La pesca artesanal en el Brazo de Mompox: un debate con la antropología y el conservacionismo

Autores/as

  • Fabio Silva Vallejo Universidad del Magdalena
  • Danny Martínez Castiblanco Universidad del Magdalena

DOI:

https://doi.org/10.17533/udea.boan.v34n57a07

Palabras clave:

pesca artesanal, comunidades pesqueras, antropología, saberes locales y brazo del Mompox, Caribe colombiano, pesca de subsistencia

Resumen

El presente artículo plantea interrogantes frente a lo que significa ser pescador y sobre la práctica de la pesca artesanal o de subsistencia en comunidades de la región Caribe colombiana, específicamente de la región denominada brazo de Mompox. Estos interrogantes reorientan las discusiones socio-antropológicas y conservacionistas que han planteado una mirada esencialista, generalizada, anacrónica y desfavorable de las comunidades de pescadores, específicamente de aquellas que habitan la ribera del río Magdalena y los complejos cenagosos. Es así que el texto presenta una revisión de las conceptualizaciones que se han realizado desde las ciencias sociales sobre la práctica de la pesca artesanal a nivel mundial, continental y regional. Igualmente, presenta un análisis etnográfico de las realidades y los conflictos de los pescadores del brazo de Mompox. Por último, argumenta la importancia de los saberes locales para la comprensión del pescador en relación con su entorno.

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Biografía del autor/a

Fabio Silva Vallejo, Universidad del Magdalena

Antropólogo. Universidad del Magdalena (Santa Marta, Colombia). https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0000183016

 

Danny Martínez Castiblanco, Universidad del Magdalena

Antropólogo. Universidad del Magdalena (Santa Marta, Colombia).

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Publicado

2019-03-01

Cómo citar

Silva Vallejo, F. ., & Martínez Castiblanco, D. . (2019). La pesca artesanal en el Brazo de Mompox: un debate con la antropología y el conservacionismo. Boletín De Antropología, 34(57), 131–146. https://doi.org/10.17533/udea.boan.v34n57a07

Número

Sección

Artículo de investigación científica

Introducción

Precisiones sobre una realidad

El pescador es ante todo un cazador. En el desarrollo de dicha actividad, construye un entramado de relaciones, de instrumentos, de estrategias y de conocimientos que nos lleva a hablar de una cultura; el pescador produce cultura en su relación con el pez, en el ambiente en que se mueve el pez y en esa realidad cinética que es la pesca.

En ocasiones, cuando se habla de cultura como uno de los componentes de un proceso, se le reduce únicamente a los elementos que de forma clásica se han definido como tal; es decir, las artesanías, los museos, los grupos folclóricos, entre otros. Estos, indudablemente, hacen parte del componente cultural, pero no son la cultura. Si bien hay cientos de definiciones y aproximaciones a la cultura, para nuestro caso la entenderemos como la relación que establece la comunidad con cada uno de los elementos que contiene esa relación que decimos hay entre el pescador, el pez y en esa realidad cinética que es la pesca.

En ocasiones, cuando se habla de cultura como uno de los componentes de un proceso, se le reduce únicamente a los elementos que de forma clásica se han definido como tal, es decir, las artesanías, los museos, los grupos folclóricos, entre otros. Estos indudablemente hacen parte del componente cultural, pero no son la cultura. Si bien hay cientos de definiciones y aproximaciones a la cultura, para nuestro caso la entenderemos como la relación que establece la comunidad con cada uno de los elementos que contiene esa relación que decimos hay entre el pescador, el pez y el territorio donde este último se desarrolla.

El antropólogo mexicano Bonfil Batalla caracterizó a la cultura en los siguientes elementos, considerándolos recursos de una sociedad necesarios para poner en juego, formular y realizar un propósito social:

  1. Elementos materiales: son aquellos elementos que han sido transformados por el hombre, como son las puntas de flecha, los metates, etc.

  2. De organización: son las relaciones sociales sistematizadas a través de las cuales se realiza la participación.

  3. De conocimiento: son las experiencias asimiladas y sistematizadas, y las capacidades creativas.

  4. Simbólicos: son los códigos de comunicación y representación: signos y símbolos.

  5. Emotivos: son los sentimientos, valores y motivaciones compartidas; la subjetividad como recurso.

Dice Bonfil Batalla (1983) que todo proyecto social requiere la puesta en acción de elementos culturales. No sólo para realizarlo, sino también para formularlo y para imaginarlo. Los elementos culturales hacen posible el proyecto, asimismo fijan sus límites, lo acotan y lo condicionan históricamente, pues los elementos culturales son fenómenos históricos que cambian a lo largo del tiempo (1978: 37). Es importante esta aclaración teórico-metodológica, pues una aproximación a la antropología del pescador no puede mirarse únicamente desde sus manifestaciones simbólicas en términos de Batalla, sino que, como él bien lo aclara, debe mirarse como un todo holístico que se corresponde mutuamente.

