La idea de mejorar o revalorizar el capital humano se caracterizó, desde finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, por una vertiente reformista liderada por médicos higienistas en el marco del movimiento sanitarista y una vertiente eugenésica dirigida al control de la población con base en argumentos científicos.1 Así, por un lado, la higiene social, aplicada a un grupo más o menos amplio de la población, enfrentó, como lo hizo posteriormente la salud pública, tanto las enfermedades parasitarias y tropicales como las enfermedades sociales (tuberculosis, alcoholismo y venéreas), mediante un abanico de acciones justificadas por el cruce de la medicina, las ciencias sociales y la política.2 En este sentido, la higiene social, como proyecto modernizador de “acción preventiva, profiláctica, de control de los factores generadores y multiplicadores de enfermedad”,3 abarcó la asistencia pública, la nutrición, la higiene urbana, infantil, escolar y de fábricas, además de las luchas antituberculosa, antivenérea, antialcohólica. Pero también en su afán preventivo se dirigió a la protección de la nacionalidad y la raza en una forma de eugenesia preventiva, que en América Latina incluyó, por ejemplo, una batalla por la infancia, el control de la reproducción, la selección del inmigrante o las políticas orientadas al blanquimiento y mestizaje de la nación.4
Es precisamente en ese horizonte inaugurado en 1991 por la Hora de la Eugenesia de Nancy Stepan5 que se inscribe Mestizaje Inconcluso de David Solodkow. En efecto, el problema de la eugenesia adquirió un lugar significativo en la historiografía iberoamericana posterior a la publicación de Stepan, no en vano, el primer artículo sobre el tema en la región agradece a la autora sus aportes.6 A partir de ese momento la bibliografía no ha parado de crecer y en una muestra de 992 artículos publicados entre 1971-2022, que abordan directa o indirectamente cuestiones sobre salud, enfermedad y medicina, el 15% aluden a cuestiones como raza, eugenesia y degeneración en sus resúmenes, mientras que el 41% y 23% de los artículos, respectivamente, hacen alguna alusión a la raza y la eugenesia en el cuerpo del texto. En concreto, 90 artículos abordan en algún momento de sus análisis las tres cuestiones centrales del libro Mestizaje Inconcluso: eugenesia, degeneración y raza. Nótese que únicamente me refiero a una muestra muy significativa de artículos y no incluyo libros, capítulos de libros o tesis. Ante esta profusión de publicaciones, ¿qué presupuestos teóricos sirven al autor para ampliar el campo historiográfico? ¿Qué hay de nuevo en su análisis sobre los discursos eugenésicos en Colombia?
La hipótesis de Solodkow es que Luis López de Mesa (1884-1967) “propuso soluciones biopolíticas y eugenésicas específicas para la modernización del Estado colombiano y el desarrollo de una población funcional y sincronizada con las lógicas económicas del capitalismo mundial de la época” (p. 2). Para problematizar el corpus ensayístico de López de Mesa, Solodkow se sirve de la crítica cultural, la historia de las ideas, el análisis del discurso y los estudios culturales. En concreto esto se traduce en el uso sistemático de los conceptos de ciudad letrada y biopolítica, además del de mestizaje inconcluso sobre el que volveré más adelante. El primero lo toma del crítico Ángel Rama y le sirve para articular toda una “pléyade de religiosos, administradores, educadores, profesionales, escritores y múltiples servidores intelectuales” en torno a una misión civilizadora. La biopolítica de Michel Foucault le permite encuadrar todos los discursos y prácticas con las que los liberales y conservadores colombianos de la primera mitad del siglo XX pretendieron objetivar la vida del trabajador y del pueblo con fines reproductivos y productivos.
Solodkow muestra cómo las instituciones y dispositivos para organizar, controlar, educar y gobernar a la población fueron pensados e ideados de acuerdo con el espíritu de su tiempo por la ciudad letrada colombiana, que, en consonancia con la intelligentsia de otros países de la región, respaldó unos ideales de progreso y civilización, al tiempo que discutió con visible interés y preocupación los problemas de la raza. Ahora bien, en las coordenadas biopolítica, eugenesia, raza y degeneración se han publicado en las últimas dos décadas al menos una veintena de artículos, algunos relacionados con la ciudad letrada colombiana y sus esfuerzos de control, civilización y progreso,7 pero en ninguno de estos artículos se aborda el problema del mestizaje en los términos formulados por López de Mesa. En ese sentido, se puede afirmar que el libro agrega al debate racial y eugenésico tanto en Colombia como América Latina.
