El objetivo del presente artículo es analizar la política de turismo social del gobierno de la Unidad Popular, describiendo en particular el programa de los balnearios populares, uno de los más visibles de su programa de gobierno, solo comparable, en términos simbólicos, con el medio litro de leche.1 Para ello se hace una revisión documental y de prensa, identificando los alcances del programa y cómo se inserta en el conjunto de transformaciones propuestas por el gobierno de Salvador Allende.
Las investigaciones sobre el turismo han destacado la importancia que este tuvo para el país como actividad económica y su impacto en el desarrollo de industrias asociadas, como la hotelera y gastronómica.2 Las restricciones económicas, así como el interés del Estado en promover un mercado interno incidió en la creación de un consorcio hotelero con participación público-privada que buscó ser una alternativa de alojamientos para la clase media.3
Si bien las prácticas turísticas son de antigua data y se vinculan a espacios de esparcimiento propios de las elites,4 el turismo social o de masas surge a partir de la década de 1930 en el contexto de una serie de procesos asociados a las ideologías nacionalistas, las luchas de los obreros por la reducción de las horas de trabajo y la consolidación de una estructura y oferta turística cada vez más variada.5 Las ideologías nacionalistas utilizaron el turismo de masas como una forma de movilización y de control de los trabajadores.6
En América Latina, el turismo social o de masas fue promovido por las experiencias populistas, según fuese el caso, como mecanismos de higienización de las clases trabajadoras, de promoción del patriotismo o de integración a un proyecto político nacional.7 Son importantes los aportes que ha realizado la investigadora Erica Schenkel en la comprensión del turismo social en perspectiva histórica, al poner el énfasis en las barreras que desde un punto de vista ideológico, cultural o económico pueden limitar el derecho al descanso, superando los análisis normativos que tienden a hacerse en algunos estudios.8 Esta perspectiva es útil, precisamente en un contexto histórico como el de la Unidad Popular, donde el turismo social en general y el programa de balnearios populares en particular, buscaban aparecer como instancias de disputas en un país que tempranamente, en 1932, había consagrado una o dos semanas de vacaciones pagadas, pero cuyos programas se habían limitado a grupos de trabajadores muy específicos.
En Chile es posible identificar una política pública en materia de turismo desde fines de la década de 1920, con la promulgación de la Ley de Turismo y de un departamento responsable de su cumplimiento, aunque los primeros programas de turismo social se dieron durante el Frente Popular (1938-1942) con la creación de balnearios vacacionales para obreros.9
Hacia la década de 1960 muchos de los diagnósticos apuntaron a la escasez en la oferta de alojamientos para el desarrollo del turismo social. En 1964 la candidatura de Salvador Allende, tal como lo desarrollaremos en la primera sección, abordó de manera inédita el turismo social como plataforma de su campaña, aunque sin proponer de manera directa los balnearios populares. Fue en la candidatura de 1970 que aparece el compromiso de crear balnearios populares, en específico en la medida 29 de las primeras 40 medidas comprometidas por la Unidad Popular si accedía al poder.
Las investigaciones sobre los balnearios populares no son muy extensas, apuntando más bien a recopilaciones de carácter documental o de rescate de la memoria histórica.10 Estos estudios han consensuado en la importancia que tuvo la Unidad Popular en la implementación de un programa que ofreció a pobladores y trabajadores el acceso a la experiencia turística que estaba reducida a grupos de la elite y clases medias favorecidas.11 Además, estas publicaciones han destacado los balnearios como determinantes para que pobladores y trabajadores disfrutaran de experiencias recreativas, transformando positivamente sus vidas.12
En el presente artículo sugerimos como hipótesis central que los balnearios populares no pueden desvincularse de la matriz ideológica que sustentó la Unidad Popular, la cual veía el acceso a las vacaciones y las prácticas de turismo de trabajadores y pobladores, condicionado, al igual que el acceso a otros servicios, por el lugar que las personas ocupaban en la estructura de clases. De esta manera, los esfuerzos de las agencias estatales vinculadas con el turismo iban a estar dirigidos a romper con esa estructura que limitaba los derechos al tiempo libre, la recreación y el turismo. Señalamos que es en esta constatación donde los balnearios populares deben entenderse tanto como instancias de cumplimiento del programa de la Unidad Popular -clave en la construcción de la sociedad socialista-, así como dispositivos de lucha política para la conquista de los espacios de esparcimiento que habían sido históricamente lugares de privilegio de algunos pocos.
Tal como tendremos la ocasión de analizarlo, las autoridades se movieron en sus discursos de promoción de los balnearios populares entre varios registros narrativos, destacando en algunos casos la conquista de derechos y en otros la construcción de la sociedad socialista. El primer registro narrativo -la conquista de derechos- ayudó a conectar los balnearios populares con el historial de luchas de los trabajadores y pobladores, mientras que el segundo registro -la construcción de la sociedad socialista- ayudó a situar los balnearios como parte de la acción política-revolucionaria, es decir en una etapa considerada más avanzada de lucha.
En términos metodológicos, esta investigación se define como analítica y de carácter exploratoria, en el entendido que busca ir más allá de los estudios descriptivos y testimoniales existentes hasta el momento. Para ello se hace necesario caracterizar la presencia y alcances que tuvieron los balnearios populares a lo largo del país, identificando las instituciones que estuvieron involucradas en su construcción, así como su gestión. Conceptualmente en distintos pasajes del artículo se hace referencia al turismo popular y turismo social, diferenciación que en algunos casos las propias autoridades de la Unidad Popular hicieron, distinguiendo en el caso del turismo popular las prácticas recreativas promovidas por las organizaciones de los propios trabajadores y pobladores, y, en el caso del turismo social, las iniciativas desarrolladas por el Estado con el mismo objetivo.
El presente artículo se organiza en tres secciones. En primer lugar, se hace una presentación general sobre los avances que había tenido el turismo social en Chile hasta la llegada de la Unidad Popular al poder y en qué aspectos se puede entender el programa de los balnearios populares como continuidad y ruptura con esa historia. En segundo lugar, se describen las características que presenta la política de turismo del gobierno de Salvador Allende y cómo el turismo social, en particular, fue usado para mostrar los avances de la vía chilena al socialismo. En una tercera sección, se presenta el programa de balnearios populares a partir de información proveniente de prensa -en especial del diario de gobierno La Nación y el diario de oposición El Mercurio-y que muestra los esfuerzos institucionales, así como la dimensión que alcanzó a lo largo del país. Por último, se analiza el documental El derecho al descanso (1971), entendiendo este documental como herramienta de propaganda del programa de gobierno, así como de los esfuerzos en la construcción de la sociedad socialista.