Teniendo eso en cuenta, el presente artículo es el producto de diversos recorridos etnográficos y trabajos antropológicos realizados por el grupo de investigación Oraloteca en la subregión del brazo de Mompox. Esta región es caracterizada por su vocación agrícola-pesquera y por su ubicación estratégica a la margen derecha del río Magdalena, en la región Caribe colombiana, que comprende los departamentos de Bolívar y Magdalena. Igualmente, es un territorio rodeado por agua, que durante algunas épocas del año se inunda por las crecientes del rio, caños y humedales, dedicando sus labores a la pesca y caza y en otros momentos del año el espacio permanece totalmente seco, los cuales son utilizados para la agricultura configurando condiciones geográficas y ambientales que definen las particularidades de culturas anfibias, dinamizando sus territorialidades y relaciones espirituales, sociales, culturales, mitológicas y cosmogónicas que dinamizaban el horizonte de su vida social y cotidiana (Rey, Sinning. 2013 & Amador, 2012 ).

Es importante, resaltar que dicha subregión posee un pasado prehispánico ligado a las memorias individuales y colectivas de dichas poblaciones asentadas a la orilla del Magdalena, dado que las comunidades Ette Ennaka se posicionaron ancestralmente en este espacio, otorgándole significados tanto materiales y espirituales al río como al espacio, relacionado específicamente con el mito del hombre caimán (Amador. 2012 & Rey Sining. 2014).

Ubicación espacial del área de trabajo en el Brazo del Mompox.

Mapa 1: Ubicación espacial del área de trabajo en el Brazo del Mompox.

Los recorridos de Oraloteca estuvieron orientados a la comprensión y al análisis de los modos de vida, los saberes locales y las problemáticas socio-ambientales de los pueblos de pescadores, tanto del río Magdalena como de complejos cenagosos que poseen conexión directa al río específicamente en dicha subregión.

En ese sentido, este texto da cuenta de:

  1. Los modos de vida, las mentalidades y las relaciones ecológicas que los pescadores de dicha subregión han construido históricamente en relación con el medio ambiente, permitiéndoles responder y resistir a los procesos de modernización y globalización que se han gestado durante el último siglo.

  2. Presentar una interpretación de lo que podría ser una antropología del pescador, a partir de fenómenos y territorios particulares que permiten generar posturas críticas sobre cómo se ha categorizado, pensado e instrumentalizado al pescador. Para poder tener un marco de análisis y de observación constantes, recurrimos a los que se denominan saberes locales. Por medio de estos nos aproximamos a cada uno de los elementos culturales, integrándolos a los avances y a los resultados que van dando los demás componentes.

Al final, la lectura que se haga del ejercicio nos dará un panorama de la articulación de todos estos elementos en una realidad concreta percibida por medio de los saberes locales. Podríamos decir si hay una relación entre la ausencia de un sistema organizado de recolección y comercialización del producto a partir de décadas de “caza” de pescado, con las políticas empresariales de emprendimiento, o con las percepciones de futuro de la comunidad, o con el miedo hacia la violencia o las diferentes formas de conflicto. En esta misma medida, se podrán dar interpretaciones de las relaciones entre formación de líderes comunitarios, violencia y educación. Es decir, este análisis puede ser la entrada para la interpretación de la realidad generada de la relación entre unas comunidades, unos sectores agro-pesqueros y unas políticas regionales, nacionales y mundiales.

Categorías, conceptos y discursos. ¿Cómo acercarnos a la realidad del pescador del brazo de Mompox?

Tanto Branislaw Malinowski ([1922] 2001) como Raymond Firth (1946),1 los pioneros de las etnografías de la pesca tenían una mirada y una relación diferente con el pescador: los dos obedecían a unas condiciones políticas indiscutibles sobre la relación observar para dominar. Para la antropología clásica y, por ende, para la etnografía clásica, no había otro interés que el de observar unos procesos para articularlos a unas intenciones políticas o para fortalecer un corpus teórico que estaba emergiendo de la propia experiencia relacional de una de las partes a costa de la otra. El pescador no era más que un objeto de estudio que hacía parte de un engranaje más, de un sistema salvaje o semisalvaje, el cual el investigador tenía el papel de transformarlo todo -incluido el pescador- para adherirlo al sistema de desarrollo capitalista en consolidación.

