si quien expresa esa orientación no se percibe como enteramente masculino.
Sobre estas concepciones, las instituciones militares han creado y, en su aplicación, fortalecido ciertas reglas sociales que han hecho del combate, las armas y la hombría una actividad excluyentemente masculinizada. Los ejércitos y la lógica de la guerra —jerarquía, disciplina, violencia autorizada, entre otros— son protagonistas de una “agresividad, misoginia y homofobia que configuran una tríada que se exalta como parte de la virilidad desplegada en la conflagración” (Parker, 1998 y Guasch, 2008 citados en Escobar, 2018). La guerra es un asunto de hombres, se escucha tradicionalmente en la sociedad. Y así, se edifica sobre la heterosexualidad, la rigidez de las normas, los uniformes, y sus mandos. No obstante, este pensamiento se ha fortalecido a través de la validación social de tales premisas.
Ferguson (2020) explora a fondo la relación entre las masculinidades y la guerra, argumentando que la asociación entre ser hombre y ser guerrero no es natural y mucho menos inevitable. Es decir que, si bien la guerra ha sido una actividad asociada a los hombres, no es una manifestación innata o biológica de la masculinidad. La masculinidad antecede a la guerra, en tanto esta se desarrolla a partir de la división social del género y de las tareas relacionadas con la feminidad como la maternidad, la crianza y el cuidado (Ferguson, 2020). Cuando la guerra tiene lugar, la masculinidad es absorbida por la acción bélica. Otros factores que han reforzado esta creencia son las prácticas de crianza que encasillan las niñeces masculinas a cierto tipo de estructuras: los niños son moldeados a la imagen de los roles guerreros y esto se da a través de la educación, el juego y la cultura (Ani y Katende-Kyenda, 2025; Reigeluth, 2023).
En tal sentido, la construcción de la guerra masculinizada se inscribe en los pactos sociales en los cuales los roles de género se perpetúan, lo que permite trazar una relación directa entre dichos roles y el carácter heterosexual y masculino de la guerra. Asimismo, las guerras actuales continúan reforzando estas masculinidades violentas a través de hechos victimizantes como el abuso sexual y la violencia de género. Los escenarios de postconflicto y construcción de paz son una oportunidad para transformar este estado de cosas en torno a la guerra y sus secuelas.
A su vez, teniendo en cuenta que los actores del conflicto operan bajo la misma lógica de guerra, los grupos armados no estatales no son la excepción a ello, y en medio de su insurgencia se configura una especie de alabanza a la hombría guerrillera (Giraldo, 2025). No solo dentro de sus filas, sino también en su accionar contra la población civil. El informe de “Vivir bajo sospecha” relata algunas de las prácticas homofóbicas de las FARC-EP durante el conflicto armado:
En Vista Hermosa, Meta, durante la zona de despeje, el Frente 27 de las FARC-EP […] discriminaron y desplazaron a personas LGBT. […] escribieron varios grafitis […] con el mensaje “Verónica tiene SIDA”. Después de esto, alias Pitufo, las obligó a que escribieran una lista de todos los miembros de la población LGBT, “incluso en el clóset” […] Además, les dio tres días para que fueran a Vista hermosa, se hicieran la prueba de VIH y ordenó pruebas masivas de VIH a toda la población […] (Colombia Diversa, 2017, p.6).
Este relato expone una acción de persecución basada en el estigma del VIH, dirigido explícitamente contra mujeres lesbianas. Como este, los grupos armados no estatales ejercieron acciones de disciplinamiento y vigilancia sobre la identidad sexual e impusieron un orden moral homofóbico, en tanto “algunas normas que imponían los grupos armados atentaban de manera particular a la población LGBT, por ejemplo, impidiéndole a personas reconocidas como hombres al nacer que vistieran prendas femeninas, usaran aretes o maquillaje, o se dejaran crecer el cabello” (Colombia Diversa, 2017, p. 26).
Una vez identificada la connotación masculina de la guerra, su interrelación con los roles de género y la construcción sociocultural que la refuerza, se explora la forma en la que las identidades sexuales diversas se han manifestado dentro de las instituciones militares y dentro de las filas de los grupos armados no estatales.