El turismo social presente en la plataforma programática de la Unidad Popular es posible entroncarlo con las experiencias similares que promovió el Frente Popular chileno entre 1938 y 1942.13 El hecho de que ambos proyectos políticos pusieran de relieve la necesidad de inaugurar colonias obreras de vacaciones y balnearios populares da cuenta de un diagnóstico común que reconocía en la ausencia de una oferta de establecimientos hoteleros dirigida a la clase trabajadora un escollo importante para su esparcimiento y la consagración de una sociedad de bienestar.14
El Frente Popular inauguró las primeras colonias obreras de vacaciones en un contexto heredero de la crisis económica de 1929 y la Gran Depresión que puso en el tapate de la discusión problemas como la jornada de trabajo y el tiempo libre.15 A partir de la década de 1940 el Departamento de Turismo y la Dirección General de Informaciones y Cultura (DIC) promovieron una primera política de turismo social caracterizada por la formulación de programas vacacionales que permitieron que grupos específicos de trabajadores -por lo común asociados a las cajas de previsión- visitaran algunos destinos turísticos del país.16 Esto supuso una alianza público-privada que articuló la cooperación de instituciones como Ferrocarriles del Estado, los organismos públicos de turismo y los empresarios.
En 1948 se produjo el cierre de la DIC sometida a los vaivenes de la Guerra Fría y el temor del gobierno de Gabriel González Videla de que en su seno se refugiaran funcionarios comunistas.17 De esta forma, la política de turismo pasó a manos del Ministerio de Relaciones Exteriores, hasta que en 1960 dependió del Ministerio de Economía con la creación de la Dirección de Turismo (DITUR).18 La reorganización del turismo en la década de 1950 y 1960 apuntó a consolidar un aparato institucional y reglamentario, pasando a un segundo plano el turismo social. Fue en el caso de algunas municipalidades, como Osorno y Concepción, y de algunos sindicatos, que se promovieron actividades de turismo social.
A fines del gobierno de Eduardo Frei, la DITUR, en colaboración con la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN), aprobó el Plan Nacional de Desarrollo Turístico (PDT) 1971-1976, el cual es importante porque por primera vez se piensa el turismo desde la planificación territorial y en el marco de las incipientes propuestas de regionalización19. El PDT dedica una sección especial a la promoción del turismo social.
Sin embargo, es necesario llamar la atención de que fue en la campaña de 1964 que el abanderado del Frente de Acción Popular, Salvador Allende, incorporó el turismo social como aspecto diferenciador de su propuesta programática, documento elaborado por la Oficina Central de Planificación Popular.20 En dicho programa el turismo era entendido como un fenómeno social y como una industria, el cual había adquirido gran relevancia en el siglo XX. Conceptualmente no se hablaba de turismo social, sino de turismo socializado “que se caracteriza porque permite viajar a una mayor cantidad de personas a precios más bajos que los usuales”, lo que implicaba la rebaja de pasajes en ferrocarriles, la existencia de centros veraniegos para obreros, entre otros aspectos21. De acuerdo con el programa, la dimensión económica del turismo obligaba a pensar dicha actividad como una industria dirigida al turista extranjero, que permitiría el ingreso de divisas y el aumento de ofertas laborales para al menos 30.000 personas. De esta manera, en este programa de la candidatura de Allende se articulaban dos tipos de turismo: uno externo, orientado al turista con cierto poder adquisitivo y otro interno, enfocado en lo que tradicionalmente se conoce como turismo social, aunque en el programa también se lo llama turismo popular.
Para el desarrollo del turismo externo se llevaría a cabo una activa propaganda en el exterior, destacando las bondades naturales del país, así como su gente, junto con un plan de obras públicas que incluía la proyectada construcción del aeropuerto de Pudahuel de Santiago y Mataveri en la Isla de Pascua. En el caso del turismo interno, se proyectaba un plan de construcción de “centros residenciales” -no se los llamaba todavía balnearios populares- en los campos y playas cercanas a Santiago con capacidad para 800 a 1000 familias. Además, se construirían en las principales ciudades los “hogares nacionales” para los turistas de paso, junto con seguir potenciando las “colonias veraniegas”. Los beneficios del turismo social estaban dirigidos a empleados con bajos ingresos, profesores, mineros, campesinos y pescadores, quienes obtendrían rebajas o liberación total del pago en pasajes y residencias u hoteles. Un aspecto importante es que el programa de 1964 destacaba los beneficios del turismo interno o social en su función de suavizar las tensiones sociales “porque ya no habrá esa preocupación de que los viajes de placer son un lujo asequible solo a unos pocos”.22
Estos antecedentes expuestos permiten afirmar que hacia 1970 estaban dadas las condiciones, ante el eventual triunfo de la candidatura de Salvador Allende, de implementar una política de turismo social. La propuesta específica de incorporar el turismo en el programa de la Unidad Popular habría sido parte de una plataforma de mejoramiento social de los trabajadores levantada por la Central Única de Trabajadores (CUT) en los grupos de trabajo que redactaron el programa de la Unidad Popular.23 Es así como en la medida 29 de las primeras cuarenta medidas del gobierno se señala: “Organizaremos y fomentaremos el turismo popular”.24
De esta forma, se constata que los balnearios populares se insertan dentro del programa de transformaciones que debía acompañar la construcción de la sociedad socialista, con un diagnóstico que apuntaba a que el acceso al turismo estaba restringido a aquellos grupos que ocupaban la parte superior de la escala social. Así, todos los esfuerzos de las agencias estatales vinculadas con el turismo debían orientarse a romper con esas estructuras que limitaban el derecho de trabajadores y pobladores al tiempo libre, la recreación y el turismo.
Lo complejo de la implementación de la política de turismo social durante la Unidad Popular radicaba en el hecho de que debía involucrar la coordinación de numerosas agencias gubernamentales que no necesariamente estaban familiarizadas con la temática. En algunos casos las diferencias en la forma de abordar este nuevo ámbito de acción se explican por las propias atribuciones que tenían estas agencias, la manera de entender la política turística del gobierno, así como las formas prácticas de llevar a cabo los programas. Del análisis crítico de las fuentes documentales se puede observar la existencia de una línea bien marcada tanto en el diseño, la implementación, como en la manera de comunicar la política de turismo social del gobierno, y que vio en los balnearios populares no solo la forma de seguir ampliando los derechos de los trabajadores y pobladores, cumpliendo de paso con el programa de la Unidad Popular, sino también otra vía de radicalización de la lucha política.