Las literaturas antropológicas sobre la antropología del pescador que se dieron a partir de los trabajos de Malinowki y Firth, se fueron por sendas muy diferentes a las realidades nuestras. De la misma forma sucedió con los trabajos de los norteamericanos Acheson (1981) y McCay (1978), del canadiense Bretón (1986), de los españoles Alegret (1987) y Pascual (1991), y de muchos otros antropólogos de todo el mundo que vieron en el mar y en los pescadores objetos de estudio que han tenido un desarrollo vertiginoso desde el punto de vista teórico y político. Hay una constante en casi todos los estudios de estos investigadores y es el de reducir la disciplina a algo que han llamado “antropología marítima”, que, por lo tanto, tiene su razón de ser en el mar y en el pescador de mar.

Las etnografías del gran discurso de la antropología marítima se han realizado desde dos plataformas diferenciales: el mar y la pesca artesanal. Es por eso que los resultados de las argumentaciones generadas por el trabajo etnográfico tienen como base estos dos contextos. Sin embargo, es la pesca artesanal la que implica un sesgo que es vital para nosotros cuando hablamos de dinámica económica como elemento fundamental del pescador. Hablar de una pesca artesanal como un “canon” de inicio teórico para juntar en él todas las experiencias de la pesca, trae consigo un problema metodológico muy grande que tiende a separar las realidades observadas y comparadas entre las comunidades.

La pesca artesanal, siendo más que una categoría, marca una diferencia real con la pesca de subsistencia; por lo tanto, las relaciones que se dan en cada una de estas formas son diferentes y podrían acercarse a las diferencias que hay entre una antropología de la riqueza versus una antropología de la pobreza, desde luego guardando sus inmensas proporciones (o desproporciones). Para estos investigadores, la pesca artesanal parte de la realidad de una infraestructura determinada por el nivel de tecnología aplicada versus la cantidad de pescado recogida y valorada como mercancía en un sistema de valor definido por la economía capitalista de la que hace parte fundamental. A diferencia de la pesca artesanal, la pesca de subsistencia no está articulada a ningún sistema de explotación capitalista, pues no genera más que la plusvalía que permite la subsistencia misma.

El pescador de río, de ciénaga y de mar de los diferentes territorios nacionales, no genera los procesos cooperativos, tecnológicos, organizacionales y, por ende, vivenciales que se gestan en otras sociedades que tienen sistemas altamente sofisticados de pesca.

Ante esta realidad indiscutible, debemos partir de crear un sistema teórico que permita incluir una narrativa que llamaríamos “la gramática del pescador colombiano”, y contribuir no solamente a su equilibrio económico y social como miembro de una sociedad productiva, sino a mantener unas tradiciones que hacen al pescador un cazador pescador. Por supuesto que esta discusión teórica entre pescas artesanales versus pescas de subsistencia debe ser mucho más amplia. Por ahora, a lo que nos llama es a mirar de qué manera el pescador de subsistencia establece sus relaciones de conocimiento con el entorno y con su fin último: el pez.

Materiales y métodos

El método etnográfico: escuchando y conversando con los

pescadores

Pensar hoy que la etnografía es un método, una técnica o una teoría, es quedarse en una discusión ambigua y casi tan banal como intranscendente para este tipo de trabajos, dado que no se busca teorizar frente a la categorización de dicho concepto, sino reflexionar sobre las realidades que se pueden observar y analizar mediante esta. Lo que sí es necesario, independientemente de qué papel cumple para el teórico, es su necesidad como único mecanismo de relación horizontal entre la comunidad y el investigador.

En la metodología proyectada para el desarrollo de este trabajo de investigación, se implementó una propuesta orientada hacia un estudio cualitativo, donde la etnografía jugó un papel fundamental como herramienta para acercarnos a las realidades de los pescadores de la subregión del brazo de Mompox. Esto teniendo en cuenta que

La etnografía se puede definir como la descripción de lo que una gente hace desde la perspectiva de la misma gente. Esto quiere decir que a un estudio etnográfico le interesa tanto las prácticas (lo que hace la gente) como los significados que estas prácticas adquieren par quienes las realizan (la perspectiva de la gente sobre esas prácticas). (Restrepo, 2016: 16)

Entonces, dicho trabajo etnográfico se desarrolló durante tres meses consecutivos a través de la convivencia y estancia en la viviendas de líderes de pescadores, permitiendo conocer las dinámicas socioculturales, territorialidades, formas de pesca, lugares de pesca, artes de pesca, procesos organizativos, elementos simbólicos y materiales de las comunidades de pescadores, a través del diálogo de saberes con pescadores y pescadoras, enriquecidos con los talleres participativos con pescadores y pescadoras en el municipio de Santa Bárbara de Pinto y en el corregimiento de San Pedro, con el fin de acercarnos y comprender las narrativas, los saberes locales, los modos de vida y la representación del mundo vital de estas comunidades.