En este sentido, la exclusión, el rechazo, el castigo y la invisibilización de la homosexualidad dentro de las filas está sustentada, sin lugar a duda, sobre la masculinidad de la guerra. Asimismo, los roles de género, la heterosexualidad y el patriarcado están relacionados entre sí y en este intercambio, se perfecciona el espacio en el que quienes parecen no encajar con el ideal guerrero son rechazados, violentados y forzados a vivir ocultando su sexualidad.
Si bien este trabajo se centra en el caso colombiano, resulta pertinente mostrar que estas dinámicas de exclusión no son aisladas, sino parte de una tendencia histórica y transnacional en la que lo militar y la heterosexualidad se refuerzan mutuamente. En Colombia, el carácter masculinizado de la guerra constituye la base sobre la cual se tejen pactos de silencio y complicidad que regulan las expresiones sexuales dentro de las filas. De manera comparable, en otros contextos —como Estados Unidos o Turquía— también se han implementado políticas que restringen o penalizan la presencia de hombres homosexuales en el servicio militar. Un ejemplo ilustrativo es el caso turco estudiado por Atuk (2019), quien analiza los relatos de exmilitares que solicitaron su baja bajo la figura legal de “desviación sexual”. Según sus testimonios, el proceso implicaba prácticas humillantes y degradantes, como exámenes corporales desnudos para buscar supuestos signos físicos de homosexualidad y evaluaciones basadas en estereotipos de feminidad.
Estos ejemplos internacionales no desplazan el análisis nacional; por el contrario, permiten situar el caso colombiano dentro de un patrón más amplio de militarización de la heterosexualidad, mostrando que la exclusión de identidades no normativas es una herramienta recurrente para preservar la masculinidad guerrera en distintos ejércitos del mundo.
Aún con el silencio que se reproduce entre las filas, la complicidad para proteger una imagen y el rechazo constante por la diversidad sexual, las instituciones militares están colmadas de experiencias homoeróticas a las que prefiere hacerse caso omiso. Las investigaciones consultadas (Dietrich, 2015; Thylin, 2019; Atuk, 2019; Giraldo y Gallego, 2020, 2024; Croce, s.f, entre otras) sostienen que, las relaciones entre hombres están mediadas por la relación dicotómica entre masculino y femenino. En tanto, “el ideal heteronormativo de lo masculino/femenino es la cultura binaria dominante en la cual las relaciones hombre-hombre han llegado a ser entendidas” (Atuk, 2019).
Lo anterior implica que, dentro de las filas armadas, las relaciones entre los hombres están mediadas por el ideal heteronormativo de las relaciones entre hombres y mujeres. Es decir, incluso cuando se trata de vínculos entre hombres, estos se entienden y se regulan siguiendo roles binarios propios de la heterosexualidad —uno asociado al lugar “masculino” y el otro al lugar “femenino”—, lo que moldea cómo se permiten, ocultan o sancionan tales interacciones.
Tal ideación binaria se expresa en prácticas como el acto penetrativo; quien penetra no sufre las consecuencias de una degradación de su masculinidad, siempre y cuando no implique un comportamiento “femenino” de recibir. Quienes ejercían violencias sexuales dentro de las filas, especialmente la violación y el acto de penetrar, seguían siendo considerados hombres heterosexuales y masculinos; la lujuria y la necesidad sexual cercenada de la homosexualidad. No era tanto así para quienes participaban o eran víctimas de la penetración, pues al marcarse en ellos tal feminización, pasaban a ser sujetos de humillación y descargos injustificados (Atuk, 2019).
Con todo lo anterior, se sostiene la premisa de que, es imposible reflexionar sobre el homoerotismo en la guerra, separado de la subordinación de lo femenino, en medio de la estructura militar. La subordinación y el castigo de quien recibe, de quien ejerce un rol pasivo en la interacción homoerótica, está estrechamente relacionado con la representación de lo femenino y de los roles asociados a la mujer: sumiso, pasivo y subordinado.
Hay excombatientes maricas, pero existe un pacto de silencio que los encubre y los invisibiliza. Sebastián Giraldo (2025), en el primer relato de su libro, demuestra cómo s e conquista la idea de que, en medio de un ambiente guerrillero, se esconde una suerte de coqueteo entre los camaradas, y allí, haciendo nicho, la sexualidad se vive no desde el hecho victimizante ni desde la violación, sino desde el placer. En este relato, denominado El duende, el protagonista Felipe, relata cómo tergiversa frases militares para intentar iniciar encuentros entre los guerrilleros: “Me va a tener que dar caleta”, le decía a un compañero al que hacía tiempos le llevaba ganas. No obstante, el miedo a ser descubiertos trastocaba el puro placer físico. Felipe y su compañero de caleta sabían muy bien que la homosexualidad y todo encuentro homoerótico estaban estrictamente prohibidos entre las filas, y que ser descubiertos llevaría a que fueran llevados a juicio (Giraldo, 2025).