En la entrevista que la revista de turismo En Viaje le realizó al recién electo presidente de la República, Salvador Allende deja entrever que el turismo social -popular- cumplía, por una parte, el objetivo de ampliar los derechos de los trabajadores y, por otra, de terminar con los privilegios de clase. De esta forma, el turismo popular era definido, en palabras de Allende, como
el derecho de los trabajadores para disponer los medios que les permitan disfrutar de sus vacaciones y días de descanso en lugares especialmente adecuados, en playas, cordillera y campo, con niveles de gastos compatibles con sus ingresos, de tal modo que esta necesidad de reponer por el descanso las reservas intelectuales y físicas, deje de ser privilegio de quienes tienen dinero.25
Por su parte, ante la pregunta de si disminuiría el ingreso de turistas al país “por la desconfianza ante el nuevo sistema de gobierno”, Allende fue tajante al señalar que no veía motivos para que el turismo externo pudiera disminuir. Por el contrario, veía en el turismo una fuente de propaganda sobre los éxitos del gobierno: “Chile estará siempre igualmente abierto, acogedor y cordial para todos aquellos que quieran visitarnos”. Para continuar: “Personalmente desearía que fueran miles los extranjeros que nos visitaran, para que así vean por sus propios ojos Chile bajo el gobierno Popular y se desvirtúen muchas de las imágenes equivocadas que maliciosa e intencionadamente se han hecho circular”.26 Por último, Allende veía un tanto compleja la implementación de esta política de turismo social, al requerir los esfuerzos de coordinación de distintos ministerios, incluyendo Ferrocarriles del Estado, junto con las organizaciones de trabajadores, juntas de vecinos, centros de madres, establecimientos educacionales, entre otros. De esta forma, desde la presidencia de la República se trazó una línea que buscó hacer compatible en la formulación e implementación de una política de turismo social el objetivo de garantizar los derechos del conjunto de trabajadores y pobladores del país, así como asegurar por esa misma política la construcción del socialismo y de su propaganda hacia el exterior.
En una línea muy similar al presidente Allende se manifestó el director de la DITUR, Carlos Lizama, en una entrevista que le hizo la revista En Viaje en enero de 1971. En un tono pedagógico diferenció el turismo popular, que desarrollan -según el director- las familias de escasos recursos, y donde las acciones de organizaciones sindicales ayudan a fomentar dicho turismo reduciendo el costo de los traslados y la estadía, del turismo social, el cual es promovido por el Estado para favorecer el acceso de los sectores de escasos recursos al disfrute del descanso y las vacaciones27. Esta diferencia no era solo conceptual, ya que el énfasis del director de la DITUR parece estar puesto en la coordinación de las diferentes agencias del Estado y la proyección de un programa de turismo social “consciente y planificado” como características esenciales. Al respecto, el director señaló que los beneficiarios de los balnearios serían supervisados por “monitores” debidamente entrenados, contratados por la CUT, la Consejería Nacional de Desarrollo Social y la Unión Nacional de Estudiantes de Chile. Además, los campamentos recibirían a técnicos en alimentación cuidando la adecuada nutrición y comodidad de las familias. Por último, diversos artistas recorrerían los balnearios ofreciendo veladas artísticas, en el llamado “tren de la cultura”28.
El director de la DITUR era consciente de la importancia práctica del turismo social -es decir sus beneficios- y de sus alcances como propaganda sobre los logros de la vía chilena al socialismo29. De hecho, al referirse -en la misma entrevista- a la posible llegada de jóvenes y trabajadores extranjeros para conocer la realidad del país, señala que éstos serían los “mejores propagandistas” de la patria:
Creo que es una magnífica oportunidad para un mayor y más sólido desenvolvimiento del turismo en Chile, que grupos de juventudes y trabajadores de todos los países del mundo lleguen hasta el nuestro, no solo atraídos por los anuncios clásicos que de él se hacen, sino que para tomar contacto humano con las diferentes esferas de las actividades socioeconómicas de la nación, lo que asegura un mejor conocimiento de los pueblos, y, por ende, un real afianzamiento de la paz mundial.30
Algunos ejemplos sobre los usos que se le podía dar al turismo como instancia de propaganda de los avances de la vía chilena al socialismo, lo ofrecen dos eventos ocurridos en 1971 y 1972. El primero corresponde al I Congreso Internacional de Termalismo que se llevó a cabo en diciembre de 1971 en la localidad de Panimávida -en la zona centro cordillerana del país-, al cual asistieron el presidente de la República y otras autoridades, además de expositores extranjeros. La noticia fue cubierta por el periódico de gobierno La Nación, con el sugerente título: “Balnearios termales serán usados por los trabajadores”. El énfasis del reportaje está puesto en la dimensión social de los balnearios, apuntando al hecho de que por primera vez los trabajadores podrían hacer uso de las instalaciones termales, apoyándose en la experiencia soviética relatada por el presidente de las termas de ese país, quien había destacado su propio programa de “termalismo social”.
La revista En Viaje también cubrió el evento, destacando su dimensión más académica, comentando, por ejemplo, que Chile disponía de más de trescientas fuentes termales, aunque solo se explotaban catorce. Si bien el mismo presidente Allende al inaugurar el evento -de acuerdo con la misma revista- valoró el termalismo como una “medicina de masas”, comprometiéndose a desarrollar un amplio plan para que las personas de escasos recursos pudieran reparar su salud, el foco de la noticia estaba puesto en la acción terapéutica y reparadora del termalismo -en lo que podríamos denominar una política sanitaria- y no en la exclusión de la cual habían sido objeto los trabajadores31.
Otro ejemplo ilustrativo de cómo se usó el turismo para mostrar los avances de la vía chilena al socialismo, corresponde a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD III) de 1972. La revista En Viaje dedicó un número especial a la UNCTAD III, dando la bienvenida a los delegados en los tres idiomas de las Naciones Unidas, como eran el inglés, francés y español. El escrito refleja un espíritu de alegría y orgullo ante la visita de los delegados:
Antes que nada, muchas gracias por vuestra presencia. EN VIAJE, la más antigua de las revistas chilenas, un mensuario editado por la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, les dice ¡bienvenidos!, y en su tradición de dar a conocer Chile, les ofrece esta modesta edición dedicada a Uds. y a UNCTAD III. En estas páginas hemos pretendido resumir hasta donde ello ha sido posible, la realidad esperanzada y dinámica del Chile actual. El resto, nuestro clima de absoluta libertad democrática, nuestro logros y limitaciones, la fe y el trabajo que nuestro pueblo pone en su destino, son cosas que Uds. verán por sí mismos. Si este ejemplar de En Viaje les resulta una ayuda para conocernos mejor, entonces habremos cumplido nuestro objetivo. Uds. dirán, como testigos foráneos de nuestra realidad, su palabra. Solo nos resta invitarles a que lo miren todo, pues el Chile de hoy nada tiene que ocultar, y sí tiene, ya, algo que mostrar de lo realizado y mucho de sus perspectivas.32
Frente a la premura en construir el edificio que albergaría a los asistentes al evento, el gobierno destacó el compromiso de los trabajadores en terminar la obra en ocho meses. Por otra parte, la cantidad de delegados, personal administrativo y periodistas acreditados, obligaron a asegurar las condiciones no solo para las reuniones, sino también en la logística de transporte y alimentación. Las palabras del General de División Orlando Urbina, vicepresidente de la Comisión Chilena de la UNCTAD III, y responsable de las tareas organizativas del encuentro, muestran cómo la Conferencia y la construcción del edificio podían ser utilizados como parte de la propaganda gubernamental. Frente a la obra realizada Urbina señaló: “En dos palabras: el prestigio de Chile a salvo… y con mucho honor”.33 Pero además destacó que la organización del evento, así como su éxito, no podían ser solo fruto del esfuerzo del gobierno o de las Fuerzas Armadas, sino que lo eran de toda la población: “El más modesto ciudadano, la dueña de casa, el trabajador, han tomado este desafío como propio. La presencia de la juventud en las calles, limpiando y pintando a fin de presentar al extranjero ciudades de rostro limpio, fueron tal vez las jornadas que más gráficamente representaron el efecto y el cariño con que cada chileno ha recibido a los visitantes”.34
Citando al presidente Allende terminó señalando: “el pueblo de Chile, asumió y cumplió ante la comunidad internacional un gran compromiso”.35 En los mismos términos se expresó el ministro de Obras Públicas, Pascual Barraza, al destacar que la construcción del edificio de la UNCTAD III en un plazo de ocho meses “era un ejemplo de conciencia y responsabilidad dado por los obreros, profesionales y técnicos…”36
En síntesis, la política de turismo de la Unidad Popular se planteó como un esfuerzo en mejorar las condiciones de acceso de los trabajadores y pobladores al ocio, al tiempo libre y las vacaciones y, con ello, ser un medio de propaganda sobre los avances en la construcción de una sociedad socialista.
