La constitución intelectual y de pensamiento en María Zambrano a través de los grupos y revistas literarias de España

Autores/as

  • Carlos Andrés Gallego Arroyave Universidad Católica Luis Amigó

DOI:

https://doi.org/10.17533/udea.lyl.n87a08

Palabras clave:

María Zambrano, literary journal, poetic reason, Revista de Occidente, Hora de España

Resumen

El artículo explora la influencia de las revistas literarias y círculos intelectuales en el pensamiento de María Zambrano, partiendo de la hipótesis de que estos espacios fueron determinantes en la consolidación de su sistema poético-filosófico. Mediante un enfoque histórico-literario se revisan sus publicaciones en las diferentes revistas españolas: Los cuatro vientos, Cruz y Raya y Hoja Literaria, pero especialmente en Revista de Occidente y Hora de España. Se arguye que estas revistas no solo actuaron como plataformas de difusión de ideas, sino también como puntos de interacción cruciales que ayudaron a Zambrano a definir su voz filosófica en el contexto de la crisis política de España.

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Publicado

2024-12-14

Cómo citar

Gallego Arroyave, C. A. (2024). La constitución intelectual y de pensamiento en María Zambrano a través de los grupos y revistas literarias de España. Lingüística Y Literatura, 46(87), 205–227. https://doi.org/10.17533/udea.lyl.n87a08

1. Introducción

Carlos Altamirano junto con Beatriz Sarlo (2001) cuestionan el modo como debe funcionar y significar la literatura en occidente, asunto que se torna complejo por los diferentes campos de poder que se instituyen dentro de las sociedades occidentales. Empero, Altamirano y Sarlo asumen que la construcción escritural del autor y, por ende, la difusión de sus ideas no se construye por acción individual, sino que «la operación del escribir se inserta dentro de un sistema de relaciones» (p. 154). Este sistema de relaciones debe darse desde la significación de Bourdieu (2002), del campo intelectual y, por consiguiente, la autonomía: «el campo intelectual (y por ello, el campo cultural), está dotado de una autonomía relativa, y que permite la autonomización metodológica que practica el método estructural al tratar el campo intelectual como un sistema regido por sus propias leyes», p. 10). Las diferentes dinámicas del campo intelectual (leyes, relaciones, producciones, etc.) deben mantenerse con cierto distanciamiento del poder político y económico. Esto proporciona, entonces, la consolidación del pensamiento del autor dentro del campo intelectual gracias a sus relaciones y, por consiguiente, la ampliación constante de la difusión de sus ideas a nivel nacional e internacional.

Otro aspecto imprescindible dentro del campo literario es el artefacto que propicia la expansión y divulgación de las ideas del autor, puesto que, según Altamirano y Sarlo (2001), la revista literaria y cultural permite la producción y generación de opiniones, ya sean ideológicas, estéticas o literarias , p. 182). Además, logra y «busca vínculos y solidaridades estables […] en el interior del campo intelectual» (p. 185). Este argumento de Altamirano y Sarlo será un eje primordial para el objetivo de este escrito. Asimismo, Rafael Osuna (2004) advierte que la revista literaria logra una colectividad importante de narradores, poetas, artistas, ensayistas, etc., lo que fortalece, sin duda, la autonomía del campo intelectual y sus ideas. En este sentido, la idea de Osuna permite generar un segundo eje teórico para el desarrollo del texto, cuyo objetivo es, por tanto, analizar desde lo histórico y literario la presencia de María Zambrano en los grupos intelectuales de España, especialmente la Revista de Occidente y Hora de España.

A partir de la propuesta que ofrecen Altamirano y Sarlo y aunado, además, a la idea de Rafael Osuna, es menester entender que tanto el grupo intelectual como la revista que crea este no se gestan desde una vacuidad social. Si bien, se genera un colectivo privado y cerrado que propicia la consolidación de una fundamentación teórica, ideológica y cultural, esto implica una identificación social relevante. Altamirano y Sarlo (2001), expresan que la revista literaria es un primer factor que le ofrece al grupo intelectual un comprenderse como “nosotros” y a los lectores un “ellos” (p. 188). Esta formación interna del grupo es fundamental, en sentido social, para la constitución de una “identidad”, la cual logre tener una conexión socio-ideológica con el lector.

Con esta perspectiva de Altamirano y Sarlo se vincula la propuesta de Rafael Osuna (2004), quien arguye la idea de una poética social por medio de la relación del grupo intelectual, la revista y «la atmósfera cultural, política y filosófica que existe en el momento de la actividad del grupo», p. 46). La fundamentación de Altamirano, Sarlo y Osuna es, en esencia, que tanto el grupo como el intelectual que hace parte de este no solo cumplen un papel de profesionalización y exposición estética de las ideas; es menester revisar que la creación estética de los intelectuales es propiamente ideologemas que «es la representación, en la ideología de un sujeto, de una práctica, una experiencia, un sentimiento social» (Altamirano y Sarlo, 2001, p. 54). Aunado con la noción de ideologemas, puede analizarse en Osuna que la revista intelectual es el mayor ideologema que compone variedad de ideologemas. Dice Osuna (2004):

Una revista no nace en un vacío histórico, sino que ocupa un lugar determinado en la historia, de la que es producto y de la que es originadora. Estudiar revistas es estudiar ideología de grupos y estudiar estos es estudiar Historia desde el microcosmos de su devenir. (p. 45)

Por último, Bourdieu (2002) enfatiza la estrecha relación que se da entre el intelectual y la cultura. De algún modo, dice Bourdieu, la cultura es la que integra al creador, no es este el que desarrolla la perspectiva cultural del contexto, esto deviene, entonces, en una “condición de posibilidad” que, sin saberlo o sabiéndolo, integra factores culturales e ideológicos en su obra. El sociólogo francés manifiesta que esta integración arte-cultura es una unión plenamente axiomática que logra, así, una «integración lógica» de la sociedad, es decir, las manifestaciones estéticas de los intelectuales alcanzan la posibilidad de comprensión, análisis, criticidad y reflexión de la época.