Dado que la etnografía se utilizó como una herramienta dialogal y crítica (Vasco, 2002 ) que fomentó el diálogo, la conversación y el acercamiento del equipo de trabajo a los pescadores y el territorio, permitió tener una mirada más compleja sobre los modos de vida desarrollados por las poblaciones de pescadores ribereños. Complementada, con un total de 40 entrevistas semi-estructuradas, 2 talleres participativos por comunidad, diario de campo y registro audiovisual.

Esto nos impulsó a tener en cuenta todo un conjunto de complejas relaciones ecológicas particulares que fundamentalmente juegan un papel predominante en los pueblos de Santa Bárbara de Pinto y San Pedro (corregimiento de Santa Barbara). Así que identificarlas y analizarlas significó montarse en las chalupas y en las canoas para acompañar a los pescadores a sus faenas, participar de las reuniones comunitarias y gremiales de las asociaciones de pescadores, realizar encuentros interactivos y pedagógicos con pescadores y líderes de las asociaciones para hablar sobre el territorio y su importancia, y cenar y almorzar junto a las familias: estrategias que enriquecieron la interpretación de los datos obtenidos.

Estos lugares evidentemente determinan unas dinámicas de interconexión que repercuten en la totalidad de la región. El impacto que genera para la subregión este complejo entrelazamiento es evidenciado, entre otros muchos casos, en la conexión geográfico-espacial con el río Magdalena.

Resultados y discusión

Realidades y conflictos del pescador del brazo de Mompox

El pescador del brazo de Mompox es un sujeto que ha construido su historia social, económica, cultural y política en relación al río Magdalena y sus humedales, situación que lo caracteriza y diferencia de otros sujetos. Actualmente, sus condiciones de vida se debaten entre la pobreza y la subsistencia. Los diferentes impactos que han sufrido el territorio, el río y los humedales, han afectado gravemente los modos de vida de los pescadores. La presencia del conflicto armado interno, el cambio climático, la pesca indiscriminada y la potrerización de las zonas de pesca son los principales elementos que chocan contra la reproducción y la conservación de los conocimientos locales y del ser del sujeto pescador. Estos impactos no han sido ajenos a la práctica de la pesca artesanal, elevándola a un estado de alerta debido a su posible pérdida, lo que demuestra la capacidad de resistencia que las comunidades de pescadores artesanales han asumido ante los diferentes fenómenos sociales y conflictos que se han desarrollado últimamente en dicha geografía.

El pescador del brazo de Mompox representa y vive la pesca como un elemento cultural vinculado estrechamente al lenguaje, a su ser y a la manera de producir conocimiento. La pesca dinamiza colectiva e individualmente los ciclos de vida, las comunidades de la ribera del río y los humedales que se alimentan de este, lo que nos permite preguntarnos ¿de qué hablamos cuando se piensa en pescadores de río o de ciénaga en el brazo de Mompox?

En ese sentido, comprender la representación que poseen los pescadores del brazo de Mompox sobre el mundo, el agua y sobre ellos mismos, sin contemplar los fuertes impactos ambientales que sufre el territorio con la utilización de nuevos instrumentos de pesca y el abandono de algunas formas e instrumentos para la misma actividad, es presentar una mirada superficial y anacrónica sobre dicho sujeto. Igualmente, las territorialidades y la manera de relacionarse con el río y el humedal han sufrido transformaciones notables: las conexiones ecológicas pescador/río-pescador/ciénaga se han enfrentado a situaciones ambientales conflictivas que han invitado a repensar las formas de uso de los espacios, las herramientas y el ambiente ribereño.

En el brazo de Mompox, las relaciones que el pescador establece con el río y con los humedales están determinadas por las dinámicas y los ciclos de vida de los peces. Históricamente, el pescador construyó un cuerpo de conocimientos, herramientas y técnicas que le permitieron cazar colectiva e individualmente especies grandes y exóticas en los diferentes momentos del año, además de identificar caños, arroyos y humedales propicios para dicho ejercicio. Esto potencializó el florecimiento de una cultura de pescadores arraigada a su territorio, hoy en día sumergida en la nostalgia.