El Ministerio responsable de llevar a cabo el programa de balnearios populares fue el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), liderado por Carlos Cortés, con la colaboración de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) a cargo del arquitecto Miguel Lawner.37 Para tal efecto el 20 de noviembre de 1970 se conformó la Comisión Coordinadora del Plan de Balnearios Populares, formada por seis ministerios -Ministerio de Tierras y Colonización, Ministerio del Interior, Ministerio de Salud, Ministerio de Economía a través de la DITUR, Ministerio de Obras Públicas y el de Vivienda y Urbanismo-, responsable de coordinar los esfuerzos oficiales en torno al turismo popular.38 El diseño y la construcción de los balnearios estuvo a cargo del arquitecto Renato Hernández de la Dirección de Equipamiento Comunitario del MINVU, cuya propuesta consistía en la construcción de cabañas con paneles prefabricados, de ocho o diez pabellones longitudinales, junto con los servicios higiénicos y casino.39
Por su parte, el Ministerio de Tierras y Colonización, a cargo de Humberto Martones, asumió la responsabilidad de identificar en distintas provincias del país los terrenos más aptos para construir los balnearios populares, en la modalidad de camping.40 La idea original comprendía identificar los terrenos para la construcción de los balnearios, luego lotearlos y entregarlos para su administración a las organizaciones de trabajadores y pobladores. Para ello se firmaría un convenio con la Confederación de Empleados Particulares, y luego con la CUT, además de cooperativas y sindicatos.
El financiamiento para la ejecución de los balnearios populares correspondía al presupuesto del MINVU y la DITUR, siendo esta última la responsable de su administración, a través del Departamento de Turismo Social y Juvenil. Para este caso el presupuesto de la DITUR pasó de 1.687.000 de escudos en 1970 a 34.516.000 en 1973, aprobándose importantes sumas para el turismo social. En 1971 aparece en el presupuesto un monto de 10.000.000 de escudos para apoyar el turismo social, en 1972 con 15.000.000 de escudos, cifra importante esta última si se considera que el presupuesto de la DITUR en remuneraciones y compra de bienes y servicios ascendía a 20.000.000 de escudos. Para 1973 el turismo social alcanzó los 17.020.000 de escudos y aparece el turismo juvenil con un monto de 5.801.000.41 De esta forma, se constata que hubo un claro interés por parte del gobierno de Salvador Allende de aumentar la inversión en los programas de turismo social, reduciendo el gasto en burocracia de los gobiernos anteriores.
En un comienzo no existía claridad sobre la cantidad de balnearios que las autoridades proyectaban construir, señalándose un número que iba de 18 a 25 para el verano de 197142. A fines de 1970 se informaba de la pronta habilitación de los primeros seis balnearios ubicados en Los Vilos, Tongoy, Peñuelas, Papudo, Los Queñes y Duao43. El caso del balneario de Los Queñes, ubicado en la zona centro sur del país, puede ser caracterizado como un modelo de balneario de montaña que buscaba ser una alternativa a los balnearios de playa. Había sido construido por el MINVU y gestionado por la Corporación de Desarrollo Social y la DITUR.44
También se buscó aprovechar las instalaciones existentes en la cordillera central, que podían responder de manera más expedita a la demanda de veraneantes de Santiago. En este caso se avanzó en un convenio entre la DITUR y el Departamento de Turismo de la Municipalidad de Las Condes para habilitar los refugios existentes en la localidad de Farellones, los cuales pertenecían a diversas instituciones públicas y que se ocupaban los fines de semana y en temporada de invierno.45
Hacia mediados de enero de 1971 el MINVU y la CORMU inauguraron dos balnearios en la zona centro sur del país, como fueron el del Río Tinguiririca y Río Negro, en la provincia de Colchagua.46 A mediados de febrero de 1971 ya se habían inaugurado los balnearios de Peñuelas y Los Vilos en el norte del país, así como el de Llolleo47 y de Playas Negras en la localidad de Las Cruces en el litoral central. En el caso de Los Vilos, construido por el MINVU y la Dirección de Equipamiento Comunitario, tenía una capacidad para 500 veraneantes.48 Por su parte, el de Peñuelas disponía de 65 cabañas, con equipamiento de baños y un casino. Cada cabaña tenía dos ambientes, con cama matrimonial y seis camas individuales.
De esta forma, y de acuerdo con la prensa del periodo, para fines de febrero de 1971, estaban operativos seis balnearios.49 Sin embargo, fue en el verano de 1972 que se dio un impulso mayor a su construcción, aprovechando la experiencia acumulada y el ímpetu del segundo año de gobierno, además de la participación más activa de organizaciones comunitarias y sindicatos. De hecho, la Guía turística de Chile, de Ferrocarriles del Estado, denominó el año de 1972 como el año del turismo social.50
Para el verano de 1972 se puede destacar la inauguración del balneario de Chacarilla en el cerro San Cristóbal del Parque Metropolitano de Santiago, a cargo de la CORMU, el cual disponía de una piscina para 2.000 bañistas que funcionaba de jueves a domingos.51 Además, se inauguraron los balnearios de Curanipe, en la costa de Linares, de Llallauquen cerca del Lago Rapel, provincia de Cachapoal, de Llico en Curicó, de Santo Domingo, provincia de San Antonio, de Puchuncaví y Loncura, sector norte de la provincia de Valparaíso, de Playa Blanca en Lota y el de playa Las Machas en Arica (Tabla 1). Este último, con una piscina, 60 cabinas, tres blocks de servicios higiénicos y un casino52. También se proyectaba la ocupación de playas, tranques y asentamientos campesinos para la construcción de balnearios, para lo cual se debía llegar a acuerdo con la Corporación de Reforma Agraria.
