Transterrados Consuelo Triviño Editorial calambur, Madrid, 2018, 269 p.*

 

Consuelo Triviño Anzola es una consagrada narradora colombiana residenciada en España. Su obra, ya afianzada, cuenta con un importante recorrido y ha sido reconocida ampliamente. A ella la recordamos principalmente por una estupenda novela que ha recibido elogios tanto en España como en América Latina y Estados Unidos. Prohibido salir a la calle (1998) es una historia de formación o aprendizaje (bildungsroman) en la que se explora desde adentro la vida cotidiana de una familia colombiana. Su protagonista, Clara, una niña a la que vemos crecer en el desarrollo del relato, nos lleva de la mano a explorar su mundo.

En esta ocasión, Triviño nos muestra una trama cercana a su propia realidad. La autora nos cuenta la incierta vida que afronta un inmigrante colombiano al reubicarse y reinventarse en un nuevo país. Algo que la escritora conoce muy bien, pues ella misma enfrentó tal condición en la década de 1980 cuando dejó Colombia, con todos sus sueños y expectativas, rumbo al país ibérico. Triviño conoce de primera mano esta situación y posiblemente debía a sus lectores una narración cuyo fundamento temático fuera la naturaleza de sentir el desarraigo y la exclusión que se pueden experimentar cuando se habita en una nueva y lejana tierra.

En cuanto al tema, en el último tiempo han surgido muchas expresiones narrativas en la literatura colombiana que tocan esta problemática. En particular, en las más recientes décadas la emigración se ha convertido en asunto tratado por nuestros autores. Lo anterior no es de extrañar, pues Colombia ha trasladado sus ciudadanos a diferentes lugares del mundo gracias a los habituales y crónicos problemas sociales y económicos del país que han forzado, directa o indirectamente, a muchos compatriotas a buscar nuevos horizontes en donde las posibilidades de vida sean menos desiguales. En la literatura colombiana contemporánea, autores como Jorge Franco, Santiago Gamboa o Antonio Ungar han explorado exitosamente esta realidad en sus páginas, en las que se observa aquel clásico desplazamiento de un habitante de América Latina (en este caso Colombia) que deja atrás su pasado y se enrumba a la aventura de “descubrir” un país del llamado “primer mundo”. En la mayoría de los casos este tipo de rupturas, al menos en las novelas de los autores citados, se origina por aquel deseo de cambio de vida, ya sea en procura de una mejor educación (no basada en el poder económico) o simplemente en la búsqueda de nuevas oportunidades. Unida a esa ambición florece la idea de Europa o Estados Unidos como meca o tierra prometida, una aspiración, a veces fantasiosa, de “untarse de mundo”. Recuerdo ahora algunos de los personajes de El síndrome de Ulises (2005) de Gamboa, que viajan a París entronizándola con el dejo romántico y sentimental del lugar idílico. Pero algunas veces esa construcción, más emotiva que racional, choca con la verdadera vida que le puede esperar al inmigrante tercermundista. Entonces es cuando lo soñado se trasfigura en lo imprevisto, en lo trágico o incluso en lo fatal.

Ese, sin lugar a vacilaciones, es el foco general de la novela: la tragedia de ser inmigrante dentro de un contexto que asume tal condición como una inferioridad. El juego perverso de una sociedad o cultura que se viste todavía en el siglo XXI de hegemónica y colonizadora y mira desde arriba a sus contrapartes que siguen estando subordinadas y explotadas. En Transterrados, buena parte de los personajes provienen de la América “sudaca” y son observados con desdén y exotismo en el país receptor. Estas relaciones de poder y yugo (entre dos mundos) suenan muy semejantes a las que leemos en los libros de historia que rememoran desencuentros ocurridos varios siglos atrás. Pero, aunque el tiempo ha pasado y los elencos y los contextos han cambiado, el fundamento y el libreto de los personajes sigue siendo el mismo. La retórica del inmigrante pobre, no blanco, buscador de oportunidades -un estereotipo que parece reforzarse más en el presente- que se enfrenta, en este caso, a una pared tenuemente blanca que no permite su fácil ascenso.

Transterrados, término creado por el filósofo español José Gaos para referirse a sus compatriotas exiliados en México durante la Guerra Civil, es ahora retomado por Triviño que le da a esta problemática un giro de tuerca para actualizar las nuevas dinámicas del inmigrante latinoamericano en España. Con este objetivo, en medio del desfile o collage de desdichados aparece un itinerario puntual que conlleva a descubrir y explorar todo ese mundo oscuro y penoso. En ese acontecer de anécdotas tristes, miedos, ansiedad y asfalto está la historia de Luis Jorge, protagonista de la novela, un inmigrante colombiano que huye de la guerra sin fin de su país y se encuentra en España con una nueva batalla no menos aciaga que aquella que dejó atrás. Es en esa coyuntura cuando se particulariza el relato, y el argumento se posa sobre la vida de un hombre que resulta involucrado en un crimen. Nacen las secuencias y series de voces que le dan al libro una pluralidad de perspectivas con la meta de ordenar una vida. Se implementa el uso del suspenso y una narradora que se interesa íntimamente en buscar la cronología de los hechos. Emerge la construcción y a la vez la deconstrucción de la personalidad del protagonista, la continua indagación acerca de sus amigos, amantes y todas sus actividades. El lector asume preguntas acerca de la naturaleza de este hombre, su honestidad y transparencia. Se juega con las conjeturas y las hipótesis porque no es del todo claro la razón para relacionar al protagonista con el homicidio. La proliferación de voces empleadas para intentar al menos una radiografía de la situación hace que la trama tome un ritmo con ribetes de una investigación de carácter penal.

De todo lo anterior se vale la autora para crear una pieza bien pensada y mejor consignada, que se nutre de un fenómeno social y económico muy pertinente y actual -la migración-. Así da vida a la historia de un hombre cualquiera que un buen día se ve inmerso en un laberinto judicial. Transterrados, novela exitosa por su estructura y desarrollo, me lleva a reflexionar en que bien podría salir triunfante también si se llevara cuidadosamente al lenguaje del cine. Una adaptación esmerada a tal técnica compartiría aclamaciones y temáticamente se agruparía con cintas españolas renombradas que describen desde diferentes ángulos el fenómeno mencionado; con filmes como Las Cartas de Alou (1990), de Montxo Armendaríz; Princesas (2005) o Amador (2010), de Fernando León de Aranoa.

Acogemos esta nueva propuesta de la autora que ilumina por medio de la ficción la realidad anónima de muchos compatriotas en dificultades regados 84 mundo.

[1]Cómo citar esta reseña: Bernal, Á. (2019). Reseña del libro Transterrados de Consuelo Triviño. Estudios de Literatura Colombiana 45, pp. 207-211. DOI: doi.org/10.17533/udea.elc.n45a15