2. Primeras bases del perfil intelectual de María Zambrano

La figura de Blas Zambrano, pedagogo, intelectual y padre de María Zambrano, fue imprescindible para la construcción intelectual de la pensadora, puesto que aquel tuvo un vínculo profundo con Antonio Machado; además, su biblioteca le permitió a Zambrano acercarse a las obras de Unamuno, Azorín, Baroja, Ganivet y, sin duda, la lectura y escritura sobre san Juan de la Cruz también la llevó a crear un vínculo potente con el poeta del Siglo de Oro (Moreno Sanz, 2004, p. 13). Esta primera etapa de niñez y adolescencia de Zambrano, al lado de su padre, es primordial para el devenir de la malagueña en cuanto a su existencia y perfil intelectual.

La formación escolar de María y, como ya se había mencionado, la presencia intelectual de Blas Zambrano llevó a la joven a iniciar estudios de filosofía en la Universidad Central de Madrid a partir de 1921. Gamero Herrera (2018), expone lo siguiente:

En Madrid vive «un tiempo feliz» y de agitación política, de ideas creativas y de reflexiones sobre el ser, el hombre, la sociedad, religión. Pero la política desde un comienzo le llama la atención, las circunstancias que vive la hacen comprometerse por los problemas políticos y sociales, decide actuar junto a otros compañeros estudiantes, actividad que compagina con la escritura y lo académico, (p. 11).

Esta sentencia de Gamero Herrera es indiscutible, su estancia en Madrid y su actividad política contra la dictadura llevarán a María Zambrano a construir una figura relevante dentro de los intelectuales de España, esto se debe a la visión plena, profunda y crítica que tiene de la función política y, en consecuencia, del pensar español.

Ahora bien, la década de los veinte fue la constitución política e intelectual de María Zambrano en Madrid. Sus estudios en filosofía, tanto la licenciatura como el doctorado, le permiten conocer los seminarios servidos por García Morente, Ortega y Gasset y Zubiri. Con este último logra un vínculo amistoso importante, tanto que «él le prestará ayuda e irá a darle clases particulares en su casa» (Moreno Sanz, 2004, p. 14). Lamentablemente, la amistad con Zubiri fue corta, aunque plena. Zambrano en una carta a Agustín Andreu le manifiesta que la relación con Zubiri fue de «un instante, un solo instante» (2004, p. 14). Este fragmento muestra el intenso vínculo que tuvo la pensadora veleña con el filósofo madrileño, el cual no solo se inserta en la relación profesor-estudiante, sino que demuestra, también, que el acompañamiento en los momentos de crisis que tuvo Zambrano por parte de Zubiri, permitieron catalogarlo como un maestro (Soto García y Espinoza Lolas, 2015, p. 442).

Otro de los maestros esenciales y podría decirse que el más influyente para la creación del pensamiento zambraniano fue José Ortega y Gasset; sin duda la figura de Ortega en todo el sistema poético-filosófico zambraniano es vital, precisamente por la manera como el raciovitalismo se establece como sustento teórico para la razón poética y su relación con la historia y la vida como categorías filosóficas. El primer encuentro entre los dos fue en un tribunal de exámenes en la Universidad Central de Madrid, además de los seminarios que impartía Ortega en la licenciatura. Sin embargo, el contacto directo y compacto entre Ortega y Zambrano fue durante los estudios doctorales de la pensadora malagueña y la presencia activa de ella en algunos seminarios de aquel, especialmente el de Kant sobre la Crítica de la razón pura. A partir de ese momento, la relación de amistad intelectual que llevan Zambrano y Ortega es afortunada y pertinente para la construcción de redes intelectuales en la autora veleña. Empero, comienza a surgir un distanciamiento cuando la República va en declive; esto fue creando un abismo entre ambos «hasta desembocar en una ruptura unilateral y definitiva poco después del estallido del conflicto bélico» (Caballero Rodríguez, 2019, p. 73).

La influencia filosófica y la relación fraterna que hubo entre Ortega y Gasset y María Zambrano le permitió a la pensadora malagueña una actividad intelectual constante entre 1927 y 1939. En 1927, la filósofa es invitada, por primera vez, a la tertulia de la Revista de Occidente, donde será mediadora entre su maestro Ortega y los jóvenes estudiantes que asisten: «Su asistencia a la afamada tertulia […] constituye un reconocimiento y una fuente de prestigio para Zambrano, lo que sin duda les facilitó el acceso a diversos círculos intelectuales de Madrid» (Caballero Rodríguez, 2019, p. 74). La Revista de Occidente, como grupo y revista, fue sin discusión, la guía intelectual que le permitió a Zambrano integrarse a diversos ejercicios sociales, culturales, políticos y filosóficos. Esta fase de la Revista de Occidente se ampliará en un próximo apartado.