De esta forma es posible considerar -ante la falta de cifras oficiales- que el potencial de veraneantes que pudo ocupar los balnearios durante el verano (enero y febrero, pero incluyendo la quincena de diciembre y de marzo) de 1971, 1972 y 1973 fue cercano a 190.000 personas, aunque debe haber sido un poco menor ya que en el verano de 1971 solo estuvieron operativos seis balnearios.53 Este potencial de veraneantes obligaba a asegurar su traslado. Como la mayoría de los balnearios estaban en lugares con un gran atractivo turístico, pero alejados de las carreteras principales, las autoridades se aseguraron de proveer un servicio de movilización. En el caso del Ministerio de Obras Públicas, ofició a Ferrocarriles del Estado realizar un estudio sobre cómo mejorar el traslado de los veraneantes a los campings y balnearios, junto con asegurar la provisión de agua potable.54 En febrero de 1971 estaba operativo el denominado “tren de turismo popular”, iniciativa de la Consejería Nacional de Desarrollo y que permitía que las familias pertenecientes a centros de madres, juntas de vecinos y clubes deportivos, en grupos de 1.500 personas, partieran a Viña del Mar.55 En el caso del balneario instalado en el cerro San Cristóbal de Santiago -Chacarilla- se firmó un convenio con la empresa de buses San Cristóbal-La Granja para realizar recorridos diarios a la cumbre del cerro a un valor módico.
La selección de los veraneantes comprendía un proceso de postulación mediado por las organizaciones comunitarias -centros de madres, clubes deportivos y sindicatos- y bajo la coordinación de la Consejería Nacional de Desarrollo Social y la CUT. La Consejería seleccionaba e inscribía a los grupos de veraneantes, en coordinación con las Juntas de Vecinos y Centro de Madres y, además, seleccionaba los equipos de monitores encargados de dirigir las actividades de niños y adultos. Además, organizaba las presentaciones de grupos artísticos y culturales que recorrían los diferentes balnearios populares. La CUT también participaba de la selección de los veraneantes, registrando entre sus sindicatos afiliados la nómina de los trabajadores que participarían del programa.56
Si bien el financiamiento del programa se aseguraba con el presupuesto nacional, los veraneantes debían pagar una cuota módica que dependía del número de integrantes por familia. El cobro corría por cuenta de la Consejería de Desarrollo Social, la cual había habilitado una cuenta corriente en el Banco del Estado para que los veraneantes cancelaran la estadía en doce mensualidades. Una familia tipo de diez integrantes, por una estadía de diez días debía cancelar alrededor de 1.000 escudos, es decir 10 escudos por persona al día.57
Un aspecto que ayuda a entender el uso que se les dio a los balnearios populares como dispositivo político en la construcción de la sociedad socialista es la forma cómo funcionaban. Tempranamente el director de la DITUR, Carlos Lizama, había señalado que los balnearios populares se enmarcaban en un turismo social “consciente y planificado”, donde las familias junto con realizar actividades recreativas serían supervisadas por monitores, tanto en su adecuada nutrición, como en las actividades artísticas y culturales que se le ofrecían.58
Se ha señalado a lo largo de este artículo que dentro del programa de la Unidad Popular se entendieron los balnearios populares como parte de la conquista de derechos que involucraba el acceso al tiempo libre, la recreación y el turismo, pero también como parte de un proyecto de transformación política en pro de la construcción de la sociedad socialista. Esta última narrativa entendía los balnearios populares como dispositivos de lucha política en la conquista de los espacios de descanso que históricamente, según se argumentaba, habían sido exclusivos de las elites y clases medias favorecidas.
Del seguimiento del periódico de gobierno La Nación, se observan numerosas noticias sobre el programa de balnearios populares donde se destaca su uso político y una narrativa revolucionaria en su promoción. Por ejemplo, en la portada de La Nación del 1 de febrero de 1971 se informa sobre la visita a Viña del Mar de pobladores provenientes de Santiago seleccionados por la Consejería de Desarrollo Social y la CUT. Se acompaña la noticia con dos fotografías, una que muestra dos mujeres jóvenes sentadas en la playa y otra que muestra un grupo de niños divirtiéndose, con el sugerente título “Viña del Mar al alcance del pueblo”, señalando: “Viña de Mar ya no es balneario para ricos. Las iniciativas del Gobierno Popular del doctor Allende han permitido que el pueblo llegue hasta la “ciudad jardín” y conozca lo más hermoso de sus parajes”.59 Este contraste entre “balneario para ricos” y “Gobierno Popular”, buscaba dejar en claro las dimensiones que estaban en pugna, las cuales se insertan en nuevas disputas por los espacios recreacionales.
Otro ejemplo que ilustra el uso político de los balnearios populares corresponde al caso de Piedras Negras en la localidad costera de Las Cruces, construido por la Dirección de Equipamiento Comunitario del Ministerio de Vivienda y Urbanismo. En su inauguración La Nación tituló la noticia apelando al espíritu de lucha: “El pueblo renueva sus energías para construir “el Chile nuevo”. Para proseguir: “Pese a los múltiples intentos de sectores reaccionarios por impedir el avance implacable y arrollador de los planes de reformas sustanciales aplicados hasta la fecha en el país, el Gobierno Popular del Presidente de la República, Compañero Salvador Allende, continúa en su lucha por reivindicar las conquistas de los trabajadores y el pueblo chileno y otorgarles el máximo de confort social y económico”.60
En la misma página se presentan fotografías de la inauguración del balneario, junto a un pequeño reportaje titulado “Los momios golpistas se ‘chingaron’ otra vez”, haciendo referencia a la intención de los habitantes de la localidad de Las Cruces de bloquear la comitiva presidencial que iría a inaugurar el balneario, bloqueo que no tuvo éxito por el cambio de la agenda del presidente Allende.