Según Solodkow, López de Mesa formuló la noción de mestizaje inconcluso para referirse “al resultado de las malas y aún no terminadas mezclas históricas” o “la inestabilidad racial, de una mezcla en evolución aún” (p. 13). La relevancia de esta noción radica en la definición negativa del proceso de mestizaje y su inscripción en una de las variantes del discurso nacionalista en América Latina caracterizado por la reconciliación nacional mediante el mestizaje o el rechazo de la degeneración por las mezclas de antagonismos (p. 15). Pero también en su posibilidad de orientar las preocupaciones por la modernización y el progreso y determinar la manera de gobernar a la población para una nación “racialmente apta” y “económicamente funcional” (p. 22).
Si problematizar es aplicar a cuestiones que siguen vivas en la actualidad un campo unificado de interrogantes, reformulados varias veces a través de crisis e integrando datos nuevos,8 en su libro, Solodkow problematiza aspectos como: población y conflicto social, diagnóstico y regeneración racial, racismo liberal, eugenesia deficitaria, inmigración y alimentación. Así, en sus 348 páginas, 10 capítulos -además de la introducción, conclusiones y una extensa bibliografía de 30 páginas-, Mestizaje inconcluso consigue actualizar la historia de los debates raciales en América Latina. No en vano concluye su análisis con la obra conocida como “el Bolívar Travesti” (1994) de Juan Dávila y las polémicas suscitadas en el espectro bolivariano.
No es mi intención resumir la obra, así que quisiera enfocarme en dos aspectos para concluir esta reseña: por un lado, el lugar de los discursos eugenésicos en Colombia y su papel en la configuración de las políticas públicas durante la primera mitad del siglo XX; por el otro, me interesa problematizar las ideas raciales presentes en los discursos acerca de la inmigración y los extranjeros.
La historiografía colombiana -Solodkow no es la excepción- localiza la conjunción entre discursos modernizantes y políticas orientadas a la población en el periodo de decadencia de la hegemonía conservadora y la emergencia de la República Liberal. Fue precisamente en las décadas de 1920 y 1930 que la agitación social y la creciente sensibilidad política frente a la cuestión social hicieron más visibles los problemas relacionados con la población y la clase obrera urbana y rural. Y por lo mismo, es el periodo en que el Estado asume un papel significativamente intervencionista. Así, frente a la degeneración, atavismo, pereza, ignorancia, salvajismo y alcoholismo, o ante el retroceso biológico producido por el mestizaje, se propone “un proceso de eugenesia para el mejoramiento racial de la población” (p. 83). Al respecto señala Solodkow: “El liberalismo colombiano de las décadas de los veinte y los treinta […] se propuso la tarea de realizar una genealogía del mal colombiano, con el fin de arribar a un diagnóstico que permitiera modernizar las instituciones del Estado y transformar la vida de la población civil” (p. 84).
Frente a la degeneración física o el mestizaje negativo de la sociedad colombiana, intelectuales como López de Mesa propusieron, entre otras acciones, controlar el proceso “azaroso” y “natural” de reproducción mediante leyes migratorias estrictas. Para Solodkow, “existe una clara relación dialógica y dialéctica entre las reflexiones de la ciudad letrada de la época y la implementación de dispositivos jurídicos que sintonizan y ejecutan la planificación biopolítica y el posterior gobierno y control de la población civil” (p. 177). En una frase, considera que López de Mesa, entre otros miembros de la ciudad letrada colombiana, influyeron con sus discursos eugenésicos en leyes como la Ley 48 de 1920 y en su carácter de selección y excepcionalidad reflejado desde el artículo primero: “el territorio de Colombia está abierto para todos los extranjeros, salvo las excepciones que se hacen de la presente ley”. Entre las exigencias para los extranjeros el gobierno colombiano estableció certificado de sanidad donde constara no padecer tuberculosis, lepra, tracoma, fiebres eruptivas, enajenación mental (demencia, manía, parálisis, alcoholismo, epilepsia, idiotismo, cretinismo o baldación). Así mismo, estableció la exclusión de mendigos profesionales, vagos, condenados por crímenes infamantes. Finalmente, en el artículo 9º prohibió el ingreso a anarquistas, comunistas, depravados morales o todos aquellos que violaran la neutralidad ingiriendo “en la política interna de Colombia, sea por medio de la prensa, redactando o escribiendo en periódicos políticos sobre asuntos de esta clase o por la palabra, pronunciando discursos sobre política colombiana, o afiliándose a sociedades políticas” (p. 176).