Como bien lo expresa Beatriz Caballero Rodríguez (2019) la actividad intelectual que tuvo Zambrano en los años veinte no se presenta, por completo, por el apoyo de Ortega, sino que «ella también estaba inmersa en numerosas actividades sociales, culturales y políticas al margen de este. Se movía entre varios círculos intelectuales aparte de la Revista de Occidente que giraban en torno a Hoja Literaria, Cruz y Raya y Cuatro vientos» (p. 74). La presencia que tuvo Zambrano en Madrid fue activa, dado el intelectualismo que se gestaba en la capital española. Si bien Ortega y Zubiri fueron presencias fundamentales para la formación filosófica de Zambrano ―su actividad en las tertulias en Revista de Occidente y su cátedra en la Universidad Central―, los aspectos poéticos y religiosos también fueron imprescindibles durante los años veinte y treinta, por lo que Cruz y raya y Los cuatro vientos fueron grupos y revistas esenciales paralelos a la Revista de Occidente.

La revista Los cuatro vientos, dirigida por Pedro Salinas, Dámaso Alonso y Jorge Guillén fue una publicación bimensual que solo alcanzó a tener tres números publicados, empero, la participación de intelectuales como Federico García Lorca, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, José Bergamín, Gerardo Diego, José María Moreno Villa, Miguel de Manuel Altolaguirre, María Zambrano, Vicente Aleixandre, hizo que durante 1933 se gestara con fuerza la Generación del 27 y se impulsara, además, poetas y artistas jóvenes madrileños. De esas intelectuales jóvenes se encuentra María Zambrano quien publica en la edición de abril de 1933 «Nostalgia de la Tierra»; este ensayo con proyección estética e idealista, dada la necesidad esperanzadora de recuperar una estabilidad social a partir de la recuperación del arte, realiza una apología a la Tierra, entendiendo a esta no solo como componente material, sino como un «glorioso mundo sensible» (Zambrano, 1933a, p. 29). Dicha glorificación sensible de la Tierra era el arte clásico, lamentablemente aparece la “fantasmagoría” -arte abstracto- y se elimina la sensibilidad estética:

Se habían perdido las categorías del espacio; grande y pequeño, cerca o lejos, alto, aquí y allá. El espacio no era ningún espacio concreto; por el contrario, huía de toda concreción, de toda sujeción, pretendía ser espacio infinito. Pero el infinito suele ser el nombre de lo que no está ni aquí ni allá, de lo que no está en ninguna parte. Estar en el infinito es estar desterrado (pp. 31-32).

Simultáneo a Los cuatro vientos está Cruz y Raya, grupo y revista dirigido por José Bergamín. Este espacio, con tinte cristiano, le permitió a Zambrano fortalecer el componente místico que, posteriormente, será base esencial de su pensamiento. Cruz y Raya se define, dentro de la estructura intelectual madrileña, como un grupo intelectual deseoso de recuperar un catolicismo liberal, dialogante y diverso. Las tertulias en los cafés, la modernización de Madrid, la relación del intelectual español con el personalismo francés (Maritain y Mounier) y el vínculo que tuvo Cruz y Raya con la Universidad Central le permitieron a Zambrano no solo asumirse como colaboradora de la revista, sino que hallaba en la propuesta política e ideológica una afinidad importante para la defensa de la Segunda República.

Entre 1933 y 1934, Zambrano participa con cinco publicaciones y, según José Salineo (1983), «deslumbra por su aguda penetración y su exacto decir» (p. 81). Sus colaboraciones en Cruz y Raya son: «Cock-tail de Ciencias» de 1933 donde se concentra en la necesidad de separar Ciencia y Metafísica: «Ciencia y Metafísica son equívocamente tratadas en el mismo plano» (Zambrano, 1933b, p. 141). Este breve ensayo crítico sobre un discurso del matemático Rey Pastor da cuenta de esa perspectiva metafísica de hacer una revisión inicial de una sustancia «unificadora» y «anterior», la misma ciencia experimental. La segunda publicación se titula «San Basilio», si bien este texto es de Severiano del Páramo, Zambrano, (1933c) integra unas notas con palabras estéticas donde se soporta la vitalidad del personaje: «saber de conductor, de vidas, saber edificante y sustentador» (p. 92). La tercera aparición de Zambrano en Cruz y Raya se concentra en reseñar la publicación de las Obras de Ortega y Gasset (1914-1932) con el título «Señal de vida» de 1933. Este ensayo presenta el vínculo intelectual entre Ortega y Zambrano, donde la pensadora lanza unos elogios contundentes a su maestro: «Una vida humana, una vida de hombre, íntegro, está siempre detrás de todos sus hechos, siendo lo que es heroicamente» (Zambrano, 1933d, p. 145). Esta cita no solo refiere la vida del autor, sino que se acentúa la manera como Ortega ha trabajado desde 1914 la vida vivida del humano íntegro.

Las otras dos publicaciones de 1933 y 1934 se titulan «Renacimiento litúrgico» y «Por el estilo de España», este es un manifiesto y anhelo a recuperar la España del Siglo de Oro. Zambrano halla en Lope de Vega, especialmente, una exposición poética que se relaciona estrechamente con la realidad española: «El poeta, con su escenario, crea el espejo en que el pueblo para saberse se mira, y al encontrarse en él se reconoce» (Zambrano, 1934, p. 112). La manifestación de Zambrano a la poesía y el teatro del Siglo de Oro es, en esencia, la manera como se establece un espíritu poético que propicia la reflexión y acercamiento del establecimiento y presencia de la misma España y del “ser español”: «El ser español, categoría del ser hombre, se va definiendo por el teatro» (p. 114).