Estos ejemplos ayudan a comprender la naturaleza del esfuerzo comunicacional que llevó a cabo el gobierno en la promoción de los balnearios populares, donde se jugaba, como se ha señalado, parte del programa transformador de la Unidad Popular. Si bien la prensa opositora, como El Mercurio, dio a conocer el programa de balnearios populares, lo hizo desde un tono crítico, denunciando los problemas de equipamiento que presentaban y las dificultades en su acceso. En el caso del balneario popular del Cerro San Cristóbal, se denunció el elevado valor del transporte, la falta de caminos adecuados, entorno riesgoso y la mala calidad de su piscina.61
En este contexto de disputa y de esfuerzo comunicacional del gobierno, que deben inscribirse los documentales realizados en el periodo de estudio en pro del turismo social. El investigador Martín Farías identifica tres documentales vinculados con la medida 29 del programa de la Unidad Popular, los cuales tienen como denominador común el dar cuenta de la necesidad de promover los balnearios populares en el país debido a la ausencia de espacios de recreación para el pueblo.62 El primero, titulado El derecho al descanso, fue realizado en 1971 por la Presidencia de la República y recoge las primeras acciones en pro del cumplimiento de la medida 29. El segundo documental es de 1972 y se titula Balnearios Populares, el cual da cuenta del avance del programa, pero desde un punto de vista externo al estar producida por un grupo de privados. El último ejemplo ilustrativo de este esfuerzo comunicacional del turismo social corresponde al documental titulado Un verano feliz de 1972, que si bien fue producido por el Departamento de Cine de la CUT, y no por el gobierno, su narrativa puede insertarse en la propaganda sobre los logros de la Unidad Popular y la construcción de la sociedad socialista.
La producción de documentales tuvo un auge durante la Unidad Popular en comparación con etapas anteriores, en el marco de la alta politización que vivía la sociedad chilena63. El control de los principales medios de comunicación por parte de la oposición hizo que las autoridades utilizaran el documental como forma “de dar a conocer las acciones del gobierno y como actividades de propaganda para motivar a los trabajadores a seguir apoyando a la Unidad Popular”.64 Además, por su vocación más realista y su intención de mostrar en tiempo presente los hechos que se buscaban narrar, el documental era propicio para transmitir ciertos valores o puntos de vista políticos de manera más directa y sin mediación, aunque sin descuidar su valor estético.65
En el caso del documental El derecho al descanso de 1971 es interesante su análisis porque fue el primer documental que se hizo sobre los balnearios populares, con el objetivo de justificar dicha medida y presentar sus iniciales avances.66 El documental fue producido por Adolfo González, jefe del Departamento de Cine y Televisión de la Oficina de Informaciones y Radiodifusión de la Presidencia de la República, con la dirección de fotografía a cargo de Manuel Julio y el montaje de Eliseo Pedraza. El documental se filmó en blanco y negro, con una duración de 13 minutos, acompañado de un relato en off.
El documental puede ser organizado en tres momentos. En una primera parte, el documental busca ofrecer un contraste entre el veraneo de las clases trabajadoras y populares, por un lado, y los sectores de la elite, por otro. La voz en off describe los lugares de veraneo de la clase alta chilena, intercalando imágenes de diversos balnearios, al parecer de Algarrobo y Viña del Mar: “Balnearios de Chile, hermosas playas, lujosos hoteles, bellos edificios de departamento, destinado todo esto a gente que veranea durante tres meses del año en estos encantadores lugares de recreo y distracción. Punto de cita y esparcimiento de la más satisfecha y alegre elite de nuestra sociedad”. Además, se describe a la clase alta como despreocupada: “Todo está dispuesto para que gocen de la vida, se entretengan y distraigan, descansen en todo el sentido de la palabra del trabajo efectuado durante el año”.
La música que ambienta esta descripción es música de rock, lo cual le da un contexto sicodélico y banal a la experiencia vacacional de los sectores de la elite. La descripción de esta realidad -enajenada y enajenante- se interrumpe cuando el narrador se pregunta: “¿dónde veranea el obrero, el hombre común, ese que con esfuerzo y sacrificio inaudito ha creado las bases de un sistema económico que hasta ayer lo explotó?”. Se ambienta con una música más lenta, de raíz folclórica, y se acompaña con imágenes que muestran diversas faenas de trabajo. Describe los viajes que las familias trabajadoras realizaban cada verano en ferrocarril, sin mayores comodidades y por un lapso de un día o máximo tres. Un aspecto interesante es que el documental denuncia que en los balnearios se reproduce la separación de clases, mostrando playas con alambradas que separan sectores públicos y recintos particulares:
Durante todo el tiempo de su veraneo, [el trabajador] debe ver, observar y aceptar normas impuestas por un salvaje sistema económico social que no trepida en poner toda clase de letreros prohibiendo esto y lo otro, sujetando férreamente al pueblo a un sistema que éste no tiene por qué aceptar. Las imágenes que mostramos son verídicas, no tenemos por qué engañar a nadie. Y es increíble que en las libres playas de nuestro territorio existan alambradas de púa separando a una clase afortunada de otra más pobre y explotada.
En un segundo momento, el documental describe de forma pedagógica el programa de balnearios populares, indicando sus adelantos y comodidades que podía ofrecer a los veraneantes. Las vacaciones eran presentadas como un derecho para los trabajadores y necesario para reponer las fuerzas, siendo los balnearios el medio para que el descanso dejara de ser un privilegio y se transformara en un derecho, tal como el título del documental lo señalaba: “El pueblo organizado -señala la narración en off- ya tiene conciencia de su poder y no se dejará arrebatar jamás las conquistas alcanzadas”.
La última parte del documental muestra los primeros traslados en buses hacia los balnearios populares, acompañado de imágenes alegres de familias beneficiarias del programa. Se señala que el objetivo para el primer año es ofrecer vacaciones a 20.000 familias obreras, con el compromiso de que en un lapso de tres años “toda la clase trabajadora tendría derecho al descanso”.67 Se entrelazan imágenes panorámicas de las playas, de las cabañas, de los veraneantes, de la cocina colectiva, entre otras.
Si bien las estimaciones entusiastas de este primer documental sobre los alcances de los balnearios populares no pudieron se alcanzadas, y a lo sumo este programa benefició en los veranos de 1971, 1972 y 1973 entre 150.000 y 190.000 personas, en términos prácticos fue una alternativa que benefició a un conjunto de trabajadores y pobladores que sin esta oportunidad no hubieran podido acceder al litoral chileno, transformando con ello positivamente sus vidas.
El interés por estudiar el turismo social durante la Unidad Popular surge de la misma necesidad de avanzar en la comprensión de su evolución histórica durante el siglo XX, además de considerar que es otra vía para conocer la experiencia de la Unidad Popular.
Durante las primeras décadas del siglo XX el desarrollo del turismo fue pensado como estrategia de Estado para potenciar dicha actividad como fuente de ingreso, por lo tanto, orientada a un público extranjero que trajera divisas. En este contexto, los medios de difusión, propaganda y promoción turística fueron efectivos en construir una narrativa sobre los atractivos del país, en base a estereotipos, escenificaciones e itinerarios organizados que se difundían a través de la prensa en Chile y el extranjero. Sin embargo, estos medios fueron menos efectivos en integrar a la población chilena a ese proyecto de imagen país, lo que ayuda a comprender el por qué en las imágenes del “Chile turístico” la mayoría de las veces no aparecieran habitantes.