Frente a la eugenesia los historiadores de América Latina no se ponen de acuerdo. Para algunos las políticas eugenésicas del sur del continente se oponen a las promovidas en países como Colombia o México, donde predominó la higiene social.9 Esta diferencia se reflejó en discursos y prácticas más eugenésicas y racializadas en los países del sur y decisiones más orientadas a la gestión sanitaria y política de la población en Colombia o México. En este sentido, para terminar, creo importante cuestionar la idea de una utopía capitalista liberal que se chocó con sus propios prejuicios raciales (p. 211). Frente a la eugenesia como elemento estructural en la gestión de la población de la primera mitad del siglo XX en Colombia o frente a las políticas públicas inspiradas por una ciudad letrada que percibe una población colombiana monstrificada, mal mezclada, borracha y enferma (p. 215), las autoridades migratorias parecen haber estado más preocupadas por los extranjeros: perniciosos, dañinos, nocivos y agitadores o comunistas, socialistas, anarquistas, tal como se sugiere en Xenofobia al rojo vivo en Colombia: extranjeros perseguidos y expulsados en el siglo XX.10 De este modo, sin negar el antisemitismo de López de Mesa, me parece importante equilibrar los argumentos biológicos y políticos, destacando el fantasma revolucionario que agobia a los legisladores colombianos.
En síntesis, el libro reseñado es un provocador aporte al debate eugenésico en América Latina, por la incorporación del mestizaje inconcluso y la problematización de la obra de López de Mesa. Sin duda, constituye un punto de partida para reflexionar sobre los actuales temores raciales y políticos de los colombianos.
[1] Andrés Reggiani, Historia mínima de la eugenesia en América Latina (Ciudad de México: El Colegio de México, 2019) 17; Carlos Ernesto Noguera, Medicina y Política: discurso médico y prácticas higiénicas durante la primera mitad del siglo XX en Colombia (Medellín: Eafit, 2003) 94.
[2]Diego Armus, La ciudad impura: salud, tuberculosis y cultura en Buenos Aires, 1870-1950 (Buenos Aires: Edhasa, 2007) 215.
[3]Noguera, Medicina 180; Jairo Ernesto Luna-García, “Configuración de la salud obrera en la Tropical Oil Company: Barrancabermeja 1916-1951” (Tesis en historia, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2011) 202.
[5]Nancy Stepan, “The Hour of Eugenics”: Race, Gender, and Nation in Latin America (Ithaca: Cornell University Press, 1991).
[6]Eduardo Zimmermann, “Racial Ideas and Social Reform: Argentina 1890-1916”, Hispanic American Historical Review 72.1 (1992): 23-46.
[7]Álvaro Villegas, “Raza y nación en el pensamiento de Luis López de Mesa: Colombia, 1920-1940”, Estudios Políticos 26 (2005): 209-32; Álvaro Villegas, “La elite intelectual colombiana y la nación imaginada: raza, territorio y diversidad (1904-1940)”, Anuario de historia regional y de las fronteras 11.1 (2006): 45-71; Álvaro Villegas, “Nación, intelectuales de elite y representaciones de degeneración y regeneración, Colombia, 1906-1937”, Iberoamericana 7.28 (2007): 7-24.
[8]Roberto Castel, La metamorfosis de la cuestión social: una crónica del salariado (Argentina: Paidós, 1997), 19.
[9]María Fernanda Vásquez, “Degeneración y mejoramiento de la raza: ¿higiene social o eugenesia? Colombia, 1920-1930”, História, Ciências, Saúde-Manguinhos 25 (2018): 145-58. https://doi.org/10.1590/s0104-59702018000300009.