Ahora bien, Cruz y Raya y Los cuatro vientos no fueron los únicos espacios intelectuales alternativos a Revista de Occidente en los que Zambrano interactuó entre 1927 y 1936. El Manantial, Nueva España y Hoja Literaria también se convirtieron en espacios de difusión intelectual que le permitieron a Zambrano crear diversas relaciones intelectuales dentro de estos grupos como fue su vínculo fraterno con algunos poetas del 27 como Miguel Hernández, Emilio Prados, Alberti, Cernuda y Altoaguirre que se fortalecerá indiscutiblemente en la revista Hora de España.

En El Manantial (1928-1929) Zambrano publica un breve ensayo literario llamado «La Ciudad ausente». Aquí se percibe una madurez narrativa que se conecta con ideas críticas al intelectual español que añora una “ciudad ideal” sin comprender en su totalidad la ciudad real. Es claro que para Zambrano es fundamental añorar un nuevo paisaje, empero, la “escenografía intelectual” prescinde de «el oro de tus tardes, la faz resquebrajada de tus calles, el silencio azul de tus plazuelas en calma» (Zambrano, 1928, p. 16), por tanto, la ciudad real e idealizada se convierte en ciudad ausente: «Ahora solo eres mía y eres ciudad, no caos de edificios y sensaciones; en la ausencia estás ante mí más que nunca, en presencia ideal, llena de gracia en mi intelecto» (p. 16).

Por otra parte, entre 1930 y 1931 Zambrano adquiere con rigor la causa republicana y publica breves ensayos en la revista Nueva España, cuyo objetivo es fortalecer el nuevo republicanismo que favorezca al nacimiento de una nueva nación. Zambrano, siendo presencia activa del ambiente universitario madrileño, encuentra en estos espacios un movimiento estudiantil necesario para la solidificación de la República. Por esto, publica títulos como «Del movimiento universitario»; en este escrito, Zambrano (1930ª), señala el mal funcionamiento de la Universidad Central de Madrid en relación con la presencia estudiantil en las decisiones propias del claustro universitario , p. 23). Luego, publica «Síntomas» y es, precisamente, como la a-politización y falta de dinamismo en la Universidad genera un vacío en el espacio:

Por eso se ha corrido el gran riesgo de que en la hora de la reacción, en la hora en que la juventud nueva irrumpía saturada de deporte, de luz solar, de energía física, de sentido dinámico de la vida, la Universidad se arrinconará definitivamente por inútil, por cosa acabada que ya no puede tener sentido ni misión (Zambrano, 1930b, p. 22).

Asimismo, a finales de 1930 e inicios de 1931 publica «La función política de la Universidad» y «Esquema de fuerzas». Una postura de reivindicación ante los “síntomas” por la carencia política e ideológica de la universidad y, en consecuencia, la pasividad del estudiante. En «Esquema de fuerzas» Zambrano expone «[Q]ue la juventud española está ya movilizada y en pie para la lucha final- o inicial-, es ya un hecho indubitable. Y de un modo más intenso y menos concreto, la juventud universitaria sobre todas» (Zambrano, 1931, p. 15).

3. La consolidación intelectual de María Zambrano y la presencia de su pensamiento en Revista de Occidente y Hora de España.

Entre 1929 y 1930, María Zambrano logra una visibilidad entre los grupos intelectuales, tanto que logra publicar su primer libro con bases netamente políticas: Horizonte del liberalismo que es, en esencia, «una propensión política de horizonte liberal en toda ajena a la razón económica instrumental» (Calvo González, 2005, p. 103). Esta obra fue para Zambrano una apertura al intelectualismo político dado el buen recibimiento y las críticas positivas de Ortega, Fernando de los Ríos y Pablo de Andrés Cobos (pp. 105-106). Las recepciones, especialmente de Andrés Cobos y Ortega, fueron de una envergadura importante para Zambrano como intelectual. Andrés Cobos publica en El Socialista la reseña de Horizonte del liberalismo y elogia la mirada vital, ética y revolucionaria de la política, tanto que ubica a Zambrano por delante de su maestro Ortega, aspecto que la pensadora veleña rechaza en una carta que le envía al filósofo madrileño el 4 de noviembre de 1930. Sus posturas sobre política y vida y, en consecuencia, sobre la «política revolucionaria como concepción de vida» (Zambrano, 2015, p. 64) propiciaron una fundamentación intelectual que inició en el semanario Nueva España interviniendo en cinco ocasiones y que, posteriormente, en Horizonte del liberalismo se consolida la percepción política de Zambrano (Moreno Sanz, 2004).

Los últimos años de los veinte y hasta 1933 Zambrano tiene un enfoque político y activista en sus escritos, empero, al notar el direccionamiento del raciovitalismo orteguiano a una “razón histórica” ve la necesidad de reivindicar la política por medio por otro «[camino], cauce de la vida» (Zambrano, 2005, p. 16). El ensayo «Hacia un saber sobre el alma» es, precisamente, ese nuevo “camino” de reflexionar sobre la realidad. Para la pensadora veleña el alcanzar la verdad por medio de la razón debe comprenderse como fluido que, inicialmente, ofrezca un conocimiento no racional del alma para después retornar a la exterioridad y conocer una nueva «idea de hombre íntegra y una idea de razón íntegra también» (p. 19). Aquí Zambrano hace un recorrido interno inicialmente para una nueva comprensión del alma y, así, poder alcanzar una nueva idea ontológica y filosófica que conecte con la vida: «Era necesario topar con esta nueva revelación de la Razón a cuya aurora asistimos como Razón de toda la vida del hombre» (p. 20).