En cierta forma el turismo social promovido durante la presidencia de Salvador Allende no era nuevo, y se entroncaba con las experiencias del Frente Popular en el mismo orden de acciones, aunque no aparecía como contradictorio con una política de promoción de los atractivos turísticos del país hacia el extranjero. Muy por el contrario, la política turística de la Unidad Popular aparecía en el terreno del equilibrio de los intereses que históricamente habían sido parte del sector, mucho más compleja de lo que puede suponerse a simple vista. De hecho, planteamos que la experiencia de los balnearios populares es interesante no solo porque ofreció una alternativa al uso de las vacaciones y tiempo libre para los sectores que históricamente habían sido marginados de la política turística, sino también porque formó parte de un proyecto de transformación social que debía servir a su vez como imagen (turística) hacia el interior y el extranjero de un país en vía al socialismo.
En el contexto latinoamericano, el turismo social de la Unidad Popular se entronca con los programas populistas al estilo de Getulio Vargas en Brasil o Juan Domingo Perón en Argentina, los cuales buscaron incorporar al disfrute del tiempo libre y las vacaciones a los sectores que eran la base electoral del proyecto político. Sin embargo, el ideario de construcción de una sociedad socialista -en pleno contexto de Guerra Fría- colocó a los balnearios populares como dispositivos de lucha política en la conquista de espacios y experiencias que habían sido propios de las elites, de tal forma que cuando vino el golpe de Estado de septiembre de 1973, los militares no solo suspendieron dicho programa de vacaciones, sino que ocuparon algunos de los balnearios como campos de detención, argumentando que eran escuelas de guerrillas.
Para el caso de Chile, uno de los aspectos más novedosos del programa de balnearios populares del gobierno de Salvador Allende, y que lo diferencian del programa de turismo social de fines de la década de 1930 y 1940, es que se institucionalizó un proceso que aseguraba la participación tanto de pobladores como de trabajadores sindicalizados. En una narrativa que se hizo visible durante la Unidad Popular, la cual señalaba que la conquista de la sociedad socialista se haría en conjunto con pobladores, trabajadores y campesinos, el programa de los balnearios populares supo integrar a los dos primeros sectores entre sus beneficiarios, contando para ello, con la organización de las Juntas de Vecinos, responsables del proceso de inscripción de pobladores, y la CUT, que inscribía a trabajadores que pertenecieran a sindicatos afiliados.
Se han destacado en el esfuerzo comunicacional que hizo el gobierno de la Unidad Popular diversas narrativas que vieron en la política de turismo social y en los balnearios populares no solo la forma de seguir ampliando los derechos de los trabajadores, y cumplir así con el programa de la Unidad Popular, sino también otra vía de radicalización de la lucha política, con todos los alcances simbólicos que podía tener, en especial en trasladar esa lucha incluso a los espacios de ocio, tiempo libre y turismo.
La principal contribución que esperamos haber realizado con este artículo es superar las perspectivas exclusivamente testimoniales que han existido al abordar los balnearios populares, las cuales han consensuado en la importancia de estas experiencias en la vida de los pobladores y trabajadores que pudieron asistir a estos balnearios. Sin estar en contra de esta valoración, nuestro foco estuvo en caracterizar los balnearios como parte del programa transformador de la Unidad Popular y de la promoción de la vía chilena al socialismo.
Guillermo Cicalese, “Conflictos políticos, enredos jurídicos y negocios de verano en torno de las playas marplatenses”. Las puertas al mar. Consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar. ed., Elisa Pastoriza. Buenos Aires: Editorial Biblos, 2002.
Guillermo Cicalese Conflictos políticos, enredos jurídicos y negocios de verano en torno de las playas marplatensesLas puertas al mar. Consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar Elisa Pastoriza Buenos AiresEditorial Biblos2002
Galeno-Ibaceta, Claudio. “Turismo y arquitectura moderna en el reconocimiento de los territorios desérticos del Norte de Chile: el Consorcio Hotelero Nacional y Honsa”, AS 44 (2013): 92-105.
Claudio Galeno-Ibaceta Turismo y arquitectura moderna en el reconocimiento de los territorios desérticos del Norte de Chile: el Consorcio Hotelero Nacional y HonsaAS44201392105
Garcés, Mario, “Construyendo las poblaciones. El movimiento de pobladores durante la Unidad Popular”. En Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular. ed., Julio Pinto. Santiago: LOM, 2005.
Mario Garcés Construyendo las poblaciones. El movimiento de pobladores durante la Unidad PopularCuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular Julio Pinto SantiagoLOM2005
Lawner, Miguel, “La demolición de un sueño”, 2013. http://www.londres38.cl/1937/articles-95140_recurso_2.pdf.
Miguel Lawner La demolición de un sueño2013http://www.londres38.cl/1937/articles-95140_recurso_2.pdf
Rey, Valentina, “Cabañas a la orilla del mar Una promesa de la Unidad Popular”, La vía chilena al socialismo: 50 años después, eds. Robert Austin, Joana Selém Vasconcelos, Viviana Canibilo Ramírez. Buenos Aires: Clacso, 2020.
Valentina Rey Cabañas a la orilla del mar Una promesa de la Unidad PopularLa vía chilena al socialismo: 50 años después Robert Austin Joana Selém Vasconcelos Viviana Canibilo Ramírez Buenos AiresClacso2020
Rivas, Humberto. “Turismo en Chile. Antecedentes históricos”. Desarrollo del turismo en América Latina. coord., Noemí Wallingre. Quilmes: Universidad Nacional de Quilmes, 2018.
Humberto Rivas Turismo en Chile. Antecedentes históricosDesarrollo del turismo en América Latina Noemí Wallingre QuilmesUniversidad Nacional de Quilmes2018
Santander, Gonzalo y Antoine Faure , “Entre prácticas higienistas y eugenésicas: las políticas públicas chilenas de veraneo popular en los 1940”, Intervención 11.1, (2021): 7-27.
Gonzalo Santander Antoine Faure Entre prácticas higienistas y eugenésicas: las políticas públicas chilenas de veraneo popular en los 1940Intervención1112021727
Elisa Pastoriza, “El turismo social en la Argentina durante el primer peronismo”, Revista Nuevo Mundo, Débats (16 de junio de 2008). URL: http://nuevomundo.revues.org/36472
Elisa Pastoriza El turismo social en la Argentina durante el primer peronismoRevista Nuevo Mundo2008http://nuevomundo.revues.org/36472
[2] El programa de medio litro de leche era parte de las primeras 40 medidas que se había comprometido implementar la Unidad Popular una vez en el poder, y se comprende como parte de un plan nacional de alimentación dirigido a la infancia. Ver: Joshua Frens-String, Hungry for Revolution: The Politics of Food and the Making of Modern Chile (Los Angeles: University of California Press, 2021).