La mentalidad de cazador fue potencializada por el advenimiento del hielo y el trasmallo en dicha subregión, por lo que el ejercicio de la pesca se incrementó exponencialmente, aunque, paralelamente a esto, el cambio climático y la tala masiva de árboles nativos para la ganadería extensiva en los diferentes humedales se intensificaron. Mientras se pescaba en grandes cantidades gracias al trasmallo, el territorio ribereño sufría magnas afectaciones ambientales. Actualmente, según muchos pescadores de dicha región, “pescar un pez grande es un golpe de suerte” (Luis Sining, comunicación personal, 14 de diciembre de 2016), lo que da cuenta de que la seguridad alimentaria ha desmejorado y, por ende, las relaciones ecológicas con el entorno ribereño se han modificado.

Al pescador de subsistencia ribereño le queda muy difícil articularse con las políticas -a veces utópicas- de desarrollo sostenible, pues la condición de la pesca de subsistencia implica el extremo de una cadena que hace tiempo se rompió o que, por lo menos, se encuentra muy fracturada. En el pescador de subsistencia, específicamente en el del brazo de Mompox, hay una dualidad que lo acompaña todo el día en cada una de sus faenas de pesca: la sostenibilidad ambiental versus la necesidad -¿cuido o como? -. Y no es que esta dualidad reconozca el planteamiento funcionalista de las necesidades naturales versus las necesidades culturales como meros procesos emotivos e instintivos que caracterizaron al salvaje malinowsquiano, pues esta no es más que una situación generada por un Estado que históricamente ha invisibilizado a los pescadores y los ha llevado a la situación en que se encuentran hoy en día, a lo largo de nuestros mares, ríos y ciénagas.

La falta de empleo y de posibilidades de generación de ingresos son situaciones que generan tensiones sobre las condiciones de vida de dichas poblaciones frente a la conservación y la sostenibilidad del medio y sus diversas especies. Esta disyuntiva complejiza los procesos cotidianos y el día a día de las familias de los pescadores, pues, si bien es cierto que existen normativas, convenios y lineamientos nacionales e internacionales como la FAO, que promueve la conservación del medio ambiente y el buen uso de artes de pesca, para el pescador del brazo de Mompox dichos discursos son trascendidos por la incertidumbre y la crisis alimentaria que ha soportado.

El tamaño de los peces ha pasado a un plano secundario en el arte de pescar en la región del brazo de Mompox, pues, frente a la escasez, las faenas de pesca se resumen a la captura de especies pequeñas. Actualmente, la visión que poseen los pescadores sobre la captura de peces rompe todo principio de conservación ambientalista-academicista, pues, aunque muchos reconozcan y entiendan los discursos ambientalistas-conservacionistas, las condiciones económicas, habitacionales, las formas de vida y el sinnúmero de necesidades básicas insatisfechas impiden que las relaciones del sujeto pescador con el medio ribereño sean armónicas y de acuerdo con dicho discurso:

Hoy se come lo que ayer se dejaba en la ciénaga, […] antes nos comíamos cada uno de los miembros de mi familia un bocachico grande y quedábamos llenos. Hoy toca comer de 2 a 3 arenquitas entre todos para medio comer algo, hay veces que mis hijos se comen una arenquita cada uno. (Luis Sining, comunicación personal, 14 de diciembre de 2016)

Dichas expresiones dan cuenta de los cambios que han sufrido el medio ambiente ribereño y las poblaciones de pescadores, tanto cultural, social y alimentariamente.

La práctica de la pesca no es un elemento aislado de la vida social de la comunidad. La crisis y la escasez de peces, provocadas por las fuertes sequías que se prolongaron durante todo el año 2016, no sólo afectaron radicalmente la pesca en la comunidad, sino que las dinámicas sociales asociadas al ocio, la lúdica, la diversión, las prácticas religiosas y algunas de comercio, como la venta de licores y víveres, también se vieron afectadas localmente. Por esto, la tristeza, el silencio, la preocupación, la ruina, y los billares, las galleras y las casetas cerradas, fueron hechos cotidianos etnografiados durante el verano en el brazo de Mompox. Estas situaciones dieron cuenta de la relación sinérgica que se entreteje entre el universo de la pesca y la vida colectiva, familiar, comercial, espiritual y cultural de las comunidades ribereñas. Así, la ausencia de peces tanto en el río como en los humedales no es una realidad única de los cuerpos de agua, dado que tiene un impacto en la sociología cotidiana de las poblaciones, reflejado en la ausencia de vida social, comunitaria, espiritual y económica de las comunidades del brazo de Mompox.