La publicación de Horizonte del liberalismo y los artículos presentados en Nueva España fueron para Zambrano un presenciarse activamente en su tiempo. Paralelo a sus clases de Metafísica en la Universidad Central, el resurgimiento de la República va floreciendo y el protagonismo intelectual de la pensadora en Madrid se acentúa al relacionarse con intelectuales como Ramón Gaya, Arturo Serrano Plaja, Sánchez Barbudo y otros (Gamero Herrera, 2018). Este vínculo intelectual y el surgimiento de la República llevaron a la pensadora malagueña a realizar las Misiones Pedagógicas cuyo objetivo era llevar libros y construir bibliotecas en pueblos alejados. Así lo presenta Zambrano (2009) en Las palabras del regreso:

En mi juventud no pertenecía a nada, sino que había que darse u ofrecerse a una fundación del Ministerio de Educación. Se trataba de las Misiones Pedagógicas a las que se iba sin interés ninguno, pero dándolo todo al misionero. Se les decía: «Se le dan únicamente las sandalias». Es decir, el medio más pobre, de viajar. Íbamos en grupo de tres o de cuatro, provistos de lo necesario para viajar en tercera, y a veces en burro mismo, subiendo y escalando montañas, hasta llegar a lugares que no tenían por qué ser tan pequeños ni abandonados, a veces grandes pueblos donde el libro no existía. Ni la música, ni el cine, ni ningún otro medio de comunicación. (p. 182)

Ahora bien, entre 1931-1932, María Zambrano se encuentra en dos encrucijadas notables que llevan a una crisis vivencial e intelectual: primero, su tesis doctoral nunca terminada sobre Spinoza fue el sustento para entender la desazón de Zambrano hacia la filosofía y la vida; y segundo, la creación ideológica del Frente Español y la tergiversación de este produjo un leve quiebre entre Ortega y Zambrano, puesto que aquel movimiento tuvo una injerencia ideológica en el ascenso del fascismo en la década de los treinta y Ortega y Gasset no opuso resistencia a dicho movimiento, además sus críticas eran tangenciales ante un posible resurgimiento de la dictadura: «El obrar en dirección contraria [al derrumbamiento del régimen monárquico] será detener la historia; el no obrar, pasar tangente a ella; ayudar, como sea, a derrumbarla [la monarquía] será solo estar dentro de la historia» (Caballero Rodríguez, 2019, p. 83).

Fueron dos años complejos para María Zambrano, sin embargo, esto no le impedía mantener el contacto constante con sus amigos y su presencia en las tertulias del Café Pombo y el grupo teatral La Barraca dirigido por Federico García Lorca y Eduardo Ugarte y, además, en este grupo conoce a uno de sus mejores amigos: Rafael Dieste. (Moreno Sanz, 2004, p. 16).

Desde 1928, Zambrano ya había logrado varias publicaciones en revistas y semanarios como Nueva España, El Manantial, Compluto y Segovia republicana. No obstante, el año 1933 puede considerarse como la consolidación escritural y filosófica de la pensadora malagueña, puesto que comienza a ser parte de las intervenciones y colaboraciones en revistas literarias y culturales.

François Dosse (2006) en su libro La marcha de las ideas asume que el intelectual debe asignar una postura política y vincularse, sin duda, en alguna revista o grupo (pp. 53-54). Dosse entiende que el intelectual presenta un compromiso social, cultural y político en el espacio que le concierne, es por esto que la actividad del intelectual se une con la historia cultural y la historia de las ideas (p. 154). Además, Dosse entiende que la “sociabilidad” del intelectual si bien se constituye a partir de la postura política y su estar en el contexto social, es menester entender que la «sociabilidad intelectual» (p. 57) que se presenta en las revistas posibilitan el acontecimiento estético y el surgimiento de nuevas narrativas que ofrecen un nuevo movimiento de intelectuales, pensar la escritura y lo político, según Dosse, es reconocer la relevancia de la revista y grupo intelectual. Conectado con la mirada de Dosse, puede afirmarse que Rafael Osuna (2004) comprende que la revista intelectual «constituye un sistema de comunicación que se interrelaciona con otros sistemas de comunicación» (p. 49). Con esto, puede exponerse que la revista para María Zambrano fue el artefacto de exposición de sus ideas que son avaladas, además, por los intelectuales, lo que les propicia la inserción a campos literarios establecidos y, en consecuencia, la presencia temporal ―histórica― de la pensadora en la España de los treinta:

Si las revistas se pueden estudiar individualmente, también pueden estudiarse en cuanto conjuntos históricos, que necesariamente nos ofrecerán la línea histórica externa de la que fueron partícipes. Estudiar las revistas en su desarrollo histórico es estudiar la Historia desde su perspectiva (Osuna, 2004, p. 49).

El círculo de la Revista de Occidente fue primordial para Zambrano, puesto que, teniendo como director tanto del grupo como de la revista a Ortega, la pensadora ingresó con facilidad, y por mérito, a dicho grupo. Desde 1925, cuando Zambrano ingresa a las cátedras de Zubiri y Ortega, se percibía una formación y relación incuestionable entre la pensadora y los círculos intelectuales de aquellos filósofos; la incursión de la malagueña a las tertulias en el círculo de Revista de Occidente y, en paralelo, las primeras publicaciones en revistas y la aparición de su primer libro permitieron que en 1931 fuera profesora auxiliar de la cátedra de José Ortega y Gasset (Lemke Duque, 2014, p. 133). De esta manera, Zambrano, con la relevancia que toma en las tertulias, comienza a publicar constantemente en Revista de Occidente, concentrándose, esencialmente, en la creación de reseñas y dos ensayos que serán el albor de un pensamiento regenerador y poético.