Los excombatientes, por aquel entonces activos en las filas, sabían muy bien que sus preferencias sexuales eran consideradas desviadas por la ideología del grupo guerrillero, y así, se veían obligados a mantenerse en el clóset. Esto, está anclado a un fuerte silencio institucional sobre la homosexualidad en las filas. Como lo expresa Giraldo (2025): “la metáfora de los clósets no solo alcanza al proceso individual, sino también el colectivo y gubernamental: la Agencia para la Reincorporación, el Estado colombiano y el proceso transicional no han salido del clóset” (p. 43). Experimentar el amor en la guerra ya de por sí representa un hecho transgresor que pone en cuestión las concepciones
tradicionales según las cuales la guerra se vive con terror y sufrimiento, lo cual, en gran medida, es cierto. No obstante, ¿qué tiene que ver el amor con la guerra? La guerra, por su naturaleza, desconoce las relaciones sentimentales que surgen en medio de las armas, en especial aquellas relaciones que rompen con el molde heterosexual. La influencia del imperialismo norteamericano, a través de la Escuela de Las Américas, sentenció que la homosexualidad era una amenaza de la izquierda (Giraldo, 2025).
El homoerotismo dentro de las filas guerrilleras se trastoca con las acciones de camaradería, protección, complicidad y otras actividades como el placer y el deseo. La negación de esta dentro de las FARC-EP no ha impedido que se tejan redes de apoyo alrededor de ella. Las redes de solidaridad y acogida han sido protagonistas en la historia de los guerrilleros maricas. Al mismo tiempo, han contribuido a su sobrevivencia, resistencia y vivencia del luto.
Como la historia de Felipe, se relatan muchas más:
Bebieron las cervezas y relajaron el ambiente en la caleta. El licor les dio el atrevimiento final para pasar a lo que llevaban postergando todo el día. El Flaco interrumpió la conversación y lo besó. Luego le pidió disculpas, pero su compañero le susurró que no tenía que hacerlo, él también estaba esperando ese momento (Giraldo, 2025, p. 71).
Y así como Felipe, los excombatientes conocían “que en el contexto guerrillero este tipo de relaciones no podían tener ningún futuro”. El Flaco, uno de los protagonistas de estos relatos, “era un experto y fiel conocedor de su doctrina” (Giraldo, 2025, p.72).
Otra de las vivencias que se traen a colación para este trabajo corresponde a la vida “un poco gay” de un comandante paramilitar en Samaná, Caldas. Mauricio era un hombre que en su naturaleza enarbolaba todo aquello que representaba la masculinidad, la heterosexualidad y virilidad; era un hombre de guerra que en el pueblo sostenía relaciones sexo-afectivas y habitacionales con otros hombres. A simple vista, estas condiciones parecían estar en tensión, no obstante, el asunto trasciende a la complejidad y se configura como el hecho de que el homoerotismo estaba aceptado bajo condiciones de silencio y discreción como escapada a la cotidianidad de la guerra (Gallego y Giraldo, 2023).
Mauricio, quien tenía un gusto especial por los hombres jóvenes, sostuvo relaciones por varios años con muchachos y hombres del pueblo. Alquilaban una pieza y allí pasaban sus noches antes de que Mauricio tomara rumbo nuevamente hacia el monte. El pueblo, que sabía de sus encuentros, no les reprochaba tanto su homosexualidad a los jóvenes que se metían con Mauricio, sino que juzgaban el hecho de que se habían metido con un jefe paramilitar. Al fin y al cabo, los habitantes del municipio Samaná sabían que algunos hombres tenían “un poco de gay”. En su proceso de trabajo de campo, Gallego y Giraldo (2023) conversaron con los habitantes y se encontraron que, había hombres cuya masculinidad no era cuestionada porque vivían bajo las convenciones tradicionales: casarse, convivir, tener esposa y descendencia, pero que tenían un toque de gay porque sostenían relaciones homoeróticas con otros hombres.