Las relaciones comerciales que se construyeron históricamente a través de la pesca artesanal en dicha región, como la venta de pescado seco y fresco a otros municipios y regiones, y las pescaderías locales especialmente en los corregimientos, hoy se reducen a pequeñas comercializadoras de pescado aisladas unas de otras y de los centros y mercados de las cabeceras municipales, es decir que muchas sólo ofrecen pescado en sus territorios a sus vecinos. Al parecer, las poblaciones de pescadores en dicha región han focalizado la comercialización de la pesca principalmente para el autoconsumo, o sea, para subsistir.

Tanto el río, los humedales y los pescadores se encuentran en una encrucijada que los ha conducido a un proceso de deterioro y descomposición que ha sido invisibilizado y segregado por los entes gubernamentales en el plano local y departamental. Es así que el principal ente territorial del departamento, la Gobernación del Magdalena, expresa que

el departamento posee las condiciones geográficas y vocación económica para convertirse en una agropolis, entendida como un concepto de ciudad en el cual no existe diferenciación urbano-rural, involucrando a la región como parte integral del proceso de planificación, de forma que sea posible articular de manera funcional lo urbano y lo rural, para alcanzar el cierre de las brechas entre estos ámbitos y la sustentabilidad del territorio. (Gobernación del Magdalena, 2016: 241)

Sin embargo, las prácticas agropecuarias, especialmente en el brazo de Mompox, se encuentran en crisis, dado que tanto campesinos como pescadores carecen de medios de producción para trabajar la tierra y el agua. Actualmente, la ganadería a grande y mediana escala es la actividad económica que se ha posicionado en dicha subregión hasta el punto en que playones, humedales y zonas de cultivo se han privatizado para la actividad ganadera. Por esta razón, muchos campesinos deben alquilar o prestar tierra para cultivar y los pescadores se han visto obligados a buscar nuevos sitios de pesca, siendo despojados de lugares que históricamente han utilizado, es decir sus territorios se modifican de acuerdo al uso del suelo que le otorguen los terratenientes. En ese sentido, los discursos institucionales no se ven reflejados en la realidad de los pueblos de pescadores y campesinos, dado que por un lado reconocen la riqueza ambiental y cultural de dicho medio ambiente, pero las acciones para su conservación son un canto a la bandera:

La franja de humedales y caños que corre paralela al río Magdalena de sur a norte es la fuente de agua y vida para la mayoría de los municipios del departamento, que se expresa en particulares modus vivendi y en la creación cultural, de la cual son hijas las leyendas del Hombre Caimán (Plato) y el folclor asociado al caimán cienaguero, aunque toda esta vasta zona ha creado una cultura anfibia que hoy se ve amenazada por una fuerte sequía producto del fenómeno del Niño. (Gobernación del Magdalena, 2016: 164)

La invisibilidad histórica a que han sido sometidos los pescadores y la pesca en los diferentes escenarios naturales, además de las afectaciones del conflicto armado interno, han promovido una ausencia de procesos organizativos políticos comunes entre pescadores, que permite que ella sea la vocera de sus problemáticas, de sus necesidades, sus luchas, sus resistencias, sus propuestas y de sus pensamientos, en la búsqueda de la exigibilidad y la restitución de los derechos fundamentales a dichas comunidades.

Es paradójico que un país con litoral, ubicado entre dos océanos, que posee decenas de ríos y ciénagas, desconozca prácticamente las formas de vida y los modos de habitar el territorio que tienen los pescadores y sus pueblos anfibios. Actualmente, el río Magdalena, sus humedales y las comunidades que lo habitan, se ven afectados por el deterioro y la deforestación masiva de sus territorios y sus modos de vida. Si bien es cierto que las antropologías marítimas y el interés por las pescas y sus pescadores es de recién interés -pues apenas se inicia formalmente en los 80- en Colombia es una disciplina casi desconocida por las instituciones académicas y sus centros de investigación, que han tomado la bandera al momento de hablar sobre comunidades de pescadores y pesca artesanal, minimizando la diversidad cultural de los pueblos de pescadores ribereños:

El concepto de maritimidad, tal como se está utilizando en los últimos años, toma como eje para la reflexión la complejidad, cada vez más acentuada en el día a día, de la relación entre las personas y el medio marítimo. (Rubio, 2010: 2)

Es así que a través del concepto de maritimidades se puede entender la relación que los sujetos o pueblos han construido con el medio marino, mas no podemos entender las dinámicas y las prácticas de otros pueblos de pescadores bajo dicha categoría, dado que el mundo ribereño posee una ontología propia que se puede confundir.