La Revista de Occidente es la plataforma donde Zambrano reluce y expone su pensamiento, debido a que entre 1933 y 1934 ofrece a la revista ocho publicaciones en las que, según Lemke Duque (2014), aparecen dos significaciones filosóficas relevantes en el pensar zambraniano: la cultura y el sujeto. Asimismo, aquella revista es el afianzamiento intelectual de María Zambrano en España, así, en 1935 publica la reseña titulada «Un libro de ética: Sobre Ética general de Ramón del Prado», este escrito, con enfoque crítico, se basa en la necesidad de la enseñanza de la Filosofía en el siglo xx dentro de los Estados como base fundamental para una reivindicación de lo ético:

Uno de los más urgentes que dentro de la enseñanza filosófica se plantean es, dado ya por supuesta su propia existencia, el del libro escolástico, ya que no de texto: el libro de escuela, de aprendizaje, en que se muestre con una claridad nacida ante todo del rigor conceptual y de la íntima contextura sistemática de la exposición, los temas fundamentales de la disciplina de que se trata (Zambrano, 2005, p. 199).

Los artículos y reseñas publicados entre 1933 y 1934 de forma cronológica son: «Lou Andreas-Salomé: Nietzsche» (enero, 1933), «Hoffman: Descartes» (marzo, 1933), «Alejandro el Grande, héroe antiguo» (enero, 1934), «Conde de Keyserling: la vida íntima» (febrero, 1934), «Robert Aron y Arnaud Dandieu: la révolution nécéssaire» (mayo, 1934), «Por qué se escribe» (junio, 1934), «Ante la Introducción a la teoría de la ciencia, de Fichte» (noviembre, 1934), «Hacia un saber sobre el alma» (diciembre, 1934).

Los artículos sobre Alejandro el Grande y Keyserling fueron muy bien recibidos dentro del círculo de la revista, ya que, según Lemke Duque (2014), con Alejandro se quería mostrar una visión óptima de lo femenino, sabiendo que Alejandro tendía hacia la feminidad; para Ortega y el círculo de la Revista de Occidente esa teoría debía difundirse. Y respecto a Keyserling, el propósito era fundamentar una nueva idea de cultura en España, y gracias al artículo de Zambrano, dicha idea «desembocaría en una enorme difusión en todo el mundo hispanohablante» (p. 134).

Asimismo, la reseña del libro de Hoffman sobre Descartes tuvo una divulgación importante en el grupo de la revista orteguiana debido a que Descartes era una figura imprescindible dentro de la revista para comprender la filosofía del sujeto -histórico y vital-, por eso Zambrano acude a la biografía hecha por Hoffman para construir una reseña donde se aúna la vida del filósofo con su sistema (verdad-vida):

Y he aquí que Renato Descartes, militar en tiempos de guerra, hombre de mundo, cortesano en el París brillante del xvii, no se da cuenta plenamente de que existe, hasta que, recogido en sí mismo, duda de todo lo que le rodea; siente que se escapa todo lo que le sostiene, es decir, adquiere conciencia del peligro en que está de un modo permanente y esencial, sin necesidad de que ningún acontecimiento le perturbe (Zambrano, 2005, pp. 183-184).

Podría considerarse, entonces, esta reseña crítica e histórica como pilar de la ideología de la Revista de Occidente y, también, como base teórica para el pensamiento que posteriormente elabore Zambrano.

Ahora bien, hay un artículo que fue el detonante filosófico-poético para María Zambrano, puesto que le permitió construir lo que llamará razón poética que parte, claro está, de la razón vital orteguiana, aunque no vincula el elemento histórico de dicho postulado. Esto ocasiona, por lo tanto, fuertes divergencias entre Ortega y Zambrano (2005). Dicho artículo se titula «Hacia un saber sobre el alma» y podría decirse que el argumento que desata las diferencias entre maestro y discípula es el siguiente: «La sola razón no acierta a sorprender la caza. Pero pasión y razón unidas, la razón disparándose con ímpetu apasionado para frenar en el punto justo, puede recoger sin menoscabo a la verdad desnuda» (p. 14). Esta razón pasional se aleja de la razón vital propuesta por Ortega. Moreno Sanz (2004), relata el encuentro de Ortega y Zambrano luego de publicarse el artículo:

Hacia un saber sobre el alma, le costó la reprimenda del maestro, quien la llamó a su despacho, la recibió de pie y le dijo «No ha llegado Vd. Aquí (señalándose en el pecho) y ya se quiere ir lejos». María salió de la entrevista llorando por la Gran Vía (p. 17).

Aquí se presenta, entonces, la escisión del pensamiento zambraniano con el de Ortega. Este distanciamiento de Zambrano con Ortega no es absoluto, dado que en los primeros años del exilio la pensadora entabla diferentes conferencias en Puerto Rico y Cuba exaltando la filosofía orteguiana. Lo que debe entenderse de la separación teórica es la transición que da Ortega de “razón vital” a “razón histórica”, esta madurez del raciovitalismo es, para Zambrano, un nuevo establecimiento de comprender el “yo” y la “circunstancia” desde la propia racionalidad. Es por esto que «Hacia un saber sobre el alma» se entiende como la comprensión racio-poética, religiosa y metafísica de la subjetividad y la realidad.