El luto, hasta ahora inexplorado en este trabajo se evidenció cuando a Mauricio le dispararon por la espalda saliendo de un bar del pueblo. Los rituales fúnebres tuvieron lugar en el pueblo, y dentro de las pocas personas que atendieron, las historias señalan a que uno de ellos fue un comandante guerrillero quien había llorado la muerte de Mauricio en su lugar de entierro; los rumores indicando a que este extraño, había sido uno de sus viejos amantes.
La última experiencia que se quiere retratar sobre el homoerotismo en diferentes grupos armados no estatales corresponde al Movimiento 19 de abril (M-19), el cual se encontraba a la vanguardia de la inclusión. La aceptación de la población LGBTIQ+ dentro de sus filas brinda matices sustanciales frente al caso de las FARC-EP y de las AUC. Dentro de las filas de la guerrilla urbana, la homosexualidad y el homoerotismo no estaba prohibido, y miembros de la organización llevaban vidas sexuales y románticas públicas con otros miembros del mismo sexo de la organización. Rafael y Marcos, dos excombatientes que participaron de la investigación de Giraldo (2025), retratan la historia de un amorío entre milicianos urbanos, quienes, reunidos en la ciudad de Bogotá por el cabildo, se entregaron a la pasión, el disfrute y el amor entre camaradas. Rafael, abiertamente gay se topó con Marcos, un muchacho joven que si bien no había experimentado con hombres —y tenía novia— estuvo abierto a pasar sus noches entregado al desenfreno y la lucha política. Sin duda, estos tres relatos demuestran que el homoerotismo estuvo presente en cada uno de los grupos mencionados.
Sin embargo, las vivencias de los excombatientes sugieren que, entre las FARC-EP y las AUC hubo similitudes, mientras que, en el M-19 l9, las experiencias respondieron a unas dinámicas distintas. Si bien en el artículo, no mostramos los contrastes, pues no era el alcance del estudio, sí se puede decir que, abre una puerta para futuras investigaciones que permitan explorar las variaciones entre grupos armados, y así, superar las lecturas victimizantes en las que el homoerotismo se ha hundido en rincones de la guerra (Giraldo, 2025).
En los procesos de construcción de paz y memoria, resulta fundamental abrir espacio a investigaciones que reconozcan y den voz a las experiencias homoeróticas de los excombatientes, especialmente aquellos pertenecientes a la población LGBTIQ+. Aunque el enfoque de género centrado en las mujeres ha sido crucial, su predominancia ha relegado otras dimensiones de la sexualidad, como el homoerotismo en contextos de guerra, a un plano secundario en la producción académica. Además, el estudio de las sexualidades en el conflicto armado colombiano ha tendido a centrarse exclusivamente en la victimización, dejando de lado vivencias que van más allá e interpelan dimensiones de la experiencia humana que pueden coexistir con el dolor en las narrativas del conflicto.
Por ello, es necesario que los esfuerzos de paz incluyan a los excombatientes LGBTIQ+, no solo como víctimas, sino como sujetos con historias de afecto, deseo y vínculos que desbordan los marcos tradicionales. Incluir estas voces contribuye a construir una memoria crítica, plural e incluyente, que resignifique la vida en armas, los enamoramientos clandestinos y los encuentros que también formaron parte de su tránsito por la guerra.
Ani, J. I., y Katende-Kyenda, L. N. (2025). Norms Of Masculinity And Gender Socialization Among Young Boys In South Africa: Implications For Gender-based Violence, Policies And Interventions. Social Sciences. https://doi.org/10.20944/preprints202504.2628.v1
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*Este artículo de revisión corresponde al producto final evaluativo del curso Problemas Colombianos II del pregrado en Ciencia Política de la Universidad de Antioquia. El producto solicitado por el docente del curso corresponde a una investigación corta en la que se explora la temática principal elegida por los estudiantes con los temas vistos en el curso. El docente encargado de acompañar Problemas Colombianos II fue Luis Carlos Arbeláez Villegas.
**Estudiante del pregrado de Ciencia Política.Correo electrónico: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0009-1472-5161
***Estudiante del pregrado de Ciencia Política. Correo electrónico: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0003-3747-5827
1Homosocialidad se
entiende aquí como las formas de vinculación, afecto, confianza y cohesión
que se producen entre hombres dentro de espacios de solo-varones, vínculos
que no implican necesariamente deseo sexual, pero que regulan la
pertenencia, la camaradería y los límites de lo masculino