Conclusiones: saberes locales, conocimientos populares y resistencia en el brazo de Mompox

Los sistemas de conocimiento son una construcción social, es decir que están ligados a las formas específicas de la sociedad donde se producen y se desarrollan (Aristizábal, 2000: 45). Esto significa que el conocimiento occidental, no obstante su alto grado de desarrollo y sofisticación, es sólo uno de los modos posibles de conocimiento y, por lo tanto, es insuficiente para dar cuenta de todos los aspectos de la realidad.

Por eso, la necesidad de volver sobre los conocimientos locales radica en que, al hacer un balance de las ciencias sociales a lo largo de su historia y de la comunidad de pescadores, permite concluir que el pescador es un cazador -lo hemos dicho en varias ocasiones-, y es un cazador porque toda su cotidianidad y todo su conocimiento está orientado a cómo va a capturar el pez. Es decir, todo su entorno lo ha diseñado mental y materialmente para vivir de lo que caza y de cómo lo caza. Fals Borda (2002) definió al pescador como un “dejao”. Al principio, este concepto, por las acepciones que tiene, puede mirarse desde el punto de vista peyorativo: ser “dejao” puede ser sinónimo de abandonado. Solamente después de las etnografías y de los recorridos como instrumentos de conocimiento se puede comprender el sentido de “dejao” como categoría compleja de análisis a la hora de hablar de una antropología del pescador. Decimos compleja, pues, solamente el hecho del desprendimiento de los bienes suntuosos y la sustitución de ellos por “cosas” útiles, transforma los paradigmas de desarrollo y bienestar con los que las sociedades han formado a sus individuos.

El conocimiento del pescador del brazo de Mompox se rige a través de las conexiones que el sujeto ha entretejido con su mundo. Su mentalidad se representa a través de los conceptos, de las herramientas y de las maneras de habitar el territorio y dar ritmo a sus dinámicas cotidianas y sus formas de vida, los cuales escapan mínimamente al modelo que la sociedad capitalista impone. Si bien es cierto que las comunidades de pescadores comercializan el pescado como un producto que posee un valor de cambio, en algunos casos su mentalidad no se reduce a la acumulación de capital de forma excesiva, puesto que la filosofía y los modos de vida del pescador del brazo de Mompox descansan sobre principios del aquí y el ahora. Por eso, ser “dejao” es un elemento que escenifica y da sentido a los ciclos de vida que históricamente los pescadores han asumido como procesos fundamentales de sus ontologías y tradiciones.

El asignar valores emotivos a objetos materiales como los instrumentos de pesca y a la obtención de los recursos para la alimentación día a día, el construir conocimientos asociados a la astronomía, a la gastronomía, a las artes populares, a las medicinas tradicionales, a las oralidades y, sobre todo, a la forma de habitar y conocer el medio ribereño, rompe con las dinámicas de las sociedades dominantes. Históricamente, el ejercicio de la pesca se encuentra cargado de valores simbólicos y espirituales que condensan las memorias y el cuerpo cultural de dichas comunidades, dado que la práctica de la pesca asocia, articula y promueve la reproducción de las diferentes manifestaciones culturales que alimentan el patrimonio cultural y el ser del pescador ribereño, que han sido olvidadas y segregadas de todo tipo de proceso político y academicista dentro de los escenarios de escenificación de la cultura regional.

El pescador del brazo de Mompox es un sujeto potencialmente cultural. Las músicas de tambor, los bailes cantaos, los mitos y las leyendas son elementos asociados a la vida de las comunidades de pescadores que han sido apartadas institucionalmente, desconociendo sus complejidades y su papel en la conformación de una cultura de pescadores ribereños autóctona.

Ante la soledad anteriormente nombrada, los pescadores de subsistencia han sido construidos y pensados arbitraria y constantemente por los académicos, como los depredadores “malos y salvajes” más relevantes de los sistemas acuíferos. Son ellos quienes han agudizado y profundizado la crisis que sufren dichos ecosistemas por las inadecuadas prácticas que utilizan. Sin embargo, más allá de esa mirada sesgada y soslayada que invisibiliza o legitima la presencia y la intervención de distintos actores sobre los territorios acuíferos, como la mediana y la gran ganadería intensiva, los cultivos de palma de aceite, la potrerización de los playones y las desviaciones de arroyos que alimentan a las ciénagas, se encuentra un grupo social que aún ni la antropología ni la sociología colombianas, en pleno siglo xxi, saben a ciencia cierta a qué responde, cómo piensa, cómo actúa, cómo fue impactado por el conflicto, ni cómo responde a sus economías familiares y locales.