De 1930 a 1935, María Zambrano se posiciona como figura relevante en el círculo de la Revista de Occidente; sus nueve publicaciones tuvieron un impacto considerable, si bien la autora veleña ya se asumía como intelectual en diversos círculos, es en Revista de Occidente donde se forja como filósofa y pensadora independiente gracias a los ensayos «Por qué se escribe» y «Hacia un saber sobre el alma». Fueron años de exploración, consolidación intelectual y fundamentación del pensamiento. La Revista de Occidente y su director, Ortega, le permitieron a Zambrano ampliar sus redes intelectuales y posicionarse históricamente como una mujer indispensable dentro del pensamiento español.

Los últimos años de la década de los treinta son una época de agitación política y bélica en España y paralelo a ello, Zambrano se incorpora a un nuevo grupo y revista para contrarrestar, desde el arte y la poesía, la crisis española; dicho grupo es Hora de España. Zambrano hizo parte, en un primer momento, de la redacción de la revista junto a Manuel Altoaguirre, Rafael Dieste, Sánchez Barbudo, Juan Gil-Albert, Ramón Gaya, Serrano Plaja y otros. Sin embargo, Zambrano no solo se quedó como redactora en Hora de España, también ofreció sus ideas y pensamiento crítico en nueve artículos y reseñas donde mantuvo con seriedad el objetivo que expuso el grupo en el primer número de la revista: «Nuestros escritos han de estar, pues, en la línea de los acontecimientos, al filo de las circunstancias, teñidos por el color de la hora, traspasados por el sentimiento general» (Grupo Hora de España, 1937, p. 6). Asimismo, y conectado con la cita, se vislumbra la relación entre intelectual y lo socio-político cuando se expone: «España prosigue su vida intelectual o de creación artística en medio del conflicto gigantesco en que se debate» (p. 6). De igual manera, Zambrano en su obra Senderos (2018) expone con ahínco y melancolía la importancia y significación de Hora de España y el grupo de intelectuales que dieron vida al proyecto:

Conmueve porque nunca en medio de tanta sangre y muerte se ha escrito y publicado nada semejante, porque la inteligencia española, sin pausa y sin fatiga, prosigue su obra, la comienza más bien, en las más difíciles trincheras del mundo (p. 418).

La relación de María Zambrano con los directores y redactores de Hora de España era plena, precisamente por los vínculos creados años atrás en los diferentes encuentros en tertulias y los domingos en casa de la filósofa (Moreno Sanz, 2004, p. 15). Esta buena relación se debe, también, por el vínculo que tuvo la pensadora malagueña con la revista Hoja Literaria, donde publicó tres artículos en el invierno de 1933, este espacio fue creado por los mismos redactores de Hora de España. Por lo tanto, el vínculo fraterno entre Zambrano y los encargados de la revista -varios poetas de la Generación del 27- llevaron a que los artículos sobre el pensamiento y la tradición española, Séneca, Machado, Neruda, etc., tuvieran buena acogida dentro del grupo y, además, en la difusión. Según Alfonso Berrocal (2010) y Concha Zardoya (1984), la ensayística zambraniana en artículos como «El español y su tradición»; «Españoles fuera de España» y «La reforma del entendimiento español», presenta una vivacidad y unos «matices humanos, poéticos y dialécticos» (1984, p. 82) que activan e iluminan el intelectualismo zambraniano sin despojarse de la claridad escritural para ser comprendida. En cuanto a la revisión que hace Berrocal, puede decir que en su libro Poesía y Filosofía: María Zambrano, la Generación del 27 y Emilio Prados encuentra una formación progresiva de la figura intelectual de Zambrano, desde su presencia en Cruz y Raya hasta su relación intelectual y amistosa con Padros. Empero, hay un aspecto en este progreso de Zambrano que Berrocal encuentra llamativo, la ensayística que publica en Hora de España; los ensayos de la pensadora en esta revista son de una característica polifacética consciente, ya que, según Berrocal, la escritura de Zambrano en Hora de España responde a las complejidades históricas y política de la nación que debe ser reflexionada desde la perspectiva literaria: «El pensamiento en España, de manifestación eminentemente literaria, en su forma de tratar con la realidad, ha permanecido en un estado de solidaridad con lo humano que ha sido capaz de explicar» (Berrocal, 2010, p. 77). Dada la necesidad de vincular pensamiento y vida, Zambrano publica «El español y su tradición» donde, con gran destreza, hace un cuestionamiento al modo como el español se observa a sí mismo y crea, por ende, una sociedad y pensamiento vacío:

Y en estas peleas sangrientas el español anda buscándose a sí mismo. Da su vida para ver quién es y qué es. Los tradicionalistas para corroborar la falsedad en que se han metido, y esperando con su sangre hacer verdad los figurones grotescos. Los liberales, por desesperación y asfixia, por hallar una salida refugiándose en el destino heroico individual (Zambrano, 1937a, p. 25).

Con la misma exposición poético-filosófica en «La reforma del entendimiento español», Zambrano lanza una nueva crítica hacia las ideas que sujetan al español:

El español se ha mantenido con poquísimas ideas, estando tal vez en relación inversa con el tesón con que las hemos sostenido. Pocas ideas, a las que nos hemos agarrado con obstinación casi cósmica y en las que hemos llevado, encerrado como en un hábito, nuestro entendimiento (Zambrano, 1937c, p. 14).