[7] Victoria de Grazia, The Culture of Consent: Mass Organization of Leisure in Fascist Italy (New York, Cambridge University Press, 1981); Shelley Baranowski, Strength Through Joy: Consumerism and Mass Tourism in the Third Reich (Cambridge: Cambridge University Press, 2004; Diane Koenker, Club Red: Vacation Travel and the Soviet Dream (Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 2013).
[8] Guillermo Cicalese, “Conflictos políticos, enredos jurídicos y negocios de verano en torno de las playas marplatenses”, Las puertas al mar. Consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar, ed., Elisa Pastoriza (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2002) 133-162; Eugenia Scarzanella, “El ocio peronista: vacaciones y “turismo popular” en Argentina (1943-1955)”, Entrepasados 14 (1988): 65-84; Elisa Pastoriza, “El turismo social en la Argentina durante el primer peronismo”, Revista Nuevo Mundo, Débats (16 de junio de 2008). URL: http://nuevomundo.revues.org/36472
[9]Erica Schenkel, Política Turística y turismo social. Una perspectiva latinoamericana (Buenos Aires: CICCUS-Clacso, 2016)
[11] Miguel Lawner, “La demolición de un sueño”, Santiago, 2013. Ver: http://www.londres38.cl/1937/articles-95140_recurso_2.pdf.
[14]Para un análisis general del Frente Popular chileno, ver: Pedro Milos, Frente Popular. Su configuración: 1935-1938 (Santiago: Lom Ediciones, 2008).
[15]Sobre el desarrollo hotelero y su carácter elitista, ver Rodrigo Booth y Cinthia Lavín, “Un hotel para contener el sur”, ARQ 83 (2013): 56-61.
[20] Dirección de Turismo, Plan Nacional de Desarrollo Turístico (Santiago: Ministerio de Economía, 1970).
[22] Puig Casanova 7
[23] Puig Casanova 18.
[24] Valentina Rey 63.
[26]“Un personaje de frente: Salvador Allende Gossens”, En Viaje (Santiago), 445, noviembre de 1970: 10.
[28]“Un personaje de frente: Carlos Lizama”, En Viaje (Santiago), 447, enero de 1971: 8.
[30]Es interesante que el director de la DITUR al referirse a los balnearios populares los llame “villas vacacionales”, que el mismo programa denominaba balnearios populares: “La dirección de turismo en coordinación con otros organismos del Estado […] está desarrollando un plan de habilitación de “villas de vacaciones”, sobre la base de cabañas y que estarán en servicio en este verano. Estas “villas de vacaciones” irán aumentando en cantidad a través del país en los próximos años de manera que todos los chilenos puedan hacer uso de vacaciones a un costo mínimo, derecho que les corresponde y del cual han estado marginados”, “Un personaje de frente: Carlos Lizama”, 10.
[32]De hecho, al parecer, no se avanzó en ninguna medida concreta en pro del termalismo social durante la presidencia de Allende, “El termalismo social”, En Viaje (Santiago), 458, enero de 1972: 28.
[33]“A los delegados, observadores y periodistas venidos de todo el mundo a UNCTAD III, ¡SALUD!”, En Viaje (Santiago), 461, abril de 1972: 2.
[34]“UNCTAD III: misión cumplida”, En Viaje (Santiago), 461, abril de 1972: 11.
[39]“Diez mil chilenos inauguran gran plan de turismo popular”, La Nación (Santiago), 16 de enero de 1971: 2; Rey 65.
[41]“Verano de 1971 iniciará el turismo popular”, La Nación (Santiago), 26 de noviembre de 1970: 6.
[42] República de Chile, Ley de Presupuesto (Santiago: República de Chile, 1972); República de Chile, Ley de Presupuesto (Santiago: República de Chile, 1973).
[43]“Universitarios trabajarán en los balnearios populares”, La Nación (Santiago), 5 de diciembre de 1970: 8.
[44]“20 nuevos balnearios para veraneo popular”, La Nación (Santiago), 31 de diciembre de 1970: 2.
[45]“Pobladores tendrán su balneario en la montaña”, La Nación (Santiago), 16 de febrero de 1971: 5.
[46]“Balneario cordillerano al alcance del pueblo”, La Nación (Santiago), 1 de enero de 1971: 3.
[47]“Tinguiririca y Puente Negro, nuevos balnearios del pueblo”, La Nación (Santiago), 20 de enero de 1971: 2.
[48]Si bien se menciona en algunas fuentes este balneario como el de Llolleo, claramente corresponde al de Rocas de Santo Domingo, “Veraneo popular para otras 250 familias”, La Nación (Santiago), 9 de febrero de 1971: 6.
[49]“Inaugurado balneario popular de Los Vilos”, La Nación (Santiago), 12 de febrero de 1971: 2.
[50]“Seis balnearios populares se encuentran funcionando”, La Nación (Santiago), 21 de febrero de 1971: 5.
[52]“Balneario popular Chacarilla será inaugurado el 15”, La Nación (Santiago), 12 de enero de 1972: 2.
[53]“Nuevos balnearios habilita Ministerio de la Vivienda”, La Nación (Santiago), 8 de febrero de 1972: 6.
[54]Para estos cálculos se consideraron estadías en cada uno de los balnearios de diez días, es decir tres grupos de veraneantes por mes (un total de 1.500 veraneantes por mes).
[55]“Facilidades de transporte hacia zonas de balnearios”, La Nación (Santiago), 23 de enero de 1971: 6.
[56]“Pobladores también veranean a iniciativa del Gobierno”, La Nación (Santiago), 3 de febrero de 1971: 3.
[57] Lawner, “La demolición”.
[58]“1972. El año del turismo social”, Guía Turística de Chile 37 (1972): 4; “Vacaciones y alimentación completa por E°10 diarios”, La Nación (Santiago), 13 de febrero de 1971: 2.
[60]“Viña del Mar al alcance del pueblo”, La Nación (Santiago), 1 febrero de 1971:1.
[61]“El pueblo renueva sus energías para construir ‘el Chile nuevo’”, La Nación (Santiago), 19 de febrero de 1971: 2.
[62]“De difícil acceso y de elevado costo familiar”, El Mercurio (Santiago), 18 de enero de 1971: 12.
[66]Sobre el uso del documental durante la Unidad Popular, ver Jacqueline Mouesca, El Documental Chileno (Santiago: Lom Ediciones, 2005).
[67]Si bien la Cineteca de la Universidad de Chile fecha este documental en 1970, la filmación de la inauguración de los balnearios corresponde al verano de 1971.
[68]Estas cifras no corresponden a la realidad. En 1971 estaban operativos seis balnearios, con un potencial de ocupación para los meses de enero y febrero, y primera quincena de marzo, de entre 18.000 y 20.000 personas en total. Es posible que el documental confundiera 20.000 personas con 20.000 familias.