Desde Fals Borda (2002) entendimos que los pescadores, independientemente de cuáles se traten (mar, río o ciénaga), construyeron una relación diferente entre el conocimiento y el entorno, representada en la acción principal encarnada en la pesca: la sentipensancia. Ser sentipensante es la relación armónica (para los sujetos) que hay entre el saber y el ser. Como no se podía (o no se quería) acceder al sistema educativo colombiano para que validara los saberes adquiridos por tradición, los pueblos pesqueros construyeron una forma de validarlos por medio de la praxis.

Igualmente, su resistencia se traduce en los distintos procesos de asimilación y no asimilación de los diferentes contextos económicos, políticos, sociales y culturales que han marcado la historia de estas poblaciones, resaltando la capacidad de repensarse, reinsertarse y de buscar alternativas a sus realidades inmediatas. Es decir, el pescador es un sujeto en constante construcción identitaria que escapa a los anacronismos academicistas, por lo que la utilización de trasmallos, redes de ojo pequeñas y técnicas como el arrastre, no responden necesariamente a las arbitrariedades y a las ambiciones de los pescadores, dado que muchos los utilizan porque no encuentran qué comer, o lo que pescan son especies pequeñas que no cumplen con la dieta mínima para sus familias: problemáticas que influyen en los modos de vida de los pescadores del brazo de Mompox.

En resumidas cuentas, el pescador construyó un sistema complejo de significaciones con el agua como escenario único de su objeto de caza. La ausencia de planeaciones exactas frente a la captura del recurso lo obligaron a diseñar un pensamiento y una cotidianidad basados en la incertidumbre: hoy hay pescado, mañana no; hoy no hay pescado, tal vez mañana sí. Frente a esta incertidumbre, y abonada por el olvido estatal, el pescador construyó sus relaciones con los sistemas ambientales de acuerdo a sus realidades naturales, y hoy reacciona así frente a las pocas políticas públicas que lo amparan.

Por esto es necesario preguntarse ¿de qué vive y cómo vive el pescador de subsistencia? La respuesta a esta pregunta ayuda a entender sus problemáticas y conocer las soluciones que ellos mismos poseen para las diferentes crisis tanto ambientales, económicas, conflictivas, territoriales y políticas que sufren y han sufrido. Es vital mencionar que los conocimientos asociados a la práctica de la pesca han persistido en su ejercicio y en las mentalidades individuales y colectivas, que, a pesar de dedicarse a otras actividades, no dejan de reconocerse como de pescadores.

Por otro lado, si bien es cierto que la conservación del territorio juega un papel importante en la protección y en la reproducción de los conocimientos de los pescadores, es clave mencionar que algunas propuestas que promueven programas asistencialistas y de capacitación sobre manejo de recursos pesqueros excluyen las coyunturas políticas, económicas y ambientales que imposibilitan el desarrollo de las propuestas y agudizan la crisis de la pesca artesanal, como las fuertes sequías, la potrerización y la privatización de los playones y los humedales tradicionalmente utilizados para la pesca. De esta forma, lo que se logra es legitimar la instrumentalización y la manipulación del pescador como un sujeto que necesita ser capacitado por el conocimiento occidental para que pueda ser más responsable con las crisis ambientales que sufre el planeta, desvalorizando los conocimientos locales de los pescadores como agentes de cambio y, por el contrario, potencializando la tesis hegemónica que sobrepone los conocimientos científicos sobre los saberes locales de los pueblos rurales y populares, subestimando las prácticas de conservación que las comunidades han construido para la sostenibilidad del medio y el recurso.

De otra manera, es claro que elevar constitucionalmente al pescador y sus conocimientos como comunidades autóctonas de derechos permitiría:

  1. La dignificación del oficio del pescador;

  2. El reconocimiento del pescador como un sujeto social y de derecho que ha aportado y consolidado a la construcción de una identidad nacional y regional;

  3. La garantía de la reproducción y la sostenibilidad de los conocimientos y los saberes locales asociados a la pesca artesanal y al manejo del territorio ribereño;

  4. Y la valoración y el reconocimiento de la filosofía, los modos de vida y las particularidades de estas poblaciones.

Referencias bibliográficas

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Tanto B. Malinowski en su obra los Argonautas del Pacífico Occidental, publicada en 1922, como Raymond Firth en su obra Los pescadores de Malasia, publicado en 1944, son los pionerosen dar los primeros elementos de una posible antropología del pescador.