Por otro lado, Antonio Machado a sus 62 años se acogió a la propuesta de Hora de España y fue indiscutible la relevancia que tuvo su figura ante el grupo de poetas jóvenes (Berrocal, 2010, p. 80). Fue tanta la relevancia de Machado en la revista y el grupo que Zambrano construye una reseña titulada «La Guerra, de Antonio Machado» donde no solo expresa la necesidad de la poesía como vehículo reformador del pensamiento en España, sino que logra exponer ideas de su pensar filosófico-poético:

[L]a historia de España es poética por esencia, no porque la hayan hecho los poetas, sino porque su hondo suceso es continua trasmutación poética, y quizá también porque toda historia, la de España y la de cualquier otro lugar, sea en último término poesía, creación, realización total (Zambrano, 1937b, p. 68).

Esta nota sobre Machado muestra las interacciones que había dentro del grupo -campo literario- y cómo se divulgaba la obra por medio de la revista gracias a los vínculos amistosos dentro de Hora de España. Esto lo entendió muy bien Zambrano y en 1938 hace una reseña profunda a la poesía de Pablo Neruda que lo conoció en 1935 cuando García Lorca lo llevó a tomar té algún domingo a la misma casa de María (Moreno Sanz, 2004, p. 18). En el número xiii de la revista, el último, Zambrano da una célebre y adecuada presentación al poetizar nerudiano:

La poesía de Pablo Neruda nos planta en medio de un orbe desconcertante para un hombre de esta tradición occidental. No va en desdoro de la poesía porque quiere decir nada menos que en ella haya algo profundamente original; que se trata de una cultura otra, y no decimos nueva porque no creemos que lo sea, sino al revés: antigua, antiquísima. Lo que sí es nuevo es su forma de expresión y lo que aporta a la poesía actual, a la hispánica sobre todo (Zambrano, 2018, p. 490).

Al igual que con Neruda y Machado, Zambrano publica una reseña a la obra de Serrano Plaja El Hombre y el Trabajo, en el número xviii.

Hora de España es la constitución indiscutible de un grupo intelectual que fue forjándose a finales de la década de los veinte y a causa de la Guerra Civil halla un objetivo ideológico que les permite alzar su voz intelectual y hacer frente -por medio de la poesía, la pintura y el ensayo- a la crisis. María Zambrano como autora esencial de Hora de España se encontraba en una posición privilegiada de intelectual y con un pensamiento maduro que la llevaron a contribuir en la revista con reseñas y ensayos que propiciaron la exposición de las ideas ante la crisis del pensamiento español y, además, sus propias construcciones filosóficas y estéticas que se fueron forjando desde la Universidad Central de Madrid, pasando por diferentes tertulias y grupos como Los cuatro vientos, Cruz y Raya y, principalmente, Revista de Occidente hasta llegar a Hora de España con un pensamiento sólido y regenerador, y será esta nueva concepción filosófica y poética que le permitan, desde el exilio, reunirse a nuevos grupos intelectuales y continuar con su pensar mistérico.

4. Conclusiones

En suma, las revistas literarias no deben entenderse solamente como espacios de difusión de ideas, sino como campos de interacción entre intelectuales que comparten una visión común sobre la cultura, la política y la filosofía. María Zambrano, al participar activamente en publicaciones como Los cuatro vientos, Cruz y Raya, Hoja Literaria, Revista de Occidente y Hora de España, encontró un escenario propicio para desarrollar su concepto de “razón poética” el cual se consolidó gracias al contacto continuo con figuras clave del pensamiento de la época. Las revistas le permitieron a Zambrano la creación de "vínculos y solidaridades" dentro del campo intelectual, lo que fue clave para la construcción de la identidad como pensadora​.

La Revista de Occidente, dirigida por Ortega y Gasset, fue un lugar fundamental donde Zambrano pudo exponer su pensamiento y distanciarse, no absolutamente, de su maestro. Los artículos «Por qué se escribe» y «Hacia un saber sobre el alma» marcaron un punto crucial en este proceso al proponer una razón unida a la pasión, que contrastaba con la razón vital orteguiana. Estos ensayos no solo significaron un avance en la construcción de su propia filosofía, sino que también simbolizaron un momento de tensión y ruptura dentro del círculo de la revista. Este tipo de tensiones entre maestros y discípulos, comunes en los círculos intelectuales, contribuyeron a que Zambrano desarrollara una voz filosófica independiente, fortalecida por el entorno crítico y plural que ofrecían estas publicaciones.

Por otra parte, Hora de España no fue solo un refugio cultural en tiempos de la Guerra Civil, sino que, como señala Zambrano, fue un espacio de resistencia intelectual en medio de la devastación. Las revistas literarias como Hora de España asumieron un compromiso político claro, convirtiéndose en vehículos no solo de ideas estéticas o literarias, sino también de reflexiones sobre la realidad política del momento. En este sentido, la participación de Zambrano en la revista refleja tanto su madurez filosófica como su profundo compromiso con los eventos históricos de su tiempo. Este compromiso con la realidad española no solo reafirma su lugar en la historia intelectual del país, sino que también muestra cómo las revistas pueden ser motores de cambio cultural y político​.

En definitiva, los círculos intelectuales a los que Zambrano perteneció no solo facilitaron su integración en el ámbito cultural español, sino que le ofrecieron la oportunidad de definir, plantear y solventar sus ideas estéticas, políticas y filosóficas. La relevancia de estas revistas como centros de debate y producción intelectual generan un apalancamiento en pensadores como Zambrano, quienes encontraron en ellas el medio para expandir sus reflexiones y comprometerse con los desafíos de su tiempo. Así, la participación de Zambrano en estos grupos y revistas no solo cimentó su lugar en la historia del pensamiento español, sino que también reafirmó la capacidad de las revistas literarias para ser catalizadoras de una renovación intelectual y filosófica, incluso en medio de las adversidades sociopolíticas que definieron